Nuestras aulas, así como la vida misma, son calidoscopios a través de los cuales se expresan las distintas maneras de ser, de conocer, de sentir, de pensar, etc. que coexisten en ellas en un mismo espacio y tiempo escolar.
Diría que en todas ellas se dan situaciones de rechazo a determinadas personas que sufren un retraso escolar o que tienen alguna característica física o psíquica diferenciada; se ejercen comportamientos en los que el grupo busca una cabeza de turco sobre la que descargar su tiranía y, de paso, afianzarse como tal grupo; conductas agresivas que crean dificultades de relación, que coartan, comportamientos impulsivos, ausencia de límites, insuficiente autocontrol, rechazos y humillaciones debidos a desiguales aptitudes deportivas, actitudes de mal uso o destrucción del material o del mobiliario escolar, expresiones de dominación, e incluso agresiones de género y un largo etc.
Este retrato puede corresponder lo mismo a un aula de Secundaria que de Educación Infantil, salvando las distancias y las características específicas de cada edad. Sin embargo, son expresiones o tendencias que aparecen o se pueden intuir desde los primeros años de escolaridad. Este tipo de comportamientos suelen ser síntomas de un malestar que arrastran las alumnas o alumnos. Así como el dolor es la alerta de que algo no va bien en nuestro cuerpo, estas expresiones anómalas son la expresión de un problema relacionado con el entorno familiar, con una autoimagen negativa, con dificultades de relación, insuficientes habilidades sociales… O, por qué no, pueden suponer el rechazo a un modelo escolar al que no encuentran sentido o que sienten que no les toma en cuenta. (more…)
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