Federico, quédate

1239072436_376892_fotonoticia_normal_0El verdulero de la COPE. (EFE)

«El periodismo en este país está muy corrompido», sentenció hace unos días Federico Jiménez Losantos. Como el primer paso para alcanzar la sabiduría es conocerse a uno mismo, estoy por asegurar que con esa frase lapidaria, el verdulero de la Cope alcanzó la erudición suprema. Se convirtió en un sabio. En un gurú. En un dios. En algo mucho más elevado que el profeta que ya era. Su reino de Gomorra, queridos lectores, ya no es de este mundo. El presentador de «La Mañana» insinuó, sin duda, que podría abandonar su carcasa terrenal, elevarse sobre los altares católicos y emprender proyectos más ambiciosos…

Los obispos han debido entender la metamorfosis de Federico como un milagro. Y no les gusta la competencia: se lo quieren quitar del medio. Alfonso Coronel de Palma, presidente ejecutivo de la Cope, le ha comunicado que a partir de la próxima temporada dejará las mañanas y pasará a las noches. De diez a doce. Horario más breve y discreto, de medio pelo. Lo que viene siendo un pase negro. O un puente de plata. Todo parece indicar que Federico, cabreado como una mona, no aceptará este desplante y buscará nuevas esquinas donde vomitar bilis.

Podríamos pensar que los obispos han reaccionado. Tarde, pero han reaccionado. Pues no señor. No se han cansado de financiar con dinero del cestillo a un insultador profesional. Se han cansado del descenso de la audiencia del programa del jefe de propaganda de Esperanza Aguirre. Y, sobre todo, del descaro que supone la concesión por parte de la Comunidad de Madrid, a Federico y a su amigo Pedro J., de la licencia de una emisora de radio. Es decir, competencia directa con la Cope.

El bueno de Losantos dice que la culpa de todas sus desgracias la tienen Cañizares, Gallardón, Rajoy y hasta Zapatero. Grave error. Josep Goebbels, otro artista de la propaganda política, aseguró en su ‘Principio de simplificación y del enemigo único’ que se debe individualizar al adversario en un único enemigo. No digo que Losantos busque las causas de su caída en un espejo, Dios me libre, pero sí que recapacite y pida perdón. A los obispos. Y si es en esta semana de pasión, mejor.

Si tiene que emprender una nueva aventura radiofónica partiendo de cero, Losantos no disfrutará de la fabulosa procesión de oyentes que ha obtenido en la Cope. ¿He dicho oyentes? Mejor diré fanáticos. Y con esa pérdida negará otro de los principios del maestro Goebbels: el de la vulgarización: «Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar».

Resumiendo… Losantos no debe abandonar la Cope: es mejor tener todos los gusanos en la misma manzana.

Por JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ (SOITU.ES)

Una respuesta

  1. ¡Que se quede, que se quede!

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