Pakistán desata la tensión mundial

El asesinato de Benazir Bhutto beneficia a la “guerra contraterrorista” de Washington 

El asesinato hoy de la ex primera ministra pakistaní, Benazir Bhutto, sucede (no por casualidad) en el marco de una alianza entre el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, y el de Afganistán, Hamid Karzai, para una guerra conjunta (bendecida por Washington) contra las operaciones “terroristas” de los talibanes y de Al Qaeda en ambos países fronterizos. La muerte de Bhutto en un atentado sucede cuanto Musharraf, su principal rival político, ya anudó un nuevo acuerdo con EEUU que le permitió continuar en el poder sin el control directo de las fuerzas armadas, que se encuentran al mando de un “leal” a la Casa Blanca. La desaparición de Bhutto, manejada originalmente como “alternativa democrática” frente al desgastado poder dictatorial de Musharraf, arroja nuevas sombras e incertidumbre sobre el destino inmediato de Pakistán, un gigante islámico con poder nuclear, que juega un papel clave y un rol de equilibrio en la estrategia del poder imperial de EEUU en la región. Todavía no están claras las motivaciones del asesinato ni la identidad de sus ejecutores, pero no hay ninguna duda de que el  hecho beneficia y refuerza la argumentación de los planes de la “guerra contraterrorista” impulsados por la Casa Blanca en Pakistán y Afganistán. La sangre de Bhutto, en vida una política ambiciosa y sin escrúpulos, abona el terreno para que los halcones del Pentágono intervengan militarmente en Pakistán adosándolo al destino satélite de Afganistán. Como “beneficio secundario” para Washington, el crimen desgasta el poder de Musharraf y lo sitúa como el primer “sospechoso”, una situación que favorece los planes de sustituirlo por una “cara nueva” y más maleable a los intereses de EEUU. Bhutto, una aliada incondicional del eje EEUU-Unión Europea, despeja y da sustento con su muerte al nuevo escenario con Pakistán en guerra militar abierta contra el “terrorismo islámico”. Los bombardeos norteamericanos contra las poblaciones islámicas de la frontera de Pakistán con Afganistán, podrían ser su efecto más inmediato. Un objetivo en el que coinciden tanto demócratas como republicanos.

La ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto murió este jueves en un atentado perpetrado en la ciudad de Rawalpindi, vecina de Islamabad, que causó entre 15 y 25 muertos entre seguidores, los que habían acudido a uno de sus mítines, informaron fuentes oficiales y de su partido, según coinciden agencias internacionales.

Desde Islamabad, la corresponsal de la BBC Barbara Plett informó que la muerte de Bhutto fue confirmada por los médicos y la dirigencia de su organización política, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP).

Otras informaciones previas señalaban que la dirigente había sido trasladada a un hospital tras recibir heridas cuando se retiraba del encuentro político.

“Ha muerto como una mártir”, dijo a Reuters  el responsable del partido Rehman Malik.

Bhutto, de 54 años, murió en un hospital en Rawalpindi. El canal Ary-One Television dijo que falleció de un tiro en la cabeza y otras versiones señalaron que el disparo fue en la nuca.

La policía informó que un suicida,

antes de inmolarse, disparó contra la líder opositora cuando estaba saliendo del lugar del mitin, celebrado en un parque, .

En octubre pasado, la líder política regresó a su país desde Dubai, tras un prolongado exilio de ocho años, para ponerse al frente del Partido del Pueblo de Pakistán de cara a las elecciones.

Aunque no tuvo un recibimiento tan multitudinario como hace 21 años, Bhutto afrontó peligros similares.

En medio de la caravana de bienvenida, el 18 de octubre, un suicida mató a casi 150 personas.

En 1986, un gran número de seguidores dio la bienvenida a Bhutto en su regreso al país para desafiar al dictador que había ejecutado a su padre, Zulfikar Ali Bhutto, siete años antes.

Bhutto se convirtió en la primera primer ministra del mundo musulmán cuando fue elegida en 1988 a los 35 años. Fue depuesta en 1990, reelegida en 1993 y derrocada nuevamente en 1996 en medio de acusaciones de corrupción y mala administración.

El Ministerio paquistaní de Interior confirmó el fallecimiento de Bhutto y aseguró que la líder del Partido Popular de Pakistán (PPP) murió a causa de la explosión, según la agencia estatal APP.

Sin embargo, según el consejero de seguridad de Bhutto, Reham Malik, la líder opositora falleció tras recibir disparos en el cuello poco antes de la explosión, que la Policía atribuyó a un terrorista suicida.

Aunque el portavoz de Interior, Javed Iqbal Cheema, dijo que la explosión causó 15 muertos y 24 heridos, Malik elevó las víctimas a 25 y 42, respectivamente.

Malik explicó que, al acabar su discurso, alguien disparó contra Bhutto, que era escoltada hasta su vehículo en el momento en que ocurrió la explosión.

El también ex primer ministro Nawaz Sharif se desplazó al centro médico, acordonado por las fuerzas de seguridad.
La líder del PPP, jefa de Gobierno en dos ocasiones durante la década de 1990, había regresado a suelo paquistaní tras ocho años de exilio hace sólo 71 días, el pasado 18 de octubre.

Tanto Estados Unidos como Rusia ya han “condenado” el ataque suicida contra Bhutto.

El miércoles el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, había dicho a su homólogo afgano Hamid Karzai, de visita en Islamabad, que el terrorismo islamista está “destruyendo” a los dos países, durante una conferencia de prensa conjunta.

El atentado y la muerte de Bhutto avalan el razonamiento de Musharraf, y reverdece la “guerra contraterrorista” de Washington.

Y como indica la lógica de los expertos, si se encuentra al “principal beneficiario” de un atentado, también se encuentra al autor del mismo.

Y el “principal beneficiario” de la muerte de Bhutto es Washington.

IAR Noticias

4 comentarios

  1. […] dispuestos a hacerle semejante favor. Los claros beneficiarios, la coincidencia del asesinato con la alianza entre Musharraf y el presidente afgano para una guerra conjunta contra los talibanes y Al…, y las declaraciones de Nawaz Sharif, apuntan más bien hacia el régimen […]

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  2. La muerte de Benazir Bhutton en atentado ha sacudido buena parte de los cimientos políticos de aquél país asiático, pero más allá de la tragedia que supone para su familia personal y política e incluso para el futuro de Pakistán, su violento final parecía seguir el título de “crónica de una muerte anunciada”. Los intereses de Washington y los deseos de la propia Bhutto forjaron un escenario virtual.

    Y ese guión se ha topado de bruces con la cruda realidad de ese complejo y turbulento estado y ha saltado hecho pedazos tras el atentado contra la famosa política paquistaní. Como si de una tragedia griega se tratase, la familia Bhutto ha estado marcada por la muerte violenta de sus miembros, el padre de Benazir y dos de sus hermanos también murieron de forma violenta, y por los escándalos de corrupción, su propio marido en las calles de Pakistán es conocido como “el señor 10%”

    Pakistán es un país al borde del precipicio, una delicada situación si se tiene en cuenta la capacidad desestabilizadora para esa región del continente asiático que supondría una radicalización de la sociedad paquistaní, sin olvidar tampoco la capacidad nuclear que posee Islamabad. Los enfrentamientos y la violencia se suceden por todas las provincias y el nivel de éstos aumenta cada día.

    Un breve vistazo nos permite observar cómo hasta hace poco el movimiento taliban paquistaní se había hecho con el control de los distritos de Swat y Shangla en la Provincia Fronteriza del Noreste, recientemente recuperadas por el ejército tras duras batallas y con importantes pérdidas de vidas en ambos bandos. Además esta intervención del ejército ha provocado también un alto número de muertes civiles lo que a su vez trae consigo un mayor rechazo a las fuerzas de Islamabad en la zona y a una mayor radicalización de sus habitantes.

    La violencia sectaria también es periódica, tanto entre diferentes tribus como entre miembros de las comunidades chiítas y sunitas del país. Otras zonas, como Baluchistán, asisten al resurgir del movimiento armado que busca la formación de un estado propio y rechaza la autoridad del gobierno central, al que acusa de expoliar las riquezas de ese pueblo y de marginar a sus ciudadanos.

    También estamos asistiendo a un notable incremento de los ataques suicidas contra militares, altos cargos del gobierno y líderes políticos, el propio Musharraf ha sido objeto de más de un ataque. Y todo ello se ve aderezado por la presencia de una oposición dividida y desestructurada que busca acariciar alguno de los resortes del poder aunque eso signifique llevar a cabo alianzas contra natura. Las diferentes posturas en torno a la participación en las próximas elecciones del ocho de enero o el boicot a las mismas siguen dividiendo a aquella aún más.

    El presidente Mushrraf , como la figura del “general en su laberinto” parece de momento sentirse seguro, al menos en el estricto sentido político, ya que como hemos visto en cualquier momento se puede suceder otro ataque contra su vida. Y para llegar a esa situación es clave el apoyo que recibe de Washington, lo que la calle del país percibe con humor al llamarle “Busharraf”, y de los militares paquistaníes, lo que le permite mantenerse firme en su puesto al frente del país.

    La desaparición física de la escena política de Bhutto va a dar lugar a un sin fin de especulaciones e interpretaciones como lo hará sin duda el atentado realizado en Rawalpindi. Es cierto que el anterior ataque contra Bhutto al llegar al país tras años de exilio dio muestras de ser una acción planeada y resalida con mucha meticulosidad, lo que hace pensar que no muy lejos de ella podíamos encontrar a algún miembro del todopoderoso servicio secreto, el ISI. Y esos datos pasaron curiosamente desapercibidos en la mayoría de análisis occidentales. En esta ocasión será difícil encontrar el autor intelectual del atentado, ya que éste puede obedecer a un amplio abanico de intereses que se benefician con la desaparición de Bhutto, además tampoco podemos olvidar del alto número de enemigos que tenía la política paquistaní.

    Una de las claves para entender ese complejo puzzle en el que se ha convertido en Pakistán actual es el papel que desempeñan las fuerzas armadas desde la fundación del país. En estos momentos, los militares paquistaníes son una importante empresa financiera que ha ido creando redes y fuentes financieras para poder desarrollar su maquinaria militar, incluido el costoso programa nuclear, y controlar al mismo tiempo política y económicamente Pakistán.

    Los generales paquistaníes no están interesados en la defensa o articulación de un modelo democrático, porque son conscientes que ello podría significar el final de sus privilegios y de su acomodada y poderosa situación, y en esto coinciden también con el otro protagonista clave, el gobierno de Estados Unidos.

    Las actuaciones de Washinton en Pakistán, como en otras partes del mundo, han estado disfrazadas por el discurso de “promover la democracia en todos los rincones del planeta”, pero al igual que en el pasado con Pinochet, Marcos y otros muchos dictadores, o incluso con el general Zia y el propio Musharaf en Pakistán, lo que en realidad busca la actuación de la política exterior estadounidenses es la defensa a ultranza de sus propios intereses económicos, políticos o militares en todo el mundo. De ahí que defender la democracia con dictadores como los mencionados sonaría a risa de no ser por el tremendo sufrimiento que han generado en los pueblos a los que dice “querer ayudar”.

    Un repaso a la prensa paquistaní escrita en urdu nos permite descubrir el sentir de la población local, tremendamente enojados con la actitud de su gobierno ante las pretensiones de los dirigentes de la Casa Blanca. Un ejemplo lo encontramos en la reciente visita a Pakistán de Subsecretario de Estado norteamericano Jhon Negroponte, que la presentan como “parte de los mismos esfuerzos para proteger sus propios intereses”. Y más adelante, entre líneas, se puede leer que “la agenda real de la visita no es acabar con el estado de emergencia y establecer una democracia verdadera en Pakistán, sino lograr asegurar la protección de los intereses de Estados Unidos en el futuro escenario político del país”.

    Los frutos de esta actuación la estamos viendo en los últimos días con mayor claridad que en el pasado. La presión de Washington ha traído consigo un importante aumento del sentimiento antiamericano por todo Pakistán, además de haber contribuido a un auge de un islamismo de corte nacionalista. Este punto es importante además si tenemos en cuenta que la realidad islamista del país dista mucho de los discursos alarmistas e interesados que se vierten desde Estados Unidos, sobre todo desde sectores neoconservadores.

    Los partidos religiosos no son una fuerza homogénea, a las divisiones tradicionales en torno a chiítas y sunitas hay que sumar las diferentes tendencias entre los grupos con base en las zonas rurales o movimientos más urbanos. Además, hasta hace poco la tendencia taliban paquistaní representaba un movimiento marginal y poco numeroso. Un dato bastante esclarecedor es el apoyo que recibe la mayor alianza islamista del país, el Muttahida Majlis-e-Amal (MMA) que en las elecciones del 2002 logró algo más del doce por ciento del voto (si bien es cierto que en algunas zonas fue la fuerza más votada).

    El proceso de islamización de Pakistán ha estado estrechamente unido al apoyo estadounidense a determinados dirigentes del país. Así, el régimen militar del general Zia recibió el apoyo y respaldo de la administración republicana de Reegan, ya que lo consideraron pieza clave para expulsar a las fuerzas soviéticas de Afganistán. La promoción de madrassas y la radicalización ideológica de las fuerzas islamistas contó con el beneplácito de Islamabad y Washington y con el apoyo económico de Arabia Saudita. Y ahora bajo el mandato de Musharraf, también con apoyo norteamericano, estamos asistiendo a al avance ideológico y material de las fuerzas del islamismo militante, unido al aumento de los ataques suicidas y a la implantación de la sharia en algunas zonas.

    Las recientes maniobras desde EEUU han traído consigo que los canales de comunicación entre los militantes talibanes paquistaníes y el ejército se hayan roto y que la situación se esté acercando peligrosamente a un punto sin retorno.

    En Pakistán estamos asistiendo a una lucha sin cuartel. Por un lado están las fuerzas armadas y sus apoyos políticos y económicos tanto locales como extranjeros, y por otro lado encontramos a los militantes islamistas, partidos minoritarios, parte de la sociedad civil, e incluso al Qaeda. Y mantienen una pelea de todos contra todos. Y sin olvidar a EEUU, uno de cuyos políticos ha señalado que “la seguridad del arsenal nuclear paquistaní es el principal interese estratégico de Washington”. Y para ello no dudan en apoyar a los militares locales para que mantengan “controlado el centro del país” (Islamabad y Punjab).

    La sociedad paquistaní afronta divisiones étnicas, políticas, sectarias y culturales, y ahora a éstas hay que añadir un movimiento islamista radicalizado en auge. Probablemente todavía no hemos asistido a la conclusión de esta lucha por Pakistán, pero podemos adelantar que probablemente no asistamos a un final feliz.

    TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)
    http://www.rebelion.org

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  3. El Gobierno paquistaní atribuye la muerte de Bhutto a un golpe en la cabeza
    Responsabiliza a un dirigente talibán vinculado con Al Qaeda del asesinato de la líder opositora.
    El Gobierno paquistaní ha responsabilizado a un dirigente talibán al que ha vinculado con Al Qaeda del asesinato de Benazir Bhutto. Asimismo, asegura que su muerte se debió a un golpe con una palanca y no por acción de las balas o la metralla en el atentado que sufrió.

    En una comparecencia ante los medios, el portavoz del ministerio Interior, Javed Iqbal Cheema, ha señalado que el atentado fue ordenado por el dirigente talibán paquistaní Baitullah Mehsud, que envió un mensaje de felicitación a sus hombres por el asesinato que fue interceptado por los servicios de inteligencia.

    Mahsud, un conocido líder talibán del cinturón tribal paquistaní, había amenazado con “consecuencias” a los candidatos de varias zonas tribales bajo control integrista si estos no retiraban sus candidaturas para los comicios del 8 de enero.

    Esta es la primera vez, sin embargo, que el Gobierno le relaciona con Al Qaeda.

    Horas antes, la organización terrorista Al Qaeda había reivindicado el atentado por boca de uno de sus dirigentes en Afganistán, Mustafá Abu al Yazid, quien se congratuló por “haber acabado con un activo muy valioso de los Estados Unidos que había jurado derrocar a los muyahidín”.

    Golpe en la cabeza

    Cheema ha afirmado también que la onda expansiva de la explosión de ayer hizo que Bhutto perdiera el equilibrio y se golpeara en la cabeza con una palanca del techo del vehículo desde el que saludaba a sus seguidores.

    El portavoz de Interior ha precisado que se produjeron tres disparos de bala desde la parte izquierda del vehículo, mientras que Bhutto presentaba una herida en la parte derecha del cráneo.

    “Ninguno de los disparos golpeó a Bhutto. Empujada por la onda expansiva de la explosión, Bhutto cayó y desgraciadamente se golpeó con una palanca del techo del vehículo; esa fue la causa de la muerte”, ha sostenido.

    Por deseo expreso de la familia, al cadáver de Bhutto no se le realizó ninguna autopsia.

    http://www.publico.es

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  4. El hombre más buscado Estados Unidos en el pasado fue uno de sus más eficientes socios, al momento de reclutar y entrenar combatientes para enfrentar al ejército Rojo en Afganistán. En el país del Norte el llamado complejo militar industrial, tiene un poder enorme y es quien más resulta beneficiado con las guerras.

    Saludos!

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