Existen señales, efectivamente, encontradas tanto en favor de la guerra como de la “no guerra” (la paz es un asunto más serio y distante, pero también es justo reconocer que se han generado señales para converger en “los caminos” –como ahora es la moda decir en la Casa Blanca– que pueden conducir a una distensión de las relaciones entre EU e Irán.
Antecedentes: a principios de agosto, Ahmadinejad se sacó un nuevo conejo bajo la manga y durante un programa televisado en vivo, destinado a los migrantes iraníes, comentó que estaba dispuesto a sostener un diálogo “cara a cara” con el presidente Obama para destrabar los “temas globales (sic) sobre la mesa” (Afp; 02/08/10), aprovechando la sesión anual de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Durante la entrevista que me realizó días después la conductora Carmen Aristegui, de CNN en Español, sobre el retiro de las tropas estadunidenses de Irak, no se le escapó la apertura iraní y le respondí que el diálogo directo entre Obama y Ahmadinejad era viable y creíble, considerando la elevada sofisticación de la diplomacia persa.
A raíz de la reciente escaramuza fronteriza entre Israel y Líbano –donde mucho tiene que ver el saqueo del gas y del agua del país de los cedros milenarios por el estado hebreo (ver Radar Geopolítico, Contralínea; 08/08/10)–, el canciller iraní Manouchehr Mottaki comentó que, pese a que todos los ingredientes estaban dados para una conflagración regional, la guerra no se encontraba aún en el horizonte. (more…)
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