
al-Mutamid
Este comentario lo traigo como consecuencia de lo que creen algunos que es una norma dictada por el Corán, que es algo intríseco al Islam. Estas opiniones nacen a raiz de una noticia en la que se trata de impedir el ajusticiamiento de una persona en Iran por ser homosexual.
Lo que pretendo dar a entender que quien persigue y condena no es el Islam sino unos dirigentes fundamentalistas de un pais islámico, Iran.
Que esta gente comete muchas barbaridades a nuestros ojos como nosotros cometemos otras. Recordar que el 5º mandamiento de la ley de Dios dice no matarás, por contra muchos paises que se llaman cristianos, entre ellos los USA, tienen la pena de muerte como algo habitual y a nadie se le ocurre decir las mismas animaladas que dicen cuando es un pais islámico el hace lo mismo.
Vayamos al asunto:
Homosexualidad en el islam
Por Abdennur Prado (Junta Islàmica Catalana), 2006
Desde hace años vengo realizando una investigación sobre la homosexualidad en el islam, que abarca aspectos doctrinales, históricos, de jurisprudencia y de hermenéutica coránica. Considero que no hay fundamento alguno ni en el Qur’án ni en el ejemplo del profeta Muhammad para una condena de la homosexualidad, entendida como amor entre dos hombres. Este estudio abarca más de cien páginas, que resultaría muy difícil resumir ahora. En esta intervención, solo quiero mostrar mi posición al respecto, advirtiendo a los presentes de que esta posición no es en absoluto representativa del islam en su conjunto, sino fruto de una indagación personal cuyos resultados se oponen al pensamiento dominante. No puede ser de otra manera: cada vez que un ser humano reflexiona por si mismo entra en oposición con el pensamiento dominante, pues un pensamiento cuando es dominante se convierte en una cárcel para la conciencia.
La condena de la homosexualidad en el islam -repetida una y otra vez por las autoproclamadas “autoridades religiosas”- se basa en dos argumentos principales. Por un lado, la supuesta condena a esta tendencia sexual contenida en el Qur’án, en las aleyas que relatan las transgresiones cometidas por la gente de Lot. Por otro lado, en la consideración del matrimonio heterosexual como base del equilibrio y del orden ideal que debe regir en una sociedad islámica, con una distribución precisa de los roles que deben asumir el hombre y la mujer. En último extremo este planteamiento conduce a la total segregación de la mujer.
El primer punto, sobre lo que se denomina “transgresiones de la gente de Lut”, tal y como se nos muestra en el Qur’án: gentes que practicaban toda clase de perversiones sexuales. Una lectura minuciosa de estas aleyas nos lleva a la conclusión de que no hay ni una sola mención explícita de la homosexualidad, tan solo a la promiscuidad sin freno y a la violación, además de la trasgresión de las leyes de la hospitalidad. Cuando el pueblo de Lut (as) quiere tomar a los ángeles de Al-lâh, no se trata de homosexualidad, sino de un intento de violación. Algunos confunden lo uno con lo otro, y citan estas aleyas para demostrar que Al-lâh ha condenado la homosexualidad. Es posible que mi interpretación esté equivocada, pero se basa en un análisis minucioso y consciente del Qur’án.
El otro argumento habitual es de orden social, y es exactamente el mismo utilizado por los sectores más reaccionarios de otras religiones para condenar la homosexualidad. Como ejemplo, recordar que el Consejo del Poder Judicial (órgano consultivo de los jueces españoles) arremetió en enero del 2005 contra la ley de matrimonios homosexuales, con el argumento de que el matrimonio es una institución específicamente heterosexual, al estar basada “en el principio de la complementariedad entre los sexos”.
Este argumento es el mismo que utilizan los ulemas reaccionarios para justificar la represión de los homosexuales. Tal y como lo describe Abdelwahab Bouhdiba en La sexualité en Islam (ed. Puf, p. 43): “La visión islámica de la pareja fundada sobre la armonía preestablecida de los sexos supone una complementariedad esencial entre lo masculino y lo femenino. Esta complementariedad armónica es creativa y procreativa. (…) La bipolaridad del mundo reposa sobre la rigurosa separación de dos ‘ordenes’, lo femenino y lo masculino. Todo lo que viola el orden del mundo no es más que un grave ‘desorden’, fuente de mal y de anarquía”.
Según esta visión, el hombre debe actuar únicamente como “hombre”, y eliminar de si mismo cualquier rasgo femenino. La mujer debe actuar según las características consabidas de “lo femenino”: sumisión, pasividad, maternidad, ternura… El hombre se reserva para si las cualidades activas, de penetración y de dominio. Ante esta rigurosa polaridad, cualquier expresión o planteamiento que trate de romper o difuminar la frontera entre los sexos es vista como una aberración contra natura y, lo que es peor: como una tendencia destructora de la sociedad. De ahí la doble condena, moral y penal, a que se ven abocados los homosexuales.
Según creemos, este tipo de consideraciones son sumamente groseras, y son el resultado de la incomprensión de la cosmología coránica. En realidad, ponen en evidencia la ausencia total de espiritualidad en sus promotores. El hecho de que todo haya sido creado por pares no significa que haya cosas exclusivamente masculinas frente a otras exclusivamente femeninas, sino que dentro de todas las cosas creadas existe esa polaridad:
Subhana al-ladzî jalaqa al-’azwâja
kul lahâ mim mâ tumbitu al-’ardzu
wa anfusi-him wa mim mâ lâ ya’alamûn.
Glorificado sea Aquel que ha creado pares
en todo lo que la tierra produce,
y en los mismos egos, y en lo que no conocen.
(Qur’án 36: 36)
Esta aleya clarifica que los pares (las polaridades) están en el interior de todo lo creado. Un par no es únicamente la unión de un varón y una hembra, sino que los pares habitan en las criaturas: y en los mismos egos (nafs). El hombre y la mujer forman un par, y en cada uno de ellos existe la polaridad masculino-femenina. En caso de eliminar uno de estos dos polos, el par sería destruido y el hombre y la mujer ya no serían criaturas completas. No hay nada en la Creación que no sea dual, salvo Al-lâh, quien ha establecido la balanza.
En la unión amorosa se da esa dualidad: se establecen roles. Esto sucede tanto en las parejas heterosexuales como en las homosexuales. La unión amorosa, cuerpo a cuerpo, es la búsqueda de la unidad en algo que está fuera de nosotros, y sin embargo esta unión nos remite a nuestra propia interioridad. Si la pareja es la unión entre complementarios, lo importante no es una supuesta complementariedad física, sino espiritual. Un hombre que no ama a una mujer no forma una pareja con ella, por mucho que sus sexos parezcan acoplarse. Dos homosexuales que se aman forman plenamente una pareja, verifican su unidad en el espejo del Amado.
Frente a la conciencia de la unión se sitúa el sueño de la segregación, territorialización de lo masculino y de lo femenino en ámbitos perfectamente separados. Este sueño es el fanatismo de los que se niegan a reconocer su propia feminidad. De ahí las estructuras jerárquicas enteramente masculinas habituales en diferentes religiones. Esta es la enfermedad de los guardianes de la fe, los representantes de Dios sobre la tierra. En relación a la homosexualidad, no pueden aceptar que Dios haya creado un ser que se les presenta como híbrido, y que rompe sus esquemas dualistas. Un ser físicamente hombre y espiritualmente mujer: esto parece contradecir el orden perfecto de las cosas, la utopía de un orden estático y sin mezcla. Y sin embargo es todo lo contrario: la homosexualidad es un signo, que viene a poner al descubierto que las diferencias entre lo masculino y lo femenino no son tajantes, que todas las criaturas participan de ambas cualidades. Lo femenino y lo masculino no pueden ser acotados en base a distinciones físicas: hay un carácter masculino de la mujer y una feminidad en el hombre.
En realidad, establecer los roles según la apariencia física conduce a graves desequilibrios: ¿qué importancia puede tener que alguien tenga pene si no desea a una mujer? En las épocas de represión, muchos homosexuales se casan con mujeres para salvar las apariencias, llevando a uno y otro cónyuge a vivir en la infelicidad y frustración de sus apetitos naturales. Lo importante del matrimonio es consumar la unión (sexual, intelectual, afectiva) entre complementarios. Desde este punto de vista, la unión entre un homosexual y una mujer es lo verdaderamente anti-natural, no conduce a la satisfacción mutua de los cónyuges.
La homofobia en nombre de la religión es una constante, tanto entre cristianos, como budistas, hinduistas, musulmanes… A las declaraciones del Papa hay que sumar las del Dalai Lama, en la revista Odissey: “Los órganos sexuales han sido creados para la reproducción entre el elemento masculino y el femenino. Toda desviación a eso es inaceptable. La homosexualidad es mala”. Claro que en el mundo islámico es donde se llevan la peor parte, a causa de la pervivencia de legislaciones pretendidamente religiosas.
Según Human Rights Watch, a principios del siglo XXI existen 83 países donde la homosexualidad está explícitamente condenada por la ley, 26 donde el islam es mayoritario. Entre ellos casi todos los miembros de la Liga Árabe. En algunos países la condena por sodomía (liwat) es la pena de muerte: Arabia Saudí, Irán, Mauritania, Sudán, Yemen y Afganistán. Aunque en la mayoría de los casos la pena no se aplica, conocemos casos de homosexuales ejecutados en los últimos años en Irán, Arabia Saudí y en el Afganistán de los talibanes.
En otros lugares, la condena para los homosexuales es la cárcel. En Malasia, el artículo 377 del código penal castiga con 10 años de prisión las “conductas antinaturales”, y hasta 20 años de cárcel en caso de “penetración entre hombres”. En Pakistán y en Bangla Desh, el código penal equipara la homosexualidad a la zoofilia, y puede reportar hasta diez años de cárcel. En Siria y en Jordania la pena es de cinco años, y en Marruecos, Túnez, Argelia, Irak y Kuwait, de hasta tres años. Aunque en muchos de estos países existe “tolerancia de facto”, estas leyes se mantienen como una amenaza.
Siendo el problema judicial gravísimo, no lo es menos el cultural. La homofobia se extiende como un cáncer entre los musulmanes. El islam, que durante siglos fue signo de justicia y de progreso, ha sido transformado en una religión retrograda y cruel hacia las minorías. Los jóvenes musulmanes que desprecian y hacen la vida imposible a los homosexuales en muchos lugares del mundo islámico no saben que con su actitud están destruyendo una tradición de siglos. Aquí, como siempre, la ignorancia es la culpable de una situación penosa, una ignorancia fomentada por prestigiosos alfaquíes, instituciones y universidades a través de las cuales se fomenta la ignorancia y la repetición mecánica de dogmas.
La persecución de los homosexuales en el mundo islámico es muy reciente, y tiene que ver con la colonización y la influencia de occidente. Existen innumerables pruebas de que hasta la colonización la homosexualidad era plenamente aceptada. Durante las primeras décadas del siglo XX, el Magreb fue un “paraíso para los homosexuales”, que huían de la puritana Europa en busca de la libertad sexual que se vivía en tierras del islam. En Marruecos, la homosexualidad es considerada un delito tan solo desde 1972, y esto a causa de la influencia Saudí. En Indonesia (el país con más musulmanes en el mundo) jamás ha estado prohibida, siendo la escuela shafi’í mayoritaria.
La aceptación de la homosexualidad en la historia del islam está ampliamente documentada, en diferentes épocas y territorios. No era algo oculto o marginal, sino aceptado socialmente. Los estudiosos occidentales de la homosexualidad han destacado con asombro la actitud mostrada hacia este tema en dar al-islam. Merece destacarse la visión de John Boswel sobre la homosexualidad en al-Andalus de sus obras Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad y Las bodas de la semejanza.
En la Córdoba califal, los homosexuales habitaban todo un barrio, conocido como derb Ibn Zaydun. El caso de al-Andalus no es aislado. Existe una amplia literatura de contenido homosexual en el periodo abbasida, además de los testimonios de los historiadores. Además de al-Mutamid, existen otros dirigentes islámicos reconocidos como musulmanes en la historia, tales como Sultan Mehmet Fatih, conquistador de Constantinopla. En las crónicas del gran visir Nizam al-Mulk se habla de la homosexualidad como algo habitual.
Esta actitud abierta llega hasta los inicios de la colonización. Las obras de los viajeros, científicos y colonizadores europeos relatan, entre la fascinación y la sorpresa, el grado de aceptación de la homosexualidad entre los musulmanes. En la sociedad victoriana, este fue uno de los argumentos preferidos para mostrar que el islam era una religión lasciva e inmoral. En la Europa del siglo XXI, se habla de la persecución de los homosexuales en el mundo islámico para mostrar como el islam es una religión salvaje y puritana. Entre lo uno y lo otro, algo ha sucedido.
No podemos citar a todos los estudiosos que han destacado la plena aceptación de la homosexualidad en la historia del islam. Sencillamente, son demasiados. En su libro Islamic Homosexualities, Stephen O. Murray y Will Roscoe dan pruebas amplias de la centralidad del erotismo masculino adolescente-adulto en los países islámicos. En su traducción de Las mil y una noches, el aventurero y escritor inglés Richard Burton describió la sexualidad en el mundo islámico, que recorrió de punta a punta (llegó a realizar la peregrinación a Meka). La fascinación de Burton por el islam no estaba exenta de prejuicios y una mirada fantasiosa. Aún así, su testimonio no puede descartarse por completo: en Egipto, los adolescentes que buscan hombres frecuentan los baños públicos, igual que en los tiempos pasados. En Marruecos, los musulmanes viven abiertamente con adolescentes. En Persia, la práctica es “tan inherente que está en los huesos”.
A quien nos haya seguido hasta ahora, no le sorprenderá descubrir la existencia de matrimonios entre homosexuales en el mundo islámico, hasta bien entrado el siglo XX. La primera vez que dimos a conocer este hallazgo, causó sorpresa e incluso indignación. A algunos musulmanes les pareció un disparate, e incluso se me acusó de haberlo inventado. En concreto, la celebración de matrimonios entre homosexuales musulmanes está documentada en el oasis de Siwah, situado en el desierto de Libia, en la actualidad en territorio egipcio.
Es improbable que se trate de un caso aislado. El día 7 de abril, la cadena de TV al-Arabiya informaba sobre las penas impuestas a un grupo de hombres por celebrar un matrimonio gay en Arabia Saudí, en la ciudad santa de Medina. Los hechos sucedieron en marzo, cuando la policía interrumpió la celebración de la boda y detuvo a unos 120 hombres, algunos de ellos vestidos de mujeres. Los jueces han condenado a dos mil latigazos y dos años de prisión para los cónyuges, doscientos latigazos para 31 de los asistentes, y un año de prisión para los 70 restantes. Si hubieran tenido tiempo de consumar el matrimonio, la sentencia podría haber sido la muerte, tal y como les sucedió a dos hombres el año 2001 en la misma Arabia Saudí. Hace sólo unas semanas nos ha llegado una noticia semejante de Emiratos Árabes Unidos. Al parecer, doce parejas de homosexuales estaban preparándose para celebrar su matrimonio cuando irrumpió la policía.
Si esto llega a producirse en un contexto en el cual se condena a muerte la homosexualidad, ¿qué puede haber pasado durante catorce siglos de tolerancia? Lo extraño sería que esta clase de matrimonios no se hubiesen producido, y que no se produzcan en el futuro. Dado que en el islam no es necesario ningún sacerdote para celebrar el matrimonio, un grupo muy reducido de musulmanes/as puede hacerlo. Al margen de que consideremos esto lícito o una perversión, es incuestionable que ha habido y hay musulmanes que lo consideran lícito. La existencia de “matrimonios entre musulmanes homosexuales” pone en evidencia que la condena a muerte está muy lejos de ser la única opción posible. En el terreno del islam siempre coexisten opciones diferentes, algunas veces tan alejadas entre si que parece tratarse de religiones diferentes. (Existen ulemas que afirman: “el islam prohíbe la música”, pero en otro lugar leemos: “a ninguna civilización la música ha sido tan consustancial como a la islámica”).
Esta reflexión se inscribe en una situación precisa. Desde el momento en que los matrimonios entre personas del mismo sexo han sido legalizados en España, nada impide que se celebren entre musulmanes/as. Basta que un solo musulmán reconocido en la categoría de “Dirigente Islámico” (artículo 3.1 del Acuerdo de Cooperación firmado entre el Estado español y la Comisión Islámica de España), este dispuesto a celebrarlo para que tengamos “matrimonios entre hombres (o mujeres) según la sharia”, con plena validez a efectos civiles. Por mi parte, la aceptación del matrimonio entre hombres está implícita en el contenido de esta charla.
Un principio de realismo es necesario. Aquellos que condenan moralmente la homosexualidad no pueden negar que ésta seguirá practicándose. Desde el momento en que sabemos que la homosexualidad es una constante en la historia de la humanidad, y que ninguna prohibición humana puede modificar ni un ápice la Creación de Al-lâh el Altísimo, ¿no es lo sensato garantizar los derechos de todos los creyentes, sea cual sea su naturaleza?
A raíz de la persecución, muchos musulmanes homosexuales se han acostumbrado a una vida sexual semiclandestina, de modo que no quieren ni oír hablar de matrimonio. Con ello, no se dan cuenta de que renuncian a algo más que a la aceptación o al rechazo social de sus tendencias sexuales. La pareja es el ámbito privilegiado para verificar la complementariedad entre los principios masculino y femenino. Negar a los homosexuales su derecho al matrimonio es muy grave, es privarles de un derecho fundamental, de algo que la tradición islámica reconoce como un gran beneficio. Hay que tener una base para ello.
El matrimonio es el hogar, la paz, la satisfacción de los deseos. No es el refugio del ego, sino su máxima apertura. Es el encuentro entre dos mundos. Cada elemento de la pareja está conectado con los otros, su círculo inmediato, su familia. El matrimonio es la interacción de dos mundos, la consagración de la comunidad y la apertura. Familia, revelación, balanceo de las fuerzas. Lo propio y lo impropio dejan de ser inmóviles, entramos en lo otro, vivimos para otro. ¿Qué tiene que ver todo esto con las características físicas de las personas, con su pene, su ano o su vagina? Más bien tiene que ver con su grado de conciencia sobre la realidad que los rodea. Tiene que ver con la capacidad de cada uno de amar y de entregarse, de fusionarse con el otro. Tiene que ver con su espiritualidad y la forma como esta se hace cotidiana. Tiene que ver con la posibilidad de transformar cada uno de nuestros actos en un acto de ‘ibada, forma de adoración al Creador de los cielos y la tierra.
Abdennur Prado
abdel@webislam.com
Bibliografía:
Will Roscoe y Stephen O. Murray (ed.): Islamic Homosexualities: Culture, History, and Literature (New York University Press, 1997)
John Boswel: Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (Muchnik, 1992)
John Boswel: Las bodas de la semejanza (Muchnik, 1996)
Daniel Eisenberg: Homosexuality in Spanish History and Culture (1999)
Afsaneh Najmabadi: Women with Mustaches and Men without Beards: Gender and Sexual Anxieties of Iranian Modernity (University of Califronia Press, 2005)
J.W.Wright Jr. y Everett K. Rowson (ed.): Homoeroticism in Classical Arabic Literature (Columbia University Press, 1997)
Badruddin Khan: Sex, Longing, and Not Belonging: A Gay Muslim Journey (Floating Lotus, Bangkok, 1997).
¿Odio santo? Sanciones por homosexualidad en los países musulmanes
Anissa Hélie
Nací y me crié en Argel, Argelia, de padre francés y madre argelina. El acceso a las dos culturas me permitió percibir, desde muy temprano, que el racismo y el sexismo se extendían a ambas orillas del Mediterráneo. Me tomó algunos años más llegar a la conclusión de que la homofobia estaba igualmente difundida.
Amnistía Internacional enumera como mínimo 83 países en los que la homosexualidad está condenada en forma explícita en el código penal. De ellos, 26 son musulmanes. Esto significa que la gran mayoría de los países musulmanes, incluyendo los supuestos “liberales” como Túnez, y dictaduras como Sudán, consideran ilegales las relaciones entre personas del mismo sexo. (1)
Los siete países que aplican la pena de muerte a las personas sospechosas de actos homosexuales, justifican el castigo a través de la shari’a, interpretación más común de la jurisprudencia musulmana. Aunque no siempre se aplica, la existencia de la pena de muerte hace que las minorías sexuales sean altamente vulnerables. (2)
El estado no es el único que pone en práctica la represión. Las comunidades y las familias también cumplen su rol. En las Filipinas, por ejemplo, en 1998, la “milicia musulmana” inició una campaña contra la comunidad gay en la isla de Mindanao, en la que los musulmanes gay fueron amenazados, golpeados, y se les ordenó dejar el lugar o ser castrados.
Jordania no prohibe específicamente la homosexualidad, pero la violencia, el acoso, la persecución y las ejecuciones extrajudiciales o por “deshonra” son bastante comunes.
Sexo y tradición
Las relaciones entre personas del mismo sexo existen, incluso en los países con más represión.
En ocasiones, la propia segregación de los sexos favorece la intimidad, sin que esto se considere anormal y siempre que se mantenga un perfil bajo. Para las mujeres, los patrones culturales permiten oportunidades particulares de intimidad: es completamente aceptable compartir la cama con una prima o con nuestra mejor amiga. Las ceremonias tradicionales sólo de mujeres permiten a las lesbianas rurales tener contacto regular con otras mujeres.
La cultura, por lo tanto, no siempre está en contra y existen ejemplos positivos de relaciones entre personas del mismo sexo, en distintas culturas musulmanas, y no siempre se exige invisibilidad. Por ejemplo, en algunos grupos de teatro ambulantes y grupos musicales de Paquistán, que presentan historias románticas tradicionales en ferias de ganado, los hombres jóvenes que interpretan papeles femeninos a veces viven en pareja con el líder del grupo. En esas comunidades, las parejas de hombres pueden vivir sus relaciones amorosas en forma bastante abierta. También existe toda una corriente de poesía en la literatura local y urdu, que se basa claramente en el amor entre hombres, o yaari. (3) Estos ejemplos positivos no deben hacernos olvidar que lo que predomina es la homofobia, promovida sistemáticamente por las fuerzas conservadoras.
Fundamentalismo manipulador
“El Corán establece claramente que la homosexualidad es injusta, no natural, transgresora, ignorante, criminal y corrupta”, declara el Jamaat-e-Islami, un partido político religioso de extrema derecha en Paquistán. (4)
De hecho, el Corán no es nada preciso sobre el tema, y la controversia sobre la posición del Islam sigue vigente. Para algunas personas, la homosexualidad es “ilegal” en el Islam; para otras, el Corán no condena, expresamente, los actos homosexuales.
La única referencia real sobre la homosexualidad en el Corán se puede encontrar en las secciones sobre Sodoma y Gomorra. Si bien el duro castigo aplicado a esos pueblos en la época del profeta Lot es, para algunos, una prueba clara de que Alá pretendía erradicar las prácticas homosexuales, otros argumentan que no existe un castigo específico. Los pueblos de Sodoma fueron castigados por “hacer todo en exceso” y por no respetar las reglas de la hospitalidad. No es el propio Corán el que condena a los homosexuales sino la cultura homofóbica que predomina en las sociedades musulmanas.
En la Red Mujeres que viven bajo Leyes Musulmanas, afirmamos que el “fundamentalismo” no es un retorno a las “bases fundamentales” de una religión, concepto que los fundamentalistas se complacen en difundir. Son fuerzas políticas de extrema derecha que buscan obtener o mantener el poder político a través de la manipulación de la religión, las creencias religiosas y otras identidades étnicas con base cultural. El “fundamentalismo” es un fenómeno mundial que afecta no sólo al Islam sino a todas las principales religiones.
Los líderes religiosos extremistas y sus seguidores apuntan primero a las minorías sexuales y a las mujeres. Centran su ofensiva contra las personas que transgreden las fronteras del comportamiento “aceptable”. Utilizan el mismo discurso para justificar la represión contra los homosexuales, las feministas o las mujeres “diferentes”, todos ellos denunciados como no musulmanes y no nativos.
Los líderes religiosos extremistas y los funcionarios estatales convierten a las minorías sexuales en demonios, a menudo como medio para distraer la atención de la crisis económica o las controversias políticas. Por ejemplo, una de las primeras víctimas de los fundamentalistas argelinos fue Jean Sénac, un poeta gay asesinado a principios de la década de los ochenta. También en Argelia, Oum Ali, una mujer soltera que vivía sola con sus hijos en el pueblo sureño de Ouargla, fue apedreada, su casa incendiada en 1989, y su hijo murió en el incendio. (5) Los dos incidentes ocurrieron antes del inicio “oficial” del conflicto, y le quitan validez a las reclamos de los fundamentalistas argelinos que afirman que sólo recurrieron a la violencia recién en 1992, después de que les robaran su victoria electoral, cuando el gobierno canceló las elecciones. La verdad es que mucho antes habían apuntado a los homosexuales y a las mujeres, pero en ese momento no había casi nadie que se preocupara por esas “víctimas de segunda clase”.
¿Por qué la sexualidad?
¿Por qué las fuerzas fundamentalistas centran su atención en la sexualidad? Es que las personas que hacen opciones individuales parecen plantear un desafío: la autonomía, y especialmente la autonomía de la mujer, es una amenaza.
En siglos pasados, los árabes atribuían el comportamiento homosexual a la mala influencia persa. Hoy la historia no ha cambiado mucho, quizás cambiaron los personajes. En junio de 2000, el Ministro de Asuntos Exteriores malayo Syed Hamid Albar afirmó que la homosexualidad va “contra la naturaleza” y, cuando Human Rights Watch hizo un llamado a prohibir la ley contra la sodomía, insistió en que “no podemos modificar las leyes de nuestro país simplemente por exigencias externas”.
El fundamentalismo no es sólo un fenómeno local o nacional, ha tomado una dimensión mundial. Los líderes religiosos extremistas de varias religiones se están uniendo para oponerse a los derechos sexuales. Al “cerrar filas”, las coaliciones de cristianos, musulmanes y otros fundamentalistas afectan el orden del día mundial. Los efectos que producen esas alianzas sobre los derechos reproductivos de las mujeres se observaron claramente en la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo en 1994. Estas alianzas también bloquearon el reconocimiento de los derechos de las lesbianas en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing en 1995, y en la revisión de la Plataforma para la Acción de Beijing, en junio de 2000.
Por supuesto, coaliciones similares influyen las agendas políticas locales. Por ejemplo, en Reino Unido, un país laico con una minoría musulmana extremista ruidosa, se formó una alianza musulmano-cristiana para oponerse a la anulación la Sección 28, una ley de 1988 que prohibe la “promoción” de la homosexualidad en las escuelas como una “supuesta relación familiar”. En mayo de 2000, el portavoz religioso Dr. Majid Katme afirmó que “el lesbianismo se está difundiendo como un incendio en la sociedad. Debemos vacunar a nuestros hijos contra esa maldición”. Fue apoyado en su opinión por Sheikh Sharkhawy, un clérigo de rango superior de la prestigiosa mezquita de Regent Park del centro de Londres, que aboga públicamente por la ejecución de hombres gay mayores de 10 años y por la prisión perpetua para las lesbianas. (6)
Igualmente preocupante es el apoyo a la política fundamentalista por el llamado “Occidente libre”. La ayuda prestada por estados que pretenden oponerse a las fuerzas fundamentalistas y defender la democracia no es un fenómeno nuevo. El Imán Khomeiny vivió en Francia durante varios meses en 1978, antes de volver a Irán para liderar la revolución “islámica”. En Afganistán, la CIA no sólo entrenó militarmente a los talibanes sino que también “admitió haber reclutado 25.000 voluntarios árabes para luchar (…) contra el Ejército Rojo”. (7) Dicho sea de paso, tanto Irán como Afganistán condenan a muerte a los homosexuales.
¿Qué nos enseñanza nos deja esto? Primero, que la hipocresía de la mayoría de los líderes políticos no conoce límites: su definición siempre cambiante de “fundamentalismo” les permite volverse contra sus aliados de ayer, con los que, si se guiaran por valores morales, quizás nunca se hubieran involucrado. Segundo, las razones económicas y geoestratégicas siempre prevalecen. Sólo podemos lamentar que haya tan pocos aliados, en el ámbito internacional, dispuestos a comprometer sus intereses para defender los derechos de las mujeres y las minorías sexuales.
Estrategias de resistencia
A pesar del contexto amenazador, las minorías sexuales se están organizando y haciendo más visibles en las comunidades y países musulmanes. Por ejemplo, se están realizando gran cantidad de estudios para interpretar los textos religiosos. Investigadores gays o teólogos y creyentes gay o amigos de los gay están reexaminando el Corán para romper el monopolio de la interpretación homofóbica masculina. Para enfrentar el estereotipo de la homosexualidad como característica extranjera, otros trabajan en la recuperación de la literatura erótica homosexual. (8)
En El Líbano encontramos otro ejemplo positivo: la homosexualidad es ilegal, pero un programa televisivo semanal popular (Al Shater Yahki), se centra en la sexualidad desde 1997 e incluye voces de gays. El hecho de que hablen usando máscaras es una muestra del riesgo involucrado.
A pesar de todo, se fundan nuevas asociaciones de solidaridad. Por razones de seguridad, estas organizaciones con frecuencia están situadas fuera de las comunidades y países musulmanes aunque, en su mayoría, están conectadas con personas o grupos dentro de estos países. Sea por motivaciones políticas, sociales o religiosas, todas esas organizaciones apuntan a romper el aislamiento que enfrentan las minorías sexuales. En las comunidades y países musulmanes las minorías sexuales apenas han comenzado a trabajar. Las amenazas de violencia y las acusaciones de traicionar su cultura y su religión ha evitado que muchas personas expresen públicamente una posición. Sin embargo, cada vez son más quienes se niegan a aceptar que la violencia contra la diversidad sexual cuenta con la “aprobación divina”.
(1) Informe de Amnistía Internacional de 1998.
(2) La pena de muerte existe en Afganistán, Arabia Saudita, Irán, Mauritania, Sudán, Yemen y Chechenia.
(3) Sohail Akbar Warraich, ‘A Walk on the Wild Side: Aspects of Homosexuality in Pakistan’, She Magazine (marzo/abril de 2000).
(4) Cita de el Jamaat-e-Islami de Pakistan, sitio web de Al-Fatiha.
(5) Center for Women’s Global Leadership, Testimonies of the Global Tribunal on Violations of Women’s Human Rights (Viena, junio de 1993).
(6) Raza Griffiths, ‘Hague and Young in pretend family relationship with religious right’, in: Gay Times, May 2000
(7) Farhan Bokhari and David Gardner, ‘Pakistan struggles with legacy of Afghan war’, Financial Times 5 julio de 2000.
(8) Entre los ejemplos se incluyen el poeta sufí Jalaluddin Rumi, la literatura otomana “del diván”, y la escritora contemporánea Ismat Chughtai, oriunda del subcontinente indio.
Anissa Hélie es militante feminista y de la defensa de los derechos humanos. Desde hace más de 15 años integra la Red de Solidaridad Internacional Red Mujeres que viven bajo Leyes Musulmanas.
Para obtener más información, visite el sitio: http://www.wluml.org/english/about.htm (English)







































Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: al-Mutamid Este comentario lo traigo como consecuencia de lo que creen algunos que es una norma dictada por el Corán, que es algo intríseco al Islam. Estas opiniones nacen a raiz de una noticia en la que se trata de impedir e…..
Jon, tienes razón en lo que dices, pero no creo que no dejemos (al menos yo) de criticar a USA por la pena de muerte. En el caso de Nemat se trata de un caso donde no siquiera va a ser ejecutado por un presunto delito, sino por su condición homosexual. Eso no pasa en Estados Unidos, aunque sea absolutamente deplorable que admitan la pena de muerte. Mi apoyo iría igualmente a otra causa en ese sentido en cualquier país del mundo, por supuesto. Y creo que las religiones, todas ellas, no hacen sino empeorar el desarrollo moral del hombre, en cuanto caldo de cultivo del fanatismo.
Carpe Diem
Hola Adolfo.
El tema este de Nemat lo conocía, como he conocido otros similares. Por lo general la información me llega desde Avaaz. org o desde Amnistía Internacional.
Lo que a mi me molesta cuando aparecen comentarios semejantes no es que se pida una acción para evitar estos actos, que me parece muy bien y que apoyo, lo que me molesta es que se mezclen cosas y que se hagan afirmaciones que no se ajustan a la realidad.
Veamos, la religión islámica de entrada es totalmente diferente a la cristiana en la que estamos educados todos nosotros seamos creyentes o no. Es una cultura radicalmente distinta a la nuestra y no es de recibo juzgarla desde una perspectiva distinta porque no se puede ser objetivo ni justo.
Luego se habla de que si la Sura tal o cual dice esto o lo otro, se sacan de contexto y se interpretan bajo nuestro punto de vista occidental. Por lo general se interpreta mal.
En ningún lugar del Coran se dice taxativamente que la homosexualidad sea algo ilícito y que se debe condenar con la muerte.
Lo que ocurre, a mi juicio, es que este grupo de ayatolás integristas que gobiernan en Iran hacen una mala interpretación de las leyes islámicas y se producen estas barbaridades, pero el malo no es el Islam, el malo es el hombre que interpreta como le sale de ahí lo que dice el libro sagrado.
Te podría recordar a nuestra Inquisición que viene a tener un comportamiento similar al de esta gente. Torturas, ejecuciones en la hoguera ( la muerte es más lenta, dolorosa y cruel que un ahorcamiento, siendo ambas una salvajada).
Es lo mismo que cuando se habla de la lapidación, pero si eso es un invento judio que se practicaba en los primeros tiempos del cristianismo; 600 años antes de que apareciera Muhammad. O lo de la ablación del clítoris que tampoco es un invento musulman.
Esas cosas son las que me molestan.
Y te preguntarás, por qué?. Pues mira, me he criado en un pais musulman, tengo muchos amigos árabes y musulmanes, hablo árabe, no de forma fluida pero me defiendo, y creo que tan mala es una religión como la otra; tan mala o tan buena que todo depende del color con que se mire.
Saludos.
@cosechadel66: Sin duda, en demasiadas ocasiones sólo se vé la paja en el ojo ajeno (léase americano) y se olvida la viga en el propio (léase resto del mundo)
@jonkepa: Coincido plenamente, el problema no es el islám ni ninguna religión, el problema son las intrepretaciones extremas de las mismas.
Saludos a ambos.
Eso es lo que defiendo siempre, lo que ocurre es que cuando lo haces siempre hay alguien que interpreta que estas defendiendo ciertas actitudes, como sería justificar el ajusticiamiento de homosexuales, y no es el caso.
No lo digo por Adolfo (Cosecha66) sino por otros comentarios en otros lugares y en otros momentos.
Un saludo.
Pues los exmusulmanes como Wafa Sultan , Hirsi Alí etc … no opinan lo mismo , por cierto , estan amenazados de muerte por apostasía.
La verdad que no puedo crer como se han perdido los valores, estan discriminando a los musulmanesy a los cristianos por sus creencias y defendiendo a los homosexuales que son desviados,si yo veo a un musulman o a un judio orando o a un cristiano rezando no me molesta en lo mas minimo ,pero si veo a 2 hombres besandose me da asco y no soy ningun ultraderechista ni un loco por eso, la homosexualidad como esta comprobado por psquiatras es una desviacion sexual y sorprende que haya gente que se dedique a defender semejante cosa , porque mejor no se dedican a defender a los niños desnutridos o a los discapacitados , nose que es esa moda de defender cosas antinaturales, tal vez los que los defienden es porque son homosexuales reprimidos y los defienden porque se sienten identificados, tambien es vergonzosoque los medios de comunicacion se usen para hacer apologia de esta desviacion en vez de para cosas mas utiles
Vuelve a la escuela Pablo, si es que fuiste alguna vez y aclara tus ideas que dan pena. Tú si que estas enfermo.