El 19 de diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU debatió, por última vez durante este año, el arreglo en Kosovo.
Vamos a ver cómo utilizan el problema de Kosovo los principales países involucrados en su solución: Rusia y EEUU.
Rusia se encuentra ahora en una situación bien complicada. Todas las fórmulas de solución, expuestas anteriormente ante el Consejo de Seguridad, salvo la de congelar el problema, no le convienen a Moscú. La única variante es ir dándole largas al asunto hasta la infinidad. En caso de que el reconocimiento de la independencia de Kosovo por varios importantes Estados sea irreversible, Rusia debe estructurar su política de modo que un número menor posible de naciones siga este ejemplo.
En caso de que muchos países reconozcan la independencia de Kosovo, aparte de unos riesgos geopolíticos todavía poco perceptibles, Rusia vería seriamente afectada su reputación. Esto es lo fundamental.
¿De qué se trata concretamente? El otorgamiento de la independencia a Kosovo haría tambalear los cimientos del Derecho Internacional. De este modo se sentaría un precedente para satisfacer las pretensiones de los separatistas actuales y futuros. Alegando al caso de Kosovo, procurarían legitimar su actividad. Aparte de todo, este asunto sembraría cizaña en el seno de la comunidad internacional, y este proceso ya se está operando dentro de la Unión Europea: Alemania, España y Chipre (que conoce en carne propia lo que es la división territorial) se recelan de los futuros problemas en Europa.
Imaginemos ahora que la política de ordeno y mando aplicada por EEUU y algunos países europeos se corone de éxito. Kosovo obtendría independencia, sin que lleguen a materializarse amenazas algunas, de las que advertía Rusia. El mundo no se vendría abajo. ¿Significaría esto que Rusia erraba?
Dejemos por el momento de un lado a los Estados balcánicos que podrían contagiarse rápidamente del síndrome kosovar. Es en el seno de la CEI donde se dejarían sentir en toda su talla las consecuencias del reconocimiento de la independencia de Kosovo. No me refiero a un posible reconocimiento unilateral por Moscú de Abjasia y de Osetia del Sur, repúblicas rebeldes en el territorio de Georgia. Es poco probable que Rusia radicalice su política hasta tal punto. Los analistas, sobre todo los provenientes de los países del Cáucaso Sur, a menudo exageran las posibilidades y finalidades del Kremlin en este dominio, y esta tesis sobre la política aventurera e irresponsable de Rusia es luego asumida a nivel de conciencia y propalada en Occidente.
Como resultado, ganan los países capitaneados por EEUU que se empeñan en complacer a los albanokosovares. ¿Y Rusia, qué? ¿Lidiaba con molinos de viento, como si corroborando las palabras de Condoleezza Rice: “si Uds. no toman en cuenta las realidades, entonces están sembrando las semillas de la discordia y de una gran inestabilidad”? Así las cosas, nadie prestaría oído a las exhortaciones alarmistas de Moscú, lo que, evidentemente, perjudicaría su política exterior.
Aun peor será para Rusia si al fin y al cabo las advertencias del Kremlin se hacen realidad, y los problemas del separatismo pasan a ser un verdadero flagelo para el espacio postsoviético con consecuencias impredecibles. En tal caso, Rusia encararía dos conflictos serios en sus fronteras australes. Aun cuando Rusia no muestre la disposición a reconocer a Abjasia y Osetia del Sur, las autoridades de estas repúblicas secesionistas procurarían soberanía oficial, alegando al precedente de Kosovo. Esto, lógicamente, atizaría los conflictos entre éstas y Georgia que centrarían aun más la atención de la comunidad internacional. ¿Acaso Rusia se planteaba tal objetivo, sobre todo teniendo en cuenta la próxima Olimpiada de Sochi que se celebrará cerca de la zona de tirantez? Aquí vale la pena hacer recordar que en relación con los conflictos de Georgia, Rusia siempre se pronunciaba por una solución negociada y ponía énfasis en la integridad territorial de este país.
De ahí, cualquier arreglo de la crisis de Kosovo pondría a Rusia en una situación embarazosa. ¿Por qué nuestra diplomacia se ha visto en una situación tan delicada? La respuesta es bastante banal: Rusia no desestabilizaba la situación, no se pronunciaba a cambiar de raíz la situación en Europa ni el mundo. La postura del valedor de los principios siempre es desfavorable. Rusia se atiene a las normas tradicionales, a los compromisos refrendados en el Acta Final de Helsinki (Conferencia sobre Seguridad y la Cooperación en Europa, 1975) que refrenda la inviolabilidad de las fronteras.
Sin negar las deficiencias y debilidades de que adolece la política rusa, en este caso concreto la culpa recae sobre Estados Unidos. Y esta culpa se deriva de la inercia de la política norteamericana. Al apostar por un rumbo, Washington, aun consciente de su irracionalidad, ya no puede abandonarlo. Irak es un ejemplo fehaciente de tal política. Tampoco en el caso de Kosovo, los norteamericanos pueden detenerse, máxime que Washington ya designó a los “culpables” por las guerras en el espacio de la antigua Yugoslavia: Milosevic y Serbia. Al determinar el blanco, la maquinaria geopolítica de Estados Unidos ya no puede parar. Primero, los bombardeos de 1999, ahora, unas desenfrenadas presiones sobre Serbia. Milosevic ya hace mucho que murió en la cárcel de La Haya. No tienen visos de acabar las sesiones del Tribunal para la ex Yugoslavia. El afán de “rematar al adversario” está a la vista. Se deja sentir también en la campaña iraquí. A propósito sea dicho, Rusia no puede compararse con la URSS ni por su poderío ni por la extensión geográfica, pero, igual que antes, figura en la lista de los principales adversarios.
Valdría la pena aducir otro argumento que puede explicar la postura de EEUU en relación con Kosovo. La Casa Blanca, al parecer, está segura de que Kosovo ofrece una magnífica oportunidad para mostrarle al mundo musulmán su apoyo y ayuda, en el caso dado, en la guerra contra los serbios cuya “culpa” ante los musulmanes es inextinguible. El mensaje al mundo islámico es bien claro: EEUU está de vuestro lado, si vuestra causa es justa. Tal postura, al parecer, está llamada a justificar el proceder de los norteamericanos en otros conflictos, en que las actitudes de los políticos islamistas y de EEUU son absolutamente hostiles.
Por Alexandr Karaváev -RIA Novosti, leído en IAR Noticias
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Premio que me han otorgado desde
como nno va a salir las causas de por q se produjo la disolucion de -Kosovo