¿Qué mató a Benazir Bhutto?

Con el cadáver recién enterrado de la ex primera ministra de Pakistán, asesinada en el curso de un atentado en Rawalpindi el jueves, las conjeturas sobré qué la mató (y quién está detrás del magnicidio) añaden incertidumbre al futuro del país: una potencia nuclear amenazada por el islamismo radical y clave para la pacificación de Afganistán.

Mientras que ayer el Gobierno de Pervez Musharraf afirmó que Bhutto había fallecido por un golpe al ser desplazada por la onda expansiva de la explosión que causó un terrorista suicida, y que mató a una veintena de personas, hoy un portavoz de Bhutto ha reiterado que al menos una bala alcanzó a la líder de la oposición.

No ha habido autopsia de Bhutto, dice el Gobierno que porque nadie la solicitó, y en las últimas horas han sido difundidas nuevas imágenes y vídeos de los instantes previos al atentado, así como fotos médicas.

En el vídeo se aprecia cómo una mano surge entre la multitud empuñando una pistola que abre fuego.

Las imágenes muestran el techo del vehículo de Bhutto (a través del cual ésta saludaba a la muchedumbre antes de morir), así como el interior del mismo ensangrentado y con los zapatos de Bhutto.

Las fotos médicas consisten en una radiografía del cráneo de la ex primera ministra con contusiones, según los médicos, así como imágenes de la cabeza del presunto terrorista suicida que se hizo explotar.

Al Qaeda rechaza la autoría

Por otra parte, entre los posibles autores del magnicidio, Estados Unidos baraja la hipótesis de Al Qaeda. Pakistán ha acusado directamente a esa organización terrorista. Esta mañana, sin embargo, un portavoz de los terroristas ha negado dicha implicación. Maulana Mohamed Umer, ha calificado estas acusaciones de “propaganda gubernamental”. “Lo negamos firmemente. Baitulá Mehsud [líder de Al Qaeda en Pakistán] no está implicado en el asesinato de Benazir Bhutto”.

La vida cotidiana en Pakistán ha quedado literalmente paralizada dos días después de la muerte de Bhutto debido a la incertidumbre política. Existe una confusión creciente sobre el futuro de las elecciones legislativas del próximo 8 de enero. Al respecto, la Comisión Electoral de Pakistán ha anunciado la celebración de una reunión de emergencia para el próximo 31 de diciembre con el objetivo de decidir si se mantiene la celebración de los comicios. Fuentes de la Comisión han apuntado que existe un “95% de posibilidades” de posponer las elecciones, aunque no se decidirá hasta el lunes.

También el miedo a nuevas manifestaciones violentas planea sobre el país. En las últimas horas han muerto 33 personas en diferentes actos de protesta, y todavía se cuentan por miles los manifestantes violentos por diferentes provincias paquistaníes. La Comisión Electoral ha expuesto como motivo principal para suspender las elecciones la violencia desatada. En la provincia de Sindh, principal banco de votos del Partido Popular de Pakistan (PPP), que presidía Bhutto, se han producido graves disturbios con quema de oficinas y material electoral.

“Yo responsabilizaría a Musharraf”

La ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto, en una premonición de lo que podría pasar, envió hace dos meses un mensaje a su portavoz en Estados Unidos para que se lo hiciera llegar a la CNN en el que afirma que si mueriese el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, debía cargar con parte de la culpa. Bhutto, asesinada el jueves en un atentado suicida en Rawalpindi, escribió un correo electrónico a su portavoz en Washington, Mark Siegel, el 26 de octubre, tan sólo ocho días después de su regreso a Pakistán, quejándose de su seguridad y pidiéndole que lo hiciera llegar al periodista de la CNN Wolf Blitzer para que éste lo hiciera público sólo si fallecía.
“Yo responsabilizaría a Musharraf”, afirma Bhutto, que denuncia que el Gobierno no haya establecido medidas especiales para garantizar su seguridad tras los atentados contra su cortejo el día de su llegada que dejaron más de 120 muertos, aunque ella salió ilesa. “No pasará nada, si Dios quiere”, escribe Bhutto en su correo a Siegel, amigo personal desde hace años. “Sólo quería que supieras que si ocurre además de los nombres de mi carta a Musharraf del 16 de octubre, responsabilizaría a Musharraf”. “Sus subordinados han hecho que me sienta insegura”, añade el breve texto. Blitzer había accedido a no publicarlo antes de recibir el mensaje, pero una vez lo vio pidió a Siegel poder hacerlo público. En cambio, el portavoz de Bhutto insistió en que sólo debía salir a la luz si ésta fuera asesinada. Según Siegel, el periodista de la CNN fue el único en recibirlo junto con el diputado demócrata Steve Israel.

La furia acompaña el entierro de Bhutto
Cientos de miles de personas acuden al sepelio en el pueblo natal de la política – Las protestas se extienden por varias ciudades de Pakistán y causan 31 muertos .
Hakim Ali Mangi, el imán que enterró en 1979 a Zulfikar Ali Bhutto, fue el encargado ayer de presidir el entierro de su hija Benazir, asesinada el jueves tras pronunciar un mitin en Rawalpindi. Zulfikar Ali Bhutto fue el primer presidente civil de Pakistán y fue derrocado por un golpe militar en un símbolo más de la violencia política que azota Pakistán desde su independencia en 1947. Cientos de miles de personas acudieron indignadas al sepelio de la ex primera ministra y presidenta del Partido Popular de Pakistán (PPP) en Garhi Khuda Bakhsh, la localidad natal de Benazir Bhutto, en el distrito de Larkana, al sur del país. La política tenía 54 años.
La multitud lloró, gritó y mostró su rabia al acompañar en el cortejo fúnebre al viudo de la política, Asif Ali Zardari, y a sus tres hijos, que seguían al féretro cubierto con los colores rojo, verde y negro del PPP. Los tres hijos de la pareja son Bilawal, un muchacho de 19 años, y las chicas son Bakhtawar, de 17, y Aseefa, de 14. Asif Ali Zardari vive exiliado en Dubai.
En una ceremonia caótica, los restos de Benazir Bhutto fueron enterrados en el mausoleo familiar, cerca del lugar donde descansa su padre. Los manifestantes corearon consignas contra el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, y contra Estados Unidos, una potencia a la que acusan de respaldar al antiguo general con la esperanza de que mantenga la estabilidad en un país que dispone de capacidad nuclear y azotado por la violencia islamista. “¡Vergüenza para el asesino Musharraf! ¡Vergüenza para los asesinos de Estados Unidos!”, gritaron.
El cadáver de la dirigente de la oposición paquistaní había sido trasladado en un avión militar hasta Sukkur, en la sureña provincia de Sindh, y el cortejo fúnebre partió de la residencia familiar en la localidad de Naudero hasta Garhi Khuda, distante unos cinco kilómetros. Sus seguidores se concentraron junto al mausoleo, adonde llegaron en coches, autobuses, tractores y todo tipo de vehículos. Las masas formaron espontáneamente hileras para rezar en la explanada cercana al panteón. Muchos de los fieles se golpeaban la cabeza y el pecho en señal de duelo y desesperación.
A la casa familiar acudió, además de su marido y de sus hijos, su hermana Sanam, la única que queda viva en la familia, ya que otros tres hermanos de Benazir fueron asesinados. Entre los asistentes al sepelio se encontraba el vicepresidente del PPP, Amin Fahim, que ayer declaró 40 días de luto en el partido. Esta formación opositora, que aparecía como favorita para las elecciones legislativas del próximo 8 de enero, debatía ayer sobre su participación en los comicios después del brutal atentado, en el que la cifra de víctimas se eleva a 28 personas.
Al igual que en el resto del país, en las calles de Garhi Khuda se respiraba una mezcla de perplejidad, ira y desesperación por la muerte de la líder opositora al régimen de Pervez Musharraf. “Con su muerte hemos perdido toda esperanza”, comentó Abbas Raza, un empleado de banca de Lahore, citado por la agencia Reuters, que resumía el estado de ánimo de buena parte de la población. Adorada en las zonas rurales y pobres de Pakistán, la asesinada Benazir Bhutto se había convertido también en un faro, una referencia para la cada día más amplia clase media del país.
El gran ausente en el sepelio fue el dirigente de la Liga Musulmana-N, Nawar Sharif, que dio el pésame por teléfono al marido de Benazir. No obstante, razones de seguridad aconsejaron al otro gran líder de la oposición no asistir al entierro. El Gobierno paquistaní advirtió a Sharif de que podía ser objetivo de un ataque terrorista.
Desde que se conociera la muerte de Benazir Bhutto, víctima de un atentado suicida el jueves por la tarde en Rawalpindi, sus seguidores han salido a las calles de varias ciudades de Pakistán para manifestar su furia y para culpar a Musharraf del asesinato de su líder. Las protestas más violentas se han desarrollado en ciudades del sur del país, feudo del PPP. En total, 31 personas murieron ayer en los disturbios y enfrentamientos con la policía, según informaron distintas autoridades gubernamentales. Grupos de opositores al Gobierno destrozaron oficinas bancarias, incendiaron autobuses y trenes y saquearon tiendas en una frenética escalada de violencia. La cadena de televisión Dawn informó de que habían sido destruidas unas 200 sucursales bancarias. Los sectores más radicalizados llegaron incluso a bloquear carreteras con barricadas.
Las manifestaciones alcanzaron tal virulencia en algunas urbes, como Karachi y Hyderabad, que obligaron al Gobierno a ordenar la salida de tropas a la calle para patrullar. El despliegue militar vino a sumarse a la presencia policial que, en el caso de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán, alcanzó los 10.000 miembros de las fuerzas de seguridad. El ministro del Interior de la provincia de Sindh, Akhtar Zaman, señaló ayer: “Estamos previendo que la situación puede empeorar todavía más después del funeral”.
Las medidas de seguridad se extendieron ayer a la vecina India, donde el Gobierno ordenó a sus destacamentos fronterizos que se situaran en “estado de máxima alerta”. Asimismo, las autoridades indias decidieron suspender, hasta nuevo aviso, algunas líneas de autobuses y de trenes entre los dos países ante el temor a una ampliación de los disturbios en ciudades paquistaníes. Entre las reacciones que llegaron del otro lado de la frontera destacó la de Sonia Gandhi, viuda del también asesinado dirigente político Rajib Gandhi, que calificó el atentado contra Benazir Bhutto de un “acto abominable”.
India suele ordenar el estado de alerta a sus fuerzas fronterizas en respuesta a las crisis que vive Pakistán. Ambos países, que cuentan con armamento nuclear, mantienen litigios en torno a la región de Cachemira. La condición de potencia nuclear de Pakistán es motivo de preocupación tanto en India como en las capitales occidentales ante la incertidumbre sobre la evolución de los acontecimientos.
Inquietud por el control del arsenal nuclear paquistaní
La mayoría de los analistas coinciden en que el aumento de la inestabilidad en Pakistán tras el asesinato de Benazir Bhutto incrementa también el riesgo de que las armas atómicas del país caigan manos de radicales islámicos. En 2005, un informe conjunto de la CIA y del Consejo Nacional de Inteligencia de EE UU predijo que Pakistán se convertiría “en un Estado fallido, sacudido por la guerra civil, la violencia, las rivalidades intraprovinciales y una lucha por el control de sus armas nucleares” para 2015. Algunos expertos creen que el atentado del jueves ha acelerado el plazo.
“Es sólo cuestión de tiempo que Al Qaeda o algún simpatizante suyo se haga con las armas nucleares. Pakistán es el eslabón más débil de la cadena”, dice M. J. Gohel, director de la Fundación Asia-Pacífico, con sede en Londres. “Si tienes todas esas armas y materiales nucleares y un Gobierno que tiene que complacer a los extremistas para mantenerse en el poder, la perspectiva a largo plazo no pinta bien”, opina Henry Sokolski, director ejecutivo de centro de análisis de Washington.
El Pentágono, no obstante, asegura que las bombas atómicas de Pakistán -estimadas en un centenar- están bajo control. Un portavoz, el coronel Gary Keck, aseguró ayer que no hay motivo de preocupación. Pese a ello, los expertos subrayan el riesgo de que los extremistas se hagan con material radiactivo para fabricar las llamadas bombas sucias.
Extraído de www.elpais.com

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