La mayor asesina en serie de la historia se llama Doña Sequía. Habita el planeta Tierra y es itinerante y caprichosa, voluble y pendenciera. Aparece cuando menos se la espera y cuando se marcha, lo hace dejando a menudo escombros y desolación a sus espaldas. Escombros porque más de una civilización ha desaparecido y más de una ciudad fue abandonada por su culpa. Desolación porque donde antaño hubo una cultura floreciente no quedaron más que poblaciones dispersas y pobres que perdieron todo vestigio de civilización pasada. Doña Sequía se pasa el cambio climático por el arco del triunfo y le da lo mismo que sea de origen antropogénico o divino. Doña Sequía, en fin, ha matado de hambre desde el inicio de los tiempos, durante sus correrías, a millones de personas. Y aún hoy lo sigue haciendo, año tras año, aunque no lo queramos ver.
Son numerosos los casos de ciudades abandonadas y de civilizaciones desaparecidas, por culpa de Soña Sequía, en todos los continentes. La cultura Maya y Angkor Wat, civilizaciones que una vez fueron espléndidas, son algunas de ellas. A ambas les perdió la soberbia y la autocomplacencia. Pensaban que con su tecnología y las ofrendas a los dioses serían capaces de sobrevivir eternamente a las burradas ecológicas y a sus inesperadas visitas. Lo hicieron únicamente aquellas que tuvieron la flexibilidad suficiente como para adaptarse al siempre continuo cambio climático y a entornos a menudo hostiles. Aquellas que respetaron la naturaleza que les rodeaba y que supieron aprovechar sus dones con inteligencia. La Civilización Occidental, la nuestra, de momento, no está entre ellas. (more…)
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