Kosovo y la geopolítica de los Balcanes

La proclamación unilateral de independencia de Kosovo fue un montaje de los medios atlantistas para hacer ver que se trataba de una victoria de los pueblos en su lucha por disponer de sí mismos. Pierre Hillard nos recuerda que todo no ha sido más que una falacia. La decisión sobre Kosovo no la tomaron los más interesados sino Alemania y Estados Unidos. La realidad es que el Kosovo «independiente» no es soberano y que su actividad económica legal se limita a servir de sede a Camp Bondsteel, la más moderna de las bases militares estadounidenses en el continente europeo.

La independencia de Kosovo, el 17 de febrero de 2008, constituye un viraje para los Balcanes. Un verdadero bosque de banderas albanesas, estadounidenses e inglesas se veía en las calles de Pristina, la nueva capital. La frase «Danke Deutschland» («Gracias Alemania») decoraba las fachadas de varios edificios, recordando así el importante papel que desempeñó Berlín en el nacimiento del nuevo Estado. El reconocimiento de la última provincia de la federación yugoslava parece cerrar el desmantelamiento de ese país, que comenzó a principios de los años 1990. En realidad, la destrucción de la federación es parte de un vasto plan de recomposición territorial y económica de los Balcanes, un plan que tiene que ver con el Mar Negro y el Medio Oriente.

La necesidad de destruir Yugoslavia

La destrucción de ese país se debe a Alemania. En efecto, desde los años 1970, las autoridades políticas bávaras, bajo la dirección del ministro-presidente Franz-Josef Strauss, organizaron numerosos contactos con los dirigentes eslovenos y croatas. El objetivo era separar a los Estados del norte de Yugoslavia para integrarlos a la economía occidental, en primer lugar a las de Austria y Alemania. El instrumento que le permitió a Berlín dar inicio a la desintegración de ese país consistió en una «Comunidad de Trabajo» (Arbeitsgemeinschaft), Alpen-Adria [1]. Creada el 20 de noviembre de 1978, dicha Comunidad reúne diferentes regiones de varios países. Además de Baviera también pertenecen a ella varias regiones suizas, austriacas e italianas. Luego de la caída del muro de Berlín, las regiones húngaras, así como las provincias del norte de la antigua Yugoslavia, se incorporaron a las anteriores. Con una superficie de 306 000 kilómetros cuadrados, esa entidad territorial, que poco a poco se iba separando de la autoridad de los diferentes Estados, toma el control de sectores como la organización territorial, los transportes e incluso la agricultura. Esta dinámica se fortalece más aún debido a la acción de la Asociación de Regiones Fronterizas Europeas (ARFE), instituto germano-europeo cuyo objetivo declarado es transformar las fronteras regionales en simples trazados administrativos [2].

ko400.jpgFoto arriba: fotomontaje, a la izquierda aparece el senador suizo Dick Marty, a la derecha la bandera que identifica el Kosovo; el emblema de la OTAN y un soldado de la fuerza KFOR arrancando una bandera kosovar colocada en un zona a fuerte mayoría serbia. El preludio de la secesión de Eslovenia y Croacia comenzó en 1987, cuando el Estado yugoslavo se vio al borde de la bancarrota e incapacitado de pagar sus deudas. Aquella situación obligó al gobierno nacional a someterse a las durísimas condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Aquello fue el principio del fin. En efecto, el gobierno alemán aprovechó la situación para argumentar que Eslovenia y Croacia, regiones más ricas en comparación con las del sur, tenían más posibilidades de entrar a la Unión Europea (por aquel entonces la CEE). Aquel canto de sirena dio el resultado previsto. En junio de 1991, las dos repúblicas del norte de Yugoslavia proclamaron su independencia. En diciembre del mismo año, el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Hans-Dietrich Genscher, reconocía explícitamente aquel acto, arrastrando así a otros países europeos, lo cual encendió la hoguera yugoslava. En realidad, la acción determinante de Alemania a favor del desmembramiento de Yugoslavia estuvo precedida, en julio de 1991, por la actitud de Alpen-Adria que, durante una sesión plenaria que se desarrolló el 3 de julio de 1991, declaró: «Los miembros de la comunidad de trabajo de Alpen-Adria siguen con gran inquietud la escalada de violencia en Yugoslavia, que amenaza la paz en Europa (..). Consideran que tienen el deber de actuar, conforme a sus posibilidades, para que se reconozca el derecho de los pueblos de Yugoslavia a la autodeterminación y que se respeten las decisiones provenientes de órganos electos democráticamente. Apoyan ante todo los esfuerzos democráticos y no violentos de los Estados miembros de Eslovenia y Croacia por concretar su derecho a la autodeterminación. Están convencidos de que esas repúblicas tienen derecho a reclamar la independencia, la libertad y la soberanía en el seno de la Comunidad de Trabajo Alpen-Adria» [3]

La desintegración de la Federación de Yugoslavia condujo a la aparición de múltiples unidades independientes. Los acuerdos de Dayton, firmados en 1995, establecieron de forma temporal las fronteras de las nuevas entidades que habían nacido de forma sangrienta. Sin embargo, el problema no estaba resuelto en lo tocante a Kosovo. Esa provincia autónoma, verdadera cuna de la civilización del país, se vio progresivamente poblada de musulmanes provenientes de Albania. Al reclamar la independencia con respecto a Belgrado, los representantes albaneses de Kosovo recibieron un completo apoyo por parte de la Unión Federalista de Comunidades Étnicas Europeas (UFCE)->article7819.html], instituto europeo –aunque en realidad es alemán– que promueve la organización de Europa sobre bases étnicas. Con el apoyo de un alto funcionario del ministerio alemán del Interior [4], la UFCE apoyó enteramente los reclamos kosovares [5]. Bajo la apelación de «Unión de los Kosovares» esta última recibió el apoyo de Berlín, aún teniendo su sede en… Illinois, Estados Unidos [6]. La intervención militar de la OTAN, en marzo de 1999, hizo bajar la cabeza a la República Yugoslava a la que se le impuso, a partir de entonces, una reorganización de su espacio geográfico.

Los Balcanes, zona de tránsito

El gran «delito» del presidente serbio Milosevic, a los ojos de los mundialistas, fue el haberse negado a entrar en la organización política y financiera que predicaba la comunidad euro-atlántica. En realidad, la destrucción de Yugoslavia permitió una completa reorganización del espacio político, económico y militar. En cuanto terminó la guerra de 1999, Estados Unidos emprendió en Kosovo la construcción de una base militar, la más moderna e importante de Europa, llamada Bondsteel. Esta base ultramoderna, capaz de albergar hasta 7 000 soldados, está equipada para vigilar todo el territorio balcánico e incluso el Mar Negro y Turquía. Fuente número uno de empleo para los kosovares, esta presencia militar estadounidense contribuye a garantizar la fidelidad del flamante gobierno independiente de Pristina. En términos más claros, Kosovo es un anexo del territorio estadounidense en Europa. Esta voluntad estadounidense de implicarse en esta zona se explica por la crucial importancia que reviste el tránsito de los hidrocarburos provenientes del Mar Caspio, más exactamente de Bakú. Entre los numerosos oleoductos y gasoductos podemos señalar el transbalcánico Burgas-Vlore, el BTC (Bakú, Tbilisi-Ceyhan), Blue Stream, Nabucco, … en competencia con el gasoducto ruso, Southstream.

La política estadounidense consiste en controlar los Balcanes, pasando por el Asia Central hasta el Medio Oriente. Ello exige obligatoriamente una balcanización de toda esa zona, según la vieja tradición de «divide y vencerás». A la parcelación de Europa como resultado de la aplicación de los textos germano-europeos se añade la voluntad de desintegrar los Estados del Medio Oriente para convertirlos en una multitud de entidades étnicas y religiosas. Esa posición ha sido expuesta de forma oficial por la revista militar AFJ (Armed Forces Journal), en junio de 2006, en un trabajo firmado por Ralph Peters, ex oficial de inteligencia. En realidad, estos trabajos se basan ampliamente en los del islamólogo británico Bernard Lewis, muy cercano a los neoconservadores [7]. La importancia que reviste la garantía de la seguridad del flujo del petróleo y el gas entre el Medio Oriente y los Balcanes explica también la voluntad de crear una euroregión del Mar Negro. Este concepto ha sido desarrollado en el marco de numerosas reuniones entre el muy influyente grupo Bruce Jackson, cercano a los medios neoconservadores, y las instancias europeístas. Como claramente recuerda el representante estadounidense: «El Mar Negro es la nueva interfase entre la comunidad euroatlántica y el Gran Medio Oriente» [8]. Por consiguiente, resulta fácilmente comprensible la importancia de la independencia de Kosovo, ya que, con su base estadounidense, dicha región será para Washington un verdadero portaviones estacionado en esa zona.

Los hechos que empujaron Kosovo hacia la independencia ya se habían enunciado durante diferentes coloquios entre los diputados del Parlamento Europeo y los del Congreso de Estados Unidos. En efecto, el Transatlantic Legislators Dialogue (TLD), reunión que se desarrolló en Viena del 18 al 21 de abril de 2006, ya permitía anticipar lo sucedido. El informe final del TLD señalaba que: «La delegación americana se concentra en la cuestión de Kosovo e indica que la semi independencia de Kosovo no es la solución correcta. Lo que se debería aplicar es la autodeterminación y Serbia debe convertirse en un país normal, plenamente integrado a la comunidad internacional». Esa misma delegación internacional precisa que «existe, por supuesto, un problema más amplio: ¿cada idioma, cada dialecto debe disponer de una bandera y de un país independiente?» [9]. En todo caso, ya es un poco tarde para pensar en eso.

El reconocimiento de la soberanía de Kosovo por parte de las principales potencias occidentales constituye un verdadero viraje en las relaciones internacionales. En efecto, luego de la guerra de 1999, la resolución 1244 del Consejo de Seguridad afirmaba que reconocía la integridad del territorio serbio, incluyendo Kosovo, que disponía de una amplia autonomía. La flagrante violación de esa resolución reduce a polvo el derecho internacional. ¿De qué vale redactar resoluciones si es para pisotearlas? Lo peor es que el reconocimiento del nuevo Estado abre la caja de Pandora. ¿Cuál será la respuesta a otras regiones, en Europa y en el resto del mundo, que quieren obtener la independencia? Según la lógica del mundialismo, enemigo de los Estados-naciones, la aparición de ese Estado presagia una caída en serie de fichas de dominó que puede dar lugar a la destrucción de muchos países. En este principio del siglo XXI ningún poder humano parece capaz de parar la construcción de la torre de Babel.

Por Pierre Hillard , en Red Voltaire
Última obra publicada: La Décomposition des nations européennes: De l’Union euro-Atlantique à l’État mondial (La Descomposición de las naciones europeas: de la Unión euro-atlántica al Estado mundial. Editor: François-Xavier de Guibert, Francia

[1] Pierre Hillard, Minorités et régionalismes, París, éditions François-Xavier de Guibert, 4ta edición, p. 242 y siguientes.

[2] Ibid., p. 235.

[3] Ibid.,

[4] Ibid., pp. 184, 336 et 373.

[5] Ibid., p. 152.

[6] Ibid., p. 374 (la lista completa de estos movimientos independentistas se presenta a partir de la 2da edición).

[7] Sobre el origen de dicho documento, ver L’Effroyable imposture 2, ppr Thierry Meyssan, éditions Alphée, 2007, pp. 217-224.

[8] Pierre Hillard, La marche irrésistible du nouvel ordre mondial, París, Editions François-Xavier de Guibert, noviembre de 2007, p. 61.

[9] Ibid., p. 65.

Una respuesta

  1. Entrevista al senador suizo Dick Marty
    «La independencia de Kosovo no se decidió en Pristina»
    por Silvia Cattori*
    Kosovo declaró su independencia, unilateralmente, el 17 de febrero de 2008. ¿Cómo será el Kosovo de mañana? Al reconocer la independencia de Kosovo -que actualmente alberga la mayor base militar estadounidense del mundo- Estados Unidos, Alemania, Francia y Suiza, ¿no están infringiendo el Derecho Internacional, creando una nueva injusticia con respecto al pueblo serbio, avivando rescoldos y, de esta forma, preparando el terreno para nuevos enfrentamientos violentos en los Balcanes? Sobre este asunto entrevistamos al senador (del Partido Radical Democrático suizo) Dick Marty, en su calidad de presidente de la Comisión de política exterior del Consejo de los Estados de la Confederación Helvética.
    Silvia Cattori : Suiza reconoció inmediatamente la independencia de Kosovo. En el marco de la Comisión de política exterior del Consejo de los Estados de la Confederación Helvética, de la que es presidente, usted no estaba a favor de que Suiza se precipitara en el reconocimiento de Kosovo mientras que, por su parte, la ministra suiza de Asuntos Exteriores, Micheline Calmy-Rey, desde 2006, había afirmado claramente que Kosovo tenía derecho a la independencia. ¿Este reconocimiento no sienta un precedente peligroso?

    Dick Marty : ¡Nunca he comprendido la posición de Calmy-Rey! [actual ministra suiza de Relaciones Exteriores y ex presidenta de la Confederación Helvética]. Habría sido comprensible que se refiriera a la autonomía, a una solución confederal a la manera del modelo suizo. En el marco de la Comisión de política exterior, donde teníamos que emitir nuestro dictamen, recibimos una información incompleta. El Departamento de Asuntos Exteriores nos presentó un expediente prácticamente vacío: la versión del Derecho Internacional, según la opinión del Departamento, ocupaba una página y media. Eso es todo. Muchos comisarios no estaban bien informados. Todos los socialistas votaron la independencia de Kosovo por simple reflejo, en defensa de su Consejera federal [es decir de la ministra Calmy-Rey].

    Silvia Cattori : Entonces, ¿la precipitación de Suiza en este asunto le sorprendió?

    Dick Marty : No entiendo que el Consejo federal no haya esperado más. Hay algo que se me escapa. La independencia de Kosovo no se decidió en Pristina [principal ciudad de la región de Kosovo]. La mayoría de los países no han reconocido a Kosovo y no lo reconocerán.

    Silvia Cattori : Al reconocer a Kosovo, ¿piensa que Suiza, un pequeño país neutral, mete baza en un engranaje de intereses vinculados a los objetivos estratégicos de las grandes potencias de la OTAN?

    Dick Marty : Compruebo que el Derecho Internacional y la neutralidad son un poco como el parmesano. Se echa a la pasta según la salsa con la que se cocine. Sabemos que con algunas salsas no se pone parmesano. Si es pasta con gambas, la cocina italiana recomienda no poner parmesano. Si se trata de pasta boloñesa, el parmesano es bienvenido. Con esto quiero decir que, cada vez más, se invocan la neutralidad y el Derecho Internacional cuando interesan y se olvidan cuando son molestos.

    El Derecho Internacional me parece totalmente claro en la cuestión de Kosovo, y la neutralidad también. La Resolución 1244 del Consejo de Seguridad señala, en tres ocasiones, la integridad del territorio serbio y dice que Kosovo es una provincia serbia que será administrada temporalmente por la comunidad internacional. Rusia nunca habría aceptado esta Resolución si no señalara la integridad del territorio de Serbia. Esta Resolución sigue actualmente en vigor porque únicamente el Consejo de Seguridad puede modificarla o anularla.

    Cuando en 1999 los ejércitos a las órdenes de la OTAN bombardearon Serbia sin la autorización de la ONU, Suiza prohibió que los aviones de la OTAN sobrevolaran su territorio, porque se trataba de una agresión ilegal. Pero en esa guerra, incluso en Suiza, los medios de comunicación y numerosos políticos justificaron los bombardeos diciendo que era necesario liquidar a Milosevic.

    Siempre he opinado que había otras formas de resolver esta cuestión ya que, al bombardear Serbia, se bombardeó a la población civil y se utilizaron municiones que contenían uranio empobrecido. Actualmente conocemos las consecuencias para la salud. He hablado con especialistas en oncología. Todos coincidieron en que hay un desarrollo anormal de tumores en esa región desde los bombardeos de la OTAN. Pocas personas se atreven a hablar de esta catástrofe. Las propias autoridades serbias no tienen interés en hablar. Eso pondría a Serbia en una posición intolerable, ya que equivaldría a tener que admitir que no se pueden seguir consumiendo los productos agrícolas contaminados.

    Constato que los Gobiernos no dicen la verdad a los ciudadanos y que eso no es digno de una democracia. Aunque, en algunos casos, quizá la OTAN pueda tener razones para intervenir. Pero lo que lamento son las mentiras, la falta de transparencia.

    Silvia Cattori : Por lo tanto, en el caso del reconocimiento de Kosovo, ¿hay una clara violación del Derecho Internacional y de la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad?

    Dick Marty : Sí. En el Derecho Internacional, la autodeterminación de los pueblos está sujeta a toda una serie de condiciones. Es necesario, en particular, que exista un pueblo reconocido como tal. Lo que manifiestamente no es el caso Kosovo. Hasta ahora las Naciones Unidas nunca han reconocido a un país que se desgajó de otro contra la voluntad del país del que formaba parte.

    Por otra parte en Suiza, cuando Jura quiso crear un nuevo cantón separándose del cantón de Berna, hubo toda una serie de votaciones. Es obligatorio que la gente esté de acuerdo y el cantón de Berna también tuvo que votar. Suiza entera tuvo que votar.

    Las autoridades serbias aceptaron renunciar a Montenegro en 2007. Votaron en el Consejo de Europa para que Montenegro fuese admitido como nuevo miembro. Por lo tanto no es real que los serbios no quieran liberar a nadie; los vi votar en Estrasburgo, sin entusiasmo, pero no se opusieron. Las relaciones entre Serbia y Kosovo son diferentes que con Montenegro, que ya fue anteriormente una república.

    Pero nos dicen: «Kosovo es diferente, fue víctima de abusos por parte de Serbia». Constato que la comunidad internacional administra Kosovo desde hace diez años y que, tras estos diez años, Kosovo tiene una economía inexistente y se ha convertido en un foco del crimen organizado, del tráfico de drogas, de armas y de seres humanos. Constato que no hay una auténtica sociedad civil que esté en condiciones de poner en funcionamiento una verdadera institución democrática, y que lo que hay allí son diversas minorías que viven protegidas por las tropas internacionales.

    Durante estos años que Kosovo ha estado bajo el protectorado internacional se han quemado algunos monasterios e iglesias ortodoxas ante la indiferencia total de los medios de comunicación internacionales. Desde 1999, 250.000 serbios han tenido que abandonar Kosovo.

    No rechacé el reconocimiento de la independencia; dije: esperemos a ver si se trata de verdad de un Estado independiente que está en condiciones de proteger a sus minorías. ¿Por qué no hemos esperado? No lo entiendo.

    Alguien me ha dicho: «Suiza, con todos los problemas que ya tiene con Bruselas, y los de fiscalidad con Alemania, no debería contradecir a Bruselas y a Alemania, que es el país que promovió la independencia de Kosovo». Esa es una de las explicaciones que me han dado oficiosamente.

    Está claro que en esa zona hay una fractura entre los países de la OTAN y Rusia. Se va a crear un bastión contra Irán, que no está lejos, pero sobre todo contra a Rusia. Estas consideraciones tendrían que habernos inducido a ser más prudentes. Otros dicen: «Hay un 10% de albaneses de Kosovo que viven en Suiza. Hay ciertos intereses especiales». ¡Pero ese no es un argumento!

    Lo que me choca es que tengamos esta actitud cuando la Serbia actual no tiene nada que ver con la Serbia de Milosevic. En enero de 2008, ha habido en Serbia unas elecciones que todos los observadores internacionales reconocieron como libres y democráticas. Los serbios demostraron una madurez y un valor notables: eligieron al candidato pro europeo a pesar de que no era una elección fácil para ellos después de 10 años de bloqueo por parte de Europa. ¿Y qué hace Europa, qué hace el mundo occidental? Incitan a Kosovo a la independencia justo después de esa votación, empujando Serbia hacia el campo ruso y humillándola. Me parece absurdo.

    La Unión Europea, sobre todo, podría haber hecho una declaración dirigida a todos los países de la región y decirles: se les propone a todos un contrato de asociación con la Unión Europea y Kosovo gozará de una amplia autonomía. El presidente serbio, Tadic, vino al Consejo de Europa y, aunque era difícil para él, declaró ante los representantes de 47 países: «Estamos de acuerdo en reconocer la más amplia autonomía posible en Kosovo». No quisimos aprovechar esa ocasión. No lo comprendo.

    Lo que es preocupante actualmente es ver que, a pesar de las enormes posibilidades que tenemos de informarnos -a través de Internet por ejemplo-, nunca hemos estado tan expuestos a ser víctimas de la intoxicación. Sobre lo que pasó en los Balcanes hay una intoxicación bastante notable. Nos presentaron al Ejército de liberación de Kosovo (UCK) como si fuese una organización de hermanitas de la caridad.
    Silvia Cattori
    Periodista suiza.

    Traducido por Caty R. quien pertenece a los colectivos de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate.

    http://www.voltairenet.org/article155948.html

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