7 de Noviembre, 1917-2007. Las revoluciones no son derrotables porque el tiempo no es reversible.

«La grandeza de la Revolución Bolchevique y lo profundo de su significado histórico no radica en lo que hizo, sino en lo que se propuso.
La Revolución Rusa de 1917, con sus virtudes y a pesar de su trágico final, fue el primer proyecto político pensado a escala de toda la humanidad y formulado no sobre la base de las necesidades de un país, sino a partir de la creencia de que se trataba de una demanda de la época.
Marx no percibió la revolución proletaria como fruto del voluntarismo de líderes u organizaciones, ni como resultado de contingencias políticas locales o como un evento nacional.»…
I
“REVOLUCIÓN ES SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO”
De modo análogo a como ocurre en la naturaleza, en el desarrollo social predomina la evolución por medio de la cual se realiza una permanente e ininterrumpida acumulación de cambios cuantitativos y cualitativos que imperceptiblemente, sin que nadie lo auspicie, dan lugar al advenimiento de lo nuevo y de lo progresivo.
En su magnifica combinación de evolución orgánica y progreso cultural, ciencia y espiritualidad, materia y conciencia, la historia humana reafirma la vigencia de tales procesos.
Para su normal desenvolvimiento, los procesos evolutivos requieren de condiciones ideales y de ambientes que permitan actuar a las leyes del desarrollo. En esas circunstancias predomina la llamada «la paz social», etapas en las que, como ocurre en los países desarrollados, las elites dominantes, aunque no pueden evitarlas, logran administrar las contradicciones de clases y las crisis para alejar, incluso excluir las explosiones sociales y la ruptura del orden vigente.
Con todo y su magnificencia, las revoluciones sociales son sucesos extraordinarios, por cierto, sumamente escasos.
Nunca hubo una revolución social en la esclavitud, jamás se desató una en África y en el Nuevo Mundo sólo Estados Unidos, México, Cuba y más recientemente Venezuela transitaron esos caminos.
Las revoluciones son grandes conmociones sociales, capaces de cambiar el perfil de una época, acelerar los ritmos del desarrollo de grandes regiones, incluso de todo la humanidad, modificar la secuencia de los procesos históricos y acelerar el progreso.
Auque hunden sus raíces en las contradicciones y necesidades económicas, las revoluciones son hechos políticos, jalones mediante los cuales las clases emergentes desplazan a los representantes del viejo orden, destruyen las estructuras que sostenían su poder e imponen las suyas.
Las revoluciones sociales son hechos positivos orientados en la dirección del progreso y, aunque son celebradas por sus protagonistas, suelen ser traumáticas y violentas, no tanto por ellas mismas como por la enconada resistencia que han de vencer.
La crueldad, las venganzas, los ajustes de cuentas y el terrorismo caracterizan mejor a la contrarrevolución que a la revolución.
Por la grandeza de sus metas y propuestas, las revoluciones se abren paso con dificultad, no sólo por lo arduo que resulta destruir el viejo orden, sino por lo complejo de construir uno nuevo.
Nada es más importante para la revolución que honrar sus compromisos y satisfacer las expectativas creadas por ella misma que, cuando no son resueltas, se levantan como adversarios formidables.
Con aquellas revoluciones que como la norteamericana y la francesa lograron llevar al poder a una nueva clase y concretar sus programas básicos, la historia se ha mostrado indulgente, sin echarle en cara que sus objetivos esenciales y sus tareas más universales no hayan sido todavía resueltas.
Nadie desmiente a la Revolución de las 13 Colonias de Norteamérica por no haber cumplido lo preceptuado en la Declaración de Independencia y todavía se suspira por las promesas de: Igualdad, Libertad, Fraternidad de la Revolución Francesa.
El lento y zigzagueante avance de las grandes revoluciones, lejos de significar su fracaso ilustra acerca de la complejidad y trascendencia de sus tareas. La revolución norteamericana no liberó a los esclavos, no impidió el genocidio de los pueblos originarios ni emancipó a la mujer y, en cambio dio lugar al nacimiento de un imperio, rasgos negativos que no anulan su significado.
Lo que convirtió a la independencia norteamericana en una revolución e hizo de ella un paradigma, no fueron sus carencias sino la determinación y coherencia con que la vanguardia integrada por Jefferson, Adams, Hamilton, Washington y otros, iniciaron la lucha por la independencia en el Nuevo Mundo, fueron los primeros en deshacer el dominio colonial, creando además la primera república regida por leyes, con una Constitución y por una Declaración de Derechos.
La Revolución Bolchevique no fue igualmente afortunada, no porque fuera peor, sino porque desde el hondón del primitivo imperio de los zares, retó al capitalismo y se propuso tareas para la cuales probablemente la humanidad no estaba todavía lista.
Tal vez fue adecuada pero prematura.
Quizás el socialismo no es cosa del pasado sino del porvenir.
II
EL PRIMER PROYECTO POLÍTICO PENSADO A ESCALA DE LA HUMANIDAD
Los revolucionarios norteamericanos de 1776, los franceses de 1789 y los rusos de 1917 tuvieron en común enarbolar consignas de un alcance que trascendía los contextos locales respectivos. La diferencia es que los primeros no lo sabían, mientras los bolcheviques lo hicieron conscientemente, con arreglo a una teoría y sobre la base de un programa.
Aunque los preceptos de la filosofía liberal, referentes teóricos de las primeras revoluciones, fueron resultado de reflexiones de calado universal, las vanguardias políticas de Norteamérica y Francia, no actuaron sensibilizadas por las condiciones de existencia del género humano, ni siquiera por las de sus respectivas sociedades.
Ello sin embargo no restó universalidad a su rol histórico por el hecho de que, “al liberarse de las ataduras feudales, la burguesía libera al resto de la sociedad.”
Con el surgimiento del marxismo que descubrió regularidades y leyes capaces de explicar el devenir históricos, la sociología adoptó una metodología más rigurosa, asumió los métodos de las ciencias y, al elevar su cientificidad, se crearon condiciones que auspiciaron un pensamiento político avanzado, capaz de elaborar programas a futuro con la convicción y la certeza que aporta el conocimiento.
Aquellas fueron las premisas teóricas que permitieron a los hombres dejar de ser instrumentos de fuerzas desconocidas y convertirse en artífices de su propio destino.
Desde entonces el pensamiento avanzado formuló metas y creó proyectos a partir de pautas situadas fuera de la realidad. El que más lejos llegó fue el socialismo que se planteó la posibilidad de construir una nueva sociedad.
Tales desarrollos teóricos no podían surgir como derivados de la actividad de una clase social, sino que fueron resultados de la actividad teórica de la vanguardia política que produjo una nueva ideología y la inyectó a la que espontáneamente generaba la clase obrera, hecho que planteó la necesidad de una organización política diferente: el partido de nuevo tipo que Lenin trató de construir.
La grandeza de la Revolución Bolchevique y lo profundo de su significado histórico no radica en lo que hizo, sino en lo que se propuso.
La Revolución Rusa de 1917, con sus virtudes y a pesar de su trágico final, fue el primer proyecto político pensado a escala de toda la humanidad y formulado no sobre la base de las necesidades de un país, sino a partir de la creencia de que se trataba de una demanda de la época.
Marx no percibió la revolución proletaria como fruto del voluntarismo de líderes u organizaciones, ni como resultado de contingencias políticas locales o como un evento nacional.
Para él, el socialismo era una categoría histórica, una nueva formación social que, llegado el momento, por efecto de realidades objetivas y de leyes históricas, como por gravedad, sustituiría al capitalismo ocupando el espacio de toda una época.
En sentido estricto, para Marx, la revolución y el socialismo no fueron nunca utopías, sino pronósticos, frutos de desapasionadas reflexiones científicas.
El mérito de los bolcheviques, encabezados por Lenin y Trotski fue haber intentado fusionar aquella teoría revolucionaria con la energía y las demandas de la clase obrera en Rusia, el único espacio en que les era posible hacerlo y que los obligó a intentar el milagro de machihembrar las ideas políticas y sociales más avanzadas, con el primitivismo político, el atraso económico, social, tecnológico y cultural, la ruina de la industria, la agricultura, el comercio y el aislamiento ruso acentuados por la guerra mundial.
En la excepcional coyuntura histórica creada por el derrumbe del zarismo y el desastre humano y socio económico provocado por la Primera Guerra Mundial, Lenin levantó las banderas de la revolución, asumiendo a Rusia como el comienzo de la revolución mundial.
Los esfuerzos para que las empobrecidas e incultas masas de un imperio medieval asimilaran las ideas y consignas del pensamiento político más avanzado y el intento de injertar las relaciones de producción socialistas en una sociedad medieval, definen a Lenin como el líder político que ante una fugaz oportunidad, no vaciló en intentar tomar el cielo por asalto.
Aunque no logró totalmente sus objetivos y la Unión Soviética no resistió la prueba del tiempo, la Revolución Bolchevique que ahora cumple noventa años, no es un fracaso sino un precedente.
III
EL CAPITALISMO PUEDE SER TRASCENDIDO
La Revolución Bolchevique es historia, no porque haya muerto sino porque ha sobrevivido. Una revolución como aquella puede ser combatida, olvidada, traicionada y silenciada y, aunque tanta evidencia parece abrumadora, no es suficiente para derrotarla.
Las revoluciones no son derrotables porque el tiempo no es reversible y porque los datos de la realidad al grabarse en la historia se vuelven hitos y paradigmas.
La trascendencia de la Revolución Bolchevique radica en haber sentado el precedente de que el capitalismo puede ser trascendido.
Por primera vez, una clase emergente no acaudalada impuso su voluntad. Los esclavos y los siervos nunca pudieron, los proletarios si.
Desde el primer día, 7 de Noviembre de 1917, los bolcheviques fueron combatidos con todas las armas y recursos de la reacción mundial, no porque occidente sintiera conmiseración por la suerte del pueblo ruso, sino por un viejo adagio: “Cuando veas las barbas de tu vecino arder…”
El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en el antiguo imperio de los zares de Rusia fue un aviso del enorme poder de la clase obrera, de la capacidad de convocatoria del socialismo, del hallazgo organizacional que significó el partido de nuevo tipo y la certeza de que, a pesar de todo, el capitalismo podía ser superado.
En aquel minuto histórico, no se trataba ya de las elaboraciones teóricas de Carlos Marx, difundidas entre los círculos intelectuales de los socialistas europeos sino que, al empalmar con la clase obrera, aquellas ideas adquirían una inusitada fuerza material.
En octubre de 1917 el fantasma del comunismo de que habló Carlos Marx, se transmutó en realidad y el escepticismo se graduó de esperanza. Desde entonces fue más temido y más combatido.
En febrero de 1917 en Rusia tuvo lugar la más tardía de las revoluciones burguesas europeas y ocho meses después la primogénita entre las revoluciones socialistas.
La guerra desatada por la contrarrevolución y la agresión extranjera provocaron la extrema radicalización de un proceso obligado a cruzar sucesivas líneas de no retorno.
En el horizonte aparecieron nuevos problemas cuando, la enfermedad y la muerte de su conductor, Vladimir Ilich Lenin, permitió que la división se introdujera en las filas de la revolución y se expresara en la pugna de Stalin y Trotski por el poder que, a la postre, resultó letal.
En aquella pugna prevaleció Stalin, no porque fuera el más idóneo sino porque abusó del poder de que la revolución lo invistió. Debilitado por las purgas que lo privaron de militantes ejemplares, deformado por las prácticas burocráticas, paralizado por la manipulación de los órganos dirigentes y por el miedo a las acusaciones falsas y los procesos judiciales amañados, el partido fundado y educado por Lenin no pudo reaccionar.
Paradójicamente, cuando sobre la Unión Soviética se dejó caer el huracán de fuego de la invasión nazi, el país, el pueblo y el Partido depusieron sus conflictos y acatando el liderazgo de Stalin, protagonizaron la más colosal e insuperable batalla por la supervivencia nacional y el socialismo.
En aquella coyuntura, ante tareas de envergadura histórica que no lo absuelven, el carácter enérgico y la vocación autoritaria de Stalin, actuaron como elementos
En 1953 murió Stalin y a la necesidad de la sucesión se unió la urgencia de la rectificación.
En tan difícil coyuntura el partido leninista pareció renacer y con impar valentía, en su XX Congreso, emprendió la más profunda y ejemplar autocrítica que recuerdan los anales del movimiento revolucionario de todos los tiempos; no obstante las esperanzas no se confirmaron.
El inmovilismo y el dogmatismo prevalecieron.
A los problemas internos, en cada momento se sumaron la Guerra de Corea y la Guerra Fría, el conflicto con China e incluso los errores cometidos por los líderes y los partidos gobernantes en Europa Oriental, así como la guerra sucia y la propaganda anticomunista, las agresiones y las conspiraciones, los sabotajes y los bloqueos que terminaron por dar al traste con la primera experiencia socialista.
Los científicos sociales saben que las leyes del desarrollo social, validas para la comprensión de formaciones sociales completas y grandes períodos de tiempo, suelen ser ineficaces para entender anécdotas concretas.
Derrotada y silenciada, con sus lideres demonizados y sus espacios ocupados, la Revolución Bolchevique, primera experiencia socialista, permanece en la historia, como un legado a cuyas enseñanzas, positivas y negativas, acudirán los luchadores sociales de todas las épocas.
Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad
Jorge Gómez Barata
Profesor, investigador y periodista cubano, autor de numerosos estudios sobre EEUU.
Red Voltaire
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Premio recibido desde
Premio que me han otorgado desde
¡Saludos cordiales desde España ! Muy grata sorpresa este artículo en esta singular Bitácora. Solo he realizado una 1ª lectura y creo que tengo que volver a reelerlo. Una mirada critica, analítica y de sana polémica abierta, a uno de los fenómenos revolucionarios, más significativos del siglo XX y desde luego, de la Humanidad. Ahora que solo se habla de Glogalización, viene muy bien avivar corrientes y debates de Memoria Histórica, que ayuden al progreso de las Sociedades. En España tenemos una sobre nuestra Guerra Civil y Franquismo: que sigue muy candente. Enhorabuena por el muy interesante artículo ! ¡ Con mis saludos y el deseo de que haya buena comunicación, hasta otra ! Antonio Ayala
Una puntualización Antonio, yo también estoy en España, en concreto en València, mi tierra.
Gracias por tu comentario.
Saludos.
Decenas de miles de rusos conmemoran el 90 Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre
Ruslán Tjagushev
Kprf.ru
Traducido del ruso por Josafat S. Comín
El 7 de noviembre tuvieron lugar en Moscú la manifestación y el mitin en honor del 90 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. 50 mil personas marcharon tras los lemas del Gran Octubre desde la plaza Pushkin por la calle Gorky (Tverskaya) y Ojotniy ryad, hasta la plaza Teatralnaya.
El mitin celebrado en la plaza Teatralnaya, tuvo un carácter poco convencional; las intervenciones se entremezclaban con la interpretación de canciones soviéticas y la lectura de poemas.
Ante los asistentes tomo la palabra el líder del PCFR Guennadi Andreyevich Ziuganov:
¡Queridos amigos! ¡La cabeza bien alta! Todo el planeta está con nosotros en esta maravillosa celebración. Han venido a visitarnos los representantes de 83 partidos comunistas y obreros, fieles a los ideales de Octubre. Durante tres días hemos estado debatiendo en Minsk nuestras tareas en la lucha conjunta por la construcción del socialismo del siglo XXI. Los grandes logros del país de los Soviets sirven como base de esa lucha. No hubo en el siglo XX acontecimiento más grandioso que el Gran Octubre.
Queridos amigos,
Debemos unir la lucha por el socialismo con la lucha de liberación nacional. Declaremos una vez más; sea como sea crearemos una unión fraternal y reconstruiremos un gran país donde los pueblos eslavos estén juntos. ¡Viva la unión de Rusia y Bielorrusia!
La traición a los ideales de Octubre y del poder popular condujo a nuestro país a la catástrofe. Por primera vez en la historia, los rusos se convirtieron en un pueblo dividido. 5 millones de rusos se vieron fuera de nuestras fronteras. Por primera vez, en tiempos de paz, nuestro país perdió diez millones de personas, de las que 9’5 eran rusos. El 1 de septiembre, casi 3 millones de niños quedaron sin escolarizar, y 4 millones son drogadictos. Debemos dejar atrás esta página vergonzosa. El poder del pueblo será restituido. Pero para eso debemos levantar bien alto la bandera de Octubre, la bandera de la Victoria.
La Gran revolución la hizo el obrero, el campesino, el soldado. Las mejores gentes del mundo nos apoyaron. Quiero responder al señor Gryzlov (líder del oficialista “Rusia Unida”. N de la T.) que habló hace poco de “golpe” (en referencia a la revolución). El imperio ruso se desintegraba, las fábricas estaban paradas, el país agonizaba y sólo la poderosa voluntad de los bolcheviques y el gigantesco talento de Lenin permitieron levantar un país sin señales de vida. El pueblo trabajador con su valentía, se dejó la piel para crear el escudo que nos permitió sobrevivir en los años de la Gran Guerra Patria. El talento de nuestros ingenieros nos permitió llegar al espacio, y el talento de nuestros escritores creó la mejor literatura. Ese es el gran Octubre en acción. ¡Viva el Gran octubre!, ¡Viva el pueblo trabajador! ¡Viva el pueblo victorioso!
En el mitin intervinieron el primer secretario de la organización del PCFR en Moscú V. Ulas, uno de los líderes de la candidatura electoral del PCFR, N. Jaritonov; el presidente del CC del Partido Comunista de Chequia y Moravia, el Secretario General del Partido de los Comunistas Italianos, Oliviero Deliberto; el secretario del CC del PC de Grecia, Dimitris Kutsupos.
La resolución del mitin la leyó la dirigente de la juventud Anastasia Tsijmeistrenko: Pronto se alegran de la desgracia ajena los enemigos de Octubre: el mundo vive un nuevo auge revolucionario. Ahora ha conquistado un continente entero: América Latina. El futuro es del socialismo. Nosotros, los comunistas declaramos ante nuestro pueblo y todas las gentes honestas del mundo, que no abandonaremos nuestro camino, marcado por nuestros padres y abuelos. ¡Somos fieles a los ideales del Gran Octubre!
¡Viva el 90 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre!
¡Viva la causa de Lenin y Stalin! ¡Viva la Revolución Socialista mundial!
La resolución fue aprobada por unanimidad. Parecía que el acto había terminado, pero no: bajo los acordes del himno de la Unión Soviética sobre la plaza se elevaron fuegos artificiales.
В.Д.Улас: Дорогие товарищи! Сегодня по всей планете, от Китайской народной Республики и Вьетнама, до героической Кубы и Венесуэлы, десятки миллионов людей труда отмечают великий праздник.
А к нам, на родину Октября, на родину Ленина, прибыли представители братских партий и движений из более чем 70 стран мира. Сейчас они находятся в наших многотысячных праздничных колоннах.
Давайте их поприветствуем, нашим дружным, троекратным «Ура!».
Г.А.Зюганов: Дорогие друзья, выше голову! В этот прекрасный праздник с нами здесь вся планета. К нам приехали в гости 83 коммунистических и рабочих партий, которые верны идеалам Октября. Три дня в Минске, мы обсуждали проблемы Великого Октября, проецируя свои задачи и совместную борьбу, строя социализм XXI века.
Наша партия идёт на выборы мощной командой. В ней 500 человек наиболее талантливых и одаренных. Мы считаем, что эта сильная, грамотная, авторитетная команда, способна сформировать правительство национальных интересов и вывести страну из тяжелого кризиса.
Но надо, чтобы каждый из Вас ближайшие три недели поработал, так как никогда не работал. Мы только одной «Правды» и «Советской России», с нашей программой вывода страны из кризиса, выпустили 50 миллионов тираж, его можно принести в каждую семью, обсудить с друзьями, близкими.
Я прошу каждого из Вас, в ближайшее время, подготовить для себя личный список, личный вклад в победу Компартии 50 человек, а вместе со всей семьёй, надо подобрать 90 активистов, своих близких и друзей, и придти проголосовать за список №4.
Una catástrofe antropológica
Podría parecer extraño, pero en Rusia todavía se desarrollan las polémicas acerca de lo que significó la revolución bolchevique de 1917.
Digo “extraño”, porque en Alemania, por poner un ejemplo, resulta inconcebible cuestionar la naturaleza de la revolución nacional-socialista de 1933: la gente puede discrepar al nivel de algunos detalles pero tiene muy claro qué cosa fue. Los rusos, en cambio, no han llegado aún al consenso sobre octubre de 1917. Es más: se multiplican las voces que apoyan y justifican aquellos acontecimientos.
El planteamiento más recurrente, tal vez, es el siguiente: es hora de que los rusos, igual que otros pueblos con experiencia revolucionaria a sus espaldas, se vuelvan civilizados. Ha llegado el momento de definir el lugar histórico de aquella revolución, dejar de enfocarla en blanco y negro – en los términos del bien y el mal – y buscar reconciliación entre las víctimas y los verdugos, entre los vencedores y los vencidos. Tal y como hicieron los ingleses, al poner monumentos a Carlos I y Cromwell uno enfrente del otro; o los franceses, en cuya memoria coexisten los Borbones, Robespierre y Napoleón, el Antiguo Régimen y la Revolución. De lo contrario, la guerra civil en Rusia nunca va a terminar, dicen los defensores de este enfoque.
La práctica social, por cierto, evoluciona precisamente en esta dirección. Dos ramos de la Iglesia Ortodoxa Rusa – el doméstico, que sufrió a causa del bolchevismo pero pudo cohabitar con él, y el extranjero, que subsiste fuera del antiguo imperio y nunca se llevó bien con el régimen bolchevique – han restablecido por fin la unidad. Descendientes de emigrados y comunistas logran entenderse. Hallan segunda sepultura en Rusia los restos mortales de líderes del Movimiento Blanco. En plano simbólico también hay pruebas de reconciliación entre los bolcheviques y sus oponentes de antaño: la Rusia de hoy ha recuperado el himno de la URSS y la bandera de los que lucharon contra el comunismo durante la Guerra Civil; y la estrella roja del período soviético coexiste pacíficamente en las viseras militares con el águila bicéfala del escudo imperial ruso. Es poco probable que el monumento a Félix Dzerzhinski, fundador de la temible Cheka, vuelva a instalarse en pleno centro de Moscú, pero a lo ancho de la geografía nacional permanecen aún numerosas estatuas de Lenin y sus secuaces, y en la capital rusa hay avenidas que llevan los nombres del académico disidente Andrei Sájarov y de su antiguo opresor Yuri Andrópov, ex jefe de la KGB y, más tarde, secretario general del PCUS.
¿Tal vez, lo que necesitamos realmente es hacer un borrón y cuenta nueva, reconciliarnos con la revolución bolchevique, darla por archivada para que se quede en los museos y en los anales de la Historia? Lo pasado, pasado está, hay que olvidarlo, y que lo sigan debatiendo los investigadores. Sobre todo, porque “no hay nada más patético que moralizar acerca de las grandes catástrofes sociales”, como dijo León Trotski, líder de la revuelta que tuvo lugar en octubre de 1917. Mi respuesta categórica es “no”. En planto ético e histórico no cabe aquí ninguna fórmula de compromiso o justificación de la revolución bolchevique. Ésta ha sido y sigue siendo la mayor catástrofe y el mayor fracaso en la historia de Rusia, el mayor crimen que los rusos han cometido contra sí mismos y contra los demás pueblos. Que yo sepa, no existe en la historia moderna otro régimen social que por su inclemencia, su carácter pernicioso y antihumano supere al de los bolcheviques. Pueden compararse con él otros regímenes comunistas (aunque, en gran medida, son consecuencia del comunismo ruso) y el régimen nacional-socialista de Alemania. La revolución de octubre de 1917 ha dado origen a la catástrofe antropológica rusa del siglo XX.
Es debido a esta revolución que Rusia ha sido total perdedora en el siglo pasado (el primero en constatarlo en voz alta ha sido el escritor Alexander Solzhenitsin). Esta derrota ha sido consecuencia de una revolución perdida, y no me refiero a la de octubre de 1917 sino a varias décadas de cambios radicales cuyos hitos fueron la revolución de 1905-1907 y la de febrero de 1917, que acabó con el zarismo. Por diversas razones históricas, algunas de las cuales son perfectamente conocidas y otras aún están por esclarecer, la revolución rusa no pudo, por desgracia, mantenerse dentro de los límites de lo posible y lo admisible, en el marco de una fórmula de compromiso pactada por las principales fuerzas sociales y política del país. Al parecer, la primera revolución rusa de 1905-1907 había aportado tal fórmula pero la evolución de la Primera Guerra Mundial, bastante desfavorable para Rusia, la torpe actuación de la Corona y otros muchos factores derivaron en la abdicación de Nicolás II. Daba ya la impresión de que Rusia, tan ávida de libertad, se encumbraba finalmente cuando, de repente, se precipitó abajo. La revolución de octubre significó la derrota de todos: el pueblo, los intelectuales, el clero, las élites, etcétera.
Sin embargo, la sociedad rusa en su conjunto se resiste a admitir aquella quiebra histórica. Prefiere taparse los ojos y reconfortar su orgullo y su amor propio con la nostalgia de grandes conquistas del período comunista, tales como la victoria en la Segunda Guerra Mundial, la exploración del Espacio, la industrialización de un país atrasado, la educación general de bastante buena calidad y otras cosas por el estilo. No quiero adentrarme en la polémica con los “triunfalistas” pero pienso que decenas de millones de víctimas en el bando propio y en el contrario, así como un terror sistemático contra la naturaleza humana reducen a la nada tales éxitos bolcheviques.
Algunos dirán – ya lo sé – que octubre de 1917, a pesar de todas sus crueldades, impulsó la emancipación de los pueblos afroasiáticos, esclavizados por colonizadores occidentales. Incluso suponiendo que fue así, es decir, que los sucesos en Rusia podrían interpretarse como un preludio de la anhelada liberación social, el hecho no cambia nada en el calificativo aplicable a aquella revolución. Es verdad que se trata de un acontecimiento trascendental en la historia del mundo y que marcó en grado notable el contenido del siglo XX. Es verdad que la revolución de octubre en Rusia no era casual sino que tenía profundas raíces sociales y obedecía a causas fundamentales. Pero el carácter que adquirió, el sistema social al que dio origen y las amenazas existenciales que generó son estremecedores y repugnantes.
Cabría preguntarnos en este contexto cuál es la esencia de aquella revolución y del bolchevismo en general. No existe una respuesta simple. Fue un fenómeno bastante complicado, lo cual, por cierto, explica en parte su atractivo para las masas populares y los intelectuales. Por un lado, fue una ideocracia marcada y, por otro, un régimen ideológicamente omnívoro, sin principios algunos, que iba absorbiendo una multitud de ideas, ánimos y energías y el cual presentaba a diversos sujetos sociales una oferta específica y variada.
La médula del bolchevismo, desde luego, eran la violencia y el simplismo como dos métodos únicos y universales para la solución de cualquier problema. No es casual que Georgi Plejánov, el “padre” del marxismo ruso, definiese a Lenin como “el genio del simplismo”. Los bolcheviques apuestan por lo más bajo y lo más álgido, por la debilidad del individuo o de cierta comunidad social e histórica. Explotar estas cosas es la esencia del leninismo-trotskismo-estalinismo, alias bolchevismo. Claro que los bolcheviques y la revolución de octubre encarnaron también la idiosincrasia rusa, toda una serie de rasgos históricos, complejos psicológicos y utopías inmanentes a los rusos.
Pero se equivocan las numerosas personas convencidas de que el régimen comunista es algo orgánico de los rusos y representa una continuación lógica de su pasado, con la salvedad de que presenta la naturaleza de esta nación de una manera un tanto exagerada. No es cierto. El bolchevismo fue la negación total de la evolución cultural que Rusia había tenido a lo largo de varios siglos. El significado y el objetivo de tal evolución era construir en el vasto espacio euroasiático una sociedad moderna. Tal propósito se había logrado en parte antes de empezar la Primera Guerra Mundial. Era una sociedad peculiar, como toda Rusia, y muy diferente a los modelos clásicos que presentaba la Europa Occidental, pero sí encuadraba sin duda alguna en la categoría de sociedades modernas. Su destrucción en octubre de 1917 supone, por tanto, una catástrofe global, no solamente rusa. Me atrevería a afirmar que la historia del siglo XX se habría sustentado en el Derecho en grado menor, si no fuera por aquella catástrofe.
La única forma de superar el pasado es eliminando las causas de lo ocurrido, y si su hechizo no se ha roto hasta hoy, es porque las causas siguen vivas, escribió Theodor Adorno después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Karl Jaspers observó en las mismas fechas, en su “Problema de la culpa”, que la conciencia se transforma cuando el remordimiento pincha como un aguijón. Sea como fuere, la historia del período de posguerra demuestra que Alemania ha superado las causas del pasado y transformado su conciencia. Rusia no lo ha hecho. Y ello significa que, en cierto sentido, la revolución aquí continúa.
Nota. El autor del presente artículo es miembro de la Academia rusa de Ciencias, profesor de la Universidad Mijaíl Lomonósov de Moscú (MGU) y del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO), presidente honorífico de la Asociación nacional de Ciencias Políticas.
Yuri Pivovárov
Fuente: Ria Novosti, 06/ 11/ 2007.
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