Hartos de Hillary Clinton

Eduardo Stanley
La Insignia. EEUU, mayo del 2008.

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La batalla por la Casa Blanca se decidirá en noviembre de este año. El candidato republicano ya está decidido; el otro, todavía no: los demócratas mantienen una lucha interna cerrada entre Barak Obama, senador de Illinois, y Hillary Clinton, senadora de Nueva York.

El proceso político de Estados Unidos no es muy emocionante. Tener que elegir entre los candidatos de dos partidos limita gravemente las opciones, problema que se agrava cuando las propuestas los dos son similares. Además, la sociedad de EE.UU. se enfrenta a un abstencionismo elevado. Según el U.S. Elections Project, en el año 2004 votó el 60,93 por ciento de los 202 millones de electores. Es decir, unos 123 millones; de los cuales sólo un poco más de la mitad (62 millones) apoyaron al ganador.

Este año se espera una participación mayor. La crisis económica, la guerra en Irak y el aumento en el número de solicitudes de ciudadanía pueden ser factores movilizadores. ¿Y los candidatos y sus plataformas? ¿Motivan a los votantes a acercarse a las urnas? En general, el clima político de Estados Unidos es uniforme, con pocas sorpresas. Como en una cadena de restaurantes de comida rápida, el menú es conocido y la comida tiene poco sabor.

Muchas personas que en general no se interesan por la política, consideran que una contienda entre Hillary Clinton y John McCain sería “aburrida”. Por eso prefieren a Obama, al que perciben más dinámico y “algo diferente”. Son ellos los que están inclinando la balanza a favor del senador de Illinois dentro del Partido Demócrata. Y esta tendencia se ha mantenido estable desde hace varios meses.

Pero Hillary y sus asesores no se dan por aludidos. Además, el propio lenguaje de la senadora, paternalista y condescendiente con los pobres votantes, está alejando a muchos de sus posibles seguidores. Por ejemplo, cuando repite el argumento de que su experiencia la convierte en mejor candidata Obama. ¿Qué experiencia? ¿La de primera dama? Entre gobernar y acompañar a un cónyuge a las reuniones hay una gran diferencia.

Las deserciones del campo de Clinton hacia el de Obama han ido aumentando. La semana pasada, una agencia de noticias afirmó que Obama había pasado a liderar el número de superdelegados y que ya tiene mayoría de delegados y de voto popular. Hillary Clinton envió un mensaje conciliador y afirmó que se retiraría de la campaña si la tendencía se mantenía. Pero su reciente (aunque pequeña) victoria en Virginia Occidental significo un retorno al triunfalismo. ¿Tanto tiempo necesita Hillary Clinton para aceptar la realidad?

El orgullo la domina. Estas son sus elecciones. Un viaje de coronación hacia la Casa Blanca para inscribir su nombre en la historia. Pero es posible que los electores decidan abandonar la insípida comida rápida y optar por algo más gourmet.

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