He encontrado un estupendo análisis de las auténticas razones que llevan a que Camps y el PP sigan ganando elección tras elección en la Comunidad Valenciana. Lo que expone Jan Martínez es exactamente lo mismo que vengo diciendo yo mismo en aquellos foros en los que cuadra, la gente no lo entiende pero es la pura realidad. Nunca he votado al PP ni pienso hacerlo en el futuro, razones ideológicas me lo impiden pero bien es cierto que mientras mantengan estas posturas y los otros lo sigan haciendo tan mal será dificil echarles.
He aquí el análisis de Jan Martínez Ahrens para El País.
La tierra que fuera uno de los grandes bastiones del socialismo celebrará hoy el triunfo más difícil de explicar de las elecciones del 22-M. Francisco Camps, un político al que su propio partido atribuía una mandíbula de cristal que se haría trizas al menor escándalo, no solo ha logrado sobrevivir a un caso de corrupción que habría triturado a otros, sino que, aparte de un leve desgaste porcentual, ha salido reforzado aumentando su mayoría absoluta en un escaño. A la par, sus adversarios socialistas, en un territorio en el que, parafraseando a Talleyrand, un día les fue dulce vivir, han perdido cinco diputados sufriendo su quinta derrota consecutiva y su mayor descalabro electoral en la historia. Así las cosas, Camps va a iniciar su tercera legislatura como presidente de la Generalitat más sonriente que nunca y atornillado hasta los topes a la máquina del poder ¿Cómo es posible?
Descontando los enormes efectos electorales de la crisis económica, la estrategia política que ha permitido al PP inmunizarse ante la corrupción y hacer suya la autonomía, trasciende la figura de Camps, y se remonta a los albores de los noventa cuando la formación rompió con la línea política que arrastraba desde la transición y se volcó en construir una identidad autonómica propia. Para ello asumió los grandes símbolos que generaban incomodidad a la izquierda, como la bandera o el nombre mismo del territorio, Comunidad Valenciana. Los socialistas, de hecho, siguen denominándose Partit Socialista del País Valencià y en sus mítines apenas aparecen banderas. En este camino identitario, también absorbió movimientos localistas como Unión Valenciana y perfeccionó un arma que el nacionalismo ha utilizado siempre con éxito: el agravio y la creación de un enemigo común, en este caso, el pancatalanismo.
1992 fue un año germinal para este discurso; todos tenían algo que lucir, menos Valencia. Expo en Sevilla, Juegos Olímpicos en Barcelona, Capitalidad Cultural en Madrid… Esa ausencia, interpretada como una humillación, fue empleada a fondo por el PP. Luego seguirían un sinfín de agravios: desde la autovía que la tercera capital de España no tuvo hasta mitad de los noventa, el AVE que llegó 18 años después que a Sevilla o, ¡gran regalo del cielo!, la polémica de los trasvases. En una tierra donde el agua representa un arcano tan importante como la lengua en el País Vasco, la posición antitrasvase mantenida por el Gobierno socialista, aparte de desorientar a la izquierda, fue presentada como el ejemplo palmario del agravio al pueblo valenciano. Todo ello acompañado de la presencia constante del enemigo pancatalanista, siempre beneficiado por Zapatero, uno de cuyos iconos históricos para el PP valenciano ha sido la televisión catalana TV3 (un ejemplo para entenderlo: su programación meteorológica emitida en territorio valenciano, con un mapa de los Países Catalanes donde aparecía el País Valenciano).
Con este tipo de elementos, cuidados, mimados día a día por los medios de comunicación oficiales, el PP ha ido atrayendo una masa electoral fiel y rocosa que, más allá de propuestas programáticas, otorga su confianza a un partido que se presenta como defensor de una identidad poco sutil pero legible, que comparte enemigos comunes y que, en su dialéctica, se enorgullece en voz alta de símbolos o actitudes que a otros, los traidores, los perplejos, los dubitativos, abochornan. Frente a esta construcción ideológica, el escándalo Gürtel y toda la miseria política que ha destapado apenas han hecho mella, porque golpean fuera de los receptores del dolor, no rompen las cláusulas del contrato de lealtad.
Y así lo sienten muchos electores. La mayoría está convencida de que el PP representa mejor que el PSOE los intereses de los valencianos: 45% frente a 16% en el último sondeo de Metroscopia, un porcentaje que en el caso de los votantes populares se dispara a un abrumador 81%. Esta sólida base es el fruto, largo y trabajado, de una transmutación política en un partido identitario. Da igual que sea Camps u otro el candidato. El vencedor es una ideología que se ha vuelto dominante y que, en caso de ataque, apela a la lealtad de sus votantes.
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Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Camps, tras conocer los resultados electorales (EFE) He encontrado un estupendo análisis de las auténticas razones que llevan a que Camps y el PP sigan ganando elección tras elección en la Comunidad Valenciana. Lo que expone …..
Las masas electorales conservadoras son así, señora. Con apenas dos elementos, son cohesionadas y ganadas para la causa. A saber: una identitad común y un enemigo exterior (e interior, en este caso los traidores a la causa) común. No sé si el articulista sugiere que el resto de formaciones políticas compita con el PP en este campo, que todos se envuelvan en una bandera y señalen con el dedo al enemigo común. Pero a mí me parecería un desperdicio. Si los valencianos están convencidos de que “sus intereses” (¿cuales?¿La identidad?) los defiende mejor el PP que cualquier otro, para lo cual no es poco importante el papel de los medios de comunicación, lo que hay que hacer no es envolvers en banderas o señalar a un enemigo exterior común, sino discutir, trabajar sin desamayo, por poner éstos, “los intereses de los valencianos”, sobre el tapete.
Este última derrota tiene una explicación fácil: los principales contricantes del PP en la comunidad valenciana, es decir el partido socialista, no sólo no ha podido competir en el aspecto identitario, que no debe, sino que con la política practicada por el gobierno de España, se ha quedado sin argumentos sólidos, sin capacidad para poner sobre el tapete otros intereses de los valencianos que pudieran hacerle sombra, y tumbar, a los que viene utilzando el PP con éxito desmedido.
Por cierto, Jon, en Catalunya también han ganado los conservadores. Y eso que aquí, (no estoy al tanto de si en tu comunidad también ha habido recortes), los de CIU llevan metiendo la tijera desde casi la misma noche que ganaron las elecciones autonómicas. Pero como el gobierno de España lo había hecho antes, los socialistas, que tampoco pueden competir con los convergentes en pie de igualdad con los asuntos identitarios, no han podido convencer a la masa electoral de que estaban siendo asaltados, esquilmados, saqueados, por los nuevos gobernantes. Y seguirán los tijeretazos.
Sin embargo, Jon, el día después de la “fiesta de la democracia” la política continua. Hay que hacer política. No se puede dejar ésta en manos de los profesionales de la política. Porque, me parece, que los tijeretazos que se anuncian, las politicas sociales que se anuncian, la marcha de la economía, no variaría, no variará, con otros resultados electorales o con los que se han dado en 22 de mayo. Sólo cambiará si hay gente suficiente para luchar por ello. Y de entre las masas conservadoras no puede sacarse nada que nos ayude a los que deseamos una democracia real y, consecuentemente, una acción política no lesiva para nuestros intereses.
[...] Lo malo es que no ha sido como consecuencia del buen hacer del PP como sería lo lógico sino por el mal hacer del PSOE con su Secretario General al mando y por el trabajo bien hecho del PP. [...]
[...] la derecha valenciana “recoge la cosecha de ese discurso victimista, según el cual, en 1992 Barcelona o Sevilla tienen sus eventos y Valencia no. Con Zaplana y con [...]