Leo una entrevista de Fraga en un periódico de Galicia. Le preguntan sobre los sucesos de Vitoria de 1976. Se justifica y dice que él no estaba en España en aquellos momentos. Afirma que se actuó correctamente y termina con una frase que es un insulto: “En cualquier caso, en Vitoria no pasó absolutamente nada”. Con un par.
Los sucesos de Vitoria, por lo que yo recuerdo, se iniciaron con motivo de una huelga general contra el tope salarial. Los trabajadores se metieron en una iglesia, la de San Francisco, para celebrar una asamblea, con permiso del párroco. La policía rodeó el templo. Mandó desalojar. y los trabajadores se negaron. Sin apenas negociación, los agentes dispararon botes de humo, lo que provocó el pánico en el interior del recinto.
Fue una carga brutal. Los que salían eran apaleados por las fuerzas del orden. Inmediatamente se empezaron a oír disparos de bala y ráfagas de metralleta. Hubo cientos de heridos, de ellos, más de sesenta graves. Dos obreros murieron en el acto y otros tres morirían después a consecuencia de las heridas. Uno de ellos era un chico de 17 años.
Esos son los sucesos que Fraga, demócrata jaleado hasta por la izquierda, niega. Eso es lo de “no pasó absolutamente nada”. Él era el ministro de Gobernación y con él estaba otro prohombre al que nunca se le han pedido responsabilidades por su papel en el franquismo y la transición: Rodolfo Martín Villa, ministro de Sindicatos. Por cierto, de los sindicatos y, siendo él responsable, salieron los asesinos de la calle de Atocha, los que realizaron la matanza de los abogados laboralistas.
Martín Villa fue después ministro de Gobernación o Interior y responsable de la policía, cuando los Guerrilleros de Cristo Rey o los pistoleros de la Triple A, sembraban el terror en Madrid, amparados y acompañados por la policía.
En la calle, y siendo él ministro, murieron a manos de estos pistoleros gente como el estudiante Arturo Ruiz, abatido de un disparo por el argentino ultra de la Triple A, Jorge Cesarsky. Y la estudiante Mari Luz Nájera también asesinada, en un intervalo de 24 horas, en una manifestación.
Sorprende que todavía, políticos y algunos medios, valoren positivamente el trabajo que Fraga y Martín Villa, desarrollaron para traer la democracia.
Una cosa es el perdón y otra el olvido. En ocasiones, la verdad es que cuesta olvidar y cuesta más perdonar.
Fuente: Rodolfo Serrano
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