La Vanguardia.-El destino del industrial Oskar Schindler, cuyo centenario se conmemora mañana, es probablemente uno de los más paradójicos de la historia de Alemania, donde se le olvidó durante mucho tiempo tras haber salvado a cientos de judíos durante el III Reich.
Ahora se le recuerda con motivo del redondo aniversario de su nacimiento y su nombre está presente desde la célebre película “La lista de Schindler” de Steven Spielberg, aunque durante mucho tiempo, como personaje incómodo, su historia tendió a desaparecer de la memoria colectiva alemana.
El industrial ha pasado en la historia, en buena parte gracias a “La lista de Schindler”, como un hombre que burló a los nazis y logró salvar de la muerte a personas destinadas a las cámaras de gas, lo que le valió que el Estado de Israel le concediera en 1967 el título de “justo entre los pueblos”.
Eso haría pensar en Schindler como un opositor al nazismo a quien, con el fin de la guerra, tendrían que habérsele abierto mejores perspectivas de vida.
Sin embargo, su biografía muestra una imagen completamente opuesta. Schindler fue un hombre de éxito bajo el III Reich, gracias en buena parte a su oportunismo, mientras que después de la guerra sólo cosecho fracasos, hasta el punto de que murió en la pobreza.
Entre los actos que se han organizado en Alemania con motivo del centenario de Schindler hay una exposición en el Museo Judío de Fráncfort que explora precisamente las razones de ese olvido.
Después de la guerra, Schindler se marchó a Argentina pero regresó en 1957, sin su esposa, Emilia, y fracasó en su intento de montar una fábrica en la localidad Hanau, junto a Fráncfort.
Su situación se hizo tan precaria que fueron prácticamente los judíos a los que salvó la vida durante el III Reich a través de trucos y sobornos -un total de 1.300- quienes le aseguraron el sustento.
“Su historia desaparecía una y otra vez porque era demasiado incómoda para la sociedad alemana de la postguerra en la que había muchos cómplices de los nazis”, dijo Fritz Backhaus, del Museo Judío.
“La historia de Schindler mostraba que había otras posibilidades de comportamiento en la época de los nazis”, agregó.
Los últimos años de Schindler estuvieron marcados por la pobreza, vivía en un modesto piso de una habitación cerca de la estación central de Fráncfort, y por el alcohol, en el que se hundió cada vez más.
Schindler murió en 1974 en casa de unos amigos en la ciudad de Hildesheim y su único legado fue una maleta en la que cabían todas sus posesiones y en la que estaba la famosa lista con los nombres de los judíos que había salvado.
El cadáver de Schindler fue transportado a Jerusalén, donde fue enterrado en un cementerio católico.
Pese a algún que otro homenaje, como la Cruz Federal al Mérito que se le otorgó en 1965, su historia volvía siempre a desaparecer cada vez que se intentaba recordarla.
Ahora, además de la exposición de Fráncfort, hay un sello de correos -conmemorativo del centenario- que recuerda la historia de Schindler.
Un canal de televisión, además, pasará el lunes “La lista de Schindler”, y sin duda los periódicos del día recordarán al controvertido empresario.
De la Wikipedia saco los siguientes datos:
Oskar Schindler (28 de abril de 1908 – 9 de octubre de 1974) fue un industrial y hombre de negocios alemán que salvó a unos 1100 judíos del Holocausto Nazi, contratándolos para su fábrica de artículos para la Wehrmacht situada en la actual Polonia.
Schindler nació en Zwittau, Moravia (actual Svitavy), Bohemia (entonces parte del Imperio Austrohúngaro, actualmente en la República Checa), en el seno de una rica familia católica que se dedicaba a los negocios. Su familia sufrió el hambre de la postguerra de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión de 1929. Durante su niñez y juventud tuvo entre sus mejores amigos a familias judías. En 1930 se afilió al Partido Nazi por necesidad. Tenía una hermana a la que era muy cercano, Elfriede, 7 años menor que él.
Fue un oportunista y hábil hombre de negocios y no ocultaba su afición por las mujeres, las fiestas y la vida bohemia. Estaba casado con Emilie quien, a pesar de sus devaneos, le profesaba una profunda admiración y respeto.
Schindler fue reclutado por las SS como informante por un tiempo por ser conocedor de los contactos con comerciantes polacos y judíos adinerados, aprovechándose de ello para ganarse la estima de las altas esferas nazis. Los oficiales nazis veían en Schindler no sólo a un simpático y agradable donjuán, sino también a una fuente para proveerse ocultamente en las fiestas de damas de la alta sociedad alemana, apreciadas prendas y artilugios del mercado negro. Schindler, gracias a estos contactos, vio una oportunidad de lucrarse con un negocio durante la invasión de Polonia en 1939, que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial.
Schindler adquirió a un bajo precio una fábrica en Cracovia, a la que nombró Deutsche Emaillewaren-Fabrik. Esta fábrica con sus instalaciones intactas se dedicaba a la confección de ollas y utensilios de cocina en tiempos de paz, pero Schindler adaptó la producción para abastecer a la Wehrmacht con utensilios de campaña. Como la mano de obra germana resultaba cara y además escasa, resolvió negociar con el comandante del campo de labores de Plaszow, el coronel SS Amon Goeth. Desde este campo se enviaban trenes con judíos seleccionados para los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka y Sobibor.
Schindler negoció con Goeth el arrendamiento de mano de obra en judíos aptos para su negocio, seleccionando entre ellos a un contable muy habilidoso llamado Itzhak Stern. Obtuvo inicialmente unos 300 trabajadores judíos para trabajar allí, con la ayuda de Stern. Los judíos seleccionados trabajaban durante el día en la fábrica y en la noche volvían custodiados por guardias al campo.
Además del pago de arrendamiento, Schindler debía rendir un tributo de los beneficios de la producción al coronel Goeth.
Poco a poco, gracias a esta convivencia diaria se fue abriendo en la conciencia de Schindler los relatos de las brutalidades y el destino que los nazis le daban a los judíos bajo el nombre de “reinstalación judía”.
Schindler empezó a tomar gradualmente conciencia que detrás de la explotación sistemática y esclava de los judíos estaba propiciando una ideología irracional hacia el judío. Su fábrica era una ventana hacia una maquinaría de exterminio masivo.
Después de la represión del Guetto de Cracovia de la cual Schindler fue testigo, empezó a cambiar su actitud hacia los judíos. Hábilmente negoció con el coronel Goeth Judío por Judío, pagándole una suma determinada de dinero para que cada uno de ellos fuera empleado en su fábrica. Los judíos eran inscritos en una lista por Stern.
Cuando el negocio de las ollas ya no era satisfactorio con la Wehrmacht cambió el rubro a la producción de cápsulas de artillería para poder mantener en pie la fábrica y así ampliar la solicitud de mayor mano de obra y también mantener el salvataje de judíos desde Plaszow. Schindler dio instrucciones para que una parte de las cápsulas tuvieran defectos de fabricación, en especial las de 88 mm y 75 mm cuidando de no caer en evidencia de sabotaje.
Al principio puede que se sintiera muy motivado por el dinero (por ejemplo, escondiendo a los ricos inversores judíos), pero luego comenzó a proteger a sus trabajadores sin tener en cuenta el beneficio económico.
Schindler, gracias a su habilidad, pudo proteger a los judíos de su fábrica y salvarlos de morir en los campos de exterminio. A finales de 1944 Schindler pudo salvar unos 1.200 judíos polacos, quedando casi en la bancarrota.
Una vez liberado el campo de Plaszow por los soviéticos, el coronel Goeth fue ahorcado en el mismo campo después de un juicio sumario.
Después de la guerra Schindler emigró a Argentina donde estaba su esposa, ya que a pesar de ayudar a los judíos, fue buscado por pertenenecer a las SS. Se dedicó al negocio de la crianza de gallinas y nutrias.
El gobierno de Israel liberó de la persecución a Schindler en 1955. En 1958 se separó de Emilie y regresó fracasado a Alemania, ya que sus negocios en tierras argentinas no prosperaron.
En 1960, el gobierno de Israel reconoció hondamente su iniciativa salvadora para con los prisioneros de Plaszow, cuyos descendientes le recuerdan como un ángel salvador. Fue declarado “Justo entre las Naciones” por el memorial de Yad Vashem el 1 de julio de 1967, permitiéndosele plantar un árbol en la Avenida de los Justos, en Jerusalén, e intentó socorrerle económicamente una vez que este retornó definitivamente a Alemania, pero éste amablemente rehusó y falleció en Hildesheim a la edad de 66 años en la mayor indigencia en 1974. Fue sepultado en el cementerio católico de Jerusalén.[1
Su historia se hizo famosa a raíz de la película La lista de Schindler dirigida por Steven Spielberg interpretada por Liam Neeson. La película muestra su vida desde la época de negociante, el desarrollo de su vida en la guerra y como sus ayudas y negocios ayudaron a salvar la vida de muchos judíos.
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