El Ayuntamiento de Valencia contó durante una década con una concejalía de Grandes Proyectos. Era el símbolo de una idea. La del poder público al servicio del emprendimiento privado. La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, con el turismo como motor de la economía de la ciudad y del País Valenciano dirigido por su exconcejal Francisco Camps, organizaba lo mejor de lo mejor de los eventos deportivos: Fórmula Uno y la Copa del América. Lujo a borbotones en el puerto. También postuló a la ciudad como subsede olímpica pero necesitaba un proyecto más popular todavía: una final de la Champions League.
Con ese propósito, el Ayuntamiento, la Generalitat y el Valencia CF firmaron en plena fiesta financiera de Bancaja un acuerdo urbanístico tan aparentemente sencillo como la propia especulación urbanística. Se vendería el viejo y céntrico estadio para construir viviendas y torres de oficinas. Con el dinero se construiría un Nuevo Mestalla más y mejor para orgullo de “valencianos y valencianistas”, como aplaudieron en 2007 los firmantes del acuerdo: Barberá, Camps y el presidente del club, el constructor Juan Bautista Soler. Esta primera burbuja explotó en febrero de 2009 cuando el club paralizó las obras por falta de liquidez. Pero algunos de los protagonistas decidieron inflarla de nuevo para apartar de paso al constructor del poder. Gracias a un nuevo crédito en 2010 avalado esta vez por los poderes públicos en lugar de por patrimonio inmobiliario, el club pasa ahora a manos de la Generalitat que garantizó como avalista una ampliación de capital en 2010 por valor de 81 millones de euros que no ha encontrado inversores.
“Era el cuento de la lechera y tiene dos culpables: Francisco Camps y Rita Barberá”, resume el excandidato a la alcaldía de Valencia por el PSPV, Rafael Rubio. El actual diputado socialista vivió en primera persona la negociación del pelotazo urbanístico ideado para Mestalla con miembro de la Comisión de Urbanismo local. “Era la pura megalomanía de estos señores que llevaron a cabo recalificaciones para un club de fútbol que no tenía músculo financiero. La crisis les ha explotado y ahora el terreno del que pretendían sacar la millonada no vale nada. Porque lo que no tiene comprador, no vale nada”, resume. En ese intercambio de suelos, el Ayuntamiento debía cobrar 17 millones de euros y unas parcelas que nunca llegaron. (more…)
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