Racismo ayer y hoy

El racismo es un serio problema en todas partes, es por ello que hay tanta gente que quiere luchar contra él, pero para saber como acabar con el racismo tenemos que entender de donde viene y a quién beneficia.

No es difícil escuchar la opinión de que el racismo forma parte de nuestra naturaleza humana. Esta opinión no sólo es compartida por los racistas, sino que por desgracia también es apoyada por muchos antirracistas, con frases como “no me gusta el racismo, pero en el fondo todos somos un poco racistas, todos tenemos parte de culpa”. Gente que desea derrotar el racismo pero que no encuentra una respuesta a por qué existe éste, por qué hay tanta gente con ideas racistas o simplemente piensa que el racismo ha existido siempre y por consecuencia nunca desaparecerá.

Si tomamos el racismo como la discriminación sistemática contra un grupo de personas por cuestiones “raciales” o color de la piel, nos lleva a razonar que el racismo no ha existido siempre.

Si bien es cierto que durante la época griega y romana existía una división entre esclavos y ciudadanos libres, ésta no tenía nada que ver con connotaciones raciales o con el color de la piel, éstas eran facetas irrelevantes. De hecho, el emperador Septimius Severus (193 al 211 DC) era, según descripciones de su físico; negro, aunque estas clasificaciones (blanco y negro) no existían en esa época. Esto no significa que fuera una sociedad mejor, al contrario, estaba basada en una opresión y explotación terrible.

Ya en la Edad Media, la línea divisoria se basaba en la religión, tanto cristiana como islámica, entre creyentes y no creyentes. Y la verdad es que siempre tenías la posibilidad de cambiar tu opción, no es una excusa para todos los horrores cometidos, pero sí sirve para observar que la discriminación no se asentaba en cuestiones raciales sino en cuestiones religiosas, y que tanto eran perseguidos los judíos como las sectas cristianas. La práctica del cambio de religión es una puerta cerrada para los negros, los judíos o para cualquier otra víctima del racismo actual.

Capitalismo y esclavitud

De hecho, el racismo apareció cuando apareció el capitalismo, por eso sigue siendo tan válida la apreciación de Malcolm X de que “no puedes tener capitalismo sin racismo”.

Desde los siglos XV al XVIII con la expansión de los mercados y la internacionalización de capital, primero el imperio español y portugués y más tarde el inglés y el francés mantuvieron una fuerte presión en las Américas para extraer el máximo beneficio de su explotación. En consecuencia, el imperio necesitaba gran cantidad de hombres y mujeres para trabajar en las plantaciones. En primer lugar tomaron a la población indígena, a la que condenaron a una fuerte explotación y junto a las enfermedades transmitidas por los europeos, condenaron a ésta casi a la desaparición.

En 50 años la conquista española de México supuso que su población pasara de treinta millones a solo tres millones.

Esto suponía para los imperios la necesidad de más mano de obra, que hallaron en África. La esclavitud supuso sólo en el siglo XVIII, ocho millones de personas trasladadas de un continente a otro, expoliando todos sus derechos. Esta negación total de los derechos era antagónica, al fin y al cabo, a las ideas de igualdad y libertad que la nueva clase capitalista ondeaba.

En consecuencia, tenían que crear una teoría que excusase la práctica que ya se llevaba a cabo, la esclavitud. Si bien la declaración de independencia de las colonias americanas al romper con el imperio británico decía que todos los hombres eran iguales, su contradicción «desaparecía» al manifestar que los negros eran inferiores a los humanos. Esta contradicción se personificaba en Thomas Jefferson, él escribió la declaración de independencia y a la vez era un esclavista.

El racismo no ha caído del cielo, no ha estado presente en todas las sociedades y por tanto no es algo inherente en la naturaleza humana sino que apareció como justificación de una brutal explotación, de la violación de todos los derechos del hombre.

Esta explotación se desencadenó al desarrollarse el capitalismo y hoy en día la clase dirigente sigue utilizando el racismo para dividir a los trabajadores y enfrentarles entre ellos.

Racismo institucional

Los controles de inmigración son un buen ejemplo de como los gobiernos utilizan a la gente más pobre como chivo expiatorio.

La ley de extranjería, como todos los demás controles de inmigración, tiene como base la idea racista de que en cierto modo el problema de la crisis, viene dada por los inmigrantes que vienen en busca de trabajo.

Esta idea se basa en la creencia de que tanto el Estado español como el resto de Europa está superpoblado, pero lo cierto es que mientras los políticos utilizan la imagen de una Europa superpoblada para culpar a los inmigrantes, los economistas indican que las tasas de natalidad en todo el continente van en descenso desde hace años. No es casualidad que el 1994 fuera el año de la familia, promocionando los valores que esta “institución” simboliza.

De hecho, el problema radica fundamentalmente en que los mismos que promueven estos controles en momentos de crisis, son los que destruyen más y más trabajos, dan menos posibilidades para poder obtener una vivienda, promueven los recortes en la enseñanza, en la sanidad y en todo tipo de servicios sociales. Utilizan a los inmigrantes para despistar a la gente de los problemas que la propia clase dirigente creó en el pasado y sigue creando en el presente.

El problema no se encuentra en los movimientos de población, estos son en gran parte provocados por la internacionalización del capital.

Los grandes empresarios mueven sus fabricas por todo el planeta, cierran una fábrica en el Estado español y abren la misma en algún lugar de la Europa del Este, puesto que los salarios, las materias primas etc. les salen más económicos. Los empresarios ganan millones y millones de beneficios y cuando ven que estos beneficios no van a ascender más y más, trasladan las fabricas a otro país, destrozando miles de puestos de trabajo, que no sólo afectan al trabajador, sino a toda su familia y a su entorno (barrio, ciudad, pueblo). Los mismos que destruyen el trabajo en un lugar, animan a la gente a ir a un nuevo sitio a buscar trabajo “fácil”.

Los gobiernos de los países receptores de estas nuevas empresas buscan desesperadamente mano de obra barata, para poder sacar su tajada del pastel de beneficios y por eso no es difícil ver que en los años 50 y principios de los 60 los gobiernos alemán, británico, etc. abrían sus puertas a cualquiera, mientras que años más tarde los mismos gobiernos creaban leyes antiinmigrantes, para culpar a éstos de la crisis que el propio mercado había creado.

Los controles de inmigración son controles para la gente negra, para los marroquíes, en fin, para la gente que sufre la pobreza. Son siempre controles racistas y es por ello que los y las socialistas revolucionarios nos oponemos a cualquier tipo de control de inmigración.

Las condiciones de explotación absoluta que sufrían y sufren los inmigrantes en Lorca (Murcia), al igual que en muchas otras partes del Estado, atrapados sin ningún tipo de salida legal y con el abandono total por parte del gobierno, que les negaba la regularización, ha creado, en ocasiones, situaciones explosivas como las de El Ejido y Terrassa.

Este conflicto enseña de manera muy clara para lo que sirven los controles de inmigración y al mismo tiempo muestra la importancia de la movilización en contra de éstos.

Publicado por primer vez en Socialismo Internacional, No 8, noviembre de 1995. Aparece aquí en una versión actualizada.

Por Josep Garganté

En lucha.org

Artículo relacionado:

El racismo al revés: ¿Están resentidos los inmigrantes con los españoles?

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3 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El racismo es un serio problema en todas partes, es por ello que hay tanta gente que quiere luchar contra él, pero para saber como acabar con el racismo tenemos que entender de donde viene y a quién beneficia. No es difícil e…..

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  2. Supongo que el racismo puede incluirse dentro del proceso de discriminación y que supone el enfrentamiento entre aquellos cuya unión podría dar al traste con el capitalismo. Creo que el ataque a las libertades individuales, tiene ese efecto desintegrador, es mas fácil descargar la frustración contra el vecino homosexual(aunque su conducta no nos perjudique en lo mas mínimo) o contra el inmigrante, que enfrentar directamente a quien comete las injusticias que soportamos.

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