Los guardianes del trigo

El Almudín de Valencia da nombre a la calle en la que se emplazó y se encuentra a apenas 20 metros del «horreum» romano de la plaza de la Almoina.  Fernando Bustamante.

El Almudín de Valencia da nombre a la calle en la que se emplazó y se encuentra a apenas 20 metros del «horreum» romano de la plaza de la Almoina. Fernando Bustamante.

La investigación llevada a cabo por el jefe del servicio municipal de arqueología (SIAM), Albert Ribera, director durante más de 20 años de las excavaciones de la Almoina, aporta ahora nuevos datos sobre el «horreum», un potente edificio con 24 metros de fachada destinado a custodiar trigo y otras mercancías construido en el punto más elevado de Valencia. Su monumentalidad e inusual ubicación intramuros, en un lugar destacado del foro romano, da nuevas pistas sobre cómo vivían y a qué se dedicaban los habitantes de la Valencia romana.

Los arquéologos valencianos creen que el hallazgo de abundantes fragmentos de ánforas púnicas, griegas y romanas de los siglos III y IV antes de Cristo (a.C.) en la calle Ruaya del barrio de Morvedre apunta a la existencia de un enclave de intercambio comercial anterior a la fundación de la Valencia romana en el 138 a.C.. No se han localizado restos de edificios que confirmen esta teoría por lo que los almacenes de trigo más antiguos de Valencia se sitúan intramuros, en la plaza de la Almoina y en la calle Cisneros.

El primer «horreum» del que se tiene constancia es una potente construcción romana de época republicana construida con sillares y situada en un lugar estratégico del foro. El segundo «horreum» es de época imperial y se localizó al norte de la ciudad en la calle Cisneros, junto al puerto fluvial de época romana.

El carácter público del horreum republicano de Valentia es indudable a la vista de su ubicación, la monumentalidad y las grandes dimensiones que tenía. Sin embargo, su identificación utilitaria se contradice aparentemente con la situación topográfica del foro, construido sobre una elevación del terreno. Los horreum normalmente, se encuentran en contextos portuarios o militares y no en la plaza principal, apunta Ribera en su investigación.

La explicación podría ser que este edificio fue un almacén de mercancías para el intercambio comercial. Una utilidad que no excluye la de almacén de alimentos en tiempos de conflictos bélicos.

Para Albert Ribera no es extraño que uno de los edificios más grandes de Valentia fuera un «horreum». Seguramente, una de las principales fuentes de riqueza de la ciudad en esta época pudo ser la de hacer de intermediario y redistribuidor comercial con el entorno indígena hacia donde se llevarían buena parte de los bienes de consumo que llegarían a través del río Turia y del lago de la Albufera y que se almacenarían en este «horreum» antes de ser repartidos por la ciudad o expedidos hacia el interior. De ahí su emplazamiento en el cruce de las grandes vías de la ciudad, derca del foro, de las puertas norte y este, y del río.

Así las cosas, la ciudad romana republicana podría haber cumplido el papel de emporio comercial de un amplio territorio. Una teoría que refuerza el hecho de que en el único yacimiento ibérico coetáneo del interior —la ciudad de Kelin (Los Villares)— se hayan encontrado ánforas itálicas junto con monedas de Valentia.

El papel de emporio comercial no sería excluyente del de «horreum» o almacén propiamente dicho. Una posibilidad factible si se tiene en cuenta que el Almudín medieval, el almacén de trigo de la ciudad desde el siglo XIII, está a tan solo 20 metros al nordeste del silo romano. La historia del Almudín habla de su importancia en época medieval. El edificio era un granero forticado debido a la endémica necesidad de importar trigo de Valencia, lo que provocó no pocos momentos convulsos en épocas de escasez.

Ribera cree que no se puede descartar un fenómemo semejante durante la primera Valentia, cuando apenas se había iniciado la bonificación y puesta en cultivo de las tierra cercanas, más adaptadas a otros cultivos que no los cerealísticos.

Almacén junto a la mezquita
Sobre las mercancías y productos que pudo almacenar el horreum hay pocas evidencias arqueológicas. Es posible que el vino itálico, producto con el que se comercializó mucho en los siglos II y I a. C. fuera uno de ellos, así como el aceite, el vino y la harina.

Las conclusiones de la investigación de Albert Ribera están recogidas en la publicación «Horrea d’Hipanie et de la Mediterranée romaine», editada en 2011 por la Casa de Velazquez.

Entre los «horrea» romanos y el Almudín medieval se conoce la existencia de otro almacén o silo de trigo de época árabe cercano a la mezquita, también en lo que fue el entorno del foro romano, y otros edificios posteriores ya de época cristiana, si bien tendrían un carácter provisional. De hecho, el nombre de Almudín deriva de la palabra árabe, «almud», unidad de medida de granos que lo relaciona con una de sus funciones básicas.

En torno al comercio y la economía del trigo se organizó en la edad media el gremio de panaderos, antiguamente «flequers», una entidad muy influyente en la época, que ha perdurado hasta la actualidad y que este año celebra su 550 aniversario. El gremio conserva un documento de 1373 que habla de un origen anterior en el que los «jurats» o autoridades municipales invitan al gremio a la procesión del 9 d’Octubre.

Veinticuatro metros de fachada
El «horreum» romano construido junto al «decumanus maximus», una amplia calle que iba desde la puerta oriental al foro, se componía de cuatro grandes naves alargadas orientadas de norte a sur. Las naves se abrirían hacia el sur a un corredor o vestíbulo recayente al «decumanus» con una anchura de unos 3 metros a modo de acera porticada. Por debajo de este «horreum» había un edificios en un estado de conservación muy deficiente que podría ser un almacén anterior.

Las excavaciones en la Almoina demuestran que el horreum fue un gran edificio público cuya planta podría tener 24 metros de largo por 24 de ancho. Sus muros están hechos con grandes sillares rectangulares de piedra caliza procedente de las cercanas canteras de Rocafort y Godella.

La superficie excavada del «horreum», que puede verse en el Centro Arqueológico de la Almoina, no correspondería ni a la mitad de su extensión más minimalista.

Un granero fortificado en la Edad Media
En tiempo de los romanos y especialmente en la edad media la supervivencia de las familias dependía en gran medida del pan. Una persona consumía entre medio y un kilo de pan al día, lo que hoy serían unas cuatro barras de pan al día. En una ciudad con carestía casi endémica de cereal, las reservas de trigo se atesoraban y custodiaban con celo. De ahí que los almacenes de trigo fueran de los edificios más importantes. Eran los bancos del trigo. Construcciones sólidas donde se custodiaba uno de los bienes más preciados.

Los «horrea» romanos son quizas el precedente del Almudín medieval. El Almudín, que toma su nombre de la palabra árabe «almud» —unidad de medida de granos—, es un auténtico granero fortificado. Fue el principal edificio destinado al almacenamiento, distribución y venta de trigo de Valencia y en la actualidad tiene un uso cultural.

H. García en Levante-emv

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Una respuesta

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