Aroma a faraona para las mujeres del XXI

90faradenLas mujeres de las dinastías del Antiguo Egipto eran famosas por su belleza y por todos los tratamientos con los que conseguían sublimarla. La estilizada faz de Nefertiti, los baños de Cleopatra en leche de burra… Auténticas precursoras del mundo de la estética, muchos de sus secretos quedaron enterrados en sus tumbas y sólo se han descubierto con el paso de los siglos. El último, el perfume que usó la faraón Hatshepsut.

Mujer consciente de su poder, Hatshepsut supo convertir lo que debía ser una sencilla regencia en un reinado de dos décadas que comenzó aproximadamente en el año 1479 aC. Su hijastro Thumtose III, que sólo tenía tres años en el momento en el que Hatshepsut ocupó el trono, vio cómo “ella le apartaba sistemáticamente del poder”, asegura Michael Höveler-Muller, comisario del Museo Egipcio de la Universidad de Bonn, en Alemania.

Un modo de demostrar su poder era a través del perfume. “Pensamos que es probable que uno de los ingredientes principales fuera el incienso, la esencia de los dioses”, explica Höveler-Muller. Indicios históricos que sustenten esta teoría no escasean: durante su regencia Hatsepshut ordenó expediciones a la legendaria Punt, en la actual Eritrea, y comenzó a importar plantas de incienso entre otros productos como oro, ébano o marfil.

Entre las pertenencias que se han hallado en su tumba se encuentra un frasco conservado excepcionalmente “así que consideramos que podría ser escaneado en el departamento de Radiología de la clínica de la universidad, algo que nunca se había hecho antes”, explica el comisario. “Los residuos disecados de un fluido se pueden discernir claramente en un análisis de rayos X y nuestros farmacólogos van a analizar el sedimento”. Si todo sale bien, en un plazo de un año será posible reconstruir el perfume. Tres mil quinientos años después de su muerte, el aroma de la mujer que gobernó Egipto durante más tiempo volverá a la vida.

La momia de Hatsepshut, cuyo hallazgo es considerado por muchos egiptólogos como el más importante desde el descubrimiento de la de Tutankamon en 1922, sólo pudo ser presentada al público contemporáneo en junio de 2007. Las dudas sobre su identificación duraron hasta que una prueba genética de sus maxilares confirmó la identidad: su sucesor, Thutmose III, había hecho lo imposible por borrar su rastro de la historia y tras su muerte mandó destruir todas las estatuas que la recordaran.

Vanitatis

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