¿Por qué Alemania nos mete el dedo en el ojo?

Pepinos de una plantación de El Ejido que han tenido que ser destruidos (EFE)

¿Qué le pasa a Alemania con los españoles?. ¿Por qué nos mete el dedo en el ojo en cuanto tiene ocasión?. ¿Por qué cada vez que habla Merkel los mercados se vuelven contra España? .¿Por qué nos ha acusado de la crisis del pepino sin pruebas?. Es una situación extraña,  máxime cuando, hasta hace no demasiado tiempo, éramos socios bien avenidos. ¿Qué está pasando para que nuestras relaciones se hayan deteriorado?.

Pues no demasiado, asegura David Bach, alemán y profesor de Estrategia y Entorno Económico de IE Business School, salvo que no hemos hecho nuestros deberes. “Alemania llevó a cabo antes de la crisis reformas en temas como mercado laboral, pensiones o salud, que fueron difíciles y políticamente costosas, hasta el punto que el gobierno de Schröder perdió el poder a causa de ellas. Pero gracias a que se hicieron estuvimos más preparados que España para afrontar la crisis”. En consecuencia, señala Bach, los alemanes no ven ahora con buenos ojos que en el sur de Europa no se haga lo mismo. “Nosotros nos sacrificamos. Y es muy claro que hay países que han vivido por encima de sus posibilidades y que tienen que hacer recortes”. Como España se está resistiendo a dar esos pasos, señala Bach, los alemanes no nos con demasiada simpatía. “El tema está más claro respecto de Grecia, pero se ha generalizado respecto de los países mediterráneos, donde tiene que haber un poco de dolor. Tienen que realizar las reformas que los alemanes realizamos antes”.

Para Susanne Gratius, investigadora senior de FRIDE (Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior), no hay que olvidar que “parte de la opinión pública germana es bastante crítica respecto al proyecto de integración europeo, una tendencia que se agrava en la medida en que están preguntándose por qué tiene que ser Alemania quien paguen la cuenta”. Esa hostilidad hace que Merkel se encuentre en una posición política débil cuando tiene que abordar temas relacionados con Europa, lo que a su vez está provocando una crisis en la UE. Sin embargo, Gratius no cree que esos sentimientos anti europeos cuajen del todo, “en tanto Alemania sigue siendo la gran beneficiaria del mercado interno. La UE es su principal mercado para la exportación”.

Sin embargo, para José Ignacio Torreblanca, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations, las causas de este desencuentro tienen una lectura más amplia. En gran medida, porque aluden al deterioro de una relación que fue bastante estrecha. “Alemania fue en los 80 un modelo político y económico para España, mucho más que Francia. Copiamos de ellos muchísimas cosas. Y la admiración era mutua, no en vano se comenzó allí a hablar de los españoles como los prusianos del sur”. Para Torreblanca, la situación se complicó cuando Alemania entró en crisis económica, momento en que percibió que España no estuvo a la altura. “Fue cuando el centro europeo estaba estancado y la periferia crecía, y cuando Aznar señalaba a Alemania como un país anquilosado, mostrando un exceso de orgullo respecto de nuestros datos económicos. Ahora que ocurre al revés, ellos se plantean que somos una rémora, volviendo a emerger estereotipos y prejuicios sobre la construcción europea que parecían haber quedado olvidados. Mucha gente no entendió cómo los países del sur lograron meterse en la unión monetaria, algo que no querían, y vuelven ahora con ese mismo mensaje”.

Perder con el euro

Además, las tensiones interiores también están ayudando a que la situación se haga más tensa, toda vez que “buena parte de la opinión pública alemana piensa que han salido perdiendo con el euro. Nosotros les vemos como un país rico, pero ellos perciben un notable deterioro en su nivel de vida, de modo que no entienden cómo otros países pretenden exprimirles”.

Sin embargo, este conjunto de factores que aluden a un creciente malestar germano, tampoco justificarían las reacciones de Merkel. Precisamente porque los datos económicos españoles no eran buenos, hubiera debido abstenerse de hacer comentarios públicos para no echarnos a los mercados encima: no se señala a un socio cuando está en dificultades. Un comportamiento que choca más aún, afirma Torreblanca, “si lo comparamos con lo poco que traslucen las tensiones brutales entre Sarkozy y Merkel. Tienen diferencias increíbles, pero nunca se atacan públicamente. Siempre salen unidos porque tienen el pacto de resolver las cosas sin que trasciendan”. Sin embargo, para Bach, la forma de actuar de Merkel estaba totalmente planificada, y no era resultado de la improvisación o de intentos de especulación financiera, sino de “una estrategia para poner presión sobre Grecia, Portugal y España para que hicieran reformas, toda vez que los mecanismos políticos aparecían demasiado débiles y los dirigentes no se atrevían a dar el paso adelante”.

El problema, no obstante, va mucho más allá de un mal momento, (que está empezando a solucionarse, apunta Torreblanca) en la relación hispano-germana. El problema es hasta qué punto Europa puede conseguir la Alemania que necesita. En buena medida, que el euro salga de esta crisis tiene mucho que ver con la actitud germana, pero hablamos de un país que está pensando más en hacerse global por sí mismo que en contribuir a una Europa fuerte. Como señala Torreblanca, “si esta crisis se hubiera dado años atrás, hubiera sido utilizada para forzar una mayor integración, en tanto es la oportunidad perfecta para seguir adelante en la pata fiscal y en la de la regulación financiera. Sin embargo, lo que ha hecho Alemania ha sido apenas lo indispensable para mantener la estabilidad de la eurozona. Hay varias propuestas, como los eurobonos, que serían muy contundentes frente a la crisis, pero que no van a apoyar porque las consideran propuestas casi federales”. De hecho, asegura Torreblanca, si se hubiera tenido una mentalidad más integradora, la crisis griega hubiera durado medio minuto.  “Hasta ahora han ido echando el dinero mínimo a la espera de que llegue la recuperación económica y puedan hacer la quita, pero poco más. Y no dejan caer a los helenos en interés de sus propios bancos, pero no es por falta de deseo”.

La influencia del mercado germano

Para Bach, hay que tener en cuenta la influencia del mercado germano de votos a la hora de valorar la deriva de su Gobierno. “Se ha acusado a Merkel de mirar demasiado hacia dentro en el momento de la crisis, cuando parecía estar más pendiente de las elecciones regionales que de resolver los problemas de la UE. Y ciertamente la gestión la crisis del euro no fue la ideal. Retrasó tanto la ayuda la ayuda que al final, por la incertidumbre causada, tuvieron que aprobar un paquete de  rescate 20 veces mayor que el que se hubiera aportado 5 meses antes”. Pero también es verdad, señala Bach, que esa actitud coincide con el sentir de muchos alemanes, que no sólo se preguntan por qué ha de recaer sobre ellos el peso del rescate, sino que tampoco ven adecuado acudir en ayuda de países como Grecia o España. “Es lo que llamamos en economía moral hazard: si alguien se mete en una situación complicada y le ayudas incondicionalmente, en la siguiente ocasión no va a tener ningún cuidado, porque sabe que irás a rescatarle. Si los gobiernos ayudan a los bancos, están mandando el mensaje de que éstos pueden asumir mucho riesgo porque si después algo va mal, vendrán los gobiernos a solucionar sus problemas. Del mismo modo, si se ayuda demasiado a nivel europeo, mandas un mensaje a los gobiernos nacionales de que no hace falta cuidar las finanzas públicas y la competitividad porque, si hay dificultades, llegará la UE y las resolverá”.

Esa mentalidad, señala Torreblanca, no está haciendo sólo que se pierdan grandes oportunidades de avanzar en la integración, sino que está llevando  a la UE a un escenario en el que va a quedar muy tocada. “En la construcción europea sólo cabe avanzar; si se para, se colapsa. Por eso hay que aprovechar cada oportunidad para mejorar, porque sabemos que los diseños institucionales actuales no nos salvarán de la próxima crisis. En ese contexto, hay una resistencia grande a que la respuesta sea más Europa, cuando todos sabemos que esa sería la mejor solución. La actual Alemania quiere que la UE exista, pero con el mínimo coste y sin más integración política, y eso es un error”.

Es bueno que exista mayor coordinación, afirma Bach, “pero después de que se lleven a cabo las reformas necesarias. Grecia está haciendo esfuerzos importantes, como las bajadas de sueldo, pero en España este tema está por empezar. Los gobernantes no han sido honestos con la población sobre el sacrificio que requiere establecer la competitividad externa de la economía española. Hablamos de cambios y de recortes duros durante muchos años. Va a haber mucho dolor”.

Esteban Hernández en El Confidencial

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Una respuesta

  1. […] ¿Qué le pasa a Alemania con España?. Más concretamente, ¿qué le ha hecho a la canciller germana Angela Merkel para que no desaproveche ocasión para zarandearla sin piedad y, lo que puede ser peor, a la vista de todo el mundo?. ¿Estuvo en Mallorca, como tantos otros de sus conciudadanos, y la trataron con displicencia?. Como una recta matrona que reconviene a sus hijos más díscolos o incluso como un pastor luterano —y su padre lo fue— enfurecido por la indolencia y la desidia de sus feligreses, Merkel no está satisfecha con el proceder de los españoles y lo dice alto y claro, aunque en la mayoría de ocasiones no tenga razón. El último varapalo ha sido todo un pepinazo, aunque iba muy errado. No lo propinó ella, sino Cornelia Prufer-Storcks, la senadora y ministra de Sanidad de Hamburgo, quien —eso si, con el apoyo del Gobierno federal— se apresuró a señalar a los pepinos españoles como el foco de procedencia de una infección bacteriana que, de momento, ha provocado 18 muertos y cientos de infectados en Alemania y otros países europeos. La alarma lanzada desde la ciudad anseática y avalada por Berlín ha provocado un desastre en la horticultura española, con el cierre momentáneo de muchos mercados del continente, y en la imagen exterior del país, que habrá que recomponer ahora que la propia Alemania ha demostrado que los pepinos españoles no eran culpables. El daño, sin embargo, ya esta hecho. […]

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