Las disputas fronterizas, el lastre histórico de Latinoamérica tras dos siglos de independencia

Un hombre llora en una ceremonia en recuerdo de la Guerra de las Malvinas (Reuters)

El “panamericarismo” con el que soñó Simón Bolívar sigue siendo inviable 200 años después. El reciente conflicto entre los Gobiernos de Nicaragua y Costa Rica por el delta del río San Juan es sólo un ejemplo de las disputas territoriales que se suceden en América Latina desde el final del colonialismo, en ocasiones con enfrentamientos armados. Herencia colonial, influencia de Estados Unidos, intereses económicos, exacerbaciones nacionalistas, fronteras mal definidas y una orografía compleja son algunos de los factores que intervienen en uno de los problemas que arrastra la región cuando la mayoría de sus naciones festeja con orgullo patrio el bicentenario de su independencia.

La disgregación después del imperialismo conllevó un incremento de los conflictos territoriales en los nuevos Estados independientes: De ocho unidades administrativas se pasó a 20 repúblicas en un proceso que se prolongó hasta 1903. “De ser una sola nación se desunieron territorios sin tener en cuenta que eran pueblos con una historia común en cultura, idiosincrasia o valores políticos”, refiere  el director de Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Adalberto Santana. Bolívar apeló a “un origen, una lengua, unas costumbres y una religión” comunes para crear la gran unión americana; Santana defiende que “todo podría superarse a través de recuperar la integración latinoamericana y borrar las fronteras, porque hay más semejanzas que diferencias, pero es una cuestión de voluntad política y no la hay”.

Construcciones políticas artificiales llevaron a las disputas fronterizas; Santana sostiene que la división actual “tiene sus profundas raíces en el pasado colonial y llega hasta hoy”. Los costarricenses conviven con unos 800.000 nicaragüenses -casi el 15% de la población de Nicaragua, que ha emigrado- pero la disputa por el delta del río San Juan enfrenta a sus Gobiernos, que encubren problemas políticos tras sus respectivas reivindicaciones.

No son los únicos. Colombia y Nicaragua se disputan la soberanía de varias islas caribeñas, y Chile y Perú, una zona marítima de 35.000 kilómetros cuadrados rica en bancos pesqueros; Venezuela y Colombia divergen sobre sus fronteras marítimas en el área de Guajira y el país que hoy preside Hugo Chávez reclama desde el siglo XIX a la ex colonia británica Guyana 160.000 kilómetros cuadrados (dos tercios de su superficie total) con actividad minera; Guatemala, por su parte, exige a Belice unos 12.500 kilómetros cuadrados de su territorio.

El Perejil de América Latina

Entre los casos más sangrientos figura el de la “Guerra del fútbol” (1969) entre Honduras y El Salvador que en sólo cuatro días dejó unos dos mil muertos; la Corte Internacional de Justicia de La Haya otorgó dos tercios del territorio en litigio a Honduras, pero no dictaminó sobre la isla de Conejo, de menos de un kilómetro cuadrado y que constituye la versión latinoamericana del islote Perejil. Militares hondureños la mantienen ocupada, pero San Salvador no renuncia a sus reivindicaciones. Vecinos como Bolivia y Paragua y Perú y Ecuador vivieron asimismo cruentos enfrentamientos por territorios bien entrado el siglo XX.

Otra disputa emblemática es la que mantiene Bolivia con Chile para recuperar su acceso al Pacífico y que mantiene rotas las relaciones diplomáticas entre ambas naciones desde hace 30 años. Además, el presidente boliviano, Evo Morales, ha reavivado recientemente la polémica con su reivindicación sobre Atacama, una región rica en litio. Tan histórica como por el momento estéril es también la reclamación argentina de la soberanía de las Malvinas, que conllevó otra guerra.

Actualmente la mayoría de estos conflictos se dirimen en ámbitos diplomáticos y organismos internacionales como la OEA, la ONU o el tribunal de La Haya; en ciertas ocasiones mediaron otros países y hasta el Vaticano. Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y Perú han protagonizado la mayoría de las disputas y también las más violentas y uno de los más beneficiados territorialmente ha sido el país carioca. Cuba y Puerto Rico son los únicos exentos de conflictos por asuntos fronterizos.

Los países latinoamericanos “privilegian ahora la racionalidad en momentos de crisis”, afirma a este medio la experta en Relaciones Internacionales Flor Sugey López. “Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela, que han protagonizado muchos conflictos, han sabido crear corredores de comercio con salida a Asia y Europa”, añade. Y es que, en su opinión, muchos límites fronterizos se establecieron “por realidades económicas, en parte vinculadas al interés por acceder al comercio internacional”, así como por la disposición de las naciones colonizadoras a garantizarse el manejo de recursos naturales propios de cada región. “La historia permite que haya acuerdos inconclusos, a lo que se añade un gran vacío jurídico y fronteras poco definidas”, explica.

Si bien en ocasiones son motivos de disputa territorios que “pueden parecer pequeños para la integridad territorial de un país” lo que lleva a continuar estas rencillas es “que un gobierno se juega su poder” en naciones donde se ha desarrollado una identidad nacional y un sentimiento de pertenencia a la patria, sostiene la también profesora de la UNAM. López subraya que la región, que “ha sufrido mucho”, ha apostado por el diálogo, la diplomacia, la mediación y el arbitraje internacional para solventar estas divergencias territoriales porque se entiende que “hay problemas mayores como para sumirnos en guerras por temas arcaicos que se remontan a la historia colonial”; por ello se muestra confiada en que el diálogo permanente acabe por cerrar “convenios incompletos”. Aunque la solución a corto plazo no se vislumbre todavía.

Pilar Salas en El Confidencial

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Una respuesta

  1. Información Bitacoras.com…

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