e incluso podrían llegar a ser 100.000 por las noticias que se reciben desde China.
Leemos lo siguiente en 20 minutos, La cifra de muertos por el terremoto registrado el lunes supera ya los 19.500 en la provincia china de Sichuan, según los últimos datos del gobierno provincial recogidos por la agencia oficial, Xinhua. Además, las autoridades chinas admiten que habrá, al menos, 50.000 muertos.
Sin embargo, el gran número de heridos (sólo en Sichuan hay casi 65.000), desaparecidos y sepultados bajo los escombros (cerca de 100.000 en total) podría hacer que la cifra de fallecidos aumentase en las próximas horas.
Mientras tanto, más de 130.000 miembros de las Fuerzas Armadas trabajan en las operaciones de ayuda y rescate en las zonas afectadas por el terremoto.
egún ha informado este miércoles Xinhua, los aviones militares de transporte y helicópteros han efectuado ya más de 300 vuelos y lanzado desde el aire alimentos y materiales de emergencia.
Debido a la política del “hijo único” impuesta por el Gobierno comunista para moderar el rápido crecimiento de la población, muchas familias han perdido a su único descendiente, la única oportunidad de seguir con el legado familiar y de mantener su apellido.
El viceministro chino de Salud, Gao Qiang, ha asegurado que que de momento no se han registrado brotes de epidemias en las zonas afectadas por el terremoto.
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Y en Público Andrea Rodés hace el siguiente análisis:
Una pantalla gigante colocada en el centro de Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, retransmitía ayer en directo la última noticia sobre el terremoto que sacudió el lunes esta región de China: Zipingku, una antigua presa de irrigación, al norte de Chengdu, restaurada por última vez hace 70 años, corre riesgo de derrumbarse.
La multitud miraba con preocupación a la pantalla, donde la presentadora de la televisión pública CCTV explicaba in situ que 2.000 soldados han sido enviados a la presa para intentar reparar los daños. Un obrero, de cuclillas, abrazaba con fuerza el casco amarillo sobre sus rodillas, al oír el último recuento de muertos: 15.000. Se espera que la cifra crezca en los próximos días ya que más de 25.000 personas permanecen aún enterradas bajo los escombros.
“Llevo dos noches durmiendo en la calle”, dice Tan Yangchun, una joven de 24 años, que se para a contemplar la pantalla gigante, al salir del trabajo. Tan no es la única que tiene miedo de que un nuevo terremoto la sorprenda dentro de casa, a pesar de que ningún edificio de Chengdu se ha derrumbado. Ayer aún podían verse por las calles de la capital las cabañas, hechas con lonas y trozos de madera, donde los ciudadanos han instalado sus camas. Incluso los enfermos de algunos hospitales de distrito han insistido en instalarse en la calle, aunque sea con la camilla y el suero a cuestas. “Hoy creo que volveré a mi apartamento”, dice Tan.
El hecho de que la mayoría de edificios de Chengdu, una capital moderna, de diez millones de habitantes, haya sobrevivido al terremoto ponen en evidencia las diferencias cada vez más acusadas en el desarrollo de las zonas urbanas y rurales. Miangyang o Dujiangyang, dos poblaciones prácticamente derruidas tras el terremoto, son ejemplo de las nuevas ciudades chinas, levantadas a toda prisa gracias a las remesas de los emigrantes en las grandes ciudades, el dinero de campesinos enriquecidos y a un desarrollo inmobiliario desenfrenado.
Muchos de los edificios derruidos eran construcciones baratas: simples casas de dos pisos de ladrillo y cemento, algunas veces construidas por el mismo dueño, sin cumplir con los requisitos de seguridad adecuados en una zona considerada de alto riesgo de movimientos sísmicos. Al menos nueve escuelas se derrumbaron durante el terremoto, dejando a miles de niños muertos. En Internet pueden leerse los comentarios de ciudadanos enfadados ante la muerte de tantos jóvenes.
Para evitar el malestar social, el Gobierno se ha volcado en dar una información exhaustiva de los efectos devastadores del terremoto. Ayer, en Chengdu, todo el mundo parecía pendiente de las noticias: las camareras de restaurante sirven los platos sin sacar el ojo al televisor, los taxistas conducen con la radio a todo volumen. Tras dos días de lluvia intensa, el Ejército y un equipo de rescate formado por médicos y civiles logró alcanzar a pie Yingxiu para descubrir que la realidad era peor de lo que se esperaba: de 10.000 habitantes, sólo se hallaron vivos 2.300.
El ambiente era tenso en los principales centros médicos de Chengdu, que cada día reciben cientos de heridos durante el terremoto. “El martes por la noche llegaron cinco camiones cargados de heridos”, explica Pan Chonqiu, enfermera en el Hospital China Oeste. Pan estuvo trabajando horas extras toda la noche porque el equipo médico local no da abasto. “Hoy ha llegado un equipo auxiliar desde Shanghai”, explica Pan. Frente a la puerta del Hospital Provincial de Sichuan, un grupo de médicos esperaba ayer a las nueve de la noche la llegada de las primeras ambulancias con los primeros heridos de Wenchuan. En total, 120 ambulancias partieron por la mañana de Chengdu. Los más graves son trasladados en helicóptero o intervenidos in-situ.
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