Acabo de leer en El País la noticia de la condena de un periodista afghano tras las denuncias contra él, recibidas por las autoridades de Afghanistan, en el sentido de considerarle un blasfemo por haber tenido la osadía de decir que Mahoma había marginado a las mujeres.
Se le acusa de blasfemia y de burlas al Islam y al profeta y se le condena a muerte. Por otro lado los periodistas y su entorno familiar solicitan la ayuda internacional para defenderle porque las autoridades del país estan presionando a abogados para que no le defiendan y a los periodistas para que no hablen del asunto.
Todos estos acontecimientos me recuerdan las lamentables afirmaciones de nuestra Santa Madre Iglesia Nacional Católica española. Afirmaciones de una mezquindad intolerable en un país y por parte de unas personas que se autotitulan defensores de la democracia y de la libertad. No llegamos a comprender qué es lo que entienden por democracia y por libertad ya que no respetan ni la misma democracia que dicen defender ni la libertad de aquellos que no piensan como ellos.
Aquí en España aún no han llegado al extremo de poder condenar a muerte a quienes piensan distinto y no siguen sus principios democráticos. Pero andan por caminos parejos. Han montado una campaña de acoso y derribo contra las clínicas abortistas y contra las mujeres que han abortado. No olvidemos que hay una Ley del aborto, que las clínicas funcionan con todos los permisos y autorizaciones pertinentes para ejercer su labor y que quienes acuden a abortar no lo hacen por capricho o por seguir una moda de dudoso gusto, lo hacen por necesidad.
No se queda a trás la lamentable campaña de criminalización del colectivo homosexual ( gays y lesbianas) que después de muchas luchas consiguieron que se les reconocieran sus derechos como personas. Ayer se conoció la condena de Estrasburgo a Francia por el caso de discriminación a una lesbiana en su derecho a adoptar a un niñ@. En España aún se discute si los homosexuales podrían o no podrían adoptar porque desde esos centros ultra católicos dicen que un niñ@ no se educaría adecuadamente teniendo dos psdres o dos madres y que le podrían pervertir, como si la homosexualidad fuera una perversión y no un derecho a disfrutar de la sexualidad según sus gustos. Para más inri, existen estudios realizados por estudiosos, médicos, psicólogos,etc. que han demostrado que la homosexualidad de los padres en nada afecta a la futura orientación sexual de los niñ@s.
Y qué decir de la Ley del divorcio que lleva varias décadas implantada en España que no ha conseguido destruir las familias bien constituidas pero sí ha conseguido facilitar que quienes no se llevaran bien, por la razón que fuere, hayan podido rehacer sus vidas con otras parejas o solos.
Por no hablar de la famosa Educación para la Ciudadanía que pretende educar a nuestros hijos en principos educativos democráticos y de tolerancia hacia el distinto. No, ellos prefieren que les enseñemos educación religiosa, esa misma educación que nos dieron a nosotros donde se decía que los homosexuales ( maricones y tortilleras en el lenguaje de entonces) eran enfermos a los que había que tratar ( les aplicaban técnicas de electroshock) en el más puro sistema de tortura física, a día de hoy aún hay quienes les tildan de enfermos. O esa religión que nos decían era la única verdadera y que las demás eran malas y equivocadas y que estaban en pecado mortal y se condenarían al fuego eterno sino se convertían a la fe pura y verdadera. Cuéntas barbaridaes podría contar de esas enseñanzas que nos dieron y que quieren volver a reimplantar. Parece que por ellos no haya transcurrido el tiempo, que sigan anclados en el pasado, un pasado de triste recuerdo para muchos de nosotros.
Por eso digo que la condena al periodista afghano por parte de una sociedad integrista islámica me recuerda mucho a esta sociedad integrista nacionalcatólica que nos quieren reimplantar.
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