Del Cáucaso a Asia Central, «gran juego» alrededor del petróleo y del gas

(IAR Noticias) 05-Septiembre-08

Mapa de la región del Caúcaso y ubicación de oleoductos

El nuevo «Gran Juego» está en su apogeo. Esta vez, el petróleo y el gas se sitúan en el corazón del conflicto.

Por Régis Gente (*) La Monde Diplomatique (**)

La cumbre celebrada a mediados de mayo de 2007(**) entre la Unión Europea (UE) y Rusia ha tenido como principal escollo la cooperación en materia energética: la UE, que importa de Rusia un cuarto del petróleo y el gas que consume, se muestra inquieta ante el ascenso en potencia de Moscú en este terreno. El acuerdo que se formalizó, el 12 de mayo, entre el presidente ruso y sus homólogos de Turkmenistán y Kazajistán confirma un cambio de dirección: Moscú ha tomado la ofensiva, tras haber estado a la defensiva durante mucho tiempo debido a la política de trazado de los oleoductos y gaseoductos que impusieron las grandes potencias.

El nuevo «Gran Juego» está en su apogeo. Esta vez, el petróleo y el gas se sitúan en el corazón del conflicto. Pero la demanda de hidrocarburos no explica por sí sola la batalla que libran las grandes potencias para apoderarse de los yacimientos de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central y del Cáucaso, que con el derrumbe de la URSS en 1991 escaparon a la influencia de Moscú. El oro negro y el oro gris representan también el medio para una lucha de influencias destinada a controlar el centro del continente euroasiático. Por intermedio de majors petroleros, los oleoductos son como largas cuerdas que permiten a las grandes potencias amarrar en su seno geoestratégico a los ocho Nuevos Estados Independientes (NEI) de la región (1).

El «Gran Juego», expresión que se ha convertido en legendaria con Kim, la novela de Rudyard Kipling, designaba en el siglo XIX la lucha de influencias entre grandes potencias, en muchos aspectos similar a la actual. En aquella época, lo que estaba en juego era lo que entonces se conocía como «las Indias», la joya de la corona británica codiciada por la Rusia Imperial (2). El combate duró un siglo y terminó en 1907, cuando Londres y San Petersburgo acordaron la división de sus zonas de influencia mediante la creación de un Estado tapón entre ellas: Afganistán (3). El acuerdo perdurará hasta 1991. «Hoy, si bien han cambiado los métodos y las ideas en cuyo nombre actúan las potencias, si los protagonistas no son los mismos, el objetivo último perdura. De una u otra manera, se trata de colonizar Asia Central con el fin de neutralizarse los unos a los otros. Es verdad que el gas y el petróleo se desean por sí mismos, pero también como un medio de influencia», explica Muratbek Imanaliev, ex diplomático kirguizo (y antes soviético), que preside el Institute for Public Policy en Biskek (Kirguizistán).

A partir del derrumbe de la URSS, los NEI ven en el petróleo un medio para alimentar su presupuesto y consolidar su independencia respecto de Moscú. A finales de los años ochenta la empresa estadounidense Chevron codiciaba el yacimiento de Tenguiz, uno de los más grandes del mundo, situado al oeste de Kazajistán. En 1993 adquirió el 50%. Del otro lado del mar Caspio, el presidente azerí Gueidar Aliev firmó en 1994 el «contrato del siglo» con empresas petrolíferas extranjeras, para explotar el campo Guneshli-Chirag-Azeri.

Rusia se encoleriza: el petróleo del Caspio se le escapa. Se opone entonces a Bakú [capital de Azerbaiyán] argumentando la ausencia de estatus jurídico del Caspio, ya que no se sabe si es un mar o un lago. Moscú había esperado que las cosas fueran mejor con Aliev que con su antecesor, el primer presidente de Azerbaiyán independiente y el nacionalista antirruso Abulfaz Eltchibey, derrocado por un putsch en junio de 1993, algunos días antes de firmar importantes contratos con majors anglosajonas. Fino conocedor de los mecanismos del sistema soviético, Gueidar Aliev, ex general del KGB y antiguo miembro del Politburó, negoció en secreto con los petroleros rusos para encontrar un terreno de acuerdo con Moscú: Lukoil [empresa petrolera rusa] obtuvo un 10% del consorcio Guneshli-Chirag-Azeri. Este y Oeste comienzan a arrancarse los yacimientos de la zona.

En los años noventa, para justificar su penetración en la cuenca del Caspio, Estados Unidos infló sus estimaciones de las reservas de hidrocarburos allí disponibles. Hablaba de 243.000 millones de barriles de petróleo. ¡Apenas menos que Arabia Saudí! Retorno a la razón: en la actualidad estas reservas se estiman en 50.000 millones de barriles de petróleo y 9,1 billones de m3 de gas, lo que representa entre 4 y 5% de las reservas mundiales. Si Estados Unidos se atrevió a este gran bluff, fue porque «quería construir a cualquier precio el BTC [el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan]. Hicieron todo lo posible para lograrlo… Se trataba de prevenir la extensión de la influencia rusa, de tornarla más difícil. No sé en qué medida sabían que exageraban», afirma Steve Levine, periodista estadounidense que sigue estas cuestiones desde inicios de los años noventa (4).

Este juego de influencias se viene acelerando desde 2002. A causa de la «guerra contra el terrorismo» llevada a cabo en Afganistán a raíz de los atentados del 11 de septiembre, los militares estadounidenses se introducen en la antigua URSS. Con la bendición de una Rusia debilitada. Washington instaló bases en Kirguizistán y Uzbekistán, prometiendo retirarse tan pronto como la gangrena islamista fuese erradicada. «Bush utilizó este compromiso militar masivo en Asia Central para sellar la victoria de la guerra fría contra Rusia, contener la influencia de China y mantener el nudo corredizo alrededor de Irán», considera el ex corresponsal de guerra Lutz Kleveman (5).

Washington jugó también un papel determinante en las revoluciones «de colores» de Georgia (2003), Ucrania (2004) y Kirguizistán (2005), otros tantos graves reveses para Moscú (6). Enloquecidos por estos cambios de poder sucesivos, algunos autócratas de la región le dieron la espalda a Estados Unidos y se acercaron a Rusia o China. En efecto, el juego se ha ido complicando estos últimos años, a medida que Pekín hizo su entrada en los asuntos de Asia Central y que Europa, como consecuencia de la guerra del gas ruso-ucraniana de enero de 2006, acelerara sus proyectos de captación del oro gris caspiano. Petróleo, seguridad, lucha de influencias y batallas ideológicas: para salvar su apuesta en el «Gran Juego», es necesario jugar en todos los tableros a la vez.

Al principio, Rusia tenía una clara ventaja en este pulso. En 1991 controlaba todos los oleoductos que permitían a los NEI exportar sus hidrocarburos. Pero los apparatchiki devenidos en presidentes se esforzaron por no apostarlo todo a la carta rusa. Tras el hundimiento de la URSS se construyeron una docena de oleoductos que evitaron pasar por el territorio del gran hermano: Moscú perdió así su influencia política y económica.

El ejemplo de Turkmenistán es emblemático de las relaciones de Rusia con su antiguo coto cerrado: cuarenta de los cincuenta mil millones de m3 de gas que produjo en 2006 se vendieron a Rusia. No había otra elección. Salvo un pequeño gasoducto inaugurado en 1997 que lo conecta a Irán, sólo dispone del SAC-4, oleoducto que desemboca en Rusia. Una verdadera cadena. En abril de 2003, el Presidente ruso Vladimir Putin pudo obligar a su homólogo turcomano, Saparmurad Niazov (muerto a finales de 2006) a firmar un contrato de 25 años por 80.000 millones de m3 anuales vendidos al ridículo precio de 44 dólares/1.000 m3.

Bien pronto Asjabad [la capital de Turkmenistán] intentó volver sobre estas condiciones, y para ello interrumpió sus entregas. El invierno de 2005 Moscú se resignó a pagar 65 dólares por 1.000 m3 dado que el gas turcomano le era indispensable, en especial para aprovisionar a bajo precio a la población rusa. En septiembre de 2006 Gazprom fue más lejos y firmó un contrato con Asjabad por el cual se comprometía a pagar 100 dólares/1.000 m3 durante el periodo 2007-2009. Es que en abril, cinco meses antes, el difunto dictador turcomano había firmado con el presidente chino Hu Jintao un documento por el cual Turkmenistán debía proporcionar a China, durante treinta años, 30.000 millones de m3 de gas natural anuales a partir de 2009, y construir un gasoducto de 2.000 kilómetros. Fue sin duda por esta razón por lo que Gazprom tuvo que incrementar sus tarifas.

¿Querrá Asjabad seguir incrementando la puja? En abril pasado, de regreso de su primera visita oficial a Moscú como presidente, Gurbanguly Berdymukhammedov invitó a Chevron a participar en el desarrollo del sector energético turcomano. Su antecesor nunca se había atrevido a hacer tal invitación a un major internacional. Por otra parte, no dijo «no» a los adelantos europeos de un corredor transcaspiano. Quizás amenaza con hacer entrar a los occidentales en su juego para que Gazprom acepte pagar más -en efecto, le factura su gas a Europa a más de 250 dólares/1.000 m3.

Y sin embargo, Putin propuso restaurar el SAC-4 y construir otro gasoducto que conectara los dos países. El periodista ruso Arkady Dubnov observa: «Rusia quiere poner de manifiesto a los turcomanos que está dispuesta a hacer mucho por ellos. Moscú espera disuadirlos de tratar con los chinos y los Occidentales. La lucha que Moscú debe librar contra Turkmenistán prueba que Rusia está lejos de ser todopoderosa en las ex repúblicas soviéticas, y que lo que prima hoy es el pragmatismo económico de Putin y su entorno», concluye este experto de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

El método tiene a menudo el inconveniente de ser brutal. Así es como los europeos percibieron la crisis del gas de 2006 entre Moscú y Kiev (7). El espectro de la ruptura del aprovisionamiento empezaba a planear sobre el viejo continente, que importa un cuarto de su gas de Rusia. No obstante, modera Jérôme Guillet, autor de un informe sobre las guerras del gas de 2006, estas crisis son «más el reflejo de las luchas que se tejen entre bambalinas entre poderosas facciones en el seno del Kremlin o en Ucrania que una utilización deliberada del ‘arma energética» (8).

Primer productor mundial de gas y segundo de petróleo, Rusia recupera su bienestar financiero y toma iniciativas estratégicas. El 15 de marzo pasado firmaba un acuerdo con Bulgaria y Grecia para la construcción del oleoducto Burgas-Alexandropolis (BAP). Un verdadero competidor del BTC, que además es el primero que el Estado ruso controla en el territorio europeo. Asimismo, desde hace algunos meses el crudo circula por los 1.760 kilómetros del BTC y el gas por el Bakú-Tiflis-Erzurum (BTE). La arteria vital de la influencia occidental en la ex-URSS es funcional. Produce sus primeros efectos políticos.

Desde este año Georgia parece ser menos dependiente del gas ruso que hace un año, cuando era el único que podía importar. Así, los espectaculares aumentos del precio del gas que los rusos le impusieron -en dos años, pasó de 55 dólares a 230 dólares/1.000 m3- no afectaron tanto a la economía georgiana como esperaba Moscú. Los volúmenes suministrados por el BTE, a título de royalties, y por Turquía, que cede a bajo precio la parte de gas de este mismo gasoducto que le corresponde, le permitieron componer un precio medio aceptable (9).

Peor aún, para Moscú: la tentativa de imponer a Azerbaiyán un alza de los precios del mismo orden, esperando que se reflejara sobre las entregas en Tiflis, causó la ira del presidente Ilham Aliev. «Eso prueba que el BTC [así como el BTE] es por cierto la mayor victoria estadounidense en política internacional de estos últimos quince años. Es un éxito en cuanto al containment de Rusia y el respaldo a la independencia de las repúblicas del Cáucaso», considera Steve Levine. Estos oleoductos ofrecen a Estados Unidos y Europa la posibilidad de poner en marcha otros proyectos para diversificar sus fuentes de suministro y atraer bajo su influencia política los NEI de la zona. Dos proyectos están en el orden del día.

El primero, el Kazajstán Caspian Transportation System (KCTS), destinado a evacuar el petróleo del yacimiento de Kashagan, el más grande descubierto en el mundo en los últimos treinta años. Debe entrar en producción a finales de 2010, y los accionistas del consorcio que lo explota, formado por grandes majors occidentales (10), se proponen transportar sus 1,2 a 1,5 millón de barriles diarios por un itinerario al suroeste que atraviesa el Caspio. Ni hablar de que el oleoducto pase por debajo del mar, debido a la oposición rusa e iraní: una flota de petroleros hará pues el trayecto entre Kazajistán y Azerbaiyán, donde una nueva terminal petrolífera conectará el «sistema» al BTC. El que, gracias a algunas estaciones de bombeo suplementarias y al empleo de productos que dinamizan al paso del aceite por las tuberías, debería hacer que su capacidad pasase de 1 a 1,8 millón de barriles por día.

El segundo proyecto, que se refiere al oro gris, está aún en sus balbuceos. Se trata del «corredor transcaspiano», destinado a proveer a Europa de gas kazajo y turcomeno. Faouzi Bensara, asesor en energía de la Comisión Europea, señala: «Hablamos de ‘corredor’ y no de ‘gasoducto’. Proponemos reflexionar sobre las soluciones tecnológicas alternativas, como por ejemplo el fomento de las inversiones para producir gas natural licuado en Turkmenistán, que luego podría ser transportado por barco a Bakú». La Unión Europea no pretende ser protagonista del «Gran Juego», precisa el alto funcionario: «Sólo se guía por la demanda. Muy pronto tendremos necesidad de 120 a 150 mil millones de m3 de gas por año. Nuestro objetivo es encontrar estos volúmenes suplementarios y diversificar nuestras fuentes de aprovisionamiento. Eso es todo. Las soluciones que vamos a encontrar serán complementarias de las que ya existen».

En cambio, la otra gran tubería estratégica fomentada por Washington tiene pocas probabilidades de realizarse: se trata de la Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), ese famoso gasoducto que Estados Unidos, junto con la sociedad petrolífera estadounidense Unocal, preveía construir con los talibanes en la segunda mitad de la década de los noventa. «Con el regreso de los talibanes a Afganistán, este proyecto implica demasiados inconvenientes en términos de seguridad. Por otra parte, muchos expertos consideran que las reservas de Turkmenistán no se han evaluado correctamente», explica el profesor Ajay Kumar Patnaik, especialista de Rusia y Asia Central en la Universidad Jawaharlal Nehru, de Nueva Delhi.

Si bien Washington defendía el TAPI, lo hacía para aislar a Irán y a la vez debilitar a Rusia en Asia Central. En adelante, Estados Unidos se propone también integrar Afganistán a sus vecinos y al mismo tiempo proporcionarle con qué calentar a sus poblaciones y reactivar su economía, condiciones para su estabilidad. Con este objetivo el Departamento de Estado estadounidense reorganizó en 2005 su división Asia del Sur, para fundirla con la de Asia Central, y así favorecer las relaciones a todos los niveles en esta zona conocida como la «Gran Asia Central».

La energía constituye uno de los vectores esenciales de las relaciones internas de la zona. Por esta razón existe un determinado número de proyectos de estaciones hidroeléctricas, en Tayikistán por ejemplo, destinadas a abastecer el norte afgano. Pero el concepto general no tiene mucho éxito. Nueva Delhi, en especial, se siente lejos de Asia Central y no muestra entusiasmo por entrar en el TAPI. El proyecto de gasoducto Irán-Pakistán-India (IPI) propuesto por Teherán la seduce mucho más, aunque la Iran Libya Sanctions Act estadounidense (ILSA) -mediante la cual Washington castigaría a toda empresa que invirtiese en el petróleo o el gas de estos países- le impide dar el paso.

Mohammed Reza-Djalili, especialista iraní en relaciones internacionales de Asia Central, comprueba: «Irán es el gran perdedor del nuevo ‘Gran Juego’. No sólo los oleoductos eluden su territorio, sino que nadie puede invertir en Irán. Ahora bien, lo que necesita el país son justamente inversiones. Sus instalaciones datan de los años setenta, lo que lo obliga a importar el 40% de su combustible; no pudo explorar su porción del mar Caspio y subexplota su enorme potencial gasífero». Por otra parte, es paradójico que el «Gran Juego» excluya a Teherán cuando en Asia Central los productores de hidrocarburos sueñan con una ruta sur. Arnaud Breuillac, director para Europa Central y Asia Continental en Total, explica: «Es la más económica y técnicamente la más simple. Es lógico que estemos a favor de la diversificación de nuestras vías de exportación. En este marco optamos por la ruta sur, dado que la región de consumo más cercana al Caspio está al Norte de Irán».

Por esta razón el acercamiento a la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) (11) representa en este contexto, según Mohammed Reza, «un salvavidas para la política de Irán en Asia Central. De esta forma, Teherán puede tejer vínculos con Asia, especialmente con China, y aumentar su fuerza en su pulso con Estados Unidos».

Por su parte -explica Thierry Kellner-, especialista en China y Asia Central, en este «Gran Juego» China persigue tres objetivos: «Su seguridad, en particular en la provincia turcófona de Xinjiang, que bordea Asia Central; la cooperación con sus vecinos a fin de impedir que otra gran potencia se torne demasiado importante en el espacio centroasiático; y finalmente su aprovisionamiento energético». Las numerosas compras de activos petroleros que desde hace algunos años efectúa Pekín en Asia Central han hecho correr ríos de tinta. En diciembre de 2005 China inauguraba incluso un oleoducto que conectaba Atasu, en Kazajistán, con Alashanku, en Xinjiang. «El primer contrato petrolero que Pekín firmó en Asia Central data de 1997. China trabaja a largo plazo. Ha sabido sentar sólidas bases en Asia Central, y eso da sus frutos hoy», subraya Kellner.

Este frenesí de compras no responde sólo a la necesidad de hidrocarburos de un país que crece un l0% al año. Para Thierry Kellner refleja también su visión geopolítica: «China no ve las cosas en términos de mercado, aunque en la actualidad la oferta y la demanda de petróleo esté mundializada. Para garantizar su seguridad energética, se provee de yacimientos y oleoductos que la abastecen directamente, pero que le cuestan muy caro. Cuando lo fundamental es que oferta y demanda se equilibren a escala mundial para mantener el nivel de precios. Pekín, en su propio interés, debería más bien contribuir a este equilibrio a escala mundial sin pensar forzosamente en sus aprovisionamientos directos».

Para los chinos invertir en Asia Central constituye también una manera de intervenir en los asuntos de la región -para contribuir a su seguridad, dicen-. Pekín se compromete en la OCS para federar a los Estados miembros alrededor de temas que le son caros, como la lucha contra el terrorismo o la cooperación económica y energética. Además, la organización forma un bloque susceptible de solidarizarse fuertemente en caso de desestabilización de la zona o si Estados Unidos gana en influencia hasta el punto de amenazar los poderes existentes. La ola de «revoluciones de colores» que se produjo en 2003 en el espacio ex soviético la llevó a pronunciarse con mayor claridad contra Washington. Por ejemplo, en julio de 2005 sus seis miembros respaldaban a Tachkent en su exigencia de cerrar la base militar aérea estadounidense de Karshi-Janabad, establecida en el marco de las operaciones en Afganistán. De hecho, ya no hay más GI’s en suelo uzbeko.

En realidad, el «Gran Juego» conviene a las repúblicas de Asia Central y el Cáucaso, que apuestan a la competencia, tanto política como económica, entre las grandes potencias. Obtienen un poco de independencia, en la medida en que pueden decir «no» a tal o cual para volverse hacia otra gran capital. Lo que a menudo equivale sobre todo a elegir su dependencia. «Al jugar en estos intersticios, estas repúblicas utilizan vías cada vez más divergentes», constata Imanaliev. Así pues, mientras que Kazajistán abre su economía al mundo, Uzbekistán la cierra; y cuando Georgia juega a fondo la carta estadounidense, Turkmenistán siente una profunda desconfianza respeto a Washington. Más allá de estas diferencias, el «Gran Juego» les permite estar menos obligados a seguir la vía que impone uno de los Grandes. Si, por ejemplo, el discurso democrático de Occidente perjudica los intereses de los dirigentes centroasiáticos o caucasianos, siempre pueden volverle la espalda, dado que Pekín o Moscú no son tan exigentes en la materia…

A decir verdad, Washington o Bruselas tampoco lo son siempre. Los imperativos estratégicos los llevan a menudo a relegar los derechos humanos a segundo plano, lo que resta credibilidad a los valores llamados occidentales, que los poderes de la región consideran sólo como un arma ideológica. Para acallar las críticas, desde 2003, mes tras mes, sus dirigentes utilizan un discurso acerca de su propia manera -«oriental»- de construir la democracia en sus países. Mientras tanto la corrupción reina en el «Gran Juego»: el petróleo y el gas, a pesar de constituir fuentes de riqueza nacionales, escapan en lo esencial al control democrático de los habitantes de esos países.

******

(**) Fecha de publicación en Le Monde Diplomatique nº 140: Junio de 2007
(*) Periodista independiente, Biskek (Kirguizistán).

Notas:
(1) Vicken Cheterian, «Apuestas sobre el petróleo en Transcaucasia», Le Monde diplomatique, edición española, octubre de 1997, y «Asia central, retaguardia estadounidense», Le Monde diplomatique, edición española, febrero de 2003.
(2) La teoría del «heartland» proviene del británico Halford Mackinder. Este padre de la geopolítica contemporánea concibe el planeta como un conjunto que gira alrededor del continente euroasiático, el «heartland». Para dominar el mundo, hay que dominar este «pivote geográfico del mundo». Mackinder consideraba que Rusia, como amo del «heartland» debido a su posición geográfica, poseía una superioridad estratégica sobre Gran Bretaña, potencia marítima.
(3) Acerca del «Gran Juego», leer a Peter Hopkirk, The Great Game, On secret service in Central Asia, Oxford University Press, New York, 1991. Para un resumen histórico y actual claro y conciso, leer a Boris Eisenbaum, Guerres en Asie centrale, Luttes d’influences, pétrole, islamisme et mafias, 1850-2004, Grasset, París, 2005.
(4) En octubre próximo publicará un libro titulado The Oil and the Glory: The Pursuit of Empire and Fortune on the Caspian Sea, Random House, New York, 2007.
(5) «Oil and the New Great Game», The Nation, New York, 16 de febrero de 2004.
(6) Vicken Cheterian, «Espejismos de revolución en el Este», Le Monde diplomatique, edición española, octubre de 2005.
(7) Vicken Cheterian, «La revolución naranja de Ucrania pierde color», Le Monde diplomatique, edición española, septiembre de 2006.
(8) Cita extraída del libro de Jérôme Guillet, Gazprom, partenaire prévisible: relire les crises énergétiques Russie-Ukranie et Russie-Belarus, Russie. NEI. Visions, Nº 18, marzo de 2007, IFRI. Para una visión opuesta, ver Christophe Alexandre Paillard, Gazprom : mode d’emploi pour un suicide énergétique, Russie. NEI. Visions Nº 17, marzo 2007, IFRI.
(9) «La Georgie tente de réduire sa dépendance énergétique vis-à-vis de la Russie», Bulletin de l’industrie pétrolière pétrolière, 8 de febrero de 2007.
(10) Los accionistas de Agip-KCO son: Eni 18,52%; ExxonMobil 18,52%: Shell 18,52%; Total 18,52%; ConocoPhillips 9,26%; KazMunayGas (Sociedad nacional petrolera kazak) 8,33%; INPEX 8,33%.
(11) La OCS fue creada en 1966 con el nombre de «grupo de Shangai». Hoy día comprende seis Estados miembros (China, Kazajistán, Kirguizistán, Uzbekistán, Rusia, Tayikistán) y cuatro observadores (India, Irán, Mongolia, Pakistán). Este último estatus fue rechazado por Estados Unidos.

5 respuestas

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    Una cuestión que es preocupante es lo que subyace en estos enfrentamientos Rusia y los EEUU por el control de las riquezas y el escudo antimisiles de esta zona podría poner en marcha una tercera Guerra Mundial, la usura y codicia de los multimillonarios de los EEUU y Rusia y perder el control de riquezas, es un mal augurio para la paz en la zona.
    Rusia se siente atacada por los EEUU y el sentido de protección unido a la perdida del control de la zona no es lo mejor.
    La diplomacia no funciona como debería y las clases dominantes de los gigantes de Rusia y los EEUU, pueden originar una 3ª GM.
    Saludos

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  4. Ud. y yo Sr. Marcel.lí, creo que somos de los pocos que han debido darse cuenta que estos es solo un juego por el control geoestrátegico de los recursos petroleros y gasísticos junto a los geoestratégicos por parte de Estados Unidos y solo eso.
    En el caso del Cáucaso tienen como gran rival la Rusia, heredera de la antigua Unión Soviética.
    En otros lugares se ha encontrado a otros rivales como es el caso de Iran, no serán los últimos ni los únicos.
    Espero, y deseo, que sus vaticinios no se cumplan, que no lleguemos a esa III Guerra Mundial y que solo quede, como mucho, en escarceos pero el mundo está necesitando que alguien le de una lección a Estados Unidos y que le pare los pies.
    Lo de los sheriff queda muy bonito en las películas pero no en el mundo real donde nos hemos de regir de otra forma.
    Un saludo.

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  5. Sr. Jon Kepa, no creo que seamos los únicos, los rusos aún se acuerdan de los 20 millones de sus compatriotas muertos en la 2ª GM, pero no obstante es bueno y deseable denunciar y quitar el maquillaje al intento de implicarnos en una atroz IIIª Guerra Mundial por unos intereses económicos y geoestratégicos de los Estados Unidos de América.
    Saludos

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