Escrache y otras paradojas

Los diputados y senadores no votan, no según su voluntad, sino la consigna que dicta la cúpula del partido. Rosario Velasco

Los diputados y senadores no votan, no según su voluntad, sino la consigna que dicta la cúpula del partido. Rosario Velasco

Si yo me presentara en casa de mi ex y me sentara en el portal a esperar a que saliera, con una camiseta que dijera “mi ex me ponía los cuernos”, seguro que le sentaba como un tiro, pero no sería ilegal. Por la misma regla de tres, los escraches no son ilegales. Las acciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) son pacíficas. Eso sí, a los escrachados les sientan como un tiro.

En la democracia británica, cada diputado tiene un despacho sito en su circunscripción electoral abierto al público en horas concretas. Durante estas horas, previa cita, los ciudadanos pueden presentar sus quejas, sugerencias, reclamaciones… Si nuestra democracia funcionara así, la PAH no hubiera tenido que recurrir a sus “acciones de señalización”, cuyo objetivo es informar a los diputados sobre la iniciativa legislativa popular (ILP) que han propuesto.

En España, la gran mayoría de los diputados ni siquiera viven en la circunscripción electoral a la que representan. Y desde luego no se puede contactar con ellos. La mayoría vive en Madrid. Y para colmo, cobran dietas por desplazamientos y viajes, si viven en Madrid y han sido elegidos por otra circunscripción. ­Tampoco se puede contactar con los senadores. El senador por Cantabria es Bárcenas, la senadora por Castellón fue Andrea Fabra (hoy diputada). Ambos viven en Madrid y ambos cobran dietas por desplazamientos.

En democracias como la británica o la estadounidense no hay disciplina de partido. Cada diputado o gobernador vota según su conciencia. En Estados Unidos, por ejemplo, en el 2008, el controvertido plan de rescate financiero propuesto por el presidente Bush —republicano— prosperó pese al voto en contra de muchos republicanos gracias al voto a favor de tantos otros demócratas.

Pero en España existe la “disciplina de partido”, aunque a mí personalmente me parezca inconstitucional.

En el artículo 67 de la Constitución española se prohíbe expresamente la llamada “interdicción del mandato imperativo”. Es decir, se prohíbe cualquier presión sobre el voto de un senador o diputado. Pues bien, los partidos, cuando les interesa –a la hora de legalizar a otros partidos, por ejemplo–, defienden la Constitución con uñas y dientes, pero este artículo en particular se lo pasan por el forro de los mismísimos: los diputados y senadores votan, no según su voluntad, sino sistemáticamente la consigna que dicta en cada momento la cúpula del partido. Es lo que se conoce como disciplina de partido. Por lo tanto, un diputado del PP o PSOE no podría votar a favor de la ILP aunque quisiera.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, denunció públicamente lo que él considera “coacciones” de la PAH: “Los diputados deben ejercer su voto con absoluta y total libertad y por lo tanto estoy en contra de cualquier coacción y de que se emplee violencia de cualquier tipo”, aseguró. Pero sí que está a favor de la coacción por sanciones, de la disciplina de partido. Qué incoherencia.

Ni Estados Unidos ni el Reino Unido son sistemas susceptibles de ser considerados de izquierdas. Estando así las cosas, ¿a alguien le sorprende de verdad que la PAH haya tenido que recurrir al escrache? A los que me dicen que es poco democrático les respondo: no habría necesidad de recurrir a medidas que les parecen a ustedes poco democráticas si ustedes nos hubiesen garantizado un sistema más democrático. Aún están a tiempo.

Lucia Etxebarria en La Vanguardia

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3 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Los diputados y senadores no votan, no según su voluntad, sino la consigna que dicta la cúpula del partido. Rosario Velasco Si yo me presentara en casa de mi ex y me sentara en el portal a esperar a que saliera, con una camis…..

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  2. Resulta interesante leer tu opinión. 🙂

    Un beso.

    Sakkarah

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    • Es una opinión que comparto en gran parte, la leí esta mañana en el Magazine y me impactó, por eso la quise compartir; mi opinión al respecto es mucho más dura y menos diplomática que el comentario de Etxebarría.
      Tal vez la escriba mañana.
      Un beso.

      Me gusta

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