Primer beso público entre lesbianas en el Ejército de Estados Unidos

Los tiempos cambian, los hábitos se mantienen. Entre los besos más preciados en el imaginario popular norteamericano está el del marino. Lo inmortalizó el fotógrafo Alfred Eisenstaed en Nueva York en 1945: un soldado, vestido de marinero, besando a su novia para celebrar el final de la II Guerra Mundial. Ahora, 66 años después, la Marina de Estados Unidos ofrece otro beso para el recuerdo, el que le plantó la suboficial de segunda clase Marissa Gaeta, de 22 años, a su novia, nada más atracar en el puerto de Virginia Beach el barco USS Oak Hill, en el que había servido los últimos dos meses y medio.

El primer beso oficial entre lesbianas de la historia de las Fuerzas Armadas norteamericanas se produjo el miércoles. Es doblemente importante porque ambas mujeres, novias desde hace tres años, son soldados y se dedican al mantenimiento de armas en navíos de guerra. En puerto, esperaba con ansia el regreso de su amada la suboficial de tercera clase Citlalic Snell, de 23 años. Gaeta, como aquel marinero de aquella vieja foto en blanco y negro, vestía de impoluto uniforme, con casaca, corbata y gorra blanca.

La del beso es una tradición de mucha raigambre en la Marina más poderosa del mundo. Cuando un barco está a punto de volver a puerto, después de una misión, se organiza una rifa para ver quién será el primero en bajarse y besar a su pareja. Cada número del sorteo cuesta un dólar. La recaudación se suele entregar a alguna causa benéfica. El USS Oak Hill estuvo en Centroamérica durante 80 días, en misión conjunta con un destacamento del cuerpo de infantería de Marines.

Cuando el navío partió, acababa de entrar en vigor la nueva normativa sobre gais y lesbianas en las Fuerzas Armadas. Desde 1993 se les había prohibido prestar servicio si hacían pública su orientación sexual. Barack Obama y diversos senadores, republicanos y demócratas, revocaron la ley en el Congreso hace un año. En septiembre el Pentágono dejó de expulsar a los homosexuales.

Debido a esa norma, el Ejército de EE UU perdió a 14.000 soldados por el mero hecho de ser gais o lesbianas. El beso del miércoles entre las soldados Gaeta y Snell se produjo entre aplausos y gritos de alegría de sus compañeros de filas. Servía, simbólicamente, de reivindicación para todos aquellos que fueron expulsados por aquella obsoleta norma.

David Alandete en El País

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Una respuesta

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