Comunidades ricas contra comunidades pobres

Hay algunas actitudes que merecen una explicación detallada. La Generalitat de Cataluña, gobernada por un tripartito encabezado por José Montilla, hasta hace poco más de un año ministro de Industria del Gobierno de España, y el presidente de la Comunidad Valenciana, el dirigente popular Francisco Camps han organizado un frente común, al que se puede sumar el gobierno Balear, para defender un modelo de financiación al que se opone la mayoría de las comunidades autónomas españolas y que copia el modelo implantado por el Estatut de Cataluña.

Es difícil explicar que Francisco Camps quiera el modelo catalán que precisamente está recurrido en el Tribunal Constitucional por su partido. Es difícil de entender que José Montilla no sea capaz de conciliar con el secretario general del PSOE y presidente de Gobierno una forma de actuar en la financiación autonómica y recurra a la alianza con uno de los pesos pesados del PP que ha utilizado el anticatalanismo como ariete durante toda la legislatura anterior.

En este universo político-mediático, las cosas son cada vez más lo que parecen. Y empieza a vislumbrarse un enfrentamiento entre la España rica y la España que lo es menos, por la financiación de los servicios básicos de los ciudadanos que debieran estar homologados en todas las nacionalidades y regiones de España.

Empieza a parecer que la bandera de la cohesión social ínterterritorial, que era consustancial a la ideología y al proyecto político del PSOE, se ha diluido en los mensajes obsesivos sobre una “España plural”, hoy convertida en el discurso de Zapatero en “España diversa”, y que empieza a amenazar con constituirse en la “España desigual”.

Si alguien empieza a preguntarse por qué un proyecto individualista y sin otro contenido que un antirracionalismo sostenido, como es el de Rosa Díez, amenaza con ocupar espacio, puede tener una explicación en las cosas que están ocurriendo para potenciar un entendimiento profundo entre Montilla y Camps.

Hay informaciones bastante bien sostenidas de un desencuentro pronunciado entre el president Montilla y el presidente Zapatero. En el fondo, uno y otro pugnan por la paternidad del apabullante resultado del PSC en las elecciones catalanas. Pero lo cierto es que cuando el Palau Sant Jordi se vino abajo por la euforia de los asistentes al mitin del PSC, fue cuando Felipe González salto al ruedo. Y Felipe no es precisamente el padre de la desigualdad entre autonomías. Convendría que José Luis Rodríguez Zapatero estuviera atento a la que se le viene encima.

Carlos Carnicero, periodista y analista político en El Plural

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