Descubren una estatua de un Buda reclinado de 19 metros en Afganistán

el hueco de uno de los Budas gigantes de Bamiyan.

el hueco de uno de los Budas gigantes de Bamiyan.

20 minutos

Un equipo de arqueólogos ha hallado la estatua de un Buda reclinado de 19 metros cerca de las ruinas de los célebres Budas gigantes de Bamiyan, destruidas en 2001 por el régimen talibán, informó este martes una fuente oficial.

El monumento, que data del siglo III, fue descubierto en la provincia central de Bamiyan por un grupo de expertos liderados por el arqueólogo afgano Zamaryalai Tarzi, según un consejero del Ministerio de Información y Cultura, Mohamad Zia Afshar.”Hasta ahora, el cuello y el hombro derecho de la estatua han sido desenterrados”, añadió Afshar. El equipo de arqueólogos hizo el hallazgo mientras buscaba en Bamiyan una estatua de un Buda reclinado de 300 metros citada en un libro de un peregrino chino que visitó la región hace varios siglos, según la fuente. Otros hallazgos

“Además de hallar la estatua, el equipo ha descubierto también unas 90 reliquias que incluyen varias monedas” del Reino griego de Bactria y la era islámica, explicó Afshar.

Desde que el régimen talibán dinamitó en 2001 las dos estatuas de Buda de 55 y 38 metros, que tenían una antigüedad de unos 1.500 años, los expertos han hecho importantes descubrimientos arqueológicos en Afganistán.

Parece que hace tiempo que andaban tras este Buda gigante reclinado y sino vean este reportaje de un Magazine de El Mundo de hace algún tiempo.

(a) La confirmación. La expedición del profesor Zemaryalai Tarzi no encontró el Buda acostado, pero sí una cabeza de arcilla perteneciente a una estatua de Buda, lo que corrobora la existencia de la gran estatua.

En busca del gran Buda acostado de Bamiyán El testimonio de un antiguo viajero chino asegura que se encuentra cerca de los Budas gigantes de Afganistán que el régimen talibán destruyó en 2001. Un grupo de arqueólogos liderado por el profesor Zemaryalai Tarzi, un afgano exiliado en Francia, ya ha descubierto piezas fundamentales que confirman la existencia de esta estatua. Su importancia está en su tamaño: 300 metros, frente a los 46 de la Estatua de la Libertad. El próximo verano se reanudarán los trabajos para arrancar de las entrañas del valle de Bamiyán al gran Buda que los extremistas no pudieron dinamitar. PHILIPPE FLANDRIN FOTOGRAFÍAS DE MARC DEVILLE Un fantasma ronda el Museo de Kabul. Los guardias lo han llamado el espíritu del bodhisattva de Tepe Marandjan. El espantoso testimonio de esta escultura grecobudista, de unos 1.700 años de antigüedad, es la trágica historia del mismo Afganistán. En agosto de 2000, meses antes de la destrucción de los Budas gigantes de Bamiyán, el mulá Motassem, ministro talibán de Finanzas, afirmó públicamente que Tepe Marandjan era un escándalo: una mujer desnuda. A continuación escupió en la cara de la escultura y la abofeteó. “¡Por el Shietan (el demonio)! ¡Hay que castigar a todos los ídolos!”, gritaba el mulá. Seis meses más tarde, el 4 de febrero de 2001, cuando las feroces fuerzas de la represión habían entrado en Bamiyán haciendo estragos entre la población local minoritaria de tayikos y hazaras, Motassem y sus esbirros descargaron su furia iconoclasta contra el bodhisattva, contra la estatua: le rompieron la nariz, le sacaron los ojos, le atravesaron el cuerpo, la descuartizaron y, por último, le dieron el golpe de gracia para acabar de destruir la figura de arcilla. Era solamente el comienzo. Más de 2.500 estatuas greco-budistas fueron sometidas a la misma tortura. En Bamiyán, el 3 de marzo, los colosos apoyados de espalda contra el gran acantilado fueron conducidos ante el pelotón de fusilamiento. En nombre de cierta versión del islam, estas medidas pretendían borrar la memoria colectiva de una nación que había sido budista hasta el año 1000. A los gritos de dolor y a la sangre de los mártires se iba a sumar el silencio de estas víctimas de arcilla y piedra. ¿Reconstruir? Dos años después, en verano de 2003, restauradores afganos y especialistas del Museo Guimet, de París, decidieron romper el silencio que se cernía sobre Bamiyán. Así, la primera estatua a la que intentarían devolverle la vida sería aquella mujer desnuda, el bodhisattva de Tepe Marandjan. Sin embargo, tras reunir los ojos, la boca, el collar de perlas de la escultura…, se preguntaron si deberían restaurar la imagen suprimiendo las huellas de la barbarie talibán, con el riesgo de que las atrocidades se borraran, se negaran y se olvidaran. O quizá lo mejor era mantener las terribles cicatrices como testimonio de aquella furia religiosa. Este debate se extendió a los Budas gigantes, cuyos restos aún permanecen esparcidos en la base del gran acantilado. Algunos eran partidarios de reconstruirlos; otros consideran más importante dejar los escombros donde están, para denunciar la crueldad de quienes los destruyeron. Zemaryalai Tarzi –afgano pastún, exiliado en Francia desde 1979, profesor en la Universidad de Estrasburgo y especialista en Bamiyán– propuso no restaurar los Budas y que en su lugar se buscara otra estatua de gran valor simbólico: el Buda acostado, que representa al profeta en su lecho de muerte. Según Tarzi, este gigante de 300 metros de longitud se encuentra bajo tierra, en Bamiyán, no muy lejos del lugar donde se destruyeron los Budas gigantes. El desenterramiento de esta estatua –la más grande del mundo– sería una maravillosa venganza contra la absurda destrucción de los talibán. Sin embargo, el primer problema al que se enfrentaba era demostrar si dicha obra era real o pertenecía al imaginario popular. Las memorias de un viajero chino –que recogen la vida de un monje llamado Hiuan-tsang, quien visitó Bamiyán en el año 630 – ofrecen pruebas de la existencia de esta gran estatua. Así, en ellas se cuenta cómo, tras ser recibido por el rey, Hiuan-tsang vio a los dos grandes Budas de pie (los demolidos por los talibán). Además, el monje registró el tamaño de las estatuas: 53 metros, la más grande y 35, la pequeña. A lo que añadió: “Al este de la ciudad real, en un monasterio, hay una estatua de un Buda acostado a punto de entrar en el nirvana, que mide más de ?.000 pies (300 metros)”. Sin embargo, este coloso desapareció. ¿Cubierto por un corrimiento de lodos, destruido por un terremoto o por algún furioso precursor de los talibán? Nadie lo sabe, de manera que la búsqueda de la estatua representa un gran desafío, que este experto en Bamiyán aceptó el verano pasado. Con el apoyo de la Delegación Arqueológica Francesa en Afganistán, organización fundada en ?922, y 25.000 euros en concepto de ayuda, Tarzi emprendió su gran misión: desenterrar el Buda más grande del mundo y en sólo cinco semanas; el dinero no daba para más. La expedición estaba integrada por Tarzi, Nader Rasooli, un veterano arqueólogo que había sido alumno suyo en Kabul, y los franceses Mikael Rakotozonia, de 23 años, arqueólogo en formación, y Damien Cordier, de 22, futuro arquitecto. El 7 de agosto de 2003 el grupo llegó a Bamiyán, y vio, por primera vez, este sublime valle que separa los picos nevados de las montañas de Hindukush de las de Koh-i-Baba. En su corazón se eleva el acantilado donde se esculpieron los Budas y se realizaron las construcciones trogloditas en el primer milenio de la era cristiana. En los valles cercanos a Kakrak y Foladi también se construyeron espléndidas ermitas. Es un mundo de miles de cavernas, aunque la mayor parte de las estatuas y las pinturas murales que contenían han desaparecido con el paso del tiempo. Hoy, ninguno de estos tesoros está vigilado, salvo las ruinas de la ciudadela de Shar-i-Gholghola, situada delante de los grandes acantilados, antiguo epicentro de un amplio sistema defensivo de fortalezas y mazmorras que se extendía a lo largo de muchos kilómetros. Zemaryalai Tarzi estaba convencido de que el gran Buda debería hallarse al este del acantilado, entre Shar-i-Gholghola y lo que queda del Buda de 35 metros que dinamitaron los talibán. Una stupa (monumento funerario con reliquias o simplemente conmemorativo) de dimensiones colosales se eleva en este lugar, en medio de un campo de trigo. Para este profesor universitario se trataría de la parte visible del monasterio donde, según el monje viajero Hiuan-tsang, el rey organizaba la Gran Asamblea Moksa; es decir, el Consejo de Estado del reino de Bamiyán. El pasado enterrado. Los trabajos comenzaron el 9 de agosto. Unos 150 trabajadores nativos, dirigidos por Tarzi, empezaron a excavar para desenterrar los cimientos de la stupa. Se concentraron en dos grandes zanjas paralelas hacia el este y otras tres hacia el norte, el sur y el oeste. Cerca de la superficie, encontraron restos de hogueras que daban fe de la presencia, un siglo atrás, de campamentos de pastores pastunes. A mayor profundidad, hallaron trozos de cerámica del siglo XVIII, de la época en que el gran mongol Aurangzeb resultó herido y más tarde murió tras disparar un cañón contra los grandes Budas. “¡Pobre del que ose tocar el ídolo rojo!”, exclamaron los habitantes del valle, que atribuían poderes mágicos a las gigantescas estatuas. Más abajo se encontraron vestigios de los tiempos de Gengis Khan, que apareció en este valle con sus hordas en el año 1222. Otros restos de hogueras se remontaban al año 1000, época en la que Mohamoud de Ghazni conquistó Bamiyán y convirtió el pueblo al islam. Cada día, las palas de los obreros iban descubriendo el paso de los siglos. Cada centímetro cuadrado de tierra excavada requería duras negociaciones con el dueño del campo de trigo, quien exigía más dinero cada vez que Tarzi le pedía autorización para abrir otra zanja. Por fin, el 25 de agosto de 2003, cuando las primeras tormentas aparecían en el cielo, descubrieron unas extrañas escaleras, con escalones de arcilla y piedra, que debían pertenecer a la era budista, etapa caracterizada por las construcciones de arcilla. En esa época, Bamiyán era la encrucijada de la ruta de la seda. La ciudad prosperó con la llegada de las caravanas de China, La India y del Mediterráneo. Con los comerciantes también llegaron artistas itinerantes, cuyas obras adornaron los templos y monasterios, donde vivían unos 4.000 monjes. En ellos había representaciones de la deidad persa de la Luna, de los cocheros del Indo, de los príncipes del reino de Bamiyán… “Sin embargo, todos los pintores, escultores y monjes estaban de acuerdo en que Buda debería considerarse un hombre, no un ídolo”. Con estas palabras el monje viajero Hiuan-tsang se refería al Buda acostado que Tarzi buscaba. De pronto, al pie de esas misteriosas escaleras, los hombres de Tarzi descubrieron brazos, piernas y torsos mutilados de un gran número de estatuas, aunque sin cabeza. Tarzi se inclinó sobre este cementerio de cuerpos de arcilla. ¿Era esta destrucción el resultado de una campaña iconoclasta anterior? ¿Acaso los antepasados de los talibán habían retirado las estatuas de sus nichos para enterrarlas en este lugar? Las excavaciones prosiguieron con precisión quirúrgica. Con un escalpelo, los expertos iban retirando los restos de las esculturas. Pero el tiempo pasaba rápidamente y se acercaba el final de la expedición sin que hubieran hallado ninguna prueba de la presencia del gran Buda acostado. Y comenzó a instalarse una duda: ¿no estaría en otro lugar? Sin embargo, la incertidumbre duró poco. El 31 de agosto, los esfuerzos de estos aventureros se vieron recompensados: la cabeza pintada de un bodhisattva surgió de la fosa común de esculturas. Esa misma tarde apareció la de una donante y dos días más tarde, la de un Buda y otras cuatro caras. Todas eran de arcilla y habían sido pintadas en el siglo VI. ¡Y estaban intactas! Tarzi comprendió que habían entrado en un templo. Primero la stupa, después la escalera de arcilla y luego un templo, cuyos pilares se habían venido abajo, tirando al suelo las estatuas, que ahora aparecían boca abajo. Los muros, de gruesos ladrillos, habían sido diseñados para soportar un peso enorme. A pesar de la euforia por el descubrimiento, el líder de la expedición permaneció, aparentemente, imperturbable, dio un paso atrás y murmuró: “Me siento orgulloso”. El nirvana. Lo cierto es que todo hacía indicar que había hallado el monasterio Moksa y que las estatuas que acababan de desenterrar habían sido testigos mudos de una sociedad con gran actividad social y cultural, ya que además de un lugar de meditación fue una asamblea, un foro de debate. El templo Moksa se consideró también una avanzada escuela donde se aprendía a moldear la arcilla, mientras que arriba, en los acantilados, se enseñaba el arte de los murales. El gran Buda acostado, el hombre que despertó y ascendió al nirvana, el lugar donde ya no existe el deseo, era sin duda la fuente de inspiración de aquellos príncipes, artistas y monjes. Como también iluminó a Tarzi y a sus hombres. Llegó el mes de septiembre y el invierno estaba a punto de instalarse en el valle de Bamiyán. La expedición había terminado. Aunque temporalmente, poque Tarzi sigue con su sueño de arrancar el Buda gigante de las entrañas del monasterio Moksa, pero sabe que necesita más medios, triplicar el personal, prolongar la duración de la expedición y conseguir más dinero. El equipo regresará el próximo verano para continuar las excavaciones en el templo Moksa. Y quizá entonces Zemaryalai Tarzi tendrá, por fin, el privilegio de mirar el gran Buda acostado en su lecho de muerte, observando a sus hermanos destruidos. Sobre Bamiyán y otras riquezas arqueológicas de Afganistán, en: www.archaelogical.org/pdfs/papers/AIA_afghanistan_address_lowres.pdf La estatua más grande del mundo Las claves para desvelar el misterio del gran Buda acostado ¿Existe? Sí, según Hiuan-tsang, un monje chino que viajó a Bamiyán en el año 630. En sus “Memorias” describe un Buda acostado “de 300 metros”. ¿Dónde? En Bamiyán (en el centro de Afganistán), al este de los Budas gigantes destruidos en 2001. El monje usó estas estatuas para ubicar al Buda. Localizado. Según Hiuan-tsang, el Buda se hallaba en el interior de un monasterio. En agosto de 2003 el arqueólogo Tarzi encontró dicho templo. Pruebas. Figuras como la de la página siguiente (a) fueron encontradas en el monasterio en 2003 y apuntalan la teoría sobre la existencia del Buda acostado. Una estatua de 50 millones de euros Marta Galán En 1998 fue dinamitado el primer Buda de Bamiyán, durante la ocupación talibán de Afganistán. * Un año después, el “mulá” Omar emitió un decreto afirmando que los Budas gigantes serían protegidos por ser fuente de ingresos para el país, por su atracción turística. * En 2001, cambió de opinión y anunció su derribo, afirmando que sólo se trataba “de romper piedras” y que conservarlas iba contra el islam, que prohíbe la representación artística para evitar la idolatría. * El 3 de marzo empezó la aniquilación de las estatuas. * En 2002, se estimó que la reconstrucción costaría 50 millones de euros y que podría tardar hasta 10 años en llevarse a cabo. * El pasado octubre, eliminado el régimen talibán, el Gobierno afgano pidió ayuda a Suiza para recuperar sus restos arqueológicos, que son objeto de contrabando en este país por sus lagunas judiciales.

2 comentarios

  1. […] nos enteramos, a través de un blog llamado Jon Kepa, de lo que podríamos llamar “genocidio cultural”, llevado a cabo en Afghanistan desde […]

    Me gusta

  2. …el genocidio es mundial y no solo cultural… ni solo terrestre…

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

De la mar y los barcos

Just another WordPress.com weblog

Aragonízate

Ser aragonés... ¡cuestión de carácter!

El ilustrador de barcos

Mercantes, veleros y otros buques.

Emitologías

Explicaciones mitológicas para cotidianas expresiones

Enseñanzas Náuticas

Para conocer la mar y todo lo que le rodea

METAMORFOSIS

cambiar o morir

Reflexions d'un arqueòleg glamurós

La ploma més àcida de la xarxa

La Tronera de Celemín

Bitácora de un eterno aprendiz

Revista Diaria

Actualidad, salud, familia, finanzas, moda y mucho mas..

hungarianportrait

Portrait and Glamour Photography from Laszlo Racz

A %d blogueros les gusta esto: