Valencia CF: el juguete roto del PP

El expresidente de la Genralitat Valenciana, Francisco Camps, entre el entonces presidente del Valencia, Manuel Llorente y el del Villareal, Fernando Roig.

El expresidente de la Genralitat Valenciana, Francisco Camps, entre el entonces presidente del Valencia, Manuel Llorente y el del Villareal, Fernando Roig.

Dice el refranero popular que entre la realidad y la ficción solo existe una delgada línea; aunque también añade que, en algunos casos, la realidad supera a la ficción. De tener que elegir, en el del Valencia CF habría que atenerse a lo último. Porque si el autor que llegó más lejos ideando una farsa sobre la instrumentalización política de este club fue el escritor Ferran Torrent con su novela Sociedad Limitada en 2002, el episodio conocido esta semana del presunto intento de secuestro de uno de los expresidentes del Valencia por parte de su predecesor en el cargo supera definitivamente cualquier guión.

Sin embargo, Torrent no iba del todo desencaminado en el argumento que servía de esqueleto a aquella trama: un Valencia CF (VCF), en manos de un personaje populista, podría ser una plataforma política excelente y por ella se peleaban sus personajes. El fallo (provisional, como veremos) del pronóstico del autor fue que, mientras en la novela era su protagonista, el empresario Juan Lloris -inspirado en Paco Roig-, el que aspiraba a la Generalitat previo paso por el palco de Mestalla, en la vida real fue Francisco Camps el que, para ejercer de amo del equipo, se deshizo del populista expresidente del club.

Fue con ese movimiento como empezó para la sociedad anónima deportiva (SAD) Valencia CF el hundimiento económico en el cuál se encuentra, que a su vez se tradujo en una gris deriva deportiva, alejada de los picos de éxito inmediatamente anteriores a la intervención del club por parte del entonces presidente de la Generalitat valenciana y presidente autonómico del PP, Francisco Camps. Continue reading

¿Por qué pasó el 11-M?: El origen y las causas del trágico atentado

Hace diez años, entre las 7.37 y las 7.41 horas de la mañana, diez bombas estallaban en Madrid en cuatro trenes de Cercanías. Ha sido el atentado más devastador que ha visto nuestro país. España entera enmudeció ante la masacre, que dejó 191 muertos y más de 1.800 heridos. Entre lágrimas, los ciudadanos se preguntaron: ¿Por qué?

Una década más tarde, a esta pregunta supuestamente sencilla pero que ha sido objeto de múltiples teorías de la conspiración, intenta dar respuesta Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política en al Universidad Rey Juan Carlos en su libro ¡Matadlos!. Años de investigación recopilando sumarios, informes de los servicios secretos y viajes para buscar el origen de aquella masacre en la obra más completa hasta el momento sobre este episodio.

Estos son algunos de los principales interrogantes que despeja este experto antiterrorista en su libro. Continue reading

El PP y la máquina de la verdad

Logo PPPor razón de mi trabajo escucho a diario desde hace años decenas de declaraciones de políticos. Sin más pretensión que la de un aficionado -si alguien lo percibe de otra manera pido disculpas de antemano- creo que puedo aportar alguna idea sobre algunos problemas de comunicación en el Gobierno y el Partido Popular.

Durante el reciente debate sobre el Estado de la Nación todos los portavoces de la oposición se refirieron a la visión distorsionada de la realidad que ofrecía el Presidente, las “mentiras del Presidente” o las “mentiras del PP”. Se dijo muchas veces: mentiras. Tal vez fuera más adecuado decir que el PP dispone de una máquina de la verdad, que sigue las siguientes pautas:

  • Elegir sobre cada tema de debate el fragmento de realidad que es más favorable para ganar la discusión.
  • Ignorar absolutamente el resto de la realidad, como si no existiera.
  • En caso de dificultad, recurrir al eufemismo.
  • Plantear las iniciativas impopulares con palabras que sugieran lo contrario de lo que proponen.

Todo ello, a ser posible, sin mentir. Mentir es un verbo muy drástico. Otra cosa es disponer una maquinaria de comunicación destinada a subrayar la parte de la verdad que más conviene. Esas pautas encajan con las atribuidas al Partido Republicano de Estados Unidos en el conocido libro de George Lakoff No pienses en un elefante. No soy experto en la materia, ni dispongo de información suficiente como para afirmar que la comunicación del PP sigue el manual republicano. En todo caso, son pautas muy parecidas. Veamos algunos ejemplos:

El paro: la tendencia es buena. Varias veces repitió el presidente durante el debate sobre el estado de la Nación: “Hay un cambio de tendencia en el paro”. ¿Es eso mentira? No. ¿Es toda la verdad? No. El paro estaba en el 8% en el año 2007. En el 23% cuando Rajoy ganó las elecciones, a finales de 2011. En año y medio subió al 27%. Ahora está en el 26%. Se prevé que a final de año pueda estar en el 25%. Desde luego, ha cambiado la tendencia, pero vamos a tardar años en estar por debajo del 20%. ¿Es verdad que ha cambiado la tendencia? Sí. El Gobierno enfoca y repite el dato que favorece al PP, e ignora absolutamente la parte de la realidad que menos le conviene: el paro está más alto que cuando llegó Rajoy al gobierno, el empleo que se crea es de peor calidad, medio millón de trabajadores han emigrado… En realidad, hace ya muchos meses que los responsables gubernamentales dicen que “la tendencia es buena”. Hubo un mes en que la “tendencia buena” consistió en un “decrecimiento del ritmo de aumento del paro”. Hubo un mes de dato malísimo, y el vicesecretario Carlos Floriano dijo: “Que no nos ciegue un mal dato”. El mal dato eran 6.230.700 parados… pero la tendencia seguía siendo buena. Toda España pensó: ¡Quiera Dios Nuestro Señor que no nos agarre una tendencia mala! Hoy se conocerán datos del paro: la tendencia será buena. El Gobierno no planteará el debate sobre cómo afrontar los años que nos quedan con el paro por encima del 20%. Esa parte de la realidad queda ignorada. Continue reading

Una tragedia mediterránea

tragedia mediterráneaEn el verano de 2012, cuando nuevos grupos de inmigrantes de Asia y Turquía intentaban acceder a Europa por las costas griegas, el ministro Nikolaos Dendias describió la situación con un inconfundible dramatismo autóctono: “El país está a punto de perecer. Nos enfrentamos a una invasión”. Desde entonces hemos visto versiones más o menos edulcoradas de la misma histeria en países como Gran Bretaña, Suiza y España. Si en los primeros la derecha populista marca el paso de este debate, en nuestro caso las autoridades establecen el dilema entre hundir a los inmigrantes a pelotazos y recibirlos con azafatas y serpentinas.

La realidad merece el calificativo de tragedia griega, pero por razones bien diferentes a las que sugieren estos políticos. Con más de 19.000 inmigrantes muertos a lo largo del último cuarto de siglo, el mar Mediterráneo se ha ganado una merecida reputación como el símbolo de la Europa fortaleza. Los mártires de la inmigración hacia Europa estaban destinados a formar parte de la cifra variable e indeterminada (es posible encontrar cualquier estimación entre los tres y los ocho millones) que conforma la bolsa de inmigrantes irregulares que residen en la UE. Viven en nuestros barrios, trabajan en nuestras empresas, cuidan de nuestros hijos y mayores, pero están sometidos a una ciudadanía de segunda clase en la que todo parece aceptable: desde negarles el derecho a la salud a encarcelarles durante meses por una falta administrativa.

La emigración no es consecuencia de la pobreza, sino de la aspiración a una vida mejor. En un mundo marcado por diferencias crecientes de ingreso, en el que un africano medio puede quintuplicar su capacidad adquisitiva por el simple hecho de acceder a un empleo en Europa, debe haber muy buenas razones para no intentarlo. Y la UE ofrece justo lo contrario: un continente que camina a zancadas hacia un modelo demográfico de pirámide invertida y Estados del bienestar inviables. Dicho de forma simple, no hay futuro para Europa sin la llegada abundante y sostenida de trabajadores extranjeros a nuestros países. Y en esa carrera competiremos con otras regiones desarrolladas y emergentes que tienen o tendrán necesidades similares. Continue reading

Retrato ideológico del gobierno

SOBRESTranscurridos dos años ya podemos trazar los rasgos ideológicos que definen la acción del gobierno presidido por Mariano Rajoy. Sabemos que es muy de derechas, pero en este amplio y vaporoso espacio habitan visiones políticas bien distintas. La hipótesis que aquí presento es aquella que, conmocionados por las últimas leyes, comentamos muchos a pie de calle: el gobierno es cada vez más reaccionario.

Situarse en la estela tradicional del pensamiento reaccionario español, como mantendré, no significa regresar tal cual al diecinueve o al franquismo. Lo que supone es que su influencia se deja sentir poderosamente en el brusco cambio de modelo político y social que se está forzando. Sabemos además que el ambiente consensual del presente régimen implica neoliberalismo y protección de la oligarquía económica. Con distintas intensidades, esto último ha formado parte de gobiernos precedentes que en principio partían de tradiciones políticas bien distintas.

Podemos así encuadrar la acción del gobierno en una suerte de neoliberalismo reaccionario. Esto implica que en él no hay liberalismo ni conservadurismo de entidad.

No me importa tanto el quién es cada miembro del gabinete —o quién dice ser— como el qué hace este en su conjunto. Y es que estamos ante un ejecutivo dominado por una figura de escaso peso teórico: el advenedizo. El ejemplo más evidente es Alberto Ruiz Gallardón. Hace unos años, como alcalde de Madrid, apostaba por la píldora postcoital para las menores; hoy propone una ley del aborto que en Europa solo apoya Le Pen. Detrás no hay coherencia ideológica, sino el enésimo ejemplo de cómo intentar trepar en política. Continue reading

La prosperidad de Valencia se cae a pedazos lastrada por años de despilfarro y corrupción

El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra (EFE)

El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra (EFE)

La prosperidad de la Comunidad Valenciana, a la que su vecina Cataluña miraba de reojo hasta hace bien poco con una mezcla de envidia y recelo, resultó ser un espejismo. Tras casi dos décadas ininterrumpidas de gobiernos del PP, los valencianos pagan hoy los platos rotos de los excesos -y fueron muchos- de la era Camps. Despojada para siempre de las joyas de su sistema financiero -Bancaja y la CAM-, sin tejido industrial, carcomida por un índice de desempleo que supera el 28% y asfixiada por una deuda de casi 30.000 millones de euros, la región acaba de perder también un referente emocional y lingüístico: Canal Nou. Y con él buena parte de su autoestima colectiva.

Cuando Eduardo Zaplana apeó de la Generalitat al socialista Joan Lerma, en 1995, la televisión autonómica contaba con una plantilla que apenas llegaba a los 650 trabajadores. Ahora, con casi 1.700 empleados -no pocos de ellos familiares, amigos y enchufados del PP-, una deuda acumulada que roza los 1.400 millones de euros, una credibilidad engullida por la obscena manipulación de los gestores -léase comisarios políticos- nombrados por el partido y unos índices de audiencia raquíticos, Canal Nou se había transformado en un tumor que Alberto Fabra se ha visto empujado a extirpar de raíz, en parte por la torpeza con la que él mismo manejó el ERE que los jueces han acabado tumbando.

El actual presidente de la Generalitat llamó a Madrid para intentar a la desesperada que Cristóbal Montoro le diera un dinero extra con el que salvar in extremis la cadena. Pero el ministro de Hacienda se aferró a la ortodoxia del déficit y le dio con la puerta en las narices. Mariano Rajoy, que ni siquiera se le puso al teléfono, sigue apostando por Fabra no por convicción, sino porque no tiene recambio. Es un president débil y sin autoridad, incapaz de gobernar su propio partido -el líder del PP valenciano, Alfonso Rus, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, le ningunean en cuanto tienen ocasión- y que, para combatir su soledad y falta de apoyos, se ha rodeado de un reducido equipo de fieles -con el vicepresidente José Ciscar a la cabeza- muy cuestionado internamente.

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Cataluña y la pasión por la causa

Decía Ranke, creo recordar, que el objeto de la investigación histórica es llegar a conocer los hechos tal como fueron. Ya sabemos que eso es, en su literalidad, imposible: pero el trabajo del historiador consiste en acercarse el máximo y además colocar los hechos en un contexto que permita entender lo que realmente pasó.

El artículo de Gabriel Tortella sobre el nacionalismo catalán de octubre de 2013 ha tenido una algo airada respuesta de Joaquim Albareda y Borja de Riquer en la que los segundos en algunos asuntos dicen cosas razonables, pero en general es difícil que convenzan a nadie que no sea nacionalista. El interés del artículo de Tortella está en que refleja un estado de opinión muy difundido que quienes le responden creo que no han sabido captar.

Tortella argumenta que el nacionalismo catalán ha crecido como resultado de un plan de adoctrinamiento de la Generalitat, y que en ese plan la interpretación sesgada de la historia de Cataluña ha tenido un papel importante. Creo que tiene toda la razón, pero no entraré a polemizar sobre la primera parte, ese plan cuya obviedad es indiscutible, para centrarme en la segunda parte, la interpretación sesgada de la historia por los historiadores nacionalistas. Y lo hago con propósito cívico, en la convicción, tan ingenua como importante: si los historiadores no son capaces de discutir entre sí sobre el pasado con argumentos no pueden exigir a la clase política que lo haga, como sucede.

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Los siete pecados capitales del PSPV

El mayor mérito del PSPV en los últimos veinte años ha sido convertir el lermismo en un souvenir valenciano. Hoy, casi dos décadas después de la derrota electoral de 1995, tras cuatro candidatos a la Generalitat (más el que viene), cinco secretarios generales y varias gestoras, el puño y la rosa aspira a gobernar con la táctica del don Tancredo. Como le pasó a Rajoy con Zapatero, al que el tsunami de la crisis se lo llevó por delante mientras el PP engatusó a los desesperados electores. Hoy, Ximo Puig, con los peores resultados de la historia como horizonte previsible, podría llegar a ser presidente de la Generalitat.

Ximo Puig

Ximo Puig

Nunca un partido en un momento tan bajo pudo llegar tan alto. El PSPV, llamado a liderar este hipotético tripartito, es el principal lastre de ese acuerdo a tres. La pata que cojea con sus siete pecados capitales.

  1. Soberbia. Ni en los mayores fracasos electorales recientes ha existido una cura de humildad en Blanquerías. El envanecimiento es el problema. La corte de estómagos agradecidos que rodea a los secretarios generales les hace creer lo que no son: líderes. La amabilidad de Pla y Alarte fue siempre más próxima antes y después de su mandato. Los socialistas de cargo orgánico y nómina pública nunca aceptarán que hoy hay más parados en la Comunitat, 720.000 valencianos, que votos obtuvieron en las últimas autonómicas. Los 687.141 sufragios de Alarte son el récord negativo a batir. La paradoja es que Puig puede ser presidente de la Generalitat con un respaldo todavía más anoréxico en las urnas.
  2. Ira. El PSPV se desangra por la femoral. No hay torniquete que valga para taponar una fuga de militantes que preocupa a un partido que sólo propone soluciones tomboleras para sumar afiliados. Las agrupaciones, la esencia en una formación como la socialista, soportan la ira de presuntos líderes como Joan Calabuig que se pasea por las sedes al grito de amenazas y expedientes a todos aquellos que no acaten el pensamiento único. O estás con la familia o estás en contra. Remar todos a la vez es una utopía. El navajeo político es tarjeta de visita. Continue reading

El NYT analiza la corrupción en España

Spanish corruptionThe New York Times destaca en su portada un extenso artículo la situación de corrupción en España, en el que afirma que los jueces españoles están investigando actualmente a “cerca de 1.000 políticos, que van desde los alcaldes de pueblos pequeños a exministros del Gobierno”.

La información toma como punto de arranque el caso de la exalcaldesa de La Muela (Zaragoza), María Victoria Pinilla, para repasar otros como el casoUrdangarin, la gestión del expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, e incluso nombra al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, del que dice que ha tenido que enfrentarse a una lista “en la que se registraba que miembros de su partido recibían dinero por debajo de la mesa”.

El periódico destaca los vínculos de las autoridades regionales y municipales con las cajas de ahorros que, en su opinión, “han creado las condiciones ideales para la corrupción en los años del boom de la construcción”. Al respecto, Manuel Villoria, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Juan Carlos I, explica que, “pronto, otros sectores comenzarán a ocupar el lugar” de la construcción. Así, ha indicado que “el sistema sanitario, que está siendo sometido a la privatización, fácilmente podría tomar el relevo al ladrillo en los escándalos de corrupción a menos que se realicen cambios”. Continue reading

¿Por qué pagamos la energía más cara de Europa?

descargas-electricasEn 1975 los españoles teníamos el gas, la electricidad y los productos petrolíferos antes de impuestos más baratos de Europa. A día de hoy, y sumando los déficits de tarifa, son los más caros no solo del continente, sino de toda la OCDE. La razón de esta monstruosidad tiene su origen, como todas las demás, en la infausta Transición y en la connivencia entre las oligarquías política, financiera y empresarial para repartirse España como si fuera un solar, y que en la energía se concretaría en la entrega a la oligarquía empresarial de los activos públicos petroleros y gasistas a un precio irrisorio y en la sustitución de los monopolios públicos con precios regulados por monopolios privados con precios libres.

Esta posición de monopolio, con la que nos han expoliado decenas de miles de millones, les ha permitido expandirse en el exterior con nuestro dinero mucho más agresivamente que el resto de empresas mundiales y hacerlo de una forma, por decirlo suavemente, manifiestamente mejorable. El efecto sobre España ha sido absolutamente devastador: desindustrialización masiva –la industria representaba en 1975 el 36% del PIB y hoy es menos del 15 %–, pérdida brutal de competitividad –después del trabajo, la energía es el principal factor de competitividad de una nación–, reducción de la renta disponible de las familias –al pagar por su energía hasta un 50 % más que la media de Europa– y, en consecuencia, reducción del consumo, del crecimiento y del empleo. Después del modelo de Estado y del desastre del sistema financiero, los precios de la energía son la tercera causa en importancia de la ruina de España.

¿Cómo empezó todo?

El tema  lo he vivido en primera persona, como consejero delegado de Enagas y luego de Campsa, como responsable designado por Enrique Fuentes Quintana del primer Plan Energético después de la muerte de Franco y, al abandonar Campsa, como presidente de Saroil, una empresa creada por mí y por Saras S.p.A., que llegaría a ser la mayor en ventas de productos petrolíferos después de las tres monopolistas, Repsol, Cepsa y BP. ¿Cómo de tener la energía más barata de Europa hemos pasado en menos de tres décadas a tener la más cara?. Continue reading

El bosque de la larga espera

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