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    • Els jóvens i la lectura Julio 10, 2009
      Es diu amb molta freqüència que els jóvens no lligen, que no tenen amor per la lectura, que la rebugen, que la lectura de llibres, especialment els que estan escrits en llengua diferent al castellà, no són escollits per la joventud com a tema prioritari en el seu temps lliure. Potser la lectura no passe [...]
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La «solución de los dos Estados» será la del apartheid

El destino de los palestinos se ha convertido en una más entre las tantas cosas que están en juego en el marco de la lucha que opone al clan Bush-Cheney y los partidarios del grupo Baker-Hamilton. Los generales que se opusieron a todo proyecto de guerra contra Irán creyeron que resolverían el conflicto israelo-palestino haciendo presión a favor de la «solución de los dos Estados». Pero George W. Bush modificó dicho compromiso para promover un estricto sistema de apartheid dentro del cual el Estado palestino no sería más que un simple bantustán.
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¿Cómo evitar entregarnos a un sentimiento de satisfacción cuando nos supimos que, al cabo de largos años de manifiesto desinterés, el presidente Bush reactivó el «proceso de paz en Palestina» convocando una conferencia en Annapolis (el 27 de noviembre de 2007); que se comprometió a construir el Estado palestino antes de que termine su mandato presidencial; que luego de esa excelente decisión se desarrolló en París una Conferencia Internacional de Donantes durante la cual la comunidad internacional, presa de un irresistible impulso de generosidad, donó más miles de millones de lo que esperaban los palestinos (el 17 de diciembre de 2007); y que el propio Bush viajó a Palestina para poner manos a la obra (del 9 al 11 de enero de 2008)? ¡Que lindo es todo en el mundo de la comunicación!

Sin embargo, a no ser que creamos en el cuento de los Reyes Magos que vienen a ofrecer sus regalos al naciente Estado palestino soberano, esa versión mediática de los hechos resulta más bien sorprendente para todo el que recuerda que hace 60 años que se les viene prometiendo a los palestinos un Estado que no acaba de concretarse.

Annapolis

La Conferencia de Annapolis representa un intento de Washington por retomar el control de la situación en Palestina, control que dejó durante 7 años en manos de los sucesivos gobiernos israelíes. Es una confirmación de la supremacía de Estados Unidos sobre Israel, lo cual representa una derrota para el movimiento sionista que afirma que no hay diferencia entre los intereses de Washington y los de Tel Aviv. Se trata, sin embargo, de una derrota de corta duración.

El que George W. Bush haya sido el maestro de ceremonias y que aparezca en algunas fotos que quedarán para la posteridad le permite mantener la frente alta. Pero no cambia el hecho que durante esta conferencia las 48 delegaciones extranjeras tomaron nota de que el poder cambió de manos en Washington, tal y como hube de explicarlo una semana más tarde desde estas columnas [El clan Bush-Cheney, al servicio de las multinacionales de la industria militar, del petróleo y de la industria farmacéutica, se ha visto obligado a ceder ante las presiones del Estado Mayor militar del ex presidente Bush padre (Robert Gates, Wlliam Fallon, Michael Hayden, Mike McConnell, etc.), que goza a su vez del apoyo del grupo Baker-Hamilton [Ehud Olmert se presentó de mala gana en Annapolis y su ministro de Defensa, Ehud Barak, trató de sabotear la reunión al presentar una nueva exigencia según la cual la comunidad internacional tendría que reconocer «Israel como patria del pueblo judío y Palestina como patria del pueblo palestino». En otras palabras, no sólo la comunidad internacional debería pisotear el derecho inalienable de los refugiados palestinos a regresar a su propio país sino que tendría además que obligar al Estado palestino a recibir a los israelíes árabes que sean excluidos del Estado reservado únicamente a los judíos.
Esta absurda exigencia fue descartada de un manotazo por los nuevos amos de Washington y –por vez primera– se pidió a la delegación israelí que renunciara a su sempiterna condición previa de no negociar la paz hasta que no se desarmen la milicias palestinas (o sea, después de la derrota de la Resistencia palestina). Por alguna razón aún desconocida, los israelíes acataron la orden de Washington y, abandonando «la madre de las condiciones», bajaron la cerviz ante su amo.

De forma bastante original, la Conferencia no terminó con la publicación de una declaración común, sino que comenzó por… ¡la lectura del documento final! [Este documento «final» es extremadamente lacónico. Además del reconocimiento de la supremacía de Estados Unidos por parte de los dos bandos en conflicto, el documento anuncia un calendario de negociaciones que debe terminar, antes del fin del mandato presidencial, con el reconocimiento de un Estado palestino. Menciona además la llamada hoja de ruta , como modo de precisar lo que debe entenderse por «Estado».
Se trata, en efecto, de un tema que se presta a confusión. Para las Naciones Unidas, el término Estado hace referencia al plan de división de Palestina de 1947. En ese mismo sentido lo interpretan Rusia y la Unión Europea, entre otros autores de la llamada «hoja de ruta». En ese caso, se trata de un Estado en el sentido pleno de la palabra. Para el movimiento sionista, por el contrario, el término «Estado palestino» se refiere al modelo aplicado en la Sudáfrica del apartheid y la Guatemala del general Efraím Ríos Montt. En ese caso se trataría de una o varias “reservas” destinadas a los palestinos, carentes de atributos necesarios para vivir en Israel, lo cual le permitiría a Israel deshacerse de sus responsabilidades de ocupante [Los militares estadounidenses impusieron que la supervisión del calendario de Annapolis esté en manos del general James L. Jones, quien desempeñó un papel en la campaña contra el clan Bush-Cheney al entregar un severo informe sobre el desastre iraquí [Hasta ahí llegan las buenas noticias. Si bien es cierto que George W. Bush tuvo que aceptar una enorme concesión, la realidad es que no cedió en aquello que el movimiento sionista considera primordial y que él mismo se había comprometido por escrito a imponer, el 14 de abril de 2004: si hay que aceptar un Estado palestino, este tendrá que tener en cuenta en primer lugar las «nuevas realidades en el terreno» y no puede por tanto esperar por tanto existir en el territorio que las potencias le atribuyeron en 1947; en segundo lugar, estará bajo la dirección de títeres.

Además, los objetivos que el general Brent Scowcroft (ex consejero para la seguridad nacional) había establecido públicamente para la administración Bush no han sido alcanzados [Lo esencial es que después de la conferencia tenía que producirse, en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, el voto de una resolución que diera fuerza de ley a la declaración de Annapolis. Pero en el último momento George W. Bush la retiró del orden del día del Consejo, mientras que Ehud Olmert declaraba que el calendario de Annapolis no tenía carácter vinculante, o de obligatoriedad, para Israel. La correlación de fuerzas existente en Washington entre sionistas y americanistas seguía siendo inestable. Desde Tel Aviv se anunciaba que en Israel se esperaba al presidente de Estados Unidos para principios de enero, lo cual fue posteriormente confirmado desde la Casa Blanca.

París

Según la versión mediática, la Conferencia Internacional de Donantes para el Estado palestino se decidió en Annapolis. Pero resulta extraño que el alto funcionario francés encargado de prepararla –Pierre Duquesne, ex consejero financiero de Lionel Jospin e hijo del director de prensa Jacques Duquesne– ya había sido designado cinco semanas antes, el 17 de octubre, durante una reunión en París a la que asistieron Tony Blair (enviado especial del Cuarteto) y Jonas Gahr Store (ministro noruego de Relaciones Exteriores). Parece que Pierre Duquesne resultó elegido debido a las buenas relaciones que mantiene con Salam Fallad, primer ministro de la Autoridad Palestina, desde la época en que ambos representaban a sus países respectivos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En todo caso, el verdadero organizador de esta conferencia fue Brent Scowcroft, quien la preparó al mismo tiempo que la de Annapolis. Inicialmente se trataba de financiar la creación de un Estado palestino soberano antes de que terminara el año 2008, según las modalidades del plan del rey Abdallah de Arabia Saudita, adoptado por la Liga Árabe (o sea, con regreso a las fronteras de 1967 y reconocimiento de los derechos de los refugiados). El Grupo Estratégico del Instituto Aspen [En el discurso que pronunciara aquel día en la sede washingtoniana del Aspen Institute, la secretaria de Estado indicó que con vistas a financiar la Autoridad Palestina, Estados Unidos donaría 400 millones de dólares en el marco de la conferencia de París, cantidad a la que se sumarían «contribuciones privadas».
Es precisamente en ese punto donde reside toda la astucia del proyecto: el uso de la donación anunciada en París estará bajo control del Cuarteto, mientras que las «contribuciones privadas» no estarán bajo control de nadie.

Pero, luego de haber saboteado la resolución de la ONU después de Annapolis, la administración Bush se esforzó por desviar la Conferencia de París hacia un objetivo diferente. Y no había contar con que fuera su homólogo francés Nicolas Sarkozy quien se opusiese a ello.

Según las declaraciones ditirámbicas del final de la conferencia, cualquiera diría que los Reyes Magos habían adelantado su llegada para traerle a la Autoridad Palestina mucho más de lo que esta hubiese podido esperar en sus sueños más optimistas: ¡74 000 millones de dólares!
Curiosa filantropía: las anteriores donaciones fueron mayoritariamente reducidas a polvo por los misiles del Estado hebreo (entre otros, durante la destrucción del puerto y del aeropuerto de Gaza, recientemente construidos), mientras que un promedio del 10% de las sumas concedidas fueron sistemáticamente malversadas por ministros de la Autoridad Palestina con fines de enriquecimiento personal.

Con vistas a pasar el cepillo, la Autoridad Palestina había redactado un expediente en el que presentaba toda clase de proyectos en espera de financiamiento: edificación de una nueva ciudad entre Nablus y Yenin, construcción de miles de viviendas sociales, establecimiento de un sistema de seguridad social al estilo occidental, por citar sólo algunos ejemplos. Pero, ni siquiera poniendo por escrito las ideas más irrealizables, logró encontrar cómo llegar a gastar más de 5 600 millones de dólares.

¿Cómo interpretar entonces esta lluvia de dólares? Es que ahora se trata sobre todo de apoyar a la Autoridad Palestina contra el movimiento Hamas, al extremo que una parte de los fondos está oficialmente destinada a garantizar los salarios de los funcionarios de la región de Gaza para que se queden en su casa y se nieguen a ponerse al servicio de Hamas. La Conferencia Internacional de Donantes para el Estado Palestino se convierte así en una maniobra de corrupción a gran escala.

Con esa idea en mente, David de Rothschild –en el papel de protector del Estado de Israel– había recurrido personalmente a los donantes para incitarlos a la generosidad. Y uno de sus ex socios, Francois Perol, ahora secretario general adjunto de la presidencia de la República, seguía la marcha de las operaciones. Queda por averiguar cómo fue posible convencer a los Estados de que debían destinar enormes sumas de dinero al enriquecimiento de aquellos que colaboran con la ocupación israelí sin que tal cosa beneficie los intereses de sus propios países.

Sin embargo, apenas había cesado el centellear de los flashes de los fotógrafos en París, cuando el ejército israelí asesinó en Gaza al jefe de las brigadas de al-Qods (la rama armada de la Yihad Islámica en Palestina) y a su segundo. Lo cual es una manera cruel de hacerle saber al mundo que, visto desde Tel Aviv, el «proceso de paz» no es más que una forma de ganar tiempo.

Jerusalén

En 7 años de mandato presidencial, George W. Bush nunca había viajado a Israel. Su abuelo colaboró con los nazis, su padre fue firme con el Estado hebreo y le costó muy caro el haber organizado la conferencia de Madrid. Pero George W. Bush se convirtió en figura de proa de los sionistas cristianos. Su carta de 2004, en la que reconocía como israelíes los territorios anexados por el Estado Hebreo [En la prensa internacional, la visita de George W. Bush a Israel (del 9 al 11 de enero de 2008) se anunció como la expresión del compromiso personal del presidente de Estados Unidos a llevar adelante el «proceso de Annapolis» antes de dejar la Casa Blanca y a entrar en la Historia como padre del Estado palestino. Esto no es más que una repetición irreflexiva de las notas de los encargados de la propaganda. La propia prensa internacional reportó además el viaje con un tono diferente. Mencionó la turbación de Tel Aviv ante el brusco cambio de la política de Washington hacia Irán y las tonterías del turismo religioso a la basílica de la Natividad y el lago Tiberíades. En realidad, George W. Bush viajó a Israel con el doble objetivo de prestar apoyo a Tel Aviv y de pedirle ayuda.

El 10 de enero de 2008, el presidente de Estados Unidos declaraba en el hotel King David, de Jerusalén: «la ocupación que empezó en 1967 debe terminar. El acuerdo [de paz] debe establecer Palestina como patria del pueblo palestino, al igual que Israel es la tierra del pueblo judío. [El presidente Bush mencionó de paso la necesidad de establecer un mecanismo de indemnización para los refugiados palestinos que se vean privados de sus derechos. Se trata de una idea que ha ido abriéndose paso desde hace varios años y que ya ha dado lugar a complicados cálculos por parte de un grupo de universitarios israelíes, palestinos y europeos que se reúnen en la universidad de Aix-en-Provence, en Francia. Con sorprendente ingenuidad, este grupo de Aix imaginó la creación de una Agencia Internacional dotada de fondos astronómicos para comprar el derecho al retorno –que constituye sin embargo un derecho inalienable, según los tratados internacionales– de los 9 millones de palestinos.

George W. Bush siguió adelante derramando más tarde indecentes lágrimas en el memorial Yad Vashem y declarando que deploraba que la US Air Force no hubiese puesto fin en su momento a «la solución final del problema judío» bombardeando Auschwitz.

La emoción que expresó ante las cámaras de televisión no lo llevó sin embargo decidir devolverle a los familiares de las víctimas el millón y medio de dólares de la Consolidated Silesian Steel Company que él mismo heredó a principios de los años 1980 [Varios días más tarde, al hacer uso de la palabra durante un mitin en Gaza, Ismail Haniyeh, primer ministro del gobierno no reconocido de Hamas, declaró: «Rechazamos la visión de Bush de un Estado de trastienda (…) Rechazamos su negación del derecho de los refugiados al regreso y su posición en lo tocante a Jerusalén. No aceptamos que los 11 000 prisioneros sigan encarcelados y que puedan mantenerse colonias en territorio palestino».

¿Qué esperaba el presidente de Estados Unidos a cambio de su gran show? Que Israel emprenda una iniciativa que refuerce el poder del clan Bush-Cheney en Washington y ponga al grupo Baker-Hamilton en una situación que le impida seguir obstaculizando sus planes. También se han desarrollado reuniones con los responsables de los servicios de seguridad, sin que nada se haya filtrado por el momento.

Una inquietante incógnita se plantea ahora en Washington, como en numerosas cancillerías: ¿En que consistirá la sorpresa?.

Thierry Meyssan
Periodista y escritor, presidente de la
Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.

[1] «Washington décrète un an de trêve globale», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 3 de diciembre de 2007.

[2] «Pourquoi McConnell a-t-il publié le rapport sur l’Iran?», Horizons et débats, 17 de diciembre de 2007.

[3] «Iran: intentions et possibilités nucléaires», extraits du NIE, Horizons et débats, 17 de diciembre de 2007.

[4] «Discours de George W. Bush à l’ouverture de la conférence d’Annapolis sur le Proche-Orient», Réseau Voltaire, 27 de noviembre de 2007.

[5] Sobre Israel y el modelo del apartheid, ver L’Effroyable imposture 2, por Thierry Meyssan, Jean-Paul Bertrand éd., 2007.

[6] El general Jones está también a cargo de la campaña tendiente a lograr mediante la propaganda lo que Estados Unidos no ha podido obtener por la fuerza: que los demás Estados limiten voluntariamente su consumo de petróleo en nombre del calentamiento climático.

[7] «Un échec, à Annapolis, aurait des conséquences désastreuses», 17 de diciembre de 2007.

[8] «L’Institut Aspen élève les requins du business», Réseau Voltaire, 2 de septiembre de 2004.

[9] «Lettre de George W. Bush à Ariel Sharon», Réseau Voltaire, 14 de abril de 2004.

[10] Declaración de George W. Bush afirmando que Israel es la tierra del pueblo judío (texto en francés), Réseau Voltaire, 10 de enero de 2008->article154292.html].

[11] «Les Bush et Auschwitz, une longue histoire», Réseau Voltaire, 3 de junio de 2003.

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