A 31 millas al noroeste del resort turístico de Sharm el Sheij, a unas cuatro horas de navegación, las turquesas aguas del mar Rojo se tornan súbitamente de azul oscuro. Y cuando no sopla el viento y el océano está liso como un espejo, entre el trajín de barcos enfilando proa hacia el canal de Suez, una fantasmagórica sombra negra se adueña de la superficie oceánica. No. No se trata de una fosa de profundidad que se hunde en el lecho marino.
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