Un policía de la cárcel de Yamena que trabajó en Valencia, donde hace años recibió atención hospitalaria por una enfermedad, se convirtió en el «protector» de los pilotos españoles
Los tres pilotos españoles encarcelados durante más de una semana en la cárcel de Yamena, la capital del Chad, no estuvieron solos durante su cautiverio. Un policía de la prisión se convirtió en una especie de ángel de la guarda para los españoles, entre ellos Sergio Muñoz, unido a Valencia por lazos familiares y fallero de la comisión Gil Sumbiela.
Su benefactor se llama Hissene. Y Valencia no le resulta desconocida. A principios de los 90, el hoy vigilante de la cárcel de Yamena, de 46 años, trabajó durante meses en la capital e incluso fue tratado en un hospital valenciano de una dolencia que arrastraba. Agradecido por la ayuda que le prestaron durante su estancia en la Comunitat Valenciana, y casi 20 años después, Hissene devolvió la solidaridad que recibió. «Se portó muy bien con nosotros» , recuerda ahora Sergio Muñoz, el copiloto de Girjet, que descansa en su Menorca natal tras «la pesadilla» vivida en el Chad.
Hissene se hacía llamar José cuenta el copiloto de Girjet. Muñoz no recuerda el apellido pero sí que se convirtió en una especie de «protector» en la prisión: «Allí todos duermen en el suelo y gracias a él nosotros teníamos colchones. Hizo que nuestra estancia fuera más fácil ya que hablaba castellano perfectamente y nos daba conversación. Eso se agradece porque en una cárcel los días se hacen eternos» , rememora Muñoz. Con José, los pilotos entablaron una fluída relación. Lo conocieron tras bajar del avión en Yamena y era el intérprete del resto de policías para dirigirse a los pilotos. Hissene les contó en la cárcel que permaneció durante meses en Valencia y que trabajó en el asfaltado y conservación de carreteras. «Estaba muy agradecido a quienes le ayudaron en Valencia» , relata Muñoz que explica que le daban dinero y éste les proveía de productos para la higiene personal, de agua fresca y fruta, con lo que lograron paliar las incomodidades de la prisión. La cárcel de Yamena no es un lugar muy recomendable, pero surgió la solidaridad. « El trato en general fue bueno, pero las condiciones de la cárcel son muy desagradables» , señala. Hissene, según recuerda Sergio Muñoz, apareció justo en el momento en el que los españoles sufrieron un «bajón moral» tras ser trasladados de Abeche a Yamena. «Nos abrazamos entre lágrimas» Pensaron que en la capital los iban a dejar libres, pero les comunicaron que estaban acusados de cooperar con la ONG francesa el Arca de Zoé en el secuestro del centenar de niños chadianos. «Fue entonces cuando pensamos que la cosa podía ir para largo porque incluso nos acusaron de barbaridades como pedofilia y tráfico de órganos» , dice Muñoz. «Las condiciones de la prisión eran bastante peores a las de la comisaría de Abeché. De hecho, parece ser que allí la llaman la Guantánamo de África y los días parecían años. Las chicas pudieron salir antes, lo que fue una alegría. Realmente ellas lo pasaban bastante mal, eran condiciones muy duras, estábamos preocupados por ellas» , relata el copiloto, Sergio Muñoz. Finalmente las gestiones del cónsul honorario, Javier Nart, y del ministerio de Exteriores permitieron la salida de la tripulación. Los pilotos se despidieron del policía amigo «y nos abrazó entre lágrimas porque le tomamos cariño y él a nosotros. Nos había ayudado, nos dio información de lo que pasaba, nos daba ánimos, ayudaba a distender el ambiente, a amainar la tensión» , remarca .
Levante
Archivado bajo: Valencia | Etiquetado: Arca de Zoé, Chad































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