La cruzada Putin-Chávez: Presionar al Imperio y jugar a los negocios con la «guerra fría»

(IAR Noticias) 28-Noviembre-08

Por debajo de la «mística revolucionaria» Chávez y su entorno de políticos y empresarios «boliburgueses» son expertos en hacer negocios con el petróleo de PDVSA. Debajo de la estrategia de la «guerra fría» con EEUU, Putin y su círculo de tecnócratas quieren vender armas y petróleo a toda la humanidad sin distinción ideológica. Ambos se retroalimentan: Putín lo necesita a Chávez (además de venderle armas y tecnología) como peón funcional de sus estrategia de «penetración» en el patio trasero con el objetivo de contrapesar la influencia USA-UE en espacios geopolíticos y económicos de Eurasia. Chávez (luego de abandonar el perimido discurso de la «guerra asimétrica) se vale de su alianza con Rusia para jugar en las grandes ligas de la guerra intercapitalista por el control de mercados y recursos estratégicos. Ambos se complementan: Chávez quiere crecer y salirse de los estrechos límites de la «izquierda gubernamental» latinoamericana que le permitió convertirse en un «enemigo de paja» de corto vuelo del Imperio estadounidense (al cual le entrega el estratégico petróleo venezolano). Putin (el que maneja el poder real detrás de Medvédev en Moscú), después de que Rusia se rebautizara como potencia mundial en el Cáucaso, quiere seguir avanzando contra las líneas del Imperio unipolar sionista para disputarle la hegemonía económica y militar.  Pero hay una diferencia sustancial entre ambos: Putin pelea una guerra intercapitalista (por áreas de influencia) con el Imperio USA-UE regente, y Chávez sólo pelea negocios capitalistas combinados con el show del discurso revolucionario sin contenido real. Y a no confundirse: Ni Putin es Lenin, ni Chávez es Fidel Castro. Y los roles están claros: Uno (Putin) es el titiritero, y el otro (Chávez) es el títere. La sociedad -por ahora-  funciona de maravillas. Mientras Washington -también por ahora-  «monitorea» los acontecimientos.

Informe
IAR Noticias

Washington y el Departamento de Estado se muestran públicamente «preocupados» por la presencia de una flota rusa con capacidad nuclear en aguas de Venezuela, pero, en realidad no lo están tanto.

Las que sí están «preocupadas» son las armamentistas y las petroleras estadounidenses que pierden cada vez más espacios comerciales a manos de Moscú en Venezuela.

La Casa Blanca y el Pentágono, saben que Rusia  sólo está jugando a una estrategia «disuasiva» en el patio trasero (nuclearizar el Mar Caribe para presionar una negociación nuclear en Europa del Este), mientras Gazpron y el complejo militar ruso facturan divisas fuertes con las armas, la energía y la tecnología de última generación en Venezuela y América Latina.

Rusia (una potencia capitalista emergente con poder nuclear) no está en condiciones (ni en voluntad) de disputar una guerra por el control militar-económico de América Latina con el arsenal nuclear y convencional combinado de EEUU y la Unión Europea. Además, los arsenales nucleares no están para ser utilizados (lo que convertiría al planeta en cenizas) sino para disuadir y presionar negociaciones.

El Kremlin sólo está utilizando su «alianza militar estratégica» con Chávez y el despliegue ostentoso de algunas de sus unidades nucleares en el espacio latinoamericano para seguir posicionado a Rusia dentro del «nuevo orden mundial» del sistema capitalista, con el petróleo, las armas y la energía como herramientas estratégicas.

Para algunos analistas rusos, América Latina sólo representa para Moscú un teatro de operaciones «disuasivas» que contrabalancea el «Gran Juego» por recuperar sus espacios de poder ocupados por EEUU en el ex espacio soviético.

Eso explica el «silencio» y la cautela de Washington frente a la cumbre Medvédev-Chávez realizada entre miércoles y jueves, donde ambos presidentes supervisaron un ejercicio naval conjunto entre Rusia y Venezuela.

Chávez, previsor, y por las dudas, se encargó de dejar bien en claro su decisión irrevocable de no cortar (bajo ninguna circunstancia) la provisión de crudo a EEUU y no alterar la sociedad comercial EEUU-Venezuela, cuya cifra asciende a US$ 50.000 millones.

EEUU es el principal cliente para las exportaciones venezolanas, particularmente las petroleras.

Venezuela envía más de un millón de barriles de crudo diarios al mercado estadounidense, en gran parte a refinerías de su propiedad que alimentan el sistema de estaciones de servicio Citgo, también de propiedad venezolana.

Además, de EEUU proviene cerca de un tercio de las importaciones venezolanas.

Eso no le impidió a Chávez recibir en Caracas al presidente ruso, Dimitri Medvédev, en carácter de «gran aliado estratégico».

A bordo del destructor Almirante Chabanenko, anclado en La Guaira, 20 kilómetros al norte de esta capital, los presidentes Medvédev, de Rusia, y Chávez, de Venezuela, inauguraron el jueves los ejercicios militares que las flotas de guerra de sus países efectuarán en aguas caribeñas.

Las operaciones de una semana, en las que participa el mayor crucero de propulsión nuclear en el mundo, Pedro El Grande, marcan el regreso de navíos rusos de combate al mar Caribe, en el que no incursionaban desde los tiempos de la Guerra Fría, cuando la extinta Unión Soviética mantenía una estrecha relación con su aliada Cuba.

Según escribe Humberto Márquez para la agencia IPS, más que acciones bélicas parecen un telón de fondo para el viaje de Medvédev por Lima, Río de Janeiro, Caracas y La Habana, animando otra clase de maniobras, económicas y comerciales, para explotar oportunidades de inversión, comercio y venta de tecnología y armas que se le abren a Rusia.

«Los rusos vienen en plan de venta
, para ganar dinero en esta región del mundo donde los precios de sus armas parecen ser competitivos», dijo a IPS la venezolana Rocío San Miguel, quien dirige la organización no gubernamental venezolana Control Ciudadano para la Seguridad y defensa.

En Venezuela «los rusos vienen a revisar el estado de ejecución de contratos de armamentos por US$ 6.000 millones  suscriptos hasta 2008, y con perspectivas de llegar a US$10.000 millones antes de 2015», dijo San Miguel.

Venezuela -señala Humberto Márquez- ha adquirido o pactado la adquisición de flotas de cazabombarderos Sukhoi y helicópteros MI, 100.000 fusiles Kaláshnikovs y la instalación de una fábrica de esos rifles y municiones, navíos, submarinos, aeronaves de transporte y sistemas de radares.

«La región es hoy uno de los más importantes clientes de armas rusas en el mundo. Las ventas pasaron de US$ 300 millones en 2001 a US$ 3.000 millones en 2006, y van en aumento», observó Moisés Naim, director de la revista estadounidense de temas internacionales Foreign Policy citado por IPS.

«Por supuesto que el apoyo estadounidense a Georgia en la reciente guerra del Cáucaso fue irritante y motiva a Moscú para mostrar que también ellos pueden meterse a fastidiar a los yanquis en su vecindario. Pero para los familiares, socios y amigos del Kremlin ésas no son las cuentas que verdaderamente importan, sino las bancarias», señaló Naim. El comercio ruso-latinoamericano ha crecido casi 30 por ciento interanual en los últimos tres años y alcanzaría los 15.000 millones de dólares en 2008, según Moscú.

El canciller ruso, Sergéi Lavrov, señaló con claridad que el objetivo de su país en América Latina es «potenciar las exportaciones de tecnología de punta y la colaboración en el campo de la energía, la producción y transporte de gas y petróleo, la maquinaria de construcción, las industrias metalúrgicas y de transporte, el uso pacífico de energía nuclear y la exploración espacial».

Medvédev inició su gira por la región asistiendo a la cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) que se realizó en Lima, y a continuación viajó a Río de Janeiro para reunirse con su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

El presidente ruso elogió a Brasil como su «primer socio comercial en América Latina» y ambos presidentes firmaron acuerdos para suprimir visas –y agilizar así los viajes de negocios– y de cooperación espacial, pues Moscú ayuda a Brasilia para que desarrolle su propio vehículo lanzador de satélites.

Hay un fuerte interés ruso -señala Márquez en IPS– por participar como proveedor de armamento para Brasil, así como en la explotación petrolífera y el tendido de gasoductos de ese país.

Con Cuba, que tiene en Rusia su décimo socio comercial, existe una corriente comercial que Medvédev también quiere reforzar, y que alcanzó el año pasado 363 millones de dólares. Las perspectivas de aumento de esa cifra son claras, porque gran parte de la industria cubana y de su parque automotor es de origen soviético.

Las señales que entrega Rusia indican que regresa al Caribe y América Latina «para quedarse», y más si junto con las maniobras que reafirman su papel de actor de primera línea en la política global puede avanzar en la concreción de negocios que le permitan invertir en la expansión y modernización de su economía.

Con Venezuela se han firmado decenas de acuerdos el último bienio. Chávez visitó Moscú dos veces en 2008 e irá de nuevo el año próximo. Sin embargo, en la escala caraqueña de Medvédev se rubricaron otros ocho convenios.

Entre ellos figuran acuerdos para facilitar la participación de empresas rusas en la exploración y explotación de hidrocarburos en la sudoriental Faja del Orinoco, para brindar ayuda a la industria ligera venezolana y para cooperación nuclear con fines pacíficos.

Como se puede apreciar, con la «guerra fría» como aderezo de fondo, el Kremlin ha iniciado un «desembarco comercial» en América Latina que todavía no ha recibido una respuesta concreta de Washington que permanece en «silencio de radio».

Chávez por su parte volvió  a calificar a Rusia de «aliado estratégico» e informó sobre el próximo ingreso al país de un nuevo sistema defensivo ruso con cohetes de largo alcance, capaces de llegar a blancos situados a unos 200 kilómetros.

La cumbre de ambos presidentes -con los ejercicios navales como decorado- se produjo semanas después de que Washington anunciara la reactivación de su Cuarta Flota, que ya navega por aguas del Caribe.

La reactivación de la Cuarta Flota USA patrullando aguas latinoamericanas es una señal clara -dicen expertos regionales- de que EEUU está lanzando una señal preventiva a quienes se atrevan a poner los pies sobre los recursos estratégicos de la región (petróleo, agua potable y biodiversidad) que considera como suyos.

Por ahora, Putin y Chávez solo están presionando  al Imperio y jugando a los negocios con la «guerra fría».

Mientras tanto, hay que esperar y ver como reacciona Washington, el otro protagonista central de la novela capitalista disfrazada de «guerra fría».

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