Historia de las religiones (algunas)

Historia de los Judíos

Según las creencias judías, Dios creó el mundo hace unos seis mil años y lo pobló de personas que a lo largo de la historia se han multiplicado hasta habitar todos los confines de la tierra.
Con el tiempo muchos de los descendientes de Adán se apartaron de Dios y en numerosas ocasiones éste tuvo que enviar a profetas para advertir a su pueblo que volvieran a sus enseñanzas. Y cuando los profetas no eran escuchados, Dios enviaba serafines, querubines y otros tipos de ángeles para ejecutar los castigos a los que los idólatras y herejes se hacían acreedores.
Durante siglos sólo unos pocos de los descendientes de Adán fueron fieles a Dios y éste hizo un pacto con ellos, entregarles una tierra en la que vivirían por siempre libres de toda opresión e injusticia.

La promesa se hizo realidad con Moisés que sacó a los judíos de Egipto, donde eran esclavos, y los llevó a las mismas puertas de Canaán para que la habitaran para siempre.
Los judíos se enfrentaron en diversas luchas con los pueblos vecinos que deseaban su tierra pero con la ayuda de Dios consiguieron mantener su reino libre de la tiranía de otras naciones.

Sin embargo el pueblo judío era sumamente díscolo en ocasiones y caía de vez en cuando en la idolatría, es por eso que Dios tenía que castigarlos, a veces muy duramente, para que volvieran a sus creencias originales. En varias ocasiones Judea fue arrasada, conquistada y sus habitantes esclavizados y deportados como castigo por su infidelidad, y aunque Dios siempre volvía a llevarles de regreso a su tierra, nunca volvieron a gozar de la libertad que sólo disfrutaron apenas un siglo en tiempos de David y Salomón.

El castigo definitivo acaeció en el año 70dC cuando los romanos destruyeron por completo el reino de Judea. Durante casi dos milenios los judíos fueron proscritos, extranjeros allá donde viviesen, siempre perseguidos y odiados por los cristianos quienes les acusaban de la muerte de Jesucristo.

Tras siglos de persecuciones, éstas llegaron a su máximo exponente en tiempos de Hitler, quien los persiguió hasta el punto de exterminar a millones de ellos en un holocausto que removió las conciencias de toda la humanidad.
Al terminar la guerra muchos judíos comenzaron a regresar a Palestina, entonces bajo el gobierno del imperio británico. Presionado por la opinión pública de muchos países y la influencia económica que muchos judíos millonarios ejercían en numerosos países, especialmente en USA, Inglaterra aceptó la creación de un estado independiente llamado Israel donde los judíos pudieran volver a vivir en paz.

Cientos de miles de judíos de todo el mundo volvieron a la tierra prometida pero la paz no fue duradera.
Mientras los judíos habían estado fuera de Palestina aquellas tierras no habían estado abandonadas, sino que habían sido habitadas y trabajadas por muchas generaciones de palestinos, unos descendientes de los mismos judíos de dos mil años atrás, otros llegados en los siglos posteriores. Tanto unos como otros creían tener el mismo derecho a la posesión de la tierra de sus antepasados, pero la llegada masiva de judíos al comenzar el nuevo éxodo provocó una serie de conflictos que convirtieron el oriente próximo en un polvorín dispuesto a estallar. Desde entonces se han producido numerosas guerras, muertes y sufrimientos y no parece que el fin de esta conflictiva situación esté cerca.

Creencias y Costumbres

Dios ha creado el universo y todo lo que contiene
El Hombre es la obra suprema de la creación, y la Mujer es su compañera.
Dios estableció un pacto con Adán. Más adelante, cuando muchos de los descendientes de Adán se apartaron del camino del Señor, hizo un nuevo pacto con Noé. Según cambiaban las circunstancias históricas el pacto se iba ampliando, así el pacto que hizo Dios con Abraham era mucho más completo pero la versión definitiva del pacto divino se estableció con Moisés quien dejó escrita la Toráh, los libros sagrados donde se narra la historia del pueblo judío desde la creación hasta la entrada en la Tierra Prometida.
En la Toráh se encuentran todas las leyes que los judíos deben obedecer en su vida cotidiana para mantenerse fieles al señor.

Muchas de estas normas sirven para mantener un comportamiento ético que permita a los judíos estar más cerca de Dios. Otras normas son simples instrucciones higiénicas o alimenticias incluidas por Moisés en la Toráh para evitar infecciones y enfermedades durante los años de peregrinación por el desierto tras la huida de Egipto. El judío, sin embargo, no debe cuestionar las normas sino acatarlas sin dudas de ningún tipo, no por pensar que al quebrantarlas se pueda faltar a Dios, sino por la autodisciplina que se exigen de ellos mismos. Esta autodisciplina hace del judío un hombre de fuerte carácter, capaz de defender de forma casi fanática todas sus creencias.

Al mismo tiempo el judío es un erudito, desde pequeño se le ha enseñado a estudiar la Toráh, está mucho más acostumbrado que los miembros de otras culturas al estudio, la oratoria, la argumentación, y aventaja a muchos de ellos en el ejercicio de profesiones de carácter científico.

A pesar de esa ventaja, sin embargo, los judíos intentan no considerarse superiores a los demás, pues todas las criaturas han sido creadas por Dios y son necesarias para la creación, cada una a su manera y de un modo insustituible, por lo que sería estúpido, y pecado, pensar que uno es mejor o más querido por Dios que cualquier otra criatura.

Los judíos no creen en la predestinación, Dios ha creado al hombre libre de elegir su propio destino. Así, el hombre es la única criatura del universo que goza del libre albedrío, ya que puede elegir sin ningún tipo de coacción seguir el camino de Dios y la vida o del pecado y la muerte.

Una de las principales leyes divinas es que los judíos no deben pronunciar el nombre de Dios en vano. Para evitar el más minimo riesgo de cometer ese pecado los judíos no pronuncian jamás Su nombre. Aunque el nombre original de Dios debió ser un mantra similar al OM de los hindúes, probablemente incorporando las cinco vocales IEOUA en un cántico cuya entonación se ha perdido con el paso de los milenios, el idioma arameo no contenía vocales escritas por lo que era imposible representar correctamente el nombre de Dios. En su lugar se usaban cuatro consonantes débiles YHVH. La evolución de ambas formas verbales dió lugar a los dos modos en que Dios es conocido en la actualidad, Yavé y Jehová. Sin embargo, tanto en sus escritos como en su conversación diaria, los judíos se refieren a Dios con circunloquios o abreviaturas como Tetragramatón (Tetra=4, grama=letras), D-s, el Señor, etc.

 

Historia del Cristianismo

Jesús nació en Palestina y, tras largos años de aprendizaje y anonimato, comenzó a predicar a los judíos. Sus ideas chocaron radicalmente con las de los sacerdotes judíos de la época que, molestos por unas enseñanzas que socavaban el fundamento de su autoridad, conspiraron para acabar con Jesús. Usando a los romanos para ejecutar una sentencia de muerte que los judíos no podían llevar a cabo, Jesús fue crucificado, muerto y sepultado.

Sus discípulos, sin embargo, no cejaron en su empeño, sino que siguieron predicando las enseñanzas de Jesús, no solo a los demás judíos sino también a los romanos, griegos, egipcios y demás gentiles de la época. El cristianismo fue bien recibido por las clases más bajas del imperio, esclavos, artesanos y comerciantes que veían en Jesús un símbolo de la opresión y el sufrimiento que ellos mismos experimentaban. Con el tiempo también llegó a las más altas jerarquías del imperio, hasta el punto en que durante siglos la iglesia sirvió de apoyo a muchos reinos e imperios de la civilización occidental.

Durante mil años los cristianos formaron un frente común y aunque en su seno surgieron teólogos que discrepaban en algunos dogmas como la virginidad de María, la Trinidad, etc. estos teólogos fueron silenciados o excomulgados por el papado.
Sin embargo, a partir del siglo XI, las discrepancias ocasionadas por la duda de si se podían usar imágenes en las iglesias (en contra del segundo mandamiento) provocó la separación de la iglesia de Roma y la de Constantinopla, haciendo que ambas se excomulgaran entre sí.

Aunque la iglesia de oriente conservaba mejor las tradiciones del cristianismo primitivo, fue la iglesia de occidente, asentada en Roma, la que demostró mayor dinamismo a la hora de evangelizar a los diversos pueblos que integraba en su seno, sin embargo no pudo evitar varios cismas en los siguientes siglos durante los cuales hubo varios papas y antipapas luchando por el control de la iglesia.

Creencias y Costumbres

El libro fundamental de los cristianos es La Biblia, una recopilación de libros escritos supuestamente por Moisés, David, Salomón, Esdras, y varios otros escritores que narraron la historia de las relaciones de Dios con el pueblo Judío. A estos libros se les añaden los Evangelios y varias Epístolas escritas por apóstoles y discípulos de Jesús.

Al coincidir los primeros libros de la Biblia con la Torah judía, muchas costumbres y creencias judías son compartidas por los cristianos, pero mientras los judíos pensaban en Dios como algo exclusivo de ellos mismos, los cristianos predicaban un Dios de toda la humanidad, tanto de ellos como de aquellos que no creían en Dios, o creían en otros dioses.

Los cristianos también piensan que la humanidad ha sido colocada por Dios en la Tierra para dar gloria a su nombre y que algún día Dios hará que finalice el mundo que conocemos, separará a los justos de los malvados, éstos serán destruidos o sufrirán un infierno eterno mientras que los justos gozarán de la Gloria de Dios para siempre.

El sistema de creencias cristiano sin embargo ha sufrido varias crisis en los últimos siglos, desde la escisión de la iglesia ortodoxa, pasando por las herejías valdenses y husitas y acabando con la reforma protestante que en los últimos cuatrocientos años ha dividido el cristianismo en varias decenas de religiones y sectas con muy diversas interpretaciones de las Sagradas Escrituras.

 

Historia del Catolicismo

La Iglesia católica siempre se ha considerado la heredera espiritual de Cristo y a pesar de las disidencias y herejías ha intentado mantener siempre una linea contínua desde Jesús hasta nuestros días: El Papa, heredero directo de Pedro quien fue nombrado cabeza rectora de la Iglesia hasta el regreso de Jesús.

No obstante, los últimos mil años han resultado ser agónicos para el catolicismo que ha visto mermado su poder e influencia debido a los cismas y disidencias que han apartado de su influencia a un número cada vez mayor de cristianos.

Esto y el hecho de que durante siglos haya defendido posturas políticas y sociales que posteriormente han demostrado ser erróneas (acumulación de riquezas, venta de indulgencias, cruzadas, inquisición, apoyo a dictadores) hizo que la iglesia católica perdiese bastante prestigio en la mayor parte del planeta.
El prestigio perdido propició el surgimiento de la Reforma, el nacimiento de las iglesias protestantes y varias guerras religiosas.

Incapaz de reaccionar a tiempo la Iglesia Católica perdió millones de fieles en Europa y América. Para recuperar el terreno perdido, llegado ya el siglo XX, hizo un examen de conciencia y en el Concilio Vaticano II intentó un acercamiento a la realidad de los nuevos tiempos.
También inició un decidido acercamiento a otras religiones, protestantes y judía, reconociendo por primera vez en la historia que algunas de ellas podían tener parte de La Verdad.

En la actualidad la Iglesia Católica ha recuperado bastante prestigio del que había perdido durante los últimos siglos y eso se ha traducido de nuevo en un aumento de fieles que la han llevado de nuevo a ser la religión más extendida del mundo con más de mil millones de seguidores, principalmente en Europa y America Latina.

Creencias y Costumbres

Como todas las religiones cristianas, las creencias católicas se basan en la Biblia, aunque a ella añaden un alto grado de tradición. Por ejemplo, aunque la Biblia no menciona en ningún sitio el bautismo infantil, sólo el de adultos que van voluntariamente al bautismo, la iglesia considera que la tradición ha legitimado esa práctica dándole el mismo valor que si lo hubiera instaurado el mismo Jesucristo.

En cuanto a la ética, las enseñanzas de la Iglesia Católica son bastante correctas, haciendo hincapié en el amor al prójimo, la obediencia de los mandamientos y la celebración de los sacramentos.

Las creencias fundamentales de los católicos se encuentran resumidas en el Credo:

  1. Creo en Dios Padre, Todopoderoso Creador del Cielo y de la Tierra,
  2. y en Jesucristo, su Unico Hijo, nuestro Señor,
  3. que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo:
  4. Nació de Santa María Virgen,
  5. padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
  6. fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos
  7. y al tercer día resucitó de entre los muertos,
  8. subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.
  9. De allí vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos.
  10. Creo en el Espíritu Santo,
  11. en la Santa Iglesia Católica,
  12. en la Comunión de los Santos,
  13. el perdón de los pecados,
  14. la resurrección de los muertos
  15. y la vida eterna. Amén

Esta es una versión antigua del credo pero permite, mejor que la versión actual, desglosar las diversas creencias de los católicos.

También se le da una gran importancia a la celebración de los sacramentos, formando muchos de ellos parte de nuestra vida social: Bautismo, Matrimonio, Eucaristía, etc.

Historia de las Iglesias Protestantes

Debido a los errores de la Iglesia Católica, que durante mucho tiempo había estado atesorando bienes materiales y se había empeñado en una lucha por el poder terrenal, las capas sociales más bajas, campesinos, artesanos y comerciantes estaban descontentos con las jerarquías eclesiásticas, que se llevaban el diezmo de sus bienes y de los que prácticamente no recibían nada a cambio.
La vida de lujo y pecado de los cardenales y obispos en Roma era bien conocida por toda la población de Europa e incluso reyes y emperadores sentían rencor al Papado que interfería frecuentemente en el gobierno.

Ya desde el siglo XIII, con San Francisco de Asís, se planteaba la cuestión de si la Iglesia debería acumular riquezas o debería repartirlas entre los pobres.
En el XIV John Wycliffe, en Inglaterra, defendió varias opiniones que atentaban contra la autoridad de la Iglesia, criticando las riquezas del papado y las indulgencias mediante las que los ricos podían comprar el perdón para determinados pecados, incluso por anticipado.
También hizo que la Biblia se tradujera al inglés y encomendó a discípulos suyos, conocidos como Los Predicadores de los Pobres, para que predicaran en inglés, cuando el Vaticano imponía el latín en todas las predicaciones.
Después de muerto, la Iglesia lo consideró hereje e hizo que, 44 años después de su muerte, su cuerpo fuera desenterrado y quemado en la hoguera, pero sus ideas calaron hondo en el ánimo de Jan Hus, un reformista bohemio que inició una campaña contra la Iglesia. Su ejecución por hereje en 1415 provocó una guerra civil en Bohemia que fue sofocada por el emperador y el Papa.

El desarrollo de la imprenta a mediados del siglo XV hizo que las ideas anticlericales tuvieran una mayor difusión y cuando Lutero, en 1517, publicó sus 95 tesis contra las indulgencias papales, pudo difundir sus ideas mucho más que sus predecesores.
Excomulgado por el Papa, condenado por el emperador, perseguido por ejércitos y sacerdotes, Lutero se mantuvo oculto durante más de un año traduciendo la Biblia al alemán y escribiendo panfletos que eran publicados y distribuidos masivamente. El resultado fue una revuelta de los campesinos que pensaron encontrar una liberación de la tiranía eclesiástica. Lutero, sin embargo, no pretendía causar una guerra por lo que publicó un panfleto en el que exortaba a los campesinos a abandonar las armas.
Ante esta actitud de Lutero, muchos nobles se volvieron partidarios suyos.

Tras el fin de la revuelta, Carlos V concedió que cada estado pudiera decidir, dentro de su propio territorio, sobre cuestiones religiosas, pero en 1529 la mayoría católica hizo que se derogase esta norma. Los luteranos elevaron su más enérgica protesta, lo que les hizo ganar el apodo de “protestantes”.

Carlos V estaba empeñado en acabar con los luteranos, pero distraída su atención con varias guerras contra Francia y los turcos, no pudo enviar tropas hasta quince años más tarde.
Para entonces ya era tarde: El luteranismo se había convertido en la fé de más de la mitad de la población de Alemania y aunque se perdieron batallas al principio los luteranos consiguieron ganar la libertad religiosa.

De una forma algo más pacífica las ideas protestantes se infiltraron en muchos países europeos, unas veces apoyadas por la burguesía, otras por la nobleza, en ocasiones directamente por la monarquía.
Apenas cincuenta años después de morir Lutero, el Protestantismo había cambiado por completo el mapa de la sociedad.

La idea fundamental del protestantismo es que la Biblia es la Palabra de Dios pero al contrario de lo que siempre afirmaron los católicos, cualquiera puede interpretarla y comprenderla.

Así, libres de la autoridad eclesiástica, los protestantes pueden leer la Biblia y tras meditar en lo que han leído pueden sacar sus propias conclusiones, conclusiones que posteriormente podrán ser discutidas con otras personas.
Esto ha hecho que a lo largo de los años hayan surgido numerosas sectas, cada una con una interpretación distinta de diversos pasajes de la Biblia, pero también ha contribuido a darle un valor al pueblo, libre por fin de la autoridad religiosa, que fue el primer paso para la democracia.
La traducción de la Biblia a los diversos idiomas europeos, favorecida también por el auge de la imprenta, ha contribuido a la difusión de la cultura, haciendo que en los países protestantes el analfabetismo descendiera de forma impresionante.

Creencias y Costumbres

Es difícil determinar todas las creencias protestantes pues al formar decenas de sectas siempre habrá alguna que no comparta ciertas ideas con las demás.
No obstante sí puede afirmarse que todas, sin excepción, creen en la Biblia como Palabra de Dios.
Casi todas consideran a Jesús el hijo de Dios y muchas, aunque no todas, creen en la virginidad de María.
También el sacrificio de Jesús es considerado por casi todos como un medio de expiar el pecado original.

Sin embargo, a partir de ahí podemos decir que no hay unanimidad en casi ningún otro aspecto aunque hay ideas que se pueden encontrar en varias sectas protestantes.

La mayoría de los protestantes suelen reunirse para el culto en común los domingos, aunque hay algunas sectas que se reunen los sábados o incluso los lunes.
Estas reuniones se llevan a cabo en templos que han sido financiados por los feligreses, aunque algunas sectas prefieren reunirse en la intimidad de sus hogares formando grupos de unas pocas familias.
El eje de las reuniones protestantes es el sermón del ministro de la iglesia, aunque hay sectas donde no hay ministros y son los feligreses los que se turnan para pronunciar varios sermones.
El sermón suele ir acompañado de himnos cantados por todos los feligreses aunque hay sectas que prohiben la música pues la consideran una afrenta al Señor.

Toda esta diversidad ha hecho del protestantismo una filosofía muy versátil y dinámica que puede cumplir las aspiraciones de muchos creyentes, pues después de investigar durante algún tiempo todos los fieles pueden encontrar una secta en la que le resulte más fácil creer.

Historia de los Mormones

La Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día comenzó su andadura en 1819, cuando José Smith, un joven de catorce años de Nueva York tuvo la visión de un angel que le conminó a ser una persona justa y honrada avisándole que más adelante volvería a verle para entregarle, si se mostraba digno de ello, unos evangelios de los que nadie hasta entonces había tenido ninguna noticia.

En 1827, José Smith recibió unos libros, escritos en páginas de oro, donde se narraba la historia de unos descendientes de Abraham que, ante la maldad que imperaba en su tierra, decidieron abandonar Palestina. Obedeciendo las órdenes de Dios, Nefi y su familia viajó hasta el mar Rojo donde hizo construir un barco que los llevó, a través de mares y océanos hasta las costas americanas.
Allí vivieron durante siglos y entre ellos también hubo malvados a los que Dios castigó oscureciéndoles la piel. Son los antepasados de los actuales pieles rojas.

Cuando Jesús resucitó de su muerte en la cruz, se trasladó a América y allí permaneció durante cuarenta días predicándoles hasta que los dejó para aparecerse a los apóstoles en Palestina antes de ascender a los cielos.
Los pecados de los nefitas, sin embargo, fueron muy grandes y no se libraron del exterminio a manos de los lamanitas (los pieles rojas) varios siglos más tarde.

José Smith tradujo aquellos libros al inglés antes de devolver los originales al angel Moroni y en 1830 los publicó y comenzó a predicar una nueva doctrina.
La iglesia por él fundada se encontró con la oposición radical de sus contemporáneos, fueron perseguidos, vilipendiados e incluso encarcelados. José Smith murió en un linchamiento popular y sus fieles, al mando de Brigham Young, abandonaron las ciudades del este para dirigirse al oeste.

En una de las mayores caravanas que jamás en la historia se han realizado, miles de mormones, ocupando centenares de carromatos atravesaron desiertos, praderas y cordilleras hasta llegar a asentarse en Utah, donde fundaron la ciudad de Salt Lake. Allí permanecieron a salvo de sus enemigos religiosos y desde allí, años más tarde, enviaron sus predicadores a todas las naciones del mundo.

Creencias y Costumbres

Según los mormones existe una Trinidad formada por Dios, Padre e Hijo. En el momento de la creación se formaron las almas de todas las personas nacidas y por nacer, esas almas ocupan los cuerpos en el momento de la concepción y después de la muerte esperarán el día del juicio, momento en que todas las almas serán juzgadas.
Mientras tanto los mormones actuales pueden investigar a sus antepasados reconstruyendo su árbol genealógico y recibir el bautismo en nombre de sus antepasados muertos que no tuvieron la oportunidad de conocer la verdadera doctrina de Dios.

Aunque los primeros mormones practicaron y defendieron la poligamia como una costumbre de los patriarcas que no sólo debía ser respetada, sino también imitada, el gobierno USA intervino y los mormones abandonaron esa práctica desde 1890 hasta la actualidad, si bien algunas sectas mormonas han seguido practicándola hasta hoy.

Aparte de esto podemos decir que las creencias de los mormones son muy similares a las de la mayoría de las religiones cristianas, aunque son más tolerantes pues no se atribuyen la única posesión de la verdad, al contrario piensan que cada religión tiene una parte de La Verdad y es bueno que existan varias religiones pues así se pueden ver más retazos del paisaje divino.

Los mormones dan un diezmo de sus ingresos a la iglesia, participan en actividades relacionadas con el culto y organizan actos sociales para ayudar a los necesitados. Muchos de ellos también dedican un período de uno o más años al apostolado, bien sea en su propio país y ciudad o en misiones que abren en todo el mundo para difundir sus creencias.
A los misioneros mormones se les reconoce con facilidad por su indumentaria, camisas blancas y pantalones oscuros, y una chapa en la pechera que los identifica por su nombre, que siempre es precedido por la palabra ELDER, cuya traducción podría ser Hermano.

A las mujeres mormonas se las llama SOROR, sin embargo su actividad en la iglesia suele circunscribirse a las tareas sociales, siendo relegadas de las actividades eclesiásticas. Hoy en día hay un movimiento que intenta dar a la mujer un mayor protagonismo en la iglesia pero aún está lejano el día en que la mujer pueda participar en el sacerdocio.
Algo parecido ocurre con la raza negra, hasta 1978 los mormones negros quedaban excluidos del sacerdocio, de hecho eran muy pocos los mormones negros. Hoy en día se intenta renovar el espíritu de la iglesia dándole un aire nuevo que pueda adaptarse a los tiempos actuales.

Historia de los Testigos de Jehová

Puede decirse que la iglesia de los Testigos de Jehová fue fundada en 1870 por Charles Taze Russell.

Charles Taze Russell nació en 1852 en Pensilvania, USA. Ya desde niño tenía grandes inquietudes religiosas pues no aceptaba algunas de las creencias de las iglesias que le rodeaban.
Después de estudiar diversos sistemas de creencias llegó a la conclusión de que la Verdad sólo podría encontrarse en la Biblia y, para descubrirla, en 1870 comenzó a reunirse con otras personas inquietas como él para estudiar las Escrituras.

Conocidos al principio como los Estudiantes de la Biblia, sus actividades se extendieron en muchas direcciones comenzando a predicar en Europa en 1900.
En 1916 murió Charles T. Russell a la edad de 64 años y fue llorado por muchos miles de seguidores.

Sus sucesores continuaron su labor y en 1931 se cambió la denominación de los Estudiantes de la Biblia, siendo conocidos desde entonces como Testigos de Jehová.

Durante varias épocas y en muchos paises, los miembros de esta religión han sido perseguidos por sus gobiernos por su negativa tajante al uso de armas y a intervenir en asuntos políticos.
En la alemania nazi fueron enviados a campos de exterminio por negarse a ejecutar el saludo nazi, pero no corrieron mejor suerte en USA ni otros países donde fueron encarcelados por su negativa a ingresar en el ejército como combatientes.
Actuando como verdaderos mártires de la fé, los testigos de Jehová arrostraron todas las calamidades superándose a sí mismos en cada nueva dificultad que superaban.

Su comportamiento ético y la fortaleza de sus convicciones hizo que fueran admirados y seguidos por muchas personas aún cuando discreparan en sus ideas religiosas.
Superadas las prohibiciones de muchos países a su entrada, hoy en día es una de las religiones más seguidas del mundo.

Creencias y Costumbres

La creencia fundamental de los Testigos de Jehová es que la Biblia ha sido escrita por completo bajo la inspiración divina, de ahí que no pueda contener falsedad ninguna.
Partiendo de este supuesto, los TdJ estudian las escrituras, algunas en sus versiones e idiomas originales para descubrir el significado real de muchos dichos de la Biblia que durante siglos han podido ser mal traducidos.

Las conclusiones a las que han llegado son las siguientes:

  • Jehová es el único Dios verdadero, creador de todo y el único al que se debe adorar.
  • Jesús es el Hijo de Dios, creado al principio de los tiempos, antes de la creación.
  • Satanás también es un Hijo de Dios, pero pecó de soberbia y fue castigado.
  • Dios creó el mundo y a la humanidad, pero Satanás corrompió al hombre haciéndole pecador.
  • Para rescatar a la humanidad, Jehová envió a su Hijo, Jesús, que se encarnó en la Tierra. Su muerte y resurrección sirvió para pagar el precio del rescate de la humanidad.
  • Jesús volverá al final de los tiempos para reinar sobre la humanidad.
    144.000 santos ascenderán al Cielo para gozar de la presencia divina.
    Los demás justos vivirán por siempre en la Tierra, que habrá sido convertida en un paraíso.

Aparte de sus creencias, los TdJ observan unas normas de conducta sumamente éticas, intentando en todo momento ser fieles a la moral cristiana.
Entregan el diezmo de sus ganancias a la congregación para que ésta lo administre para su sostenimiento o ayudas a los necesitados.
Mantienen siempre su aspecto limpio y aseado aunque no tienen normas estrictas en su forma de vestir.
Se muestran respetuosos y educados con todas las personas, sean o no de su religión.
No son racistas, ni sexistas, y cuando un miembro de su congregación tiene problemas se vuelcan para ayudarle.

Historia del Islam

Aunque el Islam nació como religión en el año 622, convendría remontarse mucho más al pasado para comprender algunas de sus tradiciones.

Los árabes se consideran a sí mismos descendientes de Ismael, el único hijo legítimo de Abraham que, a punto de ser sacrificado en un holocausto fue salvado en el último momento por la mano de Dios. Esto es justo lo contrario de lo que dicen los judeocristianos, que consideran a Isaac el legítimo heredero de Abraham.
Más adelante, siempre según los musulmanes, Isaac fue expulsado por Abraham y tras numerosas vicisitudes y quedar en la miseria, sus descendientes tuvieron que emigrar a Egipto donde fueron esclavizados hasta su rescate por Moisés.
Ismael, mientras tanto, se convirtió en patriarca a la muerte de su padre, Abraham, e hizo que se cumpliera la promesa que Dios le hizo a su padre al convertirse en el padre de una gran nación.

Durante miles de años los árabes conservaron sus costumbres a salvo en un desierto en el que pocas fuerzas invasoras podían entrar.
Las ciudades árabes se convirtieron en centros económicos y culturales, encrucijadas de todas las caravanas que recorrían el mundo y cuna de las primeras universidades de la historia.

Allí nació, en el año 570dC, Muhammad, mal nombrado por los occidentales como Mahoma. Tuvo una infancia bastante desventurada pues su padre murió antes de nacer él y su madre lo hizo a los pocos años.
Criado por una nodriza beduina, a los diez años apacentaba el ganado de unos vecinos cuando un tío suyo lo llevó a una caravana. Desde entonces recorrió muchos países en numerosas expediciones comerciales destacando como un negociante hábil, excelente conductor de caravanas y el más honrado de cuantos comerciantes se pudieran encontrar en Medina o La Meca.

El año 605dC un incendio quemó las cortinas del pabellón donde se guardaba la Kaaba, en La Meca.
La Kaaba era una roca meteórica que, según la tradición, había sido erigida por Adán y, siglos más tarde, restaurada por Abraham e Ismael para consagrarla como Casa de Dios. Muhammad participó en su reconstrucción y se dice que ya por entonces era conocido por al-Amin, el honesto.
Desde aquél año Muhammad tomó la costumbre de ayunar una vez al año retirándose a vivir en unas cuevas. En su quinto retiro, teniendo 40 años, se le apareció el Arcángel Gabriel que le conminó a mantenerse fiel a unos nuevos principios religiosos.
Durante varios años Muhammad mantuvo su visión en secreto pero años más tarde nuevas visiones le encomendaron que predicara a sus familiares y amigos y por fin a todo el mundo.
Condenando la idolatría, el politeísmo y el ateismo, Muhammad se ganó muchos enemigos en La Meca, por lo que el año 622dC tuvo que huir con un centenar de seguidores para refugiarse en Medina.

En Medina su situación cambió radicalmente, fue bien recibido por la mayor parte de la población, sus ideas eran adoptadas casi de inmediato.
Reuniendo a los líderes de diversas religiones, judíos, árabes y cristianos, les propuso convertir Medina en una nueva ciudad estado, escribió la primera constitución de la historia, unificó la política con la religión para simplificar el control de la ciudad.
Enfrentado en una serie de guerras contra los mekíes consiguió varias victorias hasta que por fin logró imponer el Islam en toda Arabia.

Diez años después de huir de La Meca murió dejando una Arabia unida bajo la bandera del Islam.
En los años sucesivos la expansión del Islam fue meteórica, llegando apenas cien años más tarde a dominar todo el norte de África, la península ibérica, y hasta parte de Turquía en el Mediterráneo mientras por el Este sus conquistas llegaron hasta la India y parte de China.

Hoy en día hay musulmanes en todo el mundo aunque su influencia política está centrada sólo en los países del medio y cercano oriente y el norte de África.

Creencias y Costumbres

Aunque Muhammad no lo hizo personalmente, sus seguidores fueron durante toda su vida recopilando las frases y sentencias por él pronunciadas cuando estaba en comunicación con Alá. De esta recopilación, ordenada y publicada por él mismo, salió el Corán, el libro sagrado de los musulmanes.

La religión musulmana se apoya en cinco pilares fundamentales:

  • La profesión de Fé: No hay más dios que Alá y Muhammad es su profeta.
  • La oración: celebrada en comunidad, cinco veces al día en dirección a La Meca
  • La limosna: Recaudada como un impuesto por el gobierno para que éste lo use en beneficio del Islam.
  • El ayuno: Durante el mes de Ramadán no se debe ingerir nada durante el día.
  • La peregrinación a La Meca: Al menos una vez en la vida.

Aparte de estos “pilares del Islam”, existen una serie de normas que regulan la vida de los musulmanes.

  • El gobierno es teocrático, todas las leyes están supeditadas al Corán, que hace las veces de constitución.
  • Está prohibido el alcohol y la carne de cerdo.
  • Hombres y mujeres son iguales, pero al tener los hombres más responsabilidades, ya que tienen que mantener la casa, también tienen más derechos, un hijo, por ejemplo hereda el doble que una hija.
  • Un hombre tiene derecho a tener hasta cuatro esposas, pero siempre con el consentimiento de las anteriores. Si una esposa le niega ese consentimiento, el marido puede repudiarla.
  • El hombre es débil en la carne y para evitar el pecado de la lujuria las mujeres deben vestir de forma que no inciten en el hombre pensamientos pecaminosos.
  • Si una mujer no atiende debidamente sus deberes, el marido tiene derecho a reprenderla y, si ésto no surte efecto, a castigarla físicamente, pero sin usar una fuerza excesiva.
  • Los delitos son juzgados según la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente.
  • El musulmán intentará siempre que pueda ejercer la Jihad, mal traducida en occidente como “guerra santa”. En realidad significa “afán de reformar la Tierra”, y para ello el musulmán intentará influir en la política de los países extranjeros para que las leyes se asemejen al ideal islámico.

Por último hay que indicar que el Corán recomienda ser tolerantes con otras religiones monoteístas y no tener prejuicios raciales, cosa que ha influido muy positivamente para ser aceptada por pueblos oprimidos por causa de su raza como los negros americanos.

Historia del Ateismo

No parece tener mucho sentido hablar de la historia del ateismo ya que nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas tal como las demás doctrinas religiosas han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.

Pero aunque no ha existido ninguna “iglesia atea”, siempre han habido ateos, personas que por una u otra razón creen que no existen los dioses.

Tampoco hay que confundir a los ateos con los agnósticos. Esto últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar. Los ateos en cambio creen que no existe Dios.

A pesar de que los ateos han existido desde el principio de la historia, nunca ha sido posible demostrar que Dios no existe. Esto no significa precisamente que sí exista, ya que a pesar de que los creyentes han sido mayoría durante todo el transcurso de la historia, tampoco ninguno de ellos ha podido demostrar jamás que Dios exista.
Todo esto parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una “fé” tan fuertes e inquebrantables como un creyente las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre bastante fuertes.

Durante siglos los ateos han tenido que ocultar sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en el último par de siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más fuerza. Aún hoy en día el ateo está mal visto por la mayoría de la sociedad pero ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sufrido en siglos anteriores.

* * * * *

En todas las religiones descritas hasta ahora se ha mencionado a alguna persona que ha dado origen a una idea o a una creencia religiosa, llamesé Abraham, Moisés, Jesús, Muhammad, Lutero, José Smith o Charles Taze Russell.
Y si en el ateismo tuviésemos que nombrar a alguien similar, sólo se me ocurre una persona:

Bertrand Russell.

Nacido en 1872, en Gran Bretaña, estudió matemáticas y filosofía. Después de graduarse en Cambridge viajó por varios países y en 1902 publicó Principios de Matemáticas, obra en la que usaba la lógica matemática para asentar los principios de la filosofía y la lógica filosófica para redefinir varios conceptos matemáticos. Esta obra le hizo ganar fama mundial en los círculos matemáticos y filosóficos.

Su interés por temas sociales le llevó a participar en manifestaciones de protesta contra la Primera Guerra Mundial condenando a ambos bandos. Esto hizo que fuera encarcelado por las autoridades. Al terminar la guerra viajó a Pekín, donde fue profesor en la universidad regresando en 1928 para dirigir una escuela privada en la que se impartía un sistema de enseñanza muy innovador.

Desde el año 1938 fue profesor en varias instituciones estadounidenses y en el 41 fue contratado por la universidad de NewYork para ocuparse de tres cursos.
Siendo ya conocido por mucha gente, algunas de sus ideas (socialista, ateo, pacifista, liberal) ofendieron a ciertos ministros de la iglesia que le atacaron a través de los periódicos llegando a denunciarle como corruptor de menores. Durante mucho tiempo Russel sufrió los ataques de numerosas personas que querían salvaguardar la pureza virginal de los niños y las jovencitas neoyorquinas (en la universidad de NewYork, en aquella época, no había ni unos ni otras) y tras numerosas calumnias en los periódicos, la Corte Suprema de la ciudad de NewYork dictaminó que Bertrand Russell no podría dar los tres cursos ¡de matemáticas! para los que le habían contratado.

En 1944 volvió a Inglaterra donde, a pesar de sus ideas pacifistas apoyó al bando aliado contra Hitler. En 1949 el rey Jorge VI le otorgó la medalla del Mérito y un año después recibió el Premio Nobel de Literatura.

Durante muchos años dio conferencias, escribió libros y participó en debates sobre muy diversos temas, y en lo referente a la religión se declaró siempre un ateo convencido apoyando sus razonamientos con todos los argumentos que le daba su extraordinario dominio de la filosofía y la lógica.

Teniendo ya 89 años fue detenido de nuevo por participar en una manifestación antinuclear.

Murió en 1970, a punto de cumplir los 98 años de edad.

Creencias y Costumbres

Se puede decir que los ateos tienen una creencia fundamental: Dios no existe.
Esto es algo que nunca se ha podido demostrar “matemáticamente” aunque muchos ateos, Bertrand Russell entre ellos, opinan que la lógica parece confirmar ese aserto.

A partir de ese supuesto y de la observación del universo se puede llegar a las siguientes conclusiones:

  • El Universo existe por causas naturales, no ha sido creado ni hay un Ser Supremo que dicte sus leyes.
  • La humanidad ha llegado a existir por causas naturales, evolucionando desde formas de vida inferiores hasta que, merced a las leyes naturales, han dado lugar a la inteligencia humana.
  • La pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida?” no tiene sentido en este contexto. Si el hombre no ha sido creado, el hombre tampoco tiene porqué dar cuenta de sus actos a ningún ser superior, así que cada persona es libre de darle el sentido que prefiera a su propia vida.

Sin embargo, a pesar de lo que piensan muchos creyentes, el ser ateo no implica carecer de moral, al contrario, muchos ateos opinan que lo que diferencia al Hombre de los animales no es sólo la inteligencia, sino también su sentido de la ética.
Y una persona con una ética elevada es tan válida como lo que un cristiano llamaría “un buen cristiano” o un judío llamaría “un buen judío” o un loquesea llamaría “un buen loquesea“.
En resumen, lo que cualquier persona llamaría “una buena persona”

Origen de los dioses

¿Por qué los árboles dan fruto en verano pero en invierno se le caen las hojas?. ¿Por qué a veces cae agua del cielo?. ¿Por qué mueren los peces al sacarlos del agua?.
En su afán por explicar todas las cosas, el hombre descubrió algunas de las primeras leyes naturales. Pero otros fenómenos estaban tan por encima de su capacidad que jamás podría aspirar a descubrirlas.
Así, el hombre empezó a inventar historias para explicar las cosas a las que no encontraba explicación.

Más allá del océano debía haber “alguien” que lanzaba las olas que batían la costa.
Desde lo alto de las montañas “alguien” debía estar soplando con tanta fuerza que inclinaba los más recios árboles.
Y “alguien”, de vez en cuando, traía las nubes desde lejos llenas de agua y las volcaba sobre las laderas de las montañas.
Poco a poco el hombre imaginó decenas de seres poderosos, tanto que para ellos el hombre era un ser insignificante. Los llamó dioses y los hizo habitar lugares lejanos, inaccesibles, donde el hombre jamás podría llegar para verificar o negar su existencia.
Así nació la mitología.

Pero un día al hombre se le ocurrió que tal vez fuera posible comunicarse con los dioses para pedirles lluvia, o una buena caza, o una buena cosecha.
Claro que si quieres algo hay que dar algo a cambio, tal vez un cordero o una cabra.
Y para que el cordero pudiera llegar hasta el dios debería ascender entre las llamas y las volutas de humo de una hoguera.
Y para que el dios estuviera pendiente y viera el sacrificio que se le hacía sería mejor hacer que los asistentes gritasen o, mejor, cantasen durante la ceremonia.
Así nació la religión, entre los chillidos, el dolor y el olor a carne chamuscada de un sacrificio cruento e inútil.

A veces el período de sequía, la epidemia, el hambre padecida por el pueblo era tan grande que no bastaba un cordero. Había que sacrificar un bebé, o varios niños, o una virgen, había que intentar cualquier cosa y esperar que diera resultado, que los dioses quedaran satisfechos.

Al formarse las primeras ciudades aparecieron los sacerdotes que asumieron la responsabilidad de comunicarse con los dioses y satisfacer sus demandas de sacrificios.
Pero, una vez institucionalizado el sacerdocio, los sacerdotes, con el fin de mantener y aumentar su poder e influencia, se convirtieron a sí mismos en los únicos representantes legítimos de su dios sobre la tierra.
A partir de entonces los creyentes ya no podían realizar sacrificios directamente a su dios, tenían que acudir al templo, entregar al sacerdote el cabrito, el cordero, el hijo primogénito o el dinero necesario para adquirir el chivo expiatorio destinado al sacrificio.
Así fue como la religión fue creada por el hombre para, posteriormente, ser robada por los sacerdotes que la convirtieron en un negocio.

Testigos de este proceso fueron los reyes de aquella época. En un tiempo en el que la supervivencia de un pueblo dependía de la fuerza hacía falta tener un ejército que debía ser alimentado por el pueblo. Y para dirigir a ambos hacía falta un rey.
Algunos reyes descubrieron que colaborar con los sacerdotes podía resultarles beneficioso, pues les confería más autoridad el hecho de que sus actos estuviesen refrendados por su dios. Para aquellos pueblos primitivos era inevitable que política y religión acabaran colaborando en el control del pueblo.
Como así ocurrió.

De cualquier forma, todo esto ocurrió hace más de cinco mil años, tres mil antes de Cristo, dos mil antes de Salomón, mil antes de Abraham.
Nadie había oído hablar nunca de Dios, ni Alá, ni Yavé, ni Jeovah, ni siquiera de Elohim.
Los dioses de hace cinco mil años eran Marduk, Anubis, Ishtar, Moloch y otros muchos dioses que gobernaban diversos pueblos en la zona conocida como el Creciente Fértil, Egipto, Palestina y Mesopotamia. Los dioses adorados en otras partes de la Tierra apenas tuvieron influencia sobre la cultura occidental, por lo que no voy a hablar de ellos en estas páginas.
La mayoría de estos dioses eran dioses creadores que habían creado el mundo y habían elegido un pueblo, su pueblo, para protegerlo y hacerlo más fuerte que sus vecinos para, algún día, dominar y sojuzgar a todos los pueblos de la Tierra.
A cambio de su protección y guía los dioses, a través de sus sacerdotes, pedían sacrificios casi siempre animales, algunas veces humanos, y los sacrificados casi siempre iban con alegría al holocausto pues ¿qué alegría podía ser mayor que la de dar la vida por su dios sabiendo que a cambio se ganaría el paraíso?.
En aquellos tiempos la vida era cruel, dura y llena de penalidades. Sólo unos pocos disfrutaban realmente de la vida, la mayor parte de la gente estaban condenados desde el nacimiento a una vida de duro trabajo como esclavos, campesinos u obreros, que debían trabajar día a día, año tras año, con el único fin de sobrevivir para seguir atendiendo a sus amos.
No existía la justicia en la tierra, por eso aquellos hombres sólo albergaban una esperanza, la de que algún día su dios los llevaría al paraíso, un paraíso donde serían ellos los amos servidos por esclavos en sus más insignificantes deseos y donde podrían disfrutar de toda suerte de placeres imaginables.

Con esa única esperanza, alentada por los sacerdotes, aquellos hombres eran capaces de soportar las más duras penalidades, las más crueles injusticias y hasta el sacrificio de la vida misma a cambio de un sueño, una mentira.

De Abraham a la Esclavitud

Unos dos mil años antes de Jesús existían en el oriente medio varios reinos importantes. Estos reinos estaban organizados en ciudades que controlaban vastas extensiones de tierra en un régimen bastante parecido al feudal de la edad media pero con pretensiones imperiales. Las guerras entre los distintos reinos eran frecuentes y a pesar de que los tiempos eran bastante primitivos se inventaron y desarrollaron armas de lo más sofisticado.

Allí, en el siglo XIX AC, vivió Abraham, un pastor babilónico en un país agrícola. A lo largo de los siglos, la agricultura había ido tomando más y más importancia, y cada vez eran mayores los terrenos destinados al cultivo.
El pastoreo requería tierras vírgenes y es por eso, y quizás para huir de un estado cuyos impuestos eran cada vez más abusivos, por lo que Abraham decidió buscar nuevas tierras para sus rebaños.

Él y sus descendientes, a lo largo de varias generaciones, fueron alejándose de Babilonia y viajando hacia tierras de Canaán.
De Babilonia se llevaron su religión, pero un pueblo nómada dedicado al pastoreo no necesita ni tiene tiempo para muchos dioses así que la religión de los descendientes de Abraham se fue simplificando hasta convertirse en una monolatría reglamentada.
Monolatría porque aunque Abraham y sus descendientes creían en varios dioses sólo adoraban a uno, Yavé, que era un dios poderoso y que les ayudaba contra los enemigos.
Reglamentada, porque había una serie de reglas, aún no escritas, que había que obedecer para no ser castigados por su dios, y si el pueblo de Yavé desobedecía esas reglas las calamidades que les sobrevendrían serían terribles.

Y para transmitir la religión, oficiar los ritos y velar por el cumplimiento de las leyes de dios, el patriarca familiar era también el sacerdote de la religión.

Años más tarde, allá por el 1.650 AC, los hicsos conquistaron el alto Egipto y una gran cantidad de emigrantes se dirigió a repoblar el delta del Nilo. Los descendientes de Abraham se unieron a esta migración, abandonaron el pastoreo y se establecieron como agricultores y artesanos.
Egipto recuperó sus tierras ochenta años más tarde. Muchos hicsos fueron expulsados de Egipto, otros muchos murieron. Los demás, los hebreos entre ellos, fueron convertidos en esclavos.

Soportaron la esclavitud durante mucho tiempo, impotentes para hacer otra cosa que no fuera lamentarse y esperar el día en que su dios les liberaría. Pero no había salvación posible, los varios miles de judíos, hicsos y otras razas que trabajaban como esclavos en Egipto no tenían medios, ni armas, ni fuerzas para intentar una rebelión, así que no les quedó otro recurso que alimentar durante mucho tiempo su odio a los egipcios.

Durante aquellos años su religión se hizo más cerrada, su dios más celoso, cruel y vengativo y su ira más terrible.

El Éxodo

Aproximadamente por el año 1.450 AC, a ochocientos kilómetros al noroeste de Egipto, en el mar Egeo, un volcán en la isla de Santorín entró en erupción enviando una columna de humo y cenizas hacia el cielo.
El volcán apenas hubiera sido visible desde las islas vecinas, pero la fuerza de la lava hizo que se formase una nueva chimenea que atravesó la montaña abriendo una grieta en ella. Por esa grieta penetraron miles de toneladas de agua, millones de litros que entraron con ciclópea fuerza y que al entrar en contacto con la hirviente lava del volcán entró en ebullición. El vapor de agua en expansión provocó tal presión que la isla de Santorín, literalmente, estalló en pedazos.

Se calcula que la explosión debió ser unas quince veces mayor que la del volcán Krakatoa, que estalló en muy parecidas circunstancias en el océano Pacífico a finales del siglo XIX. En aquella ocasión llegaron a romperse los cristales de las ventanas en muchas ciudades europeas, a pesar de que estaban a más de diez mil kilómetros de distancia, y el polvo suspendido en la atmósfera alteró las temperaturas de la Tierra durante varias decenas de años.

La explosión quince veces mayor de Santorín, a sólo ochocientos kilómetros de distancia causó efectos terroríficos en Egipto.
Primero vendría una sacudida de la tierra, seguida, una media hora más tarde, por una explosión atronadora.
Una gigantesca ola de casi un centenar de metros de altura se extendió en todas direcciones a más de trescientos kilómetros por hora. Tras ella aún se produjeron varias olas de unos treinta metros de alto que asolaron por completo la isla de Creta. Estas olas llegaron un par de horas más tarde a las costas de Egipto provocando unas inundaciones que destruyeron numerosas ciudades costeras sepultando también al faraón Tutmosis III y sus ejércitos que estaban en una de sus frecuentes expediciones guerreras.
Las cenizas volcánicas y los restos de polvo de la isla oscurecieron el sol durante varios días, y aún varias semanas más tarde quedaría en la atmósfera suficiente polvo como para que al posarse en las aguas del Nilo este apareciese teñido de sangre.
Los animales que habitaban en las charcas y el río, incapaces de sobrevivir en las insalubres aguas invadieron los campos y ciudades muriendo por doquier y aumentando el terror de egipcios y judíos. Las aguas contaminadas, los animales muertos, las plagas de ranas, mosquitos, tábanos y langostas hicieron que los egipcios se encerraran en sus casas y los esclavos hicsos, judíos y otros vieron su oportunidad de escapar.

Un par de semanas después de la explosión de Santorín, los esclavos huyeron a través del desierto intentando regresar a Canaán. Antes de irse se vengaron de sus opresores incendiando numerosas casas y matando a muchos de sus antiguos amos. También se llevaron consigo todos los animales de tiro que pudieron conseguir y todas las joyas de oro, plata o piedras preciosas que pudieron robar. Atravesaron el desierto lejos de las rutas habituales hasta llegar al Mar de Juncos, lo que hoy es el lago Sibornis, que atravesaron por un brazo de tierra que separaba este mar del Mediterráneo y se adentraron en tierras cananitas.

Siglos más tarde, al recordar la forma en que huyeron de Egipto, los judíos embellecieron la historia dándole un baño de heroicidad y aumentando el protagonismo de los que organizaron la fuga. Los mitos se fundieron con las leyendas y Moisés, que seguramente fue un escriba judío que vio la oportunidad de que su pueblo se liberase, se convirtió en la mano ejecutora de la venganza del terrible dios de los judíos.
El robo de los tesoros egipcios se convirtió en un regalo que los egipcios les dieron alegremente a los judíos para que se fueran de su tierra, los asesinatos producidos en su fuga fueron obra del Angel Exterminador de Yavé y el paso del mar de Juncos se convirtió en el escenario final en el que perecieron el faraón y todos sus ejércitos.

Otra consecuencia que tuvo la explosión de Santorín fue la destrucción de la civilización minoica, una civilización que durante siglos había dominado Creta y muchas islas del Egeo y cuyos barcos habían abierto rutas de comercio que llegaban a lugares tan alejados como Tartesos y aún más lejos. La densa lluvia de cenizas volcánicas cubrió los fértiles valles de Creta, destruyó las cosechas e imposibilitó la agricultura durante varias décadas.
Los supervivientes tuvieron que desperdigarse en todas direcciones estableciéndose en las costas mediterráneas para dar nacimiento a muchos pueblos como los griegos, filisteos, fenicios y cartagineses que más adelante cambiarían el destino de Europa.
Al asentarse en la costa de Canaán fueron conocidos como los filisteos y la franja costera que invadieron se conoció al principio como Pilistia y más tarde como Palestina.

 La conquista de Palestina

Durante varios años, hicsos y judíos vagaron de tierra en tierra buscando un lugar en el que establecerse, pero fueran donde fueran no eran bien recibidos por los pueblos que allí vivían.
Ni siquiera en la tierra de la que partieron sus antepasados siglos antes encontraron albergue, al fin y al cabo en tiempos de Jacob formaban una tribu nómada de algo más de un centenar de personas, pero ahora habían regresado con una población de varios miles de personas y no había ningún pueblo que pudiese recibir a una cantidad tan importante de nuevos habitantes.

Los rebaños y tesoros robados a los egipcios les permitieron alimentarse durante algún tiempo pero, cada vez más mermados sus recursos, se vieron obligados a hacer la guerra para conquistar los territorios en los que establecerse.

No podían enfrentarse a los grandes reinos que había al norte y al este, así que se dirigieron a Canaán, una zona habitada por numerosos reyezuelos independientes y allí, con una población superior a la de muchos pueblos de la época, no les costó mucho conquistar varias poblaciones masacrando, esclavizando o deportando a sus anteriores habitantes.

Durante varios siglos los judíos hicieron la guerra con mayor o menor ventura, en numerosos enfrentamientos contra cananeos, filisteos y los diversos pueblos que habitaban la zona.

Aunque desde su llegada a aquellas tierras habían sido considerados por los cananeos con desprecio, como bandas de forajidos que había que exterminar, la falta de unión entre los cananeos permitió que los judíos fueran conquistando diversas poblaciones.

Para justificar el hecho de que estaban robando las tierras a sus legítimos propietarios, los israelitas crearon el mito de que en realidad esas tierras eran suyas, que les habían sido dadas por su dios Yavé en tiempos de Abraham y que al ausentarse durante su permanencia en Egipto los cananeos y filisteos se las habían robado.

Aunque entre ellos se adoraban a varios dioses, los sacerdotes de Yavé consiguieron monopolizar el poder religioso prohibiendo la adoración a otro dios que no fuera Yavé, convirtiendo a éste en un dios todopoderoso que les ayudaría a vencer a los enemigos pero que si era desobedecido provocaría la derrota de sus ejércitos.

Así, cada vez que triunfaban en una batalla daban las gracias a Yavé que les había dado la victoria, pero cuando perdían era un castigo de Yavé porque algunos díscolos seguían adorando a otros dioses o habían quebrantado las leyes sagradas.

Pero a pesar de la represión religiosa, algunos hebreos seguían adorando a otros dioses, aparte de Yavé. No en vano entre ellos habían quedado muchos descendientes de los hicsos durante su esclavitud en Egipto, y los hicsos tenían sus propios dioses.

También los cananitas tenían sus propios dioses antes de ser invadidos por los judíos, uno de ellos llamado Baal-Pteor que gobernaba a los demás dioses cananitas y que era representado como un hombre con cabeza, pene y pies de burro.
Con el tiempo los judíos integraron en su religión parte de las creencias cananitas y cuando siglos más tarde los judíos encontraron relatos y leyendas antiguas, algunas eran legítimamente judías pero otras eran cananitas y los judíos las asumieron como propias.

Al cabo de varios siglos, en tiempos del rey David, los judíos consiguieron acabar con sus enemigos y formaron un reino que gozó de una edad de oro bajo los reinados de David y Salomón.

Esta edad de oro no tuvo apenas influencia entre los reinos de los alrededores, seguían siendo débiles en relación a los países vecinos, Siria, Mesopotamia, Egipto, etc. pero éstos estaban ocupados en otras reyertas e Israel tuvo tiempo de consolidar su poder en la zona.

David adoraba a partes iguales a Yavé y a Baal-Pteor, prueba de ello es que la mitad de sus hijos estaban consagrados a uno y a otro dios. Los sacerdotes judíos, que hasta entonces habían estado por debajo de los jefes militares, asumieron varias parcelas de poder político y durante el reinado de David lucharon contra diversas herejías religiosas.
También intentaron hacer lo mismo durante el reinado de Salomón pero éste, que había establecido alianzas mediante matrimonios con diversos países vecinos, nunca consintió en prohibir a sus esposas extranjeras que adoraran a sus propios dioses. De hecho, también él hizo sacrificios a los dioses de algunas de sus esposas cosa que le provocó serios conflictos con la jerarquía sacerdotal.

 El Ocaso de Israel

Tras la muerte de Salomón en el año 931 AC el reino se dividió en dos, Judá e Israel.

Esta división, y el hecho de que el imperio asirio inició un período de fuerte expansión, propiciaron que en los dos siglos siguientes el poderío militar de Israel y Judá fuera cada vez menor, perdiendo muchos de sus territorios a manos del rey asirio Senaquerib que ordenó la deportación de más de doscientos mil judíos y llegando a asediar la misma Jerusalén, asedio del que los judíos se libraron pagando un fuerte tributo.

Ni siquiera así consiguieron librarse de la conquista un siglo más tarde, en el año 597 AC, por las tropas de Nabucodonosor que deportaron a otro numeroso grupo de judíos. A pesar de la derrota los judíos se rebelaron años después y Nabucodonosor tuvo que volver a conquistar Jerusalén incendiándola en el año 586 AC, destruyendo el reino de Judá y deportando a todos los judíos que sobrevivieron a la matanza.

En Babilonia vivieron de nuevo como esclavos y como muchas veces ocurre en los pueblos esclavizados, su religión y sus tradiciones se convirtieron en su más importante signo de identidad y sus ideas se hicieron más fanáticas y fundamentalistas con el paso de los años. Asimismo entre ellos surgió la idea de que un día Yavé enviaría un libertador que, tal como Moisés (Mesías=Moisés), les rescataría de la esclavitud y haría morder el polvo al reino que les había conquistado.

La Dominación Persa

Tras cincuenta años de exilio, Babilonia fue conquistada por Ciro, rey de Persia, quien respetuoso con las costumbres y creencias religiosas de todos los pueblos que había conquistado, en el año 538 AC publicó un edicto permitiendo a los judíos de todo el mundo regresar a Palestina.

Los primeros judíos en regresar, dirigidos por el profeta Esdras, reanudaron el culto y comenzaron la reconstrucción del templo. Entre los judíos que regresaron de lejanas tierras había muchos que habían tomado esposas de otros pueblos. El fundamentalismo de algunos sectores de la casta sacerdotal había llegado a tal extremo que los judíos que se encontraban en semejante situación fueron obligados a repudiar y despedir a sus esposas y a los hijos que hubieran tenido con ellas so pena de sufrir el embargo de todos sus bienes y la expulsión de la comunidad.

En este período de reconstrucción se descubrieron varios depósitos de escritos antiguos entre los que se encontraron la mayor parte de los materiales del Pentateuco así como los libros de los reyes, jueces etc. Esdras designó a varios eruditos que recopilaran, estudiaran, y recompusieran los escritos hallados, y de ahí salieron las versiones hoy conocidas de la mayor parte del Antiguo Testamento.

Gracias al laborioso análisis de historiadores y filólogos, ha sido posible determinar, hasta cierto punto, el origen de los diversos libros recopilados por Esdras.

Aproximadamente en el siglo XII aC, durante la época de los jueces se escribieron partes fundamentales de los libros de Moisés y Josué.

En la época de David y Salomón se escribieron numerosos salmos y relatos sobre los jueces que posteriormente se unieron para formar los cuatro primeros libros del Pentateuco. En la composición de estos libros se contó con dos grupos distintos de documentos, los Yavistas, porque en ellos se usa el nombre de Yavé, y los Elohistas, porque a dios se le nombra como Elohim.
Los documentos elohistas tenían probablemente un origen cananeo, no judío, pero en la época de Esdras, seiscientos o setecientos años más tarde de que fueran escritos, los sacerdotes no supieron diferenciarlos y unieron las tradiciones y leyendas de dos pueblos distintos para formar el núcleo de sus propias creencias.

Por el año 700 aC, en la época de Ezequías e Isaías, se intercalaron en el Pentateuco muchos capítulos de lo que se ha dado en llamar una fuente Sacerdotal ya que el autor de esas interpolaciones, por las exaustivas descripciones que hace de los ritos del templo, las medidas del mismo e incluso el hincapié que hace en las leyes de Yavé, parece haber sido un sacerdote.

Ochenta años más tarde, en tiempos de Jeremías, se compusieron varios libros como los Jueces, Reyes y parte del Deuteronomio. Y aun en la época del exilio se siguieron escribiendo más y más libros como Lamentaciones, Baruc, Jeremías y una segunda edición del Deuteronomio.

Todo esto, y mucho más, es el conjunto de escritos encontrados por Esdras y que él se encargó de unificar en el Pentateuco que con muy pocas modificaciones es el mismo que judíos y cristianos han conservado hasta la actualidad.

 La Dominación Helénica

El año 332 AC Palestina fue conquistada por Alejandro Magno.

Esta fue una dominación corta pues Alejandro Magno murió muy joven, pero tras su muerte, Palestina quedó bajo el control de Egipto y comenzó un proceso de helenización.
En el 197 AC Palestina pasó al control sirio y la influencia helenística se impregnó aún más en las capas sociales más pudientes, hasta el punto de que incluso su calendario empezó a contar los años desde el imperio griego.

La sociedad judía se encontró entonces dividida en dos facciones antagónicas. A un lado estaban los judíos helenizados, en su mayor parte miembros del gobierno y ricos comerciantes que habitaban en Palestina y en numerosas ciudades esparcidas por Asiria, Turquía, Grecia y Egipto.
Muchos de estos judíos, obligados a vivir en un país extranjero por razones comerciales o por huír de la dura represión que durante siglos habían sufrido en Palestina, comenzaron a olvidar algunas de sus costumbres ancestrales hasta el punto de que llegaron a usar sólo el idioma griego en sus relaciones sociales y comerciales, haciendo que en un par de generaciones aparecieran muchos descendientes de judíos que desconocían el idioma hebreo.
Para paliar este desconocimiento, en esa época se hizo una traducción de las escrituras al griego, traducción que posteriormente sería conocida como la de los LXX, porque en la tarea colaboraron setenta rabinos.

Al otro estaban los judíos que se mantenían fieles a sus tradiciones.
Y no solo fieles, atacadas sus creencias desde dentro por los judíos que habían vendido su religión a cambio de posición social o económica, los creyentes judíos se volvieron más y más fanáticos llevando el cumplimiento de la ley a extremos nunca vistos anteriormente.

En el año 167 AC Antíoco Epífanes, con el fin de acabar con los problemas provocados por los fanáticos judíos, decidió acabar con su religión y a tal fin ordenó que en el templo de Jerusalén se ofrecieran sacrificios a otros dioses distintos de Yavé.

Pero un sacerdote de la familia de los macabeos se rebeló iniciando un motín al que en poco tiempo se unieron muchos celosos de la ley. Él y sus descendientes lucharon durante años contra las tropas de Antíoco.

La secta de los “celosos de la ley”, que posteriormente serían llamados nazoreanos o nazoreos, formaron comunidades alejadas de las ciudades y en ellas llevaron a cabo un feroz activismo religioso-político-militar contra los sirios y los judíos que habían olvidado los caminos de su dios.

No sólo se inició así la secta de los nazoreos, también surgieron muchos mártires religiosos. Los presos capturados por Antíoco se enfrentaban a una alternativa terrible, vivir abandonando y traicionando las leyes de Yavé o morir en medio de crueles tormentos.
Hasta los más niños eran capaces de soportar las torturas antes que prestarse a adorar un dios que no fuera Yavé.

Durante esta época se produjeron varias oleadas de refugiados que tuvieron que huir de Judea ante los terribles estragos de la guerra. Deshaciendo el camino que tiempo atrás había seguido Abraham, los refugiados llegaron a Damasco para desde allí dirigirse al Este, hacia Babilonia. Otros grupos se establecieron en la zona al sur de Damasco fundando varias ciudades judías en tierra siria.

Tras varios años de guerras, los macabeos consiguieron la independencia de Judea y los nazoreos tomaron el control del templo, pero de nuevo la independencia les duró poco.

 La Dominación Romana

Los romanos habían sido durante años sorprendentemente tolerantes con las costumbres judías. Los judíos residentes en Atenas, por ejemplo, se consideraban a sí mismos miembros de la nación de Judea, aunque llevasen viviendo allí durante varias generaciones.
Con este argumento, las comunidades judías que había en muchas ciudades conquistadas por Roma, como Corinto, Mileto y otras, quedaban exentas de las obligaciones que tenían que soportar los demás pueblos. Así, los judíos de Éfeso estaban exentos del servicio militar y algunas de las poblaciones fundadas por judíos en Siria en tiempos de Antíoco estaban exentas de pagar impuestos.

Las cosas empezaron a cambiar a partir del momento en que los romanos conquistaron Judea en el año 63 aC.

La ocupación provocó protestas en las comunidades judías de todas las ciudades del imperio pero, ante la perspectiva de perder los privilegios adquiridos durante años, las protestas no pasaron de ser eso: protestas.

Pero en territorio judío las protestas llegaron a convertirse en una feroz oposición contra los opresores extranjeros.

Para vencer esa oposición los romanos se enfrentaron y persiguieron a los más duros activistas antiromanos y como es natural de los diversos grupos religiosos judíos surgieron sectas cada vez más radicales.

El fanatismo y la intransigencia de algunas de estas sectas, entre ellas la de los nazoreos, era tan grande que los romanos acabaron por quitarles el control del templo y dárselo a un grupo de sacerdotes judíos más moderados, los saduceos, que dirigieron el templo hasta mediados del siglo siguiente. Para minar aún más su poder, debieron compartir el control del templo con otra secta judía, los fariseos.

Mientras tanto los nazoreos fueron siendo cada vez más perseguidos hasta el punto de que, durante el reinado de Herodes el Grande, fueron destruidas varias de sus comunidades y tuvieron que ponerse en fuga en dirección a Damasco. Algunas comunidades se establecieron en las ciudades fundadas al sur de Damasco en tiempos de Antíoco Epífanes. Otras llegaron aún más lejos, hasta el Eufrates y luego río abajo para fundar varias ciudades en las costas del golfo pérsico.

A la muerte de Herodes volvieron del exilio algunas comunidades y comenzaron a reconstruir los asentamientos que habían tenido que abandonar iniciando una nueva etapa pública y consiguiendo numerosos adeptos entre el pueblo, si bien el templo siguió estando bajo el control de fariseos y saduceos.

Mientras tanto los romanos se convirtieron de república en imperio y comenzaron a deificar a sus emperadores y relizaron un censo en Judea con el fin de recaudar impuestos. Todo ello iba contra el mismo corazón de las creencias judías que, tras el primer censo realizado el año 6 dC iniciaron una revuelta dirigida por Judas de Galilea que acabó con la muerte de muchos judíos.

 Poncio Pilato

En el año 26 el emperador Tiberio nombró a Poncio Pilato procurador de Judea.

Al llegar a Cesárea, Pilato envió la guarnición romana a Jerusalén mientras él descansaba unos días del viaje. Fuera por ignorancia o a propósito, los batallones romanos llegaron a Jerusalén llevando estandartes con la imagen del emperador, cosa que estaba completamente prohibida por los judíos.
Un grupo de éstos emprendió el camino hacia Cesárea para pedir a Pilato que retirara los estandartes pero al llegar tuvieron que esperar durante varios días antes de ser recibidos. Al recibirlos, Pilato hizo que los rodearan los soldados y les amenazó con que desistieran de sus pretensiones o serían degollados.
La respuesta de aquellos judíos fue inclinarse y descubrir el cuello. Ante la perspectiva de empezar su gobierno con una matanza, Pilato accedió a retirar los estandartes pero desde entonces no perdió la menor oportunidad de tomar decisiones que pudieran molestar a los judíos.

Una de éstas fue la adopción de las unidades de medida romanas cosa que provocó varias manifestaciones de protesta por parte de los judíos pero pronto las aguas volvieron a su cauce.

No ocurrió lo mismo en el año 31, cuando necesitado de dinero para la construcción de un acueducto, ordenó que se embargaran los tesoros del templo.
Fariseos y saduceos realizaron una débil protesta, más que nada de cara al público, aunque no tenían la menor esperanza de ser atendidos.
La respuesta de Pilato ante esta protesta fue despectiva pues para entonces ya sabía perfectamente que fariseos y saduceos no arriesgarían la posición que tenían en el templo y en la sociedad judía.

Mucho más elocuente fue la protesta de los nazoreos, algunos de cuyos miembros dirigieron duras críticas a Pilato y organizaron manifestaciones del pueblo.
En una de estas manifestaciones Pilato hizo que varios soldados se disfrazaran con ropas civiles y se infiltrasen en la manifestación.
A una señal los soldados sacaron porras con las que golpearon a los manifestantes provocando una estampida que causó varias decenas de muertos.

En este ambiente de violencia, desprecio y recelo, no podía pasar mucho tiempo sin que los enfrentamientos entre judíos y romanos fueran cada vez más graves.

 Los Últimos Tiempos

En resumen, a lo largo de casi dos milenios, los judíos vivieron casi siempre dominados por otros pueblos y sólo durante un período de menos de un siglo, en tiempos de David y Salomón, tuvieron un relativo esplendor en medio de las poderosas naciones que les rodeaban.

Para compensar la poca importancia que tenían como nación, mitificaron a su dios, asegurando que era el más poderoso de cuantos dioses eran adorados sobre la faz de la Tierra. Y para justificar el hecho de que siendo el suyo el más poderoso de los dioses, su pueblo fuese tantas veces dominado por tantas naciones, crearon el mito de que Dios los castigaba cada vez que ellos se apartaban del camino que Dios les había marcado.

Para que Dios dejara de castigarles debían ser todos ellos fieles cumplidores de la ley, la Torah. Entonces, y sólo entonces, Dios les enviaría un descendiente de David que reuniría en sí los atributos de la realeza y el sacerdocio. Sería nombrado rey de Israel, gobernaría a todas las naciones y su reinado duraría un milenio.

Mientras tanto tendrían que esperar siendo fieles al pacto que habían hecho con Yavé, cumpliendo todas las leyes de la Torah hasta que Dios se acordase de su pueblo y restaurara su gloria pasada.


Desde muy antiguo, una de las leyes judías estipulaba que las tierras de cultivo debían ser dejadas en barbecho cada siete años. Durante los años sabáticos, los judíos aprovechaban que había menos trabajo para realizar viajes, visitar familiares o llevar a cabo actividades que no podían realizar en otras circunstancias.

Aparte de esto, cada catorce años, coincidiendo con uno de cada dos años sabáticos, los romanos realizaban un censo de la población en toda Judea con el fin de determinar los impuestos de los judíos hasta el censo siguiente.
Los censos eran impopulares entre los judíos ya que estaban destinados a fijar los impuestos, motivo por el cual los años censales se producían numerosas protestas y manifestaciones. Ya el año 6, fecha del primer censo en Judea, hubo manifestaciones que llegaron a convertirse en revueltas. También hubo algaradas en el año 20, pero el censo del 34, tras ocho años de gobierno por Pilato, la situación era especialmente explosiva.

El año sabático judío duró desde septiembre del 33 hasta septiembre del 34 y el año censal romano desde marzo del 34 hasta marzo del 35, así que entre marzo y septiembre del 34 había muchas personas viajando a sus ciudades de nacimiento para censarse.
Por los caminos, en las plazas, en los mercados y en las puertas de las ciudades era fácil encontrar predicadores de distintas sectas exponiendo sus ideas y profetizando grandes calamidades o la llegada de algún mesías libertador del yugo romano.

No había predicadores fariseos ni saduceos pues estos estaban establecidos en el poder del templo y no descendían a los caminos ni se mezclaban con la “chusma”. Tampoco el pueblo llano les hubiese hecho mucho caso, probablemente.
Así, la mayor parte de los predicadores que se podían encontrar eran de alguna de las numerosas sectas judías. Y los que soliviantaban más al pueblo eran los zelotes, cuyas predicaciones eran las más críticas a los romanos, a los fariseos y a los saduceos.

En estas fechas murió Felipe el tetrarca y le sucedió Herodes Antipas quien, para legitimar su derecho al trono de Judea, se había casado con una sobrina suya que era nieta de Herodes el Grande. Aunque en la ley judía no había ninguna norma que prohibiera casarse con una sobrina, algunos predicadores zelotes, entre ellos Juan el Bautista, criticaron duramente a Herodes por este hecho.
Al principio de su reinado Herodes no se atrevió a detener a un hombre santo como Juan pues sabía que los tumultos durante los años sabáticos podían degenerar fácilmente en una revuelta que obligaría a intervenir a Pilato, y eso era lo último que él quería.
Esperó a que terminara no sólo el año sabático sino el censal para asegurarse de que la detención de Juan pasara lo más desapercibida posible.

Jesús, el Profeta

Nadie sabe dónde o cuándo nació Jesús. Los mitos que sitúan su nacimiento en Belén en tiempos de Herodes no han demostrado ninguna fiabilidad.

Lo que sí parece estar claro es que Jesús fue el primer hijo de José, un descendiente de la casa de Aarón, y María, de la casa de David. En él se unían pues dos ramas genealógicas que le daban derecho a reclamar su herencia sacerdotal por la parte de Aarón y real por la parte de David.

Esta circunstancia, así como la rectitud que había demostrado a lo largo de su vida, hizo que se ganara el derecho a llamarse el Ungido y ocupar el puesto de cabeza de la secta de los nazoreos.

Durante varios años dirigió la secta de los nazoreos estudiando las sagradas escrituras y los escritos que pasaban por la biblioteca de la comunidad.
Entre esos escritos debemos destacar los tratados de Hillel, un rabino muerto unos veinticinco años antes y que aún hoy en día los judíos de todo el mundo siguen estudiando y citando. Algunas de las enseñanzas de Jesús fueron tomadas de sus escritos.
Su doctrina también fue influenciada por los esenios, una secta de origen nazoreo cuyas creencias les habían hecho aislarse de la sociedad formando comunidades aisladas en los confines del desierto donde sus integrantes llevaban una vida ascética y casi monacal.

La vida de Jesús continuó así durante años hasta que un día supo que Juan, un zelote, se encontraba en el Jordán bautizando a todos los judíos que se lo pidieran.

El bautismo era una costumbre nazorea desde hacía un par de siglos, las reglas de la comunidad nazorea explicaban en qué condiciones debía impartirse y lo que simbolizaba dicho acto sagrado: Una purificación para limpiar el alma de pecados.

La familia de Jesús fue quien le habló del bautismo de Juan y quien le convenció de que les acompañase. Aunque Jesús se negó en principio a acompañar a su madre y hermanos (¿qué pecados tenía él que necesitaran ser lavados?) al final accedió a acompañarlos.

Lo que se produjo en él entonces fue una conversión mística, al contemplar las multitudes que se aglomeraban a las orillas del Jordán para recibir el bautismo de Juan.

El fervor que contempló en el pueblo, atraídos por las magnéticas palabras de Juan, le impactaron profundamente hasta el punto de que sin haberlo pensado siquiera se encontró en la cola de todos cuantos querían ser bautizados.

Cuando su familia regresaba en dirección a su comunidad, no encontraron a Jesús por ninguna parte: Éste se había sentido tan turbado por las emociones experimentadas en el Jordán que prefirió retirarse durante algunos días para meditar en las soledades del desierto.

Durante toda su vida había sido un fiel cumplidor de las leyes judías, obrando siempre con rectitud y dirigiendo a los nazoreos que habían confiado en él para dirigirles. No conseguía comprender qué era lo que le había pasado allá en el Jordán, por qué se había dirigido junto con tantos y tantos hombres para recibir un bautismo que su alma no necesitaba.

El momento de recibir el bautismo había sido como una revelación para él, sintió que los cielos se abrían y que el espíritu de Yavé descendía sobre su rostro. ¿Era posible que nadie lo hubiera visto?.

Jesús se preguntaba si todos los hombres que recibían el bautismo sentirían lo mismo que él había sentido o tal vez había sido elegido por Yavé para recibir su espíritu.

En cualquier caso Jesús ya había sido bautizado antes, ¿por qué el bautismo de Juan le había afectado tanto?.

Y entre todas las preguntas, la primera era ¿por qué había acudido al bautismo?.

Su alma estaba limpia, sus obras siempre habían estado acordes con la ley, desde la infancia no recordaba una sola acción reprensible. Entonces ¿qué necesidad tenía su alma del bautismo?. ¿Acaso estaba en pecado sin saberlo?.

Durante los últimos años había dirigido a su familia y su comunidad dentro de la ley intentando no ser manchado por la corrupción que los romanos habían traído a la Tierra Prometida. Sabía que no había pecado nunca de obra. Tampoco de palabra había pecado. Pero en lo más recóndito de su corazón ¿no había dejado a veces que la furia le llevara a albergar sentimientos de rabia contra algunos de sus semejantes?. Y Yavé que todo lo veía sin duda lo sabía, y sabía que no era digno de regir el destino de su comunidad.

La comprensión de que su alma había estado en pecado sin él haberlo sabido hizo que Jesús sufriera una fuerte zozobra en sus convicciones.

Yavé le había mostrado su pecado, la ira que tanto trabajo le había costado reprimir desde la infancia, pero al mismo tiempo le había mostrado los cielos abiertos y su espíritu descendiendo sobre él.

Eso significaba que a pesar de su pecado seguía siendo digno.

Tal vez no sería digno de regir a su familia y su comunidad pero sí sería digno de seguir a Juan, escuchar sus palabras y continuar su obra.

Habían pasado muchos días desde su bautismo cuando Jesús salió del desierto y tras buscar a Juan le pidió ser su discípulo, pero éste, que ya lo había reconocido, se negó en rotundo: ¿Cómo iba a ser él maestro del “Maestro de Justicia” de los nazoreos, si ni siquiera era digno de desatarle las sandalias?.

Durante varios días Jesús permaneció cerca de Juan observando sus actos y escuchando sus palabras.
En esos días comprendió que su labor, la labor que Yavé le había encomendado, no era seguir a Juan sino seguir su propio camino. No, Jesús no bautizaría a los judíos, no dedicaría su vida a lavar sus almas, sino que les enseñaría a no ensuciarlas, a mantenerse puros y rectos dentro de la doctrina nazorea para que algún día Yavé los encontrase dignos de enviarles al Mesías.

Juan, mientras tanto, había descubierto la grandeza que había en el alma y en la doctrina de Jesús y les había hablado a varios de sus discípulos de Jesús, así que cuando éste abandonó el Jordán para emprender el camino que había de llevarle hasta la cruz, varios discípulos le siguieron.

Durante dos años (Pascua-34 a Pascua-36) Jesús anduvo por las tierras de Israel seguido de numerosos discípulos. No fueron dos años de predicaciones continuas, lo mismo pasaban varios meses por los caminos que durante el invierno descansaban durante otros tantos en casa de alguno de sus discípulos. Entre sus seguidores había miembros de todas los oficios, pescadores y carpinteros, tejedores y alfareros, poceros y albañiles. Incluso había prostitutas y recaudadores de impuestos, no importaba el pasado que hubiesen tenido pues si el bautismo de Juan era capaz de lavar los pecados del alma lo que Jesús hacía era algo que ni Juan era capaz de hacer. Juan lavaba los pecados, Jesús convertía a las personas.

Los seguidores de Jesús cuando estaba en alguna de sus peregrinaciones se contaban por cientos y aún durante los descansos a los que les obligaban las épocas de siembra y cosecha de sus discípulos seguían siendo docenas los que acudían a las sinagogas de los pueblos en los que los sábados leía e interpretaba la Torah.

Con el tiempo llegó a ser conocido de uno a otro confín de Judea y comenzaron a seguirle judíos de todas las sectas, fariseos, esenios, saduceos, zelotes. Hasta los nazoreos a los que había dirigido durante años, y que ahora eran dirigidos por su hermano Santiago, comenzaron a seguirle por todos los caminos pues nunca en su historia había surgido un nazoreo que fuera tan recto en el cumplimiento de las leyes, que fuera tan piadoso para perdonar a los pecadores y que fuera tan querido que sus discípulos eran capaces de dar la vida por él.

Pilato supo de él e hizo que le siguieran varios espías romanos, pero al comprobar que las multitudes que atraía se dedicaban únicamente a escuchar sus palabras, y que éstas trataban casi siempre de religión y nunca se hablaba de política, decidió dejarlo tranquilo.

Quienes no estaban nada tranquilos eran los saduceos y fariseos.

Conforme pasaban los meses comprobaban que Jesús atraía cada vez mayores muchedumbres y temían que este movimiento pudiese fortalecer demasiado a la secta de los nazoreos o, peor aún, la de los zelotes.

Para Caifás, jefe del Sanedrín, Jesús era un peligro mucho mayor que ninguno de los profetas que habían aparecido en los últimos treinta años porque Jesús estaba respaldado por una secta tan poderosa como la de los zelotes.

No solo eso, Jesús pretendía tener derechos sobre el templo por su ascendencia sacerdotal y eso era inadmisible.

Cuando Jesús viajó a Jerusalén para la pascua del 36, los sacerdotes habían urdido un plan para librarse de él.

Compraron un traidor, Judas Iscariote, que la víspera de la Pascua judía llevase las tropas a detenerle. En esa fecha casi todos los judíos respetuosos de la ley y las tradiciones estarían celebrando la Pascua, no saldrían al exterior y con suerte no llegarían a enterarse de la ejecución de Jesús hasta que fuese demasiado tarde.

Rigiéndose por un calendario diferente al del resto de los judíos, Jesús y sus discípulos habían celebrado la cena de Pascua según la tradición nazorea dos días antes. Se encontraba pues rezando con sus discípulos cuando los soldados fueron a detenerlo. Al llevarse a su maestro los discípulos temieron que esta fuese la primera de muchas detenciones así que muchos se refugiaron en sus casas. Otros siguieron a Jesús intentando permanecer lo más cerca posible.

De acuerdo con el plan de Caifás, Jesús fue llevado ante el sanedrín que lo acusó de provocar disturbios, pero el sanedrín no podía ejecutar a un preso y Caifás quería que Jesús fuera ejecutado. Esta orden sólo podía darla Pilato, así que llevaron a Jesús ante él y le acusaron de sedición y de intentar levantar al pueblo contra los romanos.

Pilato no se dejó engañar, ya hacía tiempo que conocía las actividades de Jesús, pero éste no se diferenciaba apenas de otros muchos fanáticos que hacían mucho ruido pero que no llegaban a ninguna parte. No obstante le intrigó que los sacerdotes se sintiesen tan amenazados por un predicador medio muerto de hambre y decidió interrogarlo. Al descubrir que Jesús pretendía ser el heredero legítimo del reino de Israel no pudo reprimir la risa. Hizo que lo coronaran con espinas y le dieran una caña como cetro. Después hizo que lo azotasen y lo presentó ante el sanedrín llamándole Rey de los Judíos. El sanedrín se sintió insultado pero insistió en que se condenase a muerte a Jesús. Queriendo ver hasta dónde eran capaces de llegar los sacerdotes les propuso soltar a un asesino pero el sanedrín pidió que liberara al asesino antes de dejar vivir a Jesús.

Pilato pensó en soltar a Jesús, solamente para fastidiar al sanedrín, pero tras pensarlo un momento cambió de opinión al pensar en un insulto aún mejor. Ordenó que Jesús fuese clavado en un madero con una inscripción que le identificase como Rey de los Judíos, lo cual sería un insulto terrible tanto para los sacerdotes como para Herodes Antipas.

Rodeado de una multitud formada por los sacerdotes y simpatizantes de los romanos, Jesús fue conducido hacia el Gólgota evitando pasar por la ciudad baja, donde casi todos sus habitantes eran partidarios de Jesús. El hecho de que casi todos los judíos estuviesen en sus casas celebrando la pascua también ayudó a que su martirio pasara desapercibido.

Jesús fue tendido sobre un madero con los brazos en cruz y a través de sus muñecas se le clavó al mismo.

Sobre el Gólgota, con el fin de llevar a cabo las frecuentes ejecuciones, se había construido un andamiaje en el que se colgaban, atados, los maderos de los condenados. El madero de Jesús fue izado con unas cuerdas y se encajó entre los palos del andamiaje.

Jesús quedó colgando de los clavos que le atravesaban las muñecas aunque podía apoyar los pies en un travesaño inferior del andamiaje.

Un hombre fuerte podría haber sobrevivido dos y hasta tres días antes de morir, pero Jesús, que había sido azotado hasta la extenuación, que había debido llevar el madero con la inscripción que lo declaraba rey de los judíos, y que se veía abandonado de todos sus discípulos, familia y amigos, apenas tenía fuerzas para soportar unas pocas horas allí colgado.

A pesar de ser la pascua judía, algunos seguidores de Jesús habían permanecido en vela toda la noche y habían sido testigos de cómo Jesús era conducido al Gólgota. Tras avisar a la familia de Jesús y algunos de los discípulos más queridos que se alojaban en la ciudad baja, éstos acudieron al Gólgota y observaron desconsolados la muerte de su maestro.

El cielo estaba cubierto por una calina procedente del desierto que teñía de rojo el paisaje.

A media tarde los soldados fueron a quebrar las piernas de los reos.

Años antes los judíos habían conseguido de los romanos una reivindicación religiosa: que ningún judío fuese ajusticiado en sábado. Para ello a los ajusticiados que el viernes a media tarde estuviesen aún vivos se les partiría las piernas para que no pudiesen apoyar su peso en ellas. De esa forma, obligados a colgar de los brazos, se les haría cada vez más dificultoso respirar hasta que en unas pocas horas muriesen de asfixia.

Al examinar a Jesús, sin embargo, les pareció que ya estaba muerto así que no le rompieron las piernas. Por si acaso le clavaron una lanza en el costado y le dieron por muerto.

Al desclavarlo del madero, apenas una hora antes del atardecer, los familiares y amigos de Jesús lo quisieron llevar al sepulcro familiar, pero éste estaba a varias horas de camino, demasiado lejos, así que lo llevaron a un sepulcro cercano propiedad de José de Arimatea, donde apenas tuvieron tiempo más que de untarlo con unos pocos aceites y envolverlo en un sudario antes de que se pusiera el sol y comenzara el sábado.

Como celosos cumplidores de la ley, los discípulos y familiares de Jesús pasaron el sábado en oración y lamentaciones y al terminar el sábado, al ponerse el sol, José y algunos discípulos se dirigieron al sepulcro. Llevaban un sudario nuevo, ungüentos y aceites para terminar de amortajarlo y un carro para trasladar el cadáver al cementerio de Qumram donde debía ser enterrado.

Abandonaron el sepulcro dejando la puerta abierta y el viejo sudario sobre la losa sepulcral. Viajaron con rapidez durante toda la noche y al llegar a Qumram permanecieron allí durante varios días.

Cuando regresaron a Jerusalén se llevaron una sorpresa: dos mujeres que habían pasado por delante del sepulcro el domingo por la mañana habían visto la losa abierta y, al avisar a otros discípulos habían descubierto que el cuerpo de Jesús había desaparecido. Los rumores se habían extendido por toda la ciudad y aunque los más sensatos opinaban que los apóstoles habían robado el cadáver, éstos que no estaban al corriente del traslado estaban asustados intentando encontrar una explicación del suceso.

No tardaron en aparecer los rumores de que Jesús había resucitado de entre los muertos y varios exaltados aseguraron haberlo visto en una aparición. Para cuando José de Arimatea regresó de Qumram, ya eran varias las personas que afirmaban haberlo visto por los caminos y algunos incluso afirmaban haberle tocado las llagas de las muñecas.

Al conocer los hechos y comprobar que la fe en la resurrección de Jesús se extendía como el fuego en un campo de trigo, José prefirió callar y aguardar los acontecimientos.

Debido a lo ocurrido después, el último viaje de Jesús permaneció en secreto para siempre.

 Jesús, el Mesías

Durante varias semanas después de la muerte de Jesús, los rumores se fueron extendiendo por el pueblo y los discípulos que conocían la verdad mantuvieron silencio. Los rumores de la resurrección de Jesús llegaron al sanedrín pero no le dieron apenas importancia: había asuntos más urgentes que tratar.

En Samaria había surgido un profeta que aseguraba conocer el lugar donde estaban ocultas unas copas sagradas que habían sido enterradas siglos atrás por Moisés. Este profeta concentró una gran multitud cerca del monte Gerizim y Pilato, enterado de la convocatoria, envió tropas que frustraron y disolvieron violentamente la manifestación.

La brutalidad de la represión fue tan grande que el consejo samaritano elevó una protesta a Vitelio, legado de Siria, el cual harto ya de las protestas del pueblo contra Pilato decidió destituirlo y enviarlo a Roma para ser juzgado por el emperador.

Al visitar Jerusalén unos meses más tarde, Vitelio supo que había un malestar creciente del pueblo contra Caifás, a quien odiaban por la muerte de Jesús. En su afán de congraciarse con el pueblo y de calmar los ánimos después de los duros agravios que Pilato había realizado, hizo destituir también a Caifás, si bien, para no enemistarse con su familia, una de las más ricas y poderosas de Jerusalén, nombró para el cargo a Jonatán, hijo de Anás.

Al desaparecer de la escena política los dos enemigos más poderosos de los nazoreos, éstos decidieron trasladar la jefatura de la secta a Jerusalén nombrando nuevos miembros para completar el número de doce que según la regla de la comunidad debían ser.

Dentro de la comunidad se integraron también muchos de los apóstoles y seguidores de Jesús que iniciaron una campaña de proselitismo para ganar adeptos.

Dentro de su predicación integraron el hecho de la resurrección de Jesús, afirmando que, habiendo resucitado, había ascendido a los cielos pero pronto regresaría para dirigir la rebelión que les libraría del dominio romano. En un pueblo como el judío, acostumbrado a oír y creer leyendas como las ascensiones de Henoc, Isaías y otros muchos que a lo largo de la historia había viajado a los cielos, la historia de la ascensión a los cielos de Jesús no resultaba nada extraña, al contrario, era consoladora ya que les daba la esperanza de que la tiranía romana acabaría pronto y Judea gobernaría el mundo.

Sus actividades fueron cada vez más públicas, hasta el punto de llegar a predicar en el templo y hubo varios enfrentamientos verbales con el sanedrín que en varias ocasiones les prohibió predicar, pero Santiago y sus diáconos no cejaron en su ministerio predicando sus creencias a todo aquél que quisiera escucharles.

La historia de Jesús y de su resurrección atrajo a numerosos prosélitos si bien causaba mucha sorpresa entre los judíos extranjeros que acudían a Jerusalén pues aunque los nazoreos creían en la resurrección de la carne prácticamente desde su inicio como secta, esa era una idea totalmente nueva para el mundo grecorromano, por lo que los judíos provenientes de Asia menor y Europa quedaban al principio muy sorprendidos de estas enseñanzas.

Para confirmar la verdad que estaban revelando, los nazoreos solían viajar con dos rollos de pergamino, en uno de los cuales se citaban y comentaban todos los versículos del Antiguo Testamento que profetizaban la llegada del Mesías y que demostraban que éste era Jesús, y otro con todo cuanto sus seguidores habían podido recordar de las predicaciones de Jesús. Este último rollo, años más tarde, fue integrado en el evangelio de Mateo ocupando los tres capítulos que componen el Sermón de la Montaña.

Los fariseos y saduceos que componían el sanedrín acusaron a los nazoreos de corromper las escrituras mientras éstos acusaban a los primeros de haber transgredido la ley.

En este ambiente de acusaciones mutuas y encendidas pasiones, llegó a Jerusalén Saulo de Tarso.

 Saulo de Tarso

Saulo era un fariseo de Tarso, de oficio tejedor de lonas. Era de una familia adinerada, tenía la ciudadanía romana y amistades (quizás hasta parentesco) con algunos personajes influyentes de Jerusalén. Asimismo se había criado en Tarso, una importante encrucijada de caminos de paso obligado para todo el que quisiera viajar entre Asia y Europa.

Había acudido a Jerusalén a aprender en la escuela del famoso Gamaliel cuando se vio sorprendido por las predicaciones de los nazoreos. Saulo no había llegado a conocer a Jesús, nada sabía de su ministerio ni de su muerte y resurrección. Tampoco conocía con detalle la historia reciente de Jerusalén. Pero lo que sí sabía era que esos nazoreos eran todo lo contrario de lo que él era.

Allí donde él era capaz de relacionarse por cuestiones económicas y hasta sociales con griegos, romanos y otros gentiles, los nazoreos abominaban de cualquier tipo de relación con los incircuncisos. Allí donde Saulo era capaz de adaptarse a las costumbres de las gentes y ciudades que visitaba, los nazoreos eran intransigentes en sus costumbres, incapaces de perdonar la más ridícula de las transgresiones a la ley.

Saulo chocó de inmediato con los nazoreos hasta el punto de que llegaba a odiar el hecho de que se presentasen en el templo a predicar sus mentiras, y durante varias semanas acudió allí para rebatir sus patrañas mientras el odio en su interior iba creciendo.

Un día (principios del 37) llegó a incitar a los judíos que estaban en el templo para echar de allí a los nazoreos, acto que realizaron provocando la muerte de Esteban y varias heridas de gravedad en Santiago.

Santiago abandonó Jerusalén mientras se recuperaba de sus heridas y los demás discípulos de Jesús se mantuvieron a la expectativa de lo que ocurriese.

Apoyado por sus amigos del sanedrín, que de una forma tan inesperada habían encontrado un aliado tan formidable, Saulo se convirtió en defensor de la ortodoxia judía representada por el sanedrín, iniciando una campaña de persecución de los nazoreos, campaña en la que el sumo sacerdote y el sanedrín le dieron un fuerte apoyo. Esto no hubiera sido posible bajo el control de los romanos, pero destituido Pilato y estando Vitelio organizando las tropas para sofocar una rebelión de los nabateos contra Herodes Antipas, Jonatán, el sumo sacerdote del sanedrín tenía una cierta libertad para actuar impunemente.

Los activistas nazoreos empezaron a dispersarse en todas direcciones y Saulo consiguió cartas de presentación de Jonatán autorizándolo a perseguir a los nazoreos en Damasco, donde creía que había ido Pedro a refugiarse.

Algunos historiadores afirman que la Damasco a la que Saulo se dirigió no podía ser la Damasco siria ya que Jonatán no tenía jurisdicción más que en Judea y enviar un grupo de alborotadores a una ciudad siria hubiera sido políticamente impensable.
Quienes así piensan suponen que, o bien existía otra Damasco, algunos apuntan a Qumram, cuyo nombre de aquella época es desconocido, o todo se debe a un error de traducción que posteriormente fue asumido en el resto de los documentos históricos de esa época.
Por otro lado, Damasco en ese momento estaba ocupada por Aretas, rey de los nabateos, contra los cuales Vitelio y Herodes Antipas estaban intentando organizar un ejército.
¿No sería posible que el objetivo de Saulo no fuera Damasco, sino las ciudades que a mitad de camino entre el mar de Galilea y Damasco eran el refugio de varias comunidades nazoreas?

En tal caso Saulo no se dirigiría a Damasco, pero sí estaría viajando por el “Camino de Damasco” cuando fue interrumpido su viaje.

Antes de su partida hacia Damasco, Saulo fue a despedirse de su maestro Gamaliel y éste, que había sido testigo de parte de la vida de Jesús y respetaba profundamente a Santiago, el jefe de los nazoreos, le recriminó la lucha que había emprendido que calificó de abominación a los ojos de Yavé.

Ante las recriminaciones de su maestro, Saulo se sintió perdido en un mar de dudas. Emprendió el camino a Damasco dirigiendo a un grupo de hombres que le debían ayudar en su empresa pero las dudas le atormentaban y se preguntaba si estaba haciendo lo correcto.

Mientras tanto Gamaliel había mandado aviso a los nazoreos informándoles de la misión de Saulo. El mensaje adelantó a Saulo y cuando éste llegó a su destino le estaban esperando.

Pero Saulo llegó solo.

A mitad de camino Saulo había despedido a sus hombres enviándolos de regreso a Jerusalén y había seguido su camino en solitario. No descansó ni se detuvo para comer y, cuando llegó, los nazoreos vieron a un hombre sucio, agotado y hambriento que solicitaba humildemente ser enseñado y recibido por la comunidad.


Cuando Vitelio regresó a Jerusalén en la Pascua del 37 y examinó las acciones que Jonatán había realizado, lo destituyó de inmediato nombrando a su hermano Teófilo como Sumo Sacerdote. Este nombramiento lo acompañó con la advertencia de que no toleraría actividades como las que había fomentado Jonatán y eso hizo que los siguientes años fueran relativamente tranquilos para los nazoreos dándoles ocasión de organizarse y afianzar su influencia en todas las ciudades por las que se habían extendido. Pedro en particular predicó en Cesárea y Joppe y otros muchos judíos que se convirtieron llevaron el mensaje de la resurrección de Jesús hacia diversas poblaciones de Chipre y Turquía.

Al finalizar los tres años de aprendizaje que exigía su ingreso en la comunidad nazorea, Saulo, como miembro de pleno derecho, regresó a Jerusalén e intentó presentarse a otros miembros de la comunidad, pero recordando los desmanes que había cometido, sólo Pedro y Santiago accedieron a entrevistarse con él.

Sin desalentarse, Saulo comenzó a predicar cerca del templo pero aquellos que le conocían de años atrás como perseguidor de los nazoreos intentaron matarlo. En parte para protegerlo y en parte para librarse de tan incómodo como notorio personaje, Santiago lo envió a su ciudad natal, Tarso.

Saulo no se dejó engañar, sabía que Santiago le había enviado lejos de Judea con el fin de quitárselo de en medio, pero recién ingresado en la secta nazorea, Saulo obedeció a su superior y se consoló pensando que, aunque lejos de Judea tal vez aún podría ser útil a Yavé.

Durante cinco años Saulo permaneció en Tarso haciendo periódicas visitas a ciudades vecinas. Y en estos cinco años Saulo se dio cuenta de varios detalles.

Cilicia tenía muchas similitudes con Judea, las caravanas eran muy frecuentes, continuamente había gente de paso de muchos reinos y los romanos gobernaban con mano dura a los habitantes.

Pero en Judea la mayor parte de los residentes eran judíos que odiaban a los romanos dominadores y que confabulaban contra distintas facciones para quitarse el poder las unas a las otras.

En Cilicia, en cambio, los judíos eran minoría y los habitantes de la región no se preocupaban por estar dominados por los romanos mientras el comercio siguiese trayendo dinero a sus puertas.

El ambiente era, pues, más distendido y aunque también se producían disturbios de vez en cuando nadie, ni siquiera los judíos de Cilicia, querían que se fueran los romanos.

Al predicar a los judíos de su tierra, Saulo notó que a éstos les interesaban las noticias de Judea, y se emocionaban cuando oían la historia de Jesús, pero esto no se traducía en el odio visceral a los romanos que caracterizaba a los judíos de Jerusalén, sino que el objeto de ese odio era la casta sacerdotal de los saduceos que habían provocado la muerte de Jesús.

Así pues, cada vez que contaba la muerte y resurrección de Jesús minimizaba la culpa de Pilato y exageraba la maldad de los saduceos.

Y otra cosa que notó fue que no sólo los judíos estaban interesados en esta historia. Con el tiempo se llegó a dar cuenta de que también los gentiles sentían curiosidad por ella y que la doctrina de la resurrección, aunque resultara nueva para ellos, les atraía poderosamente.

Poco a poco, de manera tan imperceptible que ni él mismo llegó a darse cuenta, sus enseñanzas se centraban más y más en la figura de Jesús y en su resurrección, y atrajo la atención de muchos judíos y gentiles.

No era Saulo el único que predicó a los gentiles, hubo otros que también lo hicieron en Antioquía y los dirigentes nazoreos enviaron a Bernabé con el fin de verificar que la conversión de los gentiles se realizase de forma adecuada. Teniendo que comunicarse con muchos judíos helenizados, Bernabé pensó que Saulo podría ayudarle en su tarea, por lo que acudió a Tarso a buscarlo.

Durante un año de trabajo en Antioquía, Bernabé vio que las predicaciones de Saulo llegaban a más gentes que las suyas y se dio cuenta de que él mismo empezaba a incorporar en sus discursos diversos elementos de los discursos de Saulo. Y uno de los elementos que desarrollaron en gran medida fue la predicación en griego. Si hasta entonces habían predicado siempre a los judíos y a unos pocos gentiles que sentían curiosidad, ahora, aunque seguían predicando a los judíos, había muchas ocasiones en que su mensaje iba exclusivamente dirigido a los gentiles, y en esos casos usaban mayoritariamente el idioma griego.

Otro elemento que Bernabé tomó del discurso de Saulo fue la interpretación que éste daba al mesianismo de Jesús. Jesús era el Mesías pero para los nazoreos esa palabra significa el Ungido, es decir, el que ha recibido los óleos santos en reconocimiento a su ascendencia sacerdotal y real.

Los nazoreos, sin embargo, seguían esperando no sólo un Mesías, sino El Mesías Salvador que los liberaría del yugo de los romanos. Debido a su resurrección los nazoreos tenían claro que Jesús era el Mesías Salvador.

Al traducir el mensaje al griego, el idioma de la mayoría de los viajeros que había en Antioquía, Saulo y Bernabé usaron la palabra que significaba consagrado: Kristos.

Y así nació la denominación con la que se conocerían desde entonces los creyentes en Jesús: los cristianos.

Mientras los nazoreos predicaban un Jesús asesinado por los romanos, que había resucitado, y que pronto regresaría como mesías libertador que los rescataría del yugo romano, Saulo hablaba de un Jesús asesinado por los saduceos, que era un mesías que YA los había liberado del pecado con su muerte y resurrección.

El discurso nazoreo estaba orientado a conseguir ayuda y financiar la futura revolución que los liberaría de los romanos, siendo bien recibido por los judíos de Judea, algo menos por los judíos del imperio romano, y bastante menos por los gentiles de otras naciones del imperio.

El discurso paulino rompía varios moldes y abría las puertas de la esperanza para los pobres y los oprimidos que si se mantenían en la fe de Jesús como mesías salvador alcanzarían la gloria en el reino de los cielos.

Para Saulo, lo más importante era creer que Jesús era el mesías, no un mesías que había fracasado en su intento de libertarlos de los romanos, sino un mesías que había triunfado sobre la muerte y que era la salvación de todos los que creyesen en él.

 Pablo, el Apostol de los Gentiles

Saulo inició un viaje (45) con Bernabé para pedir fondos para la revolución nazorea que se estaba gestando. Durante este viaje visitaron varias ciudades en Chipre y Turquía y en todas ellas Saulo predicaba su discurso. De resultas de ello hubo varias comunidades judías que se escandalizaron pues lo que Saulo predicaba era bastante distinto a lo que otros nazoreos que los habían visitado recientemente les habían contado. Incluso uno de sus compañeros de viaje, Juan Marcos, tuvo una acalorada discusión con él por su manera de predicar y eso hizo que al tocar tierra en Turquía se separara de ellos regresando a Antioquía para más tarde dirigirse a Jerusalén.

Pero aunque algunos judíos se volvían contra ellos, Saulo conseguía bastantes adeptos gentiles y la colaboración económica que conseguía para la causa nazorea era mucho mayor de la esperada. Debido a eso Saulo romanizó su nombre para ser mejor aceptado por los gentiles, pasando a llamarse Pablo, nombre que conservó hasta su muerte.

Al regresar a Antioquía, sin embargo hubo un fuerte enfrentamiento entre Pablo y los judaizantes que pensaban que los gentiles convertidos debían circuncidarse y acatar rigurosamente la ley judaica.

Pablo sabía que en esas condiciones no conseguiría muchos prosélitos, por lo que se negó a ello enfrentándose al primer cisma que se abrió entre nazoreos y cristianos.

Para conciliar ambas posturas, Pablo viajó a Jerusalén enfrentándose con Santiago y los demás diáconos, pero sus argumentos fueron en vano: Pablo y Bernabé volvieron a Antioquía acompañados de dos nazoreos que durante varios meses vigilaron sus actividades para asegurarse de que cumplían lo ordenado por Santiago. Sin embargo, al regresar éstos a Jerusalén, Pablo y Bernabé organizaron un segundo viaje a las iglesias que habían visitado en el primero.

Pablo y Bernabé discutieron sobre quién les acompañaría, ya que Pablo no quería llevar a Juan Marcos que en el primer viaje les acompañó hasta Panfilia pero luego regresó por su cuenta a Antioquía. Al final, mientras Bernabé tomaba un barco con Juan Marcos para volver a visitar Chipre, Pablo viajó por tierra a través del norte de Turquía hasta llegar a Tróade. Desde allí pasó a Macedonia siendo el primero en anunciar a Jesús en el continente europeo. Libre del escrutinio nazoreo y siendo cada vez menos los judíos que encontraba en su camino, Pablo predicó en cada ciudad como buenamente entendió que conseguiría más prosélitos, sin poner condiciones a los conversos que, según él, no necesitaban circuncidarse ni seguir a rajatabla un conjunto de leyes que para los griegos resultaban tan extrañas.

En varias ocasiones tuvo enfrentamientos violentos con los judíos de las ciudades pero los gentiles que le escuchaban se sentían cautivados por su mensaje. Algunos de los conversos le acompañaron desde entonces en su viaje, que llegó hasta Atenas y Corinto. (51)

Precisamente durante este viaje fue cuando Pablo descubrió la más poderosa arma para extender y afianzar su doctrina: las cartas.

Cuando Pablo llegaba a una ciudad, conseguía varios conversos, permanecía con ellos durante un tiempo adoctrinándoles pero después continuaba su viaje. En varias ocasiones ocurrió que después de irse llegaron nazoreos a la ciudad y escandalizados por los errores de doctrina de los conversos les contaron diferentes historias sobre lo que había ocurrido y estaba ocurriendo en Jerusalén. Cuando los nazoreos se iban de la ciudad dejaban una iglesia dividida entre los que recordaban lo que había dicho Pablo y los que opinaban como los nazoreos.

Las cartas de Pablo, escritas con una psicología exquisita, empezaban elogiando a los nazoreos que les habían visitado. Después trataba a los conversos de pobres bienintencionados que no habían sabido entender su mensaje a pesar de que él lo había explicado de la forma más simple que se le había ocurrido. A continuación se echaba a sí mismo la culpa de no haber sabido expresarse mejor para luego pasar a explicarles punto por punto lo que los nazoreos habían querido decir. Y lo que venía a continuación era, por supuesto, una repetición de las mismas ideas que él ya expuso en su visita pero dichas con otras palabras para que parecieran diferentes.

En esas cartas Pablo rompió por completo con la doctrina nazorea llegando a escribir una carta que era fiel reflejo de otra carta escrita por Santiago en las mismas fechas llegando a citar ambos los mismos pasajes de la Biblia en los que se describe el sacrificio de Isaac, el hijo de Abraham, pero cada uno de ellos dándole una interpretación distinta al mismo hecho: Mientras Santiago argumenta que el cumplimiento de la ley justifica al hombre y le dará la salvación, Pablo escribe que la ley no es nada y que lo único que importaba era la fe. Mientras Santiago afirma que sólo los circuncidados se salvarán, Pablo dice que quien se circuncide está cometiendo un pecado contra Jesús. Mientras Santiago recuerda que ninguna persona debe usurpar prerrogativas divinas, Pablo hace hincapié en la casi divinidad de Jesús, pronunciando así una blasfemia ante la que todos los judíos, incluido Jesús, se hubieran rasgado las vestiduras.

La brecha abierta entre nazoreos y cristianos era inmensa y nada parecía ser capaz de volverla a cerrar.

Y sin embargo, quizás porque pensaba que lo que había hecho a tanta distancia de Judea tardaría mucho más en ser sabido, o tal vez porque no era consciente de haber obrado mal, Pablo regresó a Asia, embarcándose hasta Éfeso y desde allí a Antioquía. Su intención parecía ser dirigirse a Jerusalén pero, quizás avisado de que la situación en Israel podía suponerle graves peligros, dio la vuelta y regresó a Éfeso.

Allí permaneció durante varios años siendo repudiado por los judíos pero predicando a los gentiles que eran los únicos que le escuchaban.

Sin embargo, cuando se supo las actividades que había emprendido en Europa, los nazoreos se soliviantaron por las atrocidades que oían. Pablo tuvo que ocultarse y durante bastante tiempo tuvo que viajar permanentemente de una ciudad a otra para evitar ser asesinado por los nazoreos que habían jurado vengar las blasfemias cometidas por Pablo.

Comprendiendo que no le sería posible huir para siempre, decidió regresar a Jerusalén y hacer frente a Santiago.

Antes de viajar a Jerusalén, sin embargo, envió cartas y discípulos a muchas de las iglesias que había fundado en Grecia pidiendo, pero sin pedir, como era característico en él, que se hiciera una colecta para ayudar a la iglesia de Jerusalén que pasaba necesidad. De hecho recomendaba, ya que los cristianos eran tan generosos que ofrecían su ayuda de forma tan espontánea, que las colectas se hicieran el primer día de cada semana, que él o alguno de sus discípulos pasarían tarde o temprano a recoger las colectas.

Así se estableció la costumbre en toda la iglesia cristiana de que el domingo fuera el día en que se reúnen los cristianos para recolectar las limosnas en contraposición a los judíos que celebraban el sábado como día dedicado al Señor.

Su llegada a Jerusalén causó una sorpresa espectacular, sobre todo cuando Santiago y los diáconos vieron la cantidad de dinero que Pablo había recaudado entre los gentiles.

A pesar de la sorpresa, sin embargo, las historias que habían oído sobre Pablo eran muy escandalosas pues se decía que había llegado a aconsejar a los judíos de Europa que se apartasen de la ley de Moisés.

Pablo, ofendido, juró que no era cierto, que enemigos terribles difundían mentiras sobre él pero que nunca había quebrantado las reglas de la comunidad nazorea.

Santiago decidió que Pablo debería pasar los ritos de la purificación para lo cual al día siguiente fue llevado bajo custodia al templo, y permaneció allí durante siete días, pero al final hubo un tumulto de judíos que pretendían lapidar a Pablo.

Este intentó huir pero fue apresado por la multitud que, a punto ya de lapidarle, fueron interrumpidos por tropas romanas que habían sido atraídas por el tumulto. Apelando a su ciudadanía romana, Pablo fue retenido por el centurión que, desconocedor de la causa por la que querían acabar con Pablo, lo llevó preso a la torre Antonia.

Al día siguiente más de cuarenta nazoreos juraron no comer ni beber nada hasta dar muerte a Pablo. Con ese fin planearon camuflarse entre los miembros del sanedrín y que éste pidiera la comparecencia de Pablo pero advertido del complot el procurador de Roma trasladó a Pablo a Siria donde permaneció durante dos años a la espera de ser juzgado.

Al cabo de dos años Pablo fue embarcado con destino a Roma donde permaneció custodiado en una villa hasta que se celebrase su juicio. Debido a su ya casi completa ceguera y a su lamentable estado físico, apenas se le asignaron un par de soldados para custodiarle y podía recibir visitas por mediación de la cuales siguió en contacto por carta con muchas de las iglesias que fundó.

A través de este contacto Pablo mantuvo la fidelidad de estas iglesias y en su cautiverio fue capaz de mantener durante años la fe de cientos y miles de fieles de su doctrina.

A su muerte quedaron numerosos escritos que fueron guardados por sus discípulos y llevados a tierras lejanas durante los siguientes años de persecución de los cristianos.

 Las Guerras Judías

En Jerusalén, mientras tanto, los acontecimientos se precipitaban hacia enfrentamientos cada vez más violentos. Los nazoreos eran cada vez más osados en sus manifestaciones y los romanos más despectivos en su trato a los judíos. Varios graves insultos de los romanos a los judíos provocaron enfrentamientos que Santiago, como jefe de los nazoreos, intentó sofocar sabiendo que aún no estaban preparados para la rebelión.

Pero los enfrentamientos más graves de los nazoreos se producían contra el cuerpo sacerdotal de los saduceos que intentaban por todos los medios desprestigiar a una secta que cada vez atraía más al pueblo.

El año 62 los saduceos tuvieron la oportunidad y no la dejaron pasar.

El gobernador de Judea, Porcio Festo, murió de una grave enfermedad. Al llegar la noticia a Roma, Nerón nombró como gobernador a un liberto llamado Albino que en ese momento se encontraba en Alejandría por lo que hubo que mandarle aviso para que se dirigiera a Judea.

Durante esos meses de interregno, tal como hizo su hermano Jonatán en el 37, Anás, el sumo sacerdote aprovechó para “preparar” un juicio contra Santiago.

Hubiera sido muy difícil que declararan culpable a Santiago de ningún cargo, ya que era un fiel cumplidor de la ley y nadie hubiera creído jamás de él que se hubiera saltado el más mínimo precepto. Sin embargo, en un tumulto “espontáneo” del pueblo, Santiago fue zarandeado y golpeado hasta morir. En su agonía, antes de perder el conocimiento, exclamó “Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen“, frase ésta que posteriormente los cristianos atribuyeron a Jesús.

Para sustituir a Santiago, los nazoreos nombraron a Simeón, hijo de Cleofás, el cual era hermano de José. Pero Simeón no estaba a la altura de sus primos Jesús y Santiago y no pudo reprimir los disturbios que se produjeron tras la muerte de Santiago y que fueron severamente sofocados por Albino.

Tres años más tarde, el 65, finalizaron las obras del templo de Jerusalén que venían realizándose desde la época de Herodes el Grande. El fin de las obras dejó sin trabajo a varios miles de trabajadores que, incapaces de encontrar subsistencia ingresaron en las filas de nazoreos y zelotes y otros muchos formaron bandas de sicarios que se dedicaban a saltear caminos.

Sin la presencia moderadora de Santiago, y recordando todos la ignominiosa forma en que éste murió, la revolución no se hizo esperar: estalló en el año 66 y fueron necesarios varios ejércitos romanos para sofocar la insurrección. El templo de Jerusalén volvió a ser destruido y los nazoreos hubieron de huir a otros países para ponerse a salvo. Aún así hubo ciudades que por su situación en lo alto de abruptas colinas resistieron durante años pero también hubo ciudades en las que, llevados por el fanatismo religioso, sus habitantes prefirieron suicidarse antes que rendirse a los romanos.

Así, en Masada, tras resistir varios años de asedio, cada hombre mató a su mujer e hijos. De los supervivientes se seleccionaron diez hombres que mataron a espada a todos los demás. Cuando sólo quedaron esos diez, uno mató a los otros nueve para después suicidarse.

Cuando las tropas romanas entraron en Masada, sólo encontraron dos mil cadáveres y una mujer que se había ocultado con su bebé recién nacido para salvarlo.

Hubo varias ciudades que protagonizaron escenas similares y en una de ellas, cuando sólo quedaban dos supervivientes, uno de ellos convenció al otro de que se entregaran a los romanos para explicarles con qué valor mueren los judíos. Éste fue el famoso historiador judío Flavio Josefo que durante décadas narró cuanto sabía sobre la historia judía aunque, viviendo entre los romanos, todas sus historias quedaron impregnadas de alabanzas a los romanos y veladas críticas a los judíos.

Los judíos que sobrevivieron se repartieron por todas las ciudades del mundo pero no integrándose en ellas como nuevos ciudadanos de las mismas sino manteniéndose apartados, viviendo en ghetos y juderías y manteniendo vivas unas creencias y costumbres que los separaban de los que no eran judíos con la esperanza de que tarde o temprano regresaría el Mesías que los devolvería a la Tierra Prometida para desde allí volver a dominar a todas las naciones del mundo.

La historia de los judíos como nación termina aquí, aunque a mediados del siglo siguiente hubo un nuevo intento de rebelión que también fue sofocado con dureza. En todos estos intentos de revolución se han podido identificar a varios cabecillas zelotes integrándolos dentro de una misma familia. De hecho sabemos que Judas de Galilea, que protagonizó los disturbios durante el censo de Quirino en el año 6, el general Eleazar, último defensor de Masada y Bar Cochba, instigador de la última rebelión judía a mediados del siglo II eran todos miembros de la misma familia, familia que muy probablemente también estaba relacionada con Cleofás, hermano de José, cuyo hijo Simeón, primo hermano de Jesús, fue sucesor de Santiago a la cabeza de los nazoreos.

 Jesús, Hijo de Dios

Pero mientras los judíos se refugiaban en las juderías y en los ghetos, los cristianos seguidores de Pablo y sus discípulos abandonaron los templos judíos para predicar en las plazas públicas e incluso en la puerta de templos paganos. Siendo los romanos y los griegos tan amantes de la imaginería, también los cristianos comenzaron a hacer imágenes de Jesús mostrándolo con toda su belleza, esplendor y gloria y con los brazos extendidos para acoger a todos los cristianos. La imagen de Jesús se paganizó aún más asignándole el crismón, atributo del sol invicto, un sol con rayos rodeando la cabeza de Jesús mientras sus apóstoles adquirían el halo de la santidad.

Como Dios Solar, a Jesús se le atribuyeron diversos milagros de curación e incluso alguno de resurrección tal como otros muchos dioses anteriores de muchas épocas. Así, como Sansón, Buda, Krishna y otros varios personajes, Jesús nació de una virgen. Como Rémulo, Henoc y Elías, Jesús había ascendido a los cielos sin morir. Como Moisés, Jesús se salvó de una matanza infantil ordenada por Herodes, matanza que en realidad nunca se produjo. Como Ahura-Mazda y Mitra, a su nacimiento se postraban los animales y unos reyes de oriente le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Lo poco que los gentiles sabían realmente de la vida de Jesús hizo que algunos cristianos intentaran recopilar todo lo que se contaba sobre él para narrar con la mayor veracidad posible los hechos de su vida.

También los nazoreos hicieron varios intentos por narrar la vida de Jesús y al estar más cerca de aquellos que realmente le conocieron, lo hicieron con mejor fortuna.

Entre los intentos más loables se encuentra el evangelio de Marcos, escrito por Juan Marcos, el discípulo que discutió con Pablo en su primer viaje, y que tras acompañar como intérprete a Pedro hasta su muerte, hizo una recopilación de todas las historias que había oído narrar a Pedro.
Por desgracia este evangelio no narra todas las historias en el orden en que sucedieron, ya que Pedro no contaba la vida de Jesús por orden sino según se terciaba en cada asamblea de creyentes.
También por desgracia, Pedro, a lo largo de los últimos años, había adornado la vida de Jesús con exageraciones atribuyéndole diversas curaciones y milagros.
Y como última desgracia, el final del evangelio de Marcos se ha perdido, y escritores posteriores lo han intentado rellenar de la forma en que mejor han creído entender. Así, entre las copias más antiguas que se han encontrado de este evangelio, aparte de diversas palabras que cambian por errores de los copistas, se han encontrado varias versiones distintas del final, a partir del momento en que las dos Marías y Salomé encuentran abierto el sepulcro. También es curioso observar que en este evangelio no se hace mención alguna a la anunciación ni a la virginidad de María. De hecho el evangelio comienza en la época de Juan Bautista, lo que indica que Pedro no dio importancia a ningún hecho anterior a la vida pública de Jesús.
Después de escribir este evangelio, probablemente en Roma, Marcos viajó a Egipto donde se le pierde el rastro.

También existió un evangelio de Mateo escrito por el apóstol Mateo, el recaudador de impuestos que fue llamado por Jesús. Sería el único evangelio escrito por un testigo presencial de la vida de Jesús si no fuera por una lamentable desgracia: no ha llegado hasta nosotros ninguna copia del mismo.
Lo único que tenemos es un evangelio escrito por un judío helenista de Alejandría, Egipto, en los años 90 que usando el original mencionado, una copia del evangelio de Marcos y una recopilación de historias casi míticas y claramente paganas, compuso el evangelio que ha llegado hasta nuestros días.
Lo mejor de este evangelio es el sermón de la montaña que casi con toda seguridad era el rollo con las enseñanzas de Jesús que llevaban todos los nazoreos en sus predicaciones y que había sido escrito por el mismo Mateo.
Lo peor es que en su composición se entremezclaron varias historias paganas persas y egipcias dando lugar a los mitos de la Adoración de los Magos y la Virginidad de María.
También, quizás porque el autor de este evangelio era egipcio, incluyó un relato en el que José, tras el nacimiento de Jesús, se refugia en Egipto durante algún tiempo hasta la muerte de Herodes.
Hay que indicar que, según Mateo, José y María parecen vivir en Belén durante el embarazo de ésta, no se hace ninguna referencia a que vivieran en Nazaret hasta que regresan de Egipto.

A continuación está el evangelio de Lucas, escrito por un discípulo de Pablo que tras las persecuciones del emperador Domiciano decidió narrar las vidas de Jesús y Pablo con el fin de explicar a los cristianos el origen de su iglesia.
El redactor de este evangelio se basó muy probablemente en las memorias de Lucas, ‘el médico querido’ que acompañó a Pablo durante bastantes años en sus viajes y que escribió unas memorias que, muchos años más tarde, fueron usadas (y a veces copiadas literalmente, por eso en los Hechos se relatan algunos episodios en primera persona) para componer este evangelio.
Aparte de en las memorias de Lucas, el redactor debió inspirarse también en los mismos manuscritos que acompañaban a todos los apóstoles, los escritos originalmente por Mateo con las profecías mesiánicas y las enseñanzas de Jesús, pero no debió conocer el evangelio de Mateo, escrito unos años antes pero en Egipto, muy lejos de Roma o Grecia, lugares ambos donde este evangelio pudo ser escrito.
Este desconocimiento le lleva a dar una versión del nacimiento de Jesús muy diferente a la versión de Mateo, llegando a fecharlo durante un censo romano, siendo así que el primer censo que se realizó en Palestina fue casi diez años después de la muerte de Herodes, lo que durante muchos siglos ha planteado serias dificultades para fechar el nacimiento de Jesús.

El redactor de este evangelio, que debió ser un lector avezado, no dudó en alterar la historia de Jesús cuando convenía a sus intereses, supliendo etapas desconocidas de la vida de Jesús por relatos del Antiguo Testamento y hasta por relatos de Josefo; así, el episodio de Jesús en su infancia al perderse en el templo y asombrar a los doctores de la ley con su sabiduría está copiado de un relato autobiográfico del mismo Flavio Josefo que se atribuía a sí mismo esa sabiduría.
Incluso la forma de narrar la historia, simulando ser dos cartas dirigidas al “noble Teófilo” está también copiada de “Contra Apion”, de Josefo, que comparte la misma estructura y que fue escrita pocos años antes.

En la primera parte, la vida de Jesús, los hechos son manipulados no distinguiendo entre nazoreos ni saduceos, sino que los que tramaron y provocaron la muerte de Jesús fueron los judíos en general, mientras los romanos, como Poncio Pilato, no tuvieron culpa de la muerte de Jesús, al contrario, hicieron lo posible por salvarlo pero los judíos no querían que Jesús viviese. De esa forma “Lucas” se aseguraba de contar con las simpatías del pueblo romano aunque fuera a costa de que el pueblo judío se convirtiera desde entonces en el centro del odio de la cristiandad hasta el día de hoy.
En la segunda parte, los Hechos de los Apóstoles, después de una corta presentación de los apóstoles en Jerusalén, “Lucas” pone en boca de Pedro varios discursos que éste no pronunció pero que contienen resumidos varios dogmas de la fe cristiana (que no era precisamente la fe de Pedro, la nazorea). A continuación presenta a Pablo y su conversión y tras una pausa en la que vuelve a mostrarnos a Pedro discutiendo con la iglesia de Jerusalén, y otras escenas de los primeros tiempos de la iglesia nazorea, toma el protagonismo Pablo, no soltándolo ya hasta el final de los Hechos.
“Lucas” convierte a Pablo en el héroe de la evangelización convirtiéndolo en un maestro de la oratoria cuando en realidad le costaba bastante trabajo expresarse en público. Por contra, los rivales de Pablo usan argumentos infantiles para rebatirle y, por supuesto, tienen que rendirse avergonzados ante la lógica aplastante de los argumentos de Pablo. Poco a poco, a lo largo de los Hechos, se deja de hablar de Pedro y los demás discípulos de Jesús para llegar al final a hablar de Pablo y los gentiles a un lado y los judíos, que se oponen a Jesús y a Pablo, al otro.

El evangelio de Juan, el más místico de los cuatro, fue escrito a principios del siglo II por Juan, el Anciano, un sacerdote de Éfeso, basándose en los relatos de Juan, el discípulo amado, que desde la diáspora de los judíos pasó su vejez en esa comunidad judía. Por aquella época existían ya una decena de evangelios escritos en diversas partes del imperio romano y Juan también se basó en ellos para narrar su historia.

En total, en los dos primeros siglos tras la muerte de Jesús, se escribieron más de medio centenar de evangelios escritos algunos por judíos nazoreos, otros por judíos helenizados y otros muchos por historiadores o creyentes cristianos. La mayoría eran recopilaciones de leyendas y no tenían ni un mínimo de credibilidad, pero entre ellos había otros evangelios que narraban episodios tan dignos de crédito como los cuatro mencionados.

Para aclarar una situación tan caótica, la iglesia cristiana, cuando ya había dominado la jerarquía del imperio romano convirtiéndose en el imperio por encima del imperio, celebró un concilio en el año 325 para decidir cuál de estos textos debía ser el verdadero. Como no había unanimidad entre los cardenales se sometió a votación cuál de todos los evangelios serían aceptados como oficiales.
Teniendo en cuenta que entre todos los evangelios existentes estos cuatro mantenían una coherencia bastante fuerte, lógica si tenemos en cuenta que cada uno fue usado como fuente documental para escribir el siguiente, la iglesia designó estos cuatro como los evangelios canónicos desterrando a todos los demás al nebuloso terreno de lo apócrifo.

La palabra apócrifo significa que está fuera del canon de la iglesia, no necesariamente que sea falso pero con el paso de los siglos todos los evangelios apócrifos han sido rechazados como falsos.

 Conclusión

Han pasado casi dos mil años desde la muerte de Jesús pero durante este tiempo la imagen que de él nos ha dado la iglesia ha sido una imagen falsa.
Si ha sido por ignorancia o por malicia es algo sobre lo que no voy a opinar, que cada uno piense según su propio criterio.

En cuanto a Jesús, el verdadero Jesús que nadie conoce, me gustaría hacer un comentario sobre él.

Jesús era judío.
Nació y fue educado en las tradiciones judías dentro de la secta de los nazoreos. Durante su educación leyó los escritos de grandes sabios del pueblo judío y, si era tan ávido de conocimientos como suelen ser muchos judíos, tal vez también bebió en otras fuentes culturales griegas y orientales así como de otras sectas religiosas como la de los esenios , que aun abogando por un cumplimiento estricto de la ley, también creían en un concepto revolucionario para la época: El Amor.

Si el primer mandamiento de Moisés era “No tendrás más dios que a Mí”, el primer mandamiento de Jesús fue “Amarás a Dios con todo tu corazón”. Había una diferencia sutil pero que tendría importantísimos efectos en el futuro.

Hasta entonces, para ser un buen judío no hacía falta amar, sólo cumplir con las leyes de Moisés. Jesús introdujo en la religión la idea de que cumplir con la ley no bastaba, también habia que amar  a Dios y al prójimo.

Pero no debemos olvidar algo muy importante que ya hemos dicho antes:

Jesús era judío.
Predicó a los judíos, no a los gentiles. Vino a salvar a los judíos por el único medio que conocía: Darle a Yavé mucho más de lo que éste pedía para que Yavé les diese lo que ellos llevaban mil años pidiendo, un mesías que les devolviese la gloria que una vez tuvieron.
Es posible que los últimos meses de su vida, asediado por tantos y tantos seguidores que le preguntaban ansiosos si él era el mesías, él mismo llegara a creer haber sido elegido para esa misión, tal como en su día lo creyeron Judas de Galilea y años más tarde Simón Bar Cochba.

Otra cosa más, José, el padre de Jesús, no tenía la escasa importancia que siempre se ha pensado según los evangelios. El hecho de que, no uno, sino dos de sus hijos, Jesús y Santiago, llegaran a tener la importancia que les ha atribuido la historia, que su hermano Cleofás fuese sacerdote y que el hijo de éste, Judas, fuera elegido sucesor de Santiago, hace que nos replanteemos todos los mitos sobre un José carpintero, viudo, con muchos años más que la “siempre virgen” María.

Por último, si Jesús era un fiel cumplidor de la ley de Moisés, como hemos visto en los evangelios, hemos de asumir que Jesús no podía faltar a una de las primeras órdenes que Yavé le dio al hombre: “Creced y multiplicaos“.
¿Es posible que alguien piense que un judío de más de cuarenta años respetado por todos los que lo conocían podía no estar casado?.
El casarse y tener hijos era un mandamiento tan básico de los judíos que si Jesús no hubiera estado casado los judíos jamás lo hubiesen respetado ni le hubieran hecho el caso que le hicieron. Ni siquiera hubiera sido admitido para leer la Torah en el templo, pero por los evangelios sabemos que sí lo hizo.

El hecho es que no sabemos nada sobre ese tema, sólo podemos suponer, pero yo supongo, y no soy el único, que si Jesús regresara a la vida se horrorizaría de aquello en lo que Pablo y la iglesia le han convertido.

El simple hecho de que en muchas iglesias del mundo exista una imagen de Jesús ya resulta una abominación, una flagrante violación del segundo mandamiento de Moisés que prohibía las imágenes de personas o animales.
Pero ese mandamiento fue eliminado por la iglesia pues los gentiles que fueron cristianizados por Pablo estaban acostumbrados a tener imágenes de sus dioses. Pedirles que creyeran en un dios invisible era difícil pero al menos tenían la posibilidad de adorar la imagen de Jesús.


Siempre he pensado que en toda religión hay tres partes fundamentales:

La ética que es casi igual en todas las religiones aunque hay conceptos como “resignación cristiana” o “guerra santa” que deberían ser eliminados.

La teología que cada religión defiende y que no es sino un conjunto de creencias que explican los hechos que la ciencia aún no ha sido capaz de explicar. Estas creencias pueden ser lógicas o no.
Cada religión tiene su teología y, en la mayoría de ellas, los dogmas deben ser aceptados mediante la fe.

La historia, el modo en que cada religión ha evolucionado desde su comienzo hasta la actualidad. Si hemos de ser sinceros, la religión cristiana es de todas las existentes la que más se ha apartado de sus principios originales.

Tal vez deberíamos llegar a la conclusión de que en realidad la religión debería consistir en algo personal, algo que se resuelva en el interior de nuestros corazones sin iglesias que dirijan nuestros pensamientos.

Nunca he podido creer que Dios, si es que realmente existe, quiera que sus fieles sean corderos sumisos que se dejen guiar por los pastores de la iglesia. Pienso más bien que Dios quiere personas libres con capacidad para pensar y distinguir por sí mismos el bien y el mal sin necesidad de sacerdotes que digan lo que hay que pensar y creer.

 El judaísmo abarca una religión, un pueblo, una nación. Principios religiosos monoteístas, éticos y de conducta, normas que abarcan todos los aspectos de la vida. Desde que se nace hasta que se muere. Un pueblo, el pueblo judío o los hebreos o los israelitas, son las tres denominaciones que recibe el pueblo judío como tal. Pueblo porque tiene raíces comunes, una historia compartida desde la antigüedad hasta nuestros días. Un destino común, una tradición milenaria. Un origen común, relatado en la Biblia. El judaísmo es también una nación, cuya conformación se remonta a la antigüedad. Desde entonces, los judíos han poseído una tierra histórica en común: La tierra de Israel, prometida al primer patriarca Abraham en el primer pacto, Génesis XV (“… a tus hijos les daré la Tierra de Israel como heredad…”). Este pacto será luego ratificado con los otros patriarcas y con Moisés, líder y legislador, quien conducirá al pueblo después de la liberación de Egipto a esa tierra, la tierra de Israel, la tierra prometida, para que el pueblo de Israel desarrolle allí su vida basada en los principios de fe y en la creencia de un solo Dios, creador del cielo y de la Tierra. Estos conceptos forman la identidad judía básica. Principios Religiosos Fundamentales Como lo hemos enunciado, se trata de una religión monoteísta, basada en la creencia en un solo Dios, omnipresente e intangible. Su existencia se manifiesta a través del mundo, de la creación toda. Creó al mundo como lo relata el primer libro de la Torá, Génesis I (Bereshit). Trascendente, no está limitado por el tiempo. Precedió al mundo, lo creó y dirige con sabiduría los destinos. Libros Fundamentales del Judaísmo. Preceptos y Fuentes. El judaísmo posee libros fundamentales que rigen su existencia:
* La Biblia (Antiguo Testamento).
Libro de libros, llamado también Antiguo Testamento, está dividido en tres grandes partes. La primera es la Torá, ley que abarca los primeros cinco libros, llamados también “Pentateuco”, en hebreo “Jumash” (5), o Ley de Moisés. Los cinco libros son: Génesis (Bereshit), Éxodo (Shmot), Levítico (Vaikrá), Números (Bemidbar) y Deuteronomio (Devarim). Abarcan el período que va desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés en víspera a la entrada a la Tierra Prometida (Kanaan, Tierra de Israel).
* Profetas
La segunda parte de la Biblia abarca un extenso período que comprende desde la conquista hasta los últimos profetas. Los libros que contiene son: Josué (período de la conquista), Jueces I y II, de Samuel I y II, Reyes y los dedicados a los tres grandes profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel y los doce profetas menores, entre los que se encuentran Amos, Malaji, Zacarías y Jonás entre otros. La tercera parte de la Biblia son los Ketubim (escritos), que están formados por el libro de los salmos, proverbios, Job, Daniel, Esdras, Nejemías, Rut, Cantares, Lamentaciones (Eijá), Eclesiastes, Ester y Crónicas I y II. Abarcan un extenso período de varias centurias, que va desde el Siglo VII A.C. hasta el período persa, el retorno a Israel y la construcción del Segundo Templo de Jerusalén. Se destacan aquí importantes libros filosóficos como el Eclesiastes, Job y proverbios, de enseñanzas morales y de vida. Job describe al hombre en una situación especial, el dolor y la prueba. Los 150 salmos atribuidos por la tradición al Rey David, de cuya alma poética dan cuenta diversas fuentes bíblicas, son de constante inspiración para el pueblo judío, fuente de consuelo en momentos aciagos de persecución y dolor y fuente de regocijo en distintas festividades como Shabat, Pesaj o Sucot, en cuyas plegarias se incluyen salmos. Por todo lo dicho, es el Tanaj (denominación hebrea) el Libro de los Libros y, por extensión, el pueblo judío fue y es llamado “El Pueblo del Libro”.
El Talmud La Ley Oral, la Halajá-Mishná-Agadá-Talmud Babli (de Babilonia)-Ierushalmi (de Jerusalem) o el Talmud es una recopilación de la tradición oral transmitida de generación en generación, que abarca todos los temas tratados en la Biblia. La Halajá, ley judía, explica las normas y preceptos que se enuncian en la Torá: normas de conducta, principios religiosos, rituales. Abarca una extensa gama de temas que tienen como epicentro la vida judía del individuo, la familia y la comunidad. La Halajá rige la vida judía desde hace siglos hasta el presente. La Mishná son seis tratados básicos que abarcan la vida judía, sus normas y sus preceptos, a saber:
1-Tratado Zeraim (semillas). Trata de todo lo concerniente al trabajo de la tierra. Qué se puede sembrar, cuánto tiempo debe pasar hasta poder comer los frutos del árbol, qué es el año sabático para la tierra, qué debe darse a los pobres, viudas, etc.
2-Moadim. Este segundo tratado de la Mishná explica todo lo referente a las festividades. Moed (tiempo de fiesta), costumbres, leyes y normas. Por ejemplo, cómo se debe construir la Sucá, cómo y cuándo se prepara la matzá, qué reglas se deben observar para tocar el Shofar (cuerno) en Rosh Hashaná, etcétera.
3-Seder Nezikim. Este tratado tiene como eje la vida de relación de las personas. “Nezikim” significa “daños y perjuicios”. Por ejemplo, si a una persona se le quema su campo y el fuego quema también el campo del vecino, establece qué reparación económica corresponde a éste.
4-Seder Nashim. Este tratado es específico para guardar las normas que rigen la vida familiar. “Nashim” significa “mujeres”, que eran el eje del hogar. Incluye, por ejemplo, normas sobre casamiento, divorcio, relaciones permitidas y prohibidas, deberes matrimoniales, etcétera.
5-Kodashim. Normas de santidad (kodesh). Todo lo que debían saber los Kohanim (sacerdotes) para realizar el ritual en el Templo de Jerusalén, por siglos eje de la vida religiosa del pueblo judío.
6-Teharot-tehará-pureza. Leyes de pureza para una vida sana y santa. Reglas que se debían observar respecto de la higiene personal o normas que se debían cumplir si sobrevenía alguna plaga, etcétera. Estos libros básicos del judaísmo ayudaron a la supervivencia del pueblo judío. La ley oral abarca también una extensa obra literaria, Agadá y Midrashim, (leyendas y comentarios) sobre personajes bíblicos, y versículos sobre Eretz-Israel que son tomados como conductas ejemplares que sirven como modelo a las generaciones jóvenes. La Guemará es la ley oral y sus comentarios y exégesis, material de estudio desde hace largos siglos, que nutre las enseñanzas sobre la filosofía judía. Contiene prácticamente todo lo que se recopiló como sabiduría judía durante siglos. A estos textos básicos del judaísmo siguen otros basados en estas fuentes fundamentales, de los cuales destacamos el “Shulján aruj” que literalmente significa “La Mesa Puesta”, recopilada por Iosef Caro en el año 1565. Ordenó y clasificó las mitzvot, los 613 preceptos, para que sean de fácil acceso para el judío de cultura media y que éste los pueda aplicar. Pero no podemos dejar de mencionar el aporte fundamental de Rabi Moshé Bar Maimón (Maimónides), pensador, rabino, filósofo y médico. Vivió en España y en Egipto entre los años 1135-1204. Conocido como el Rambam (las iniciales de su nombre), hombre de fé y razón, sin sus explicaciones y aportes didácticos muchos de los textos sagrados, especialmente el Talmud, hubieran sido imposibles de entender. Su “Guía de los Perplejos” es estudiada aún hoy al igual que toda su obra en las universidades y en las altas casas de estudio de Israel y del mundo académico y filosófico. Posteriores pensadores van moldeando la vida judía, trayendo al presente estos libros básicos que cimentan la continuidad de la vida judía desde el fondo de la historia hasta el presente.
La existencia del pueblo judío data de miles de años y se proyecta al presente como una civilización y cultura viva y vigente, siempre con continuidad futura.
Tres son los pactos fundamentales del judaísmo:
el Brith Milá, la circuncisión del miembro viril, es el pacto de pertenencia, sobre el cual hablamos en CICLO DE VIDA JUDÍO. Se encuentra en Génesis XVIII y es el pacto que está grabado en nuestra carne.
Brith Bein Habetarim es textualmente el pacto entre las partes, el fundamento histórico del derecho del pueblo judío a la Tierra de Israel, la tierra prometida al patriarca Abraham, en Génesis XV-8 (“… a tu descendencia daré esta tierra y la tendrán como heredad…”). Génesis XV-18 dice claramente “… en aquel día hizo el Señor un pacto con Abraham diciendo: a tu simiente he dado esta tierra, desde el río de Egipto, hasta el río grande, el río Éufrates…”.
El tercer pacto fundamental sobre el que se basa la existencia judía es el Brith Torá, el pacto por el cual el Pueblo de Israel se compromete a cumplir lo que en la Torá (ley básica y suprema del pueblo judío) dice. Los Diez Mandamientos grabados sobre dos tablas de piedra que Dios le entrega a Moisés para que el pueblo, los Hijos de Israel, los cumplan y sean el fundamento espiritual de su existencia. Éxodo XXXIV- Shmot habla de la preparación del pueblo al pie del Monte Sinaí, en pleno desierto, para recibir la ley y hacer este pacto con Dios, único en la historia de la humanidad, en el que todo un pueblo se compromete y jura realizarlo y cumplirlo. En Éxodo XXXIV-27, se lee “… y dijo el Señor a Moisés: escríbete estas palabras, porque según el tenor de estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel”.
Estos tres pactos fundamentales del judaísmo serán ratificados por los reyes y los profetas, guardados y cumplidos hasta el día de hoy y por siempre. Resumen la fidelidad del pueblo judío a la Torá, la tradición y sus leyes; la identidad y el sentimiento de pertenencia, solidaridad y asistencia latente en la comunidad; la responsabilidad recíproca que un judío tiene hacia otro en cualquier lugar del mundo y en cualquier situación en la que se encuentren; la importancia de la Tierra de Israel y su condición patria espiritual de todos los judíos, así como de lugar donde se forjaron los principios básicos, históricos o políticos de la vida del Pueblo Judío. Hoy, lugar físico renovado del pueblo judío, que la recuperó como su legítima tierra y estado soberano donde viven al presente más de cuatro millones de judíos. El Estado de Israel, del cual nos ocuparemos aparte, marca el comienzo de la redención del pueblo judío después casi dos mil años de diáspora y persecuciones.
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

De la mar y los barcos

Just another WordPress.com weblog

Aragonízate

Ser aragonés... ¡cuestión de carácter!

El ilustrador de barcos

Mercantes, veleros y otros buques.

Emitologías

Explicaciones mitológicas para cotidianas expresiones

Enseñanzas Náuticas

Para conocer la mar y todo lo que le rodea

METAMORFOSIS

cambiar o morir

Reflexions d'un arqueòleg glamurós

La ploma més àcida de la xarxa

La Tronera de Celemín

Bitácora de un eterno aprendiz

Revista Diaria

Actualidad, salud, familia, finanzas, moda y mucho mas..

hungarianportrait

Portrait and Glamour Photography from Laszlo Racz

A %d blogueros les gusta esto: