Los cara a cara instalan el pesimismo en el PP, Rajoy hace autocrítica y Aguirre empieza a hablar de perder mientras aparecen dudas en el PSOE sobre la mención al número de muertos.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero (i) y el líder del PP, Mariano Rajoy, se saludan en presencia de la periodista Olga Viza. - EFE
FERNANDO GAREA – Madrid – 04/03/2008 21:27
Mariano Rajoy ha jugado toda la legislatura a las Siete y media. No ha parado de apostar su suerte al juego en el que puedes perder igual si te pasas que si no llegas y ganas si encuentras el punto justo.
Rajoy no lo ha encontrado, aunque siempre ha tenido tendencia al exceso. Tanto que ha sido una constante que cuando el Gobierno estaba más aturdido acudía el líder del PP al rescate con su exceso. Casi siempre desafinando y sin encontrar el ritmo preciso, porque dejó que otros se lo marcaran.
Las pocas veces que optó por plantarse y no llegar fue advertido seriamente por sus hooligans y se veía obligado a volver de nuevo a la senda. En esta campaña ha tirado la toalla de la resistencia y se ha olvidado de que gana el que encuentra las siete y media justas.
Su juego le ha servido para llegar hasta aquí con los suyos cohesionados y con un suelo electoral sólido, similar al de hace cuatro años. En el primer debate se pasó de las siete y media, pero cohesionó a los suyos. El lunes tampoco acertó con la afinación exacta, mantuvo el mismo ritmo y no logró ampliar su campo.
No le ha ayudado la sorprendente aparición estelar de Aznar el domingo, que tendrá continuidad el jueves en otro acto. Aznar e Irak le persiguen como una pesadilla.
La mirada de los corresponsables extranjeros no siempre es justa, pero conviene recurrir a ella para tener una visión distanciada, a modo de cámara cenital que abarca todo el plató electoral. El lunes el Financial Times situaba al actual PP en la derecha extrema y ayer Le Monde publicaba una crónica de Cécile Cahambraud con el revelador título: “El líder de la derecha española, Mariano Rajoy, no ha sabido dar una línea clara al PP”.
El texto sostiene que “a menos de una semana de las elecciones, el rival de los socialistas, que se dice “moderado”, ha endurecido su campaña”. La crónica repasa las exclusiones de Gallardón y Piqué, la victoria de los “duros” como Esperanza Aguirre y analiza el endurecimiento de su mensaje de campaña, sobre todo, respecto a la inmigración.
También el alemán Berliner Zeitung analiza el mensaje de Rajoy y asegura que ” le gusta a sus seguidores, pero a los indecisos les resulta indiferente. A este gallego y padre de dos hijos, el papel de malo de la película le va grande”. Es decir, le ve sobreactuado y fuera del tono que le corresponde.
Dos figuras mediocres
En ese repaso, al líder del PP sólo le puede consolar el mal de muchos, porque la revista norteamericana Newsweek asegura sobre Zapatero y Rajoy que “la elección entre dos figuras mediocres es toda una humillación para una nación que parece haber disfrutado de un inusual liderazgo” y descalifica al presidente del Gobierno por “apartarse del radar global y, lo que es peor, desconectarse del electorado con una serie de chapuceras decisiones políticas” y al del PP por ser ” un político anodino”.
A cinco días de las elecciones casi todo parece resuelto. Ya no es posible ninguna pirueta, salvo la previsión del PSOE de apelar al voto útil y a la movilización de aquí al viernes.
Los tres debates de la campaña, es decir, los dos de Zapatero y Rajoy y, especialmente el de Solbes y Pizarro, le han servido a los socialistas para dar la vuelta a una campaña que iniciaron a remolque y siguiendo la iniciativa del PP. El de Solbes tiene más importancia de la que se le ha concedido, porque sirvió para anular al que iba a ser portavoz del asunto que pretendían situar como centro de la campaña. Ayer en el PP, por debajo de los discursos oficiales, se respiraba pesimismo. Además, su líder cometió el error de hacer autocrítica en público. “No debería haber debatido tanto tiempo sobre Irak y el 11-M”, admitió en Onda Cero. Remató Esperanza Aguirre, pensando en el día 10, al aceptar por primera vez la posibilidad de que el PP pierda : “Rajoy va a ganar. Y, en el peor de los casos, a subir”.
Camps en la sucesión
La lideresa, además, introdujo en elmundo.es otro tema espinoso a pocos días de las elecciones: “El líder en el PP se ha elegido siempre en el Congreso Nacional, en el que votan directamente o a través de compromisarios los 800.000 afiliados”. La última vez no fue así, pero pone sobre la mesa la sucesión para la que ya se menciona otro nombre: Francisco Camps.
En el PSOE todo es euforia oficial, aunque algunos en privado cuestionan duramente la frase de Zapatero sobre los muertos de esta legislatura y los de la anterior. Dicen que no era necesario pasarse de las siete y media.
Zapatero devuelve esta vez los golpes de Rajoy
Anuncia medidas económicas y promete apoyar siempre al Gobierno contra ETA
FERNANDO GAREA – Madrid – 04/03/2008 00:59
Zapatero salió ayer dispuesto a no dejar pasar ni una para dar la vuelta esta vez a las acusaciones de Rajoy.
El candidato del PSOE, más contundente, hizo en el segundo debate lo que no hizo en el primero, devolver todos los golpes.
Sobre todo, en el caso del terrorismo, donde Rajoy esta vez intentó ser menos agresivo y omitió la expresión de la agresión a las víctimas, pero terminó cayendo en la trampa de debatir sobre Irak y defender aquella guerra.
Zapatero estuvo mejor ayer y no cometió errores. Rajoy no ganó y eso le hizo perder. “Miente siempre y en todo lugar”, le dijo Rajoy a su oponente con reiteración.
“Usted engaña y utiliza siempre el terrorismo”, le contestó Zapatero sin eludir esta vez la respuesta a las acusaciones.
Sí fue una repetición del primero en los asuntos en los que cada uno puso más énfasis: Zapatero habló de desaceleración económica y de política social y Rajoy quiso centrar el enfrentamiento en la subida de precios, la inmigración, el terrorismo y el modelo de Estado.
Ayer fue muy distinto el debate porque el candidato del PSOE intentó poner en primer plano las propuestas de futuro.
Rajoy siguió anteponiendo la crítica a la situación social y económica actual, sin salirse del guión del panorama negro y catastrófico.
Fue igual de duro el cara a cara, pero, al menos, estuvo trufado de futuro y propuestas y fue mejor.
Acuerdo sobre terrorismo
El momento más agrio volvió a ser el del terrorismo. Esta vez Zapatero dio la vuelta a la acusación con un primer golpe de efecto: sea cual sea el resultado de las elecciones ofreció apoyo al Gobierno sobre terrorismo sin condiciones, “haga lo que haga”.
Y un segundo golpe porque le acusó de utilizar siempre el terrorismo, incluyendo el 11-M y sobre todo, la guerra de Irak, cuando el Gobierno de Aznar y de Rajoy utilizó como excusa la lucha contra el terrorismo islamista.
Rajoy respondió condicionando el apoyo al Gobierno sobre terrorismo a que sea para “derrotar a ETA, no para negociar” y le acusó de desbaratar la política anterior que dejó a la banda más débil que nunca.
A continuación el candidato del PP se metió en un lío cuando intentó argumentar que Zapatero, que sacó las tropas de Irak, apoyaba la invasión. “¿Sigue apoyando la guerra de Irak?”, le preguntó Zapatero y Rajoy respondió con las resoluciones posteriores de la ONU.
“Esto sí que es una exclusiva mundial, yo apoyé la guerra”, dijo Zapatero con ironía, al comprobar que le había dado resultado la trampa.
El candidato socialista arriesgó hasta el límite, o quizás lo traspasó, al utilizar un argumento que nunca se había atrevido a emplear, el del número de muertos en cada legislatura. “¿Qué política antiterrorista prefiere? ¿Esta en la que ha habido cuatro muertos o la de ustedes en la que hubo 238 muertos? Usted utiliza el dolor de las víctimas”, le dijo.
Rajoy le respondió que cuando se inició esta legislatura ETA llevaba un año sin matar y estaba más débil que nunca.
El siguiente paso fue el 11-M, sobre el que Zapatero le dijo que “mintieron e intoxicaron”, hasta poner en cuestión el Estado de Derecho.
El del PP le respondió que ellos detuvieron a los culpables y le acusó de ganar las elecciones en 2004 gracias al atentado.
“Ni un solo soldado en ninguna guerra ilegal” y “ustedes no han superado la derrota electoral”, dijo Zapatero.
También fue dura la discusión sobre inmigración y, además, quedó clarísima la diferencia ideológica entre ambos.
Primero porque Rajoy lo incluyó como asunto preferente en política social y segundo porque las dos palabras más repetidas en este asunto por el dirigente del PP fueron “orden y control”.
Insistió en los males de la regularización del actual Gobierno y Zapatero le dijo que el PP hizo cinco regularizaciones y, en lugar de ligarlas a un contrato de trabajo, bastaba presentar “la factura del televisor o la de la rueda de una bicicleta”.
Rajoy habló de “grave problema” con la inmigración y se comprometió a que sólo permanezcan en España los que estén en situación legal y con contrato, que se expulse a los delincuentes, que se incremente la ayuda al desarrollo y que se haga una política europea.
Zapatero lamentó que el PP, con el contrato de integración, quiera tratar a los inmigrantes como “presuntos delincuentes”, y aseguró que su política se basa en evitar que salgan de sus países de origen con acuerdos bilaterales, incrementar el control de las fronteras y devolver a los ilegales, también con esos acuerdos. Puso empeño en remarcar la aportación para la encomía de los inmigantes.
Respecto a la economía, Zapatero utilizó tres armas: las cifras macroeconómicas, las palabras de Elorriaga en Financial Times sobre “sembrar dudas respecto a la economía” y siete medidas concretas.
Rajoy repitió sus argumentos sobre la subida de precios y los gráficos sobre la evolución ascendente del IPC, sin que Zapatero hiciera nada porque “estaban dedicados a hacer cábalas con España y a negociar con ETA”.
Sólo al final, habló de propuestas como la reducción del IRPF y del impuesto de sociedades y el cambio en los organismos reguladores.
Zapatero llevó un libro blanco que aportó teatralmente para mostrar la veracidad de sus cifras e inició su intervención sobre economía con siete medidas concretas: acuerdo social con sindidatos y empresarios, acelerar el plan de infraestructuras, 150.000 viviendas de protección oficial, recolocación de parados de la construcción, pago de 400 euros, ampliación del plazo de hipotecas y acuerdo con el sector de distribución para el autocontrol de precios.
En este punto se enzarzaron durante varios turnos en dos cuestiones: el coste de productos básicos y si el PP se preocupó de la economía desde el inicio de la legislatura y, en concreto, cuál había sido la primera pregunta planteada por Rajoy.
El líder del PP se empeñó en pedirle opinión sobre un expediente en Catalunya a un comerciante que rotuló en castellano.
Reiteró la pregunta al candidato del PSOE y éste respondió sin hablar del caso concreto, pero abriendo el foco a la gestión de su oponente como ministro de Educación, cuando pactó con los nacionalistas y no se preocupó por el castellano.
En el turno final, Zapatero se comprometió a “mejorar las cosas”, dijo que est
ará “muy cerca de quienes no tengan de todo” y concluyó: “Buenas noches y buena suerte”.
Rajoy se dirigió a los votantes socialistas e insistió en su niña que, según dijo, está en su cabeza y su corazón.
Archivado bajo: Elecciones, España, PP, Rajoy, Zapatero (ZP) | Etiquetado: Pizarro, Solbes































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