Tengo 33 años, vivo en Zaragoza y soy considero creyente y cristiana. Creyente sobre todo, y aunque no tengo por qué informar de esto, considero oportuno hacerles saber que todos los días leo el Evangelio, rezo y procuro ser mejor persona día a día, ayudando al prójimo y amándolo tal y como nos instruyen las escrituras a través de la voz de Cristo.
Vamos a ver. ¿Qué sucede con la Iglesia? ¿Qué está pasando y dónde tienen la cabeza y el corazón? ¿Acaso no se dan cuenta de que cada vez son menos los feligreses que acuden a eventos cristianos? ¿Y se sorprenden? Cuando confieso llena de orgullo que soy cristiana, que vivo mi fe, hay mucha gente que se sorprende, que se confiesa agnóstica, atea o, como mucho, con ese “yo creo pero a mi manera”.
Que comulgue con vino, ¿pero están locos? ¡Es un niño, un niño!
Me refiero, evidentemente a la del niño celíaco al que se niegan a proporcionarle la comunión. ¿Que comulgue con vino? ¿Pero están locos o qué? ¡Es un niño, un niño! Sólo rezo para que recapaciten, hagan lo posible y escuchen el corazón de los padres y del niño y se inclinen a modificar esta actitud. No tienen vergüenza. De verdad que no.
No es una broma lo que está sucediendo con la Iglesia y ustedes están contribuyendo a la disolución de la fe. Muchos cristianos confiamos en su trabajo. Y sinceramente, con estos actos lo están haciendo de pena. Seguramente que si algo de fe, amor y empatía les queda, rectificarán y se dejaran de pamplinas. No están las cosas como para ir perdiendo fieles, por chorradas como ésta.
Carta enviada desde Zaragoza. 20 Minutos































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