Bolivia y el mar

20080610klphishpe_1_ges_scoLímites entre Perú, Bolivia y Chile antes de 1879.

Un realidad que sería modificada con consecuencias fatales para Bolivia, que perdería su llegada al mar.

A 125 años de la firma del Pacto de Tregua que despojó a Bolivia de su territorio costero. Un pequeño artículo recordando los hechos, sus consecuencias y sus posibles soluciones en la actualidad. La larga lucha de un pueblo, por recuperar su legítima salida al mar.

En 1883 finaliza la llamada Guerra del Pacífico. Esta guerra iniciada 5 años antes, enfrentó a Chile con Perú y Bolivia. La contienda finalizó con el triunfo del ejército chileno sobre la coalición. El resultado: Bolivia acabó aislada y en condición mediterránea al perder su acceso a los puertos del Pacífico. Perú, perdió las ciudades de Arica e Iquique.

El 4 de Abril de 1884 se firma el Pacto de tregua entre Bolivia y Chile. El Pacto declaraba suspendidas las hostilidades y sujetaba al “régimen político y administrativo que establece la ley chilena, los territorios comprendidos desde el paralelo 23 hasta la desembocadura del río Loa en el Pacífico”. O sea, quedaba decretada la pérdida de acceso al mar de Bolivia.

Es bueno recordar que antes de la llegada del “viejo continente” al territorio que ahora se llama América, las naciones-estados, tal cual las conocemos ahora, no existían. Fue el imperio quien en su invasión nos dividió haciendo honor al proverbio “divide y reinarás”.

“Mucho antes de la fundación de la República de Bolivia, el Alto Perú, como se lo conocía durante la colonización Española, ya contaba con un amplio acceso al Océano Pacífico. Y para que no se diga que Bolivia nunca tuvo mar, el Libertador Simón Bolívar estableció a Cobija como puerto mayor de las provincias altoperuanas, baste otear el mapa cartográfico de entonces para poder evidenciar lo aseverado”, nos relata el periodista boliviano Marco Aurelio Guzmán.

Entonces el territorio que sería parte de la República de Bolivia contaba con su salida al mar.

El 14 de febrero de 1879, con la ocupación militar de Antofagasta por parte de las tropas chilenas, comienza la guerra. Con la agresión bélica Chile buscaba apoderarse de los ricos campos de nitrato del desierto de Atacama, que por aquel entonces era territorio de Bolivia y Perú. Lo lograron.

Eduardo Galeano cuenta que según la historia Chile ganó la guerra largamente planeada; pero que la historia real comprueba que el gran beneficiado fue el empresario británico John Thomas Noth, quien sin disparar un tiro ni gastar un centavo se apoderó de los territorios que habían sido de Bolivia y de Perú. Quedándose así son grandes cantidades de salitre, que era por entonces el fertilizante imprescindible para alimentar las cansadas tierras de Europa.

Entonces, como dice el periodista José A. Buergo Rodríguez, esta fue la “guerra que nunca debió ocurrir entre países vecinos y hermanos, pues nacieron en la América de Bolívar y O´Higgins, alcanzando su independencia con incontables sacrificios de vidas de sus mejores hijos en luchas contra la metrópolis española”

Las ambiciones europeas volvían a dividir lo que debía estar unido en hermandad; por una misma historia de lucha, liberación y por la compartida sangre derramada de sus pueblos.

El intento de Allende

Desde aquella época el pueblo boliviano ha reclamado la devolución de su salida al mar. Ni siquiera se trata de volver a recuperar los territorios perdidos, sino del legítimo derecho de contar con una salida al mar, la cual se hace imprescindible para desarrollar económicamente a un país tan pobre como Bolivia.

El ex presidente chileno Salvador Allende supo reconocer el derecho del país andino, “Bolivia retornaría soberana a las costas del mar Pacífico” (…) “los escritores y todos los hombres de buena voluntad deben venir a Chile y explicar sus anhelos, discutir, crear las condiciones subjetivas en el pueblo para llegar al feliz entendimiento. Ahora no somos gobierno de la oligarquía minoritaria, somos el pueblo. No nos guían intereses de clase dominante. No les pedimos nada, queremos solamente reparar el despojo cruel del que ha sido víctima el pueblo boliviano”, fueron las palabras que Allende le transmitió a Néstor Taboada en una visita al entonces presidente de Chile.

La integridad de Allende posibilitaba esto; pero su corto mandato, asediado por la reacción y la oligarquía interna, no le dio tiempo, ni apoyo de su propio gobierno para introducirse en negociaciones de tan trascendente repercusión geopolítica.

Un pueblo que no deja de luchar por su mar

Sin embargo, luego de muchos años, este anhelo cobra una dimensión mayor al momento de la asunción de Evo Morales como presidente de Bolivia. El significado que adquiere el primer presidente indígena en un país habitado en su mayor parte por pueblo originario, un presidente que levanta las banderas de la reivindicación y defensa de la patria, que lucha por la soberanía y se desliga del imperialismo.

Entonces se hace urgente y latente el reclamo histórico tan postergado. Evo Morales ha declarado que “el tema del mar es una deuda histórica de larga data que se debe saldar tarde o temprano y que se debe resolver mediante el diálogo y la diplomacia tal como se han resuelto otros diferendos limítrofes”

Y ha explicado la necesidad que Bolivia y su pueblo tienen al respecto argumentando que “en primer lugar el acceso al mar nos resuelve el comercio trasatlántico, en segundo lugar ayudaría a establecer una relación comercial en el área energética con Chile, lo mismo con Perú. Sin embargo lo fundamental es el aumento en el tema del comercio en general y el regional y aunque no es una solución para Bolivia sí aliviaría aspectos relativos al intercambio e integración comercial, entre otras cosas. (…) A nosotros no nos anima ningún sentido revanchista ni de recuperación de territorios perdidos con nuestros vecinos, si así fuese tendríamos que reclamar a Brasil y a Paraguay por territorios que en el pasado fueron usurpados. El mar tiene un sentido distinto no es una cuestión de soberanía sobre esos vastos territorios que hoy ya no nos pertenecen, sino que sostenemos que no es posible que Bolivia haya sido amputado del mar. He revisado la realidad geográfica de otros países y nosotros somos los únicos al que se le ha despojado su mar y eso hay que repararlo, nadie va a perder nada si Bolivia recupera su mar, al contrario, ganará igualmente el pueblo de Bolivia y el de Chile.”

Así se entiende, por boca del propio Evo, que no se trata de un capricho o una revancha por recuperar el terreno, sino de un legítimo reclamo de que esa nación cuente con una salida al mar.

La solución al conflicto tiene algunas posibles salidas: un corredor, la mitad territorio peruano y la otra mitad de territorio ahora chileno y que pertenecía a Bolivia. La otra alternativa de solución para el retorno al mar con soberanía radica en el Corredor de Arica que se propuso entre 1975 y 1978.

El reclamo de Bolivia se ha hecho eco en muchos países. Especialmente de los hermanos Cuba y Venezuela.

En la reciente visita de la presidenta chilena, Michelle Bachelet a Cuba, Fidel Castro ha reiterado su total apoyo a que Bolivia recupere su salida al mar. En 2003, ante los dichos del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien reclamó y apoyó el pedido histórico de Bolivia, la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba se sumó y declaró: “El presidente Chávez, con la autoridad moral de encabezar la Revolución Bolivariana que encarna los ideales del Libertador Simón Bolívar, creador de la República de Bolivia, y que tanto luchó por una América Latina libre, independiente y unida, ha reclamado solidaridad con esta noble causa. En su reciente visita a Venezuela, nuestro presidente Fidel Castro les dio el firme respaldo del pueblo de Cuba”.

Nuevamente la polémica se desató hace pocos días cuando el presidente de Perú, Alan García, afirmó que Bolivia “hace rato renunció” a recuperar su acceso al océano Pacífico.

Este infeliz dicho provocó la reacción de Evo quién expresó que su país jamás renunciará a recuperar una salida al mar, y abrió la posibilidad de recurrir a la comunidad internacional para que su país recupere la vía al Pacífico.

Con estas declaraciones no queda lugar a dudas de que Bolivia y su pueblo continuarán bregando por lo que les corresponde.

La nueva geografía política de Latinoamérica, que finalmente se está levantando y pisando firme, debe construir una solución ante todo, humana y revolucionaria, donde no primen las mezquindades sino la firme certeza de que los países de la región deben y pueden luchar juntos por un mundo mejor.

YKVE Mundial

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