«Valencia se debate históricamente entre pancatalanismo y centralismo»

El historiador valenciano Ricardo García Cárcel. :: EFE

El historiador valenciano Ricardo García Cárcel. :: EFE

Ricardo García Cárcel, Premio Nacional de Historia 2012 por ‘La herencia del pasado’, impartió en la Real Maestranza de Valencia una conferencia sobre la nobleza de la Comunitat. A pesar de impartir su cátedra en la Autónoma de Barcelona, el historiador requenense mantiene sus vínculos afectivos con Valencia.

-Lleva en Cataluña desde hace 40 años, pero siempre encuentra motivos para dejarse caer por Valencia.

-Claro. Tengo a la familia aquí, la veo muy habitualmente y soy un tipo con mala conciencia por ser un valenciano fuera de su tierra. La vida te desliza por caminos imprevisibles. Yo me fui a Barcelona en el 72 sin tener nexos con Cataluña, por cuestiones profesionales, y aquí me quedé.

-¿Como eran esos nobles valencianos de las Germanías sobre los que habló en la Real Maestranza?

-Yo hice mi tesis doctoral sobre las Germanías hace 40 años. Cuando la Fundación de la Nobleza Española me pidió que coordinara un ciclo me permitió volver sobre el tema. Mi visión se ha matizado. Yo estaba muy marcado por las directrices historiográficas de la época, que eran marxistas, y visto con la perspectiva posterior tiene uno la sensación de haber cometido un pecado de juventud. En posteriores revisiones he eliminado batería ideológica que era algo infantil. Perdió fuerza el marxismo, pero aumentó el contenido nacionalista en cuanto a la historiografía. La dichosa identidad nacional es una sombra que está en todos los estudios.

-Hablando de identidades nacionales, ¿qué le parece la que se está fraguando en Cataluña?

-Si no preocupado, sí me reconozco inquieto en cuanto a esta problemática. Estamos viviendo un nuevo 98 un siglo después por una acusada y genérica sensación de debilidad del Estado por diferentes motivos: crisis, corrupción, politización de la justicia… males que se agravan y que, a caballo de la idea del Estado, se desmadran. El problema de fondo no es el problema catalán, ya inquietante por sí mismo, sino cierta conciencia de desapego y desamor hacia el concepto de Estado/nación hispana, que tiene que ver con la debilidad del Estado y con una tendencia histórica muy nuestra. Falta de autoestima nacional. Otros se refuerzan ante los problemas y nosotros nos autocriticamos de manera masoquista, racionalmente justificada pero muy dañina.

-¿Eso se nota en la evolución del alumnado que usted ha ido recibiendo durante cuatro décadas?

-El problema más grande en España es educacional, no ideológico. Es pavoroso. Ha caído en picado la cultura humanística. Los alumnos, con todas las excepciones habidas y por haber, están en absoluto subdesarrollo cultural. No cubren los mínimos elementales de cultura básica. Y no se está haciendo nada por parte de los partidos políticos para consensuar y solucionar ese problema, que se ignora olímpicamente.

-Como especialista en las leyendas negras y las miradas históricas sobre el país, ¿qué le parece lo de la ‘Marca España?

-No soy especialista en marketing, pero un problema histórico de España es el de una autocrítica negativa constante. Esa tendencia hay que combatirla y hay que saber venderse, aunque tenemos un pudor extraordinario al triunfalismo.

-Visto con un tiempo de distancia, ¿qué supuso ganar el Premio Nacional de Historia?

-Pues uno es mayor y tiene su ego controlado pero latente, así que me gustó, pero además recibió una inyección de publicidad extraordinaria y pasó de la primera a la tercera edición con visibilidad pública.

-En ‘La herencia del pasado’ reflexiona sobre figuras como el Rey Jaime I y lo que hace cada región el personaje histórico.

-Sí, y en el caso de Valencia, su problema histórico es encontrar un lugar autónomo pleno sin entrar en órbitas pancatalanas o sucursalistas de Madrid. Y no es algo de ahora. Es una inquietud que ya aparecía en el siglo XVII, cuando se reivindicaba una identidad propia sin estar absorbido por estos dos hipotéticos poderes. Y ese es el reto de la sociedad valenciana, que se debate históricamente entre el pancatalanismo y el centralismo y que no debe dejarse llevar por tentaciones que, además, se acentuarán debido al marco de crisis existente. Valencia precisa de apoyo externo, pero hay ayudas que la Historia señala como peligrosas. En el caso de Valencia, desde la distancia se percibe que la actual problemática es la de que sufre todo el país y que ya se vivió a finales del siglo XVI, cuando Cervantes hablaba de la república de los hombres encantados. Se ha vivido, toda la sociedad, en una ficción histórica, siendo protagonista o simple testigo. La sociedad valenciana está en pleno proceso de expiación.

Burguera. Las Provincias

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