El PP y la máquina de la verdad

Logo PPPor razón de mi trabajo escucho a diario desde hace años decenas de declaraciones de políticos. Sin más pretensión que la de un aficionado -si alguien lo percibe de otra manera pido disculpas de antemano- creo que puedo aportar alguna idea sobre algunos problemas de comunicación en el Gobierno y el Partido Popular.

Durante el reciente debate sobre el Estado de la Nación todos los portavoces de la oposición se refirieron a la visión distorsionada de la realidad que ofrecía el Presidente, las “mentiras del Presidente” o las “mentiras del PP”. Se dijo muchas veces: mentiras. Tal vez fuera más adecuado decir que el PP dispone de una máquina de la verdad, que sigue las siguientes pautas:

  • Elegir sobre cada tema de debate el fragmento de realidad que es más favorable para ganar la discusión.
  • Ignorar absolutamente el resto de la realidad, como si no existiera.
  • En caso de dificultad, recurrir al eufemismo.
  • Plantear las iniciativas impopulares con palabras que sugieran lo contrario de lo que proponen.

Todo ello, a ser posible, sin mentir. Mentir es un verbo muy drástico. Otra cosa es disponer una maquinaria de comunicación destinada a subrayar la parte de la verdad que más conviene. Esas pautas encajan con las atribuidas al Partido Republicano de Estados Unidos en el conocido libro de George Lakoff No pienses en un elefante. No soy experto en la materia, ni dispongo de información suficiente como para afirmar que la comunicación del PP sigue el manual republicano. En todo caso, son pautas muy parecidas. Veamos algunos ejemplos:

El paro: la tendencia es buena. Varias veces repitió el presidente durante el debate sobre el estado de la Nación: “Hay un cambio de tendencia en el paro”. ¿Es eso mentira? No. ¿Es toda la verdad? No. El paro estaba en el 8% en el año 2007. En el 23% cuando Rajoy ganó las elecciones, a finales de 2011. En año y medio subió al 27%. Ahora está en el 26%. Se prevé que a final de año pueda estar en el 25%. Desde luego, ha cambiado la tendencia, pero vamos a tardar años en estar por debajo del 20%. ¿Es verdad que ha cambiado la tendencia? Sí. El Gobierno enfoca y repite el dato que favorece al PP, e ignora absolutamente la parte de la realidad que menos le conviene: el paro está más alto que cuando llegó Rajoy al gobierno, el empleo que se crea es de peor calidad, medio millón de trabajadores han emigrado… En realidad, hace ya muchos meses que los responsables gubernamentales dicen que “la tendencia es buena”. Hubo un mes en que la “tendencia buena” consistió en un “decrecimiento del ritmo de aumento del paro”. Hubo un mes de dato malísimo, y el vicesecretario Carlos Floriano dijo: “Que no nos ciegue un mal dato”. El mal dato eran 6.230.700 parados… pero la tendencia seguía siendo buena. Toda España pensó: ¡Quiera Dios Nuestro Señor que no nos agarre una tendencia mala! Hoy se conocerán datos del paro: la tendencia será buena. El Gobierno no planteará el debate sobre cómo afrontar los años que nos quedan con el paro por encima del 20%. Esa parte de la realidad queda ignorada.

Ceuta. Mueren ahogadas en el mar quince personas que intentaban llegar a España ilegalmente. El director de la Guardia Civil asegura que no ha habido disparos con pelotas de goma en la mar. El ministro del Interior reconoce días después que sí hubo disparos con pelotas de goma en el mar. ¿Cómo situar la discusión en un terreno favorable? La presión migratoria y la labor de la Guardia Civil. “¿Pero se disparó o no se disparó?” “Aquí se trata apoyar a la Guardia Civil, que realiza una misión dificilísima ante la presión migratoria” ¿Es mentira? ¿Es una verdad selectiva muy subrayada?

La prima. En el debate sobre el estado de la Nación, el presidente Mariano Rajoy se atribuyó, entre otros méritos, el siguiente:

“La prima de riesgo y, en consecuencia, los intereses de nuestra deuda soberana, se ha reducido a menos de la tercera parte desde su máximo”.

¿Es mentira? No. ¿Es verdad? Por supuesto que es verdad. Pero falta algo para que sea toda la verdad: la prima de riesgo alcanzó su máximo, los 650 puntos, gobernando Mariano Rajoy. El día que juró su cargo, la prima de riesgo estaba en 311. Aunque no lo recordamos, el 25 de marzo de 2012 hubo elecciones en Andalucía y, coincidentemente, Rajoy estuvo negando la subida del IVA y otras medidas económicas impopulares que sugerían la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Poco después, hubo una discutida gestión de la intervención de Bankia. Después, una petición oblicua de 100.000 millones de euros para rescate de la banca que fue objeto de burla en la prensa internacional. (Time tituló: Tú dices tomate, yo digo rescate). En ese contexto la prima alcanzó 650 puntos.

A continuación, tras un año en el que el Gobierno, libre de procesos electorales, retomó el programa de políticas sugeridas por el Banco Central Europeo (sugeridas en 2011 e iniciadas por Zapatero) la prima de riesgo bajó. ¿Es verdad lo que dijo Rajoy en las Cortes? Sí, bajó la prima de riesgo. ¿Es toda la verdad? No. ¿Es falso que el Gobierno socialista dejara la economía española muy mal? No, hay un consenso planetario sobre eso. ¿Es toda la verdad? No. ¿Y a quién importa? La máquina de la verdad crea una idea general favorable: “Las cosas iban muy mal; las cosas comienzan a ir bien”. El resto de la realidad es ignorada.

Es una determinada manera de entender la política profesional. Ni tiene que ver con la ideología ni con que la acción de gobierno sea acertada o incorrecta. Ni todos los partidos de centroderecha en Europa siguen esas pautas -hasta donde yo sé- ni hay partidos sinceros (los de izquierdas) y partidos mentirosos (los de derechas). Todos los gobiernos, todos los partidos, intentan poner en marcha su máquina de la verdad. El PSOE, en el Gobierno, logró el extraño récord de permanecer un año sin pronunciar la palabra “crisis”, y gripó completamente su máquina en mayo de 2010. Aún no ha salido de la avería. En cambio, el Gobierno catalán tiene su maquina de la verdad ultrarrevolucionada desde hace dos años. Seguramente la del PP y la catalana son las dos mejores máquinas de España. Observar cada día cómo se enfrentan es como ir al cine a ver Batman contra Supermán.

¿Qué tiene de especial el modelo de máquina de la verdad del PP? Desde luego, es imbatible en el corto plazo: en cuanto centra el mensaje, los portavoces son capaces de repetir la misma frase como si se les acabara de ocurrir, sin apartarse un milímetro. Los medios de comunicación la reproducimos y queda fijado el terreno de debate: la tendencia es buena, la guardia civil lucha, la economía mejora. Sobre eso se discute. En el peor de los casos, se discute qué es verdad y qué mentira, un terreno en el que el empate está garantizado, porque la credibilidad de todos los políticos es parecida: próxima a cero.

La máquina del PP es vulnerable en el largo plazo: elegir en cada momento el fragmento de realidad adecuado para ganar la discusión en cada momento tiene el inconveniente de que lo dicho un día puede ser contrario a lo que se diga en otro. Si una circunstancia adversa se mantiene durante mucho tiempo en escena, el daño puede llegar a ser notable. Es un riesgo de relativa poca importancia, gracias a la fugacidad de las noticias.

Imprescindible para su buen funcionamiento es la disciplina. El PP entró en pánico con el caso Bárcenas, y la máquina de la verdad se convirtió en la máquina de los disparates. Podemos dar por hecho que la corrupción política en España es transversal, pero la lectura de todas las frases con que los portavoces del PP obtuvieron victorias de telediario en el caso Bárcenas es delirante. En el proyecto de ley del aborto ha habido una clara fuga de disciplina: varios dirigentes del PP se han negado a asumir el argumentario previsto: “Aquí se trata de defender la libertad de las mujeres, con una ley progresista“. El proyecto ha quedado malherido. Sin disciplina no hay verdad alternativa a la realidad.

Algunas características de la política española dificultan muchísimo el funcionamiento del modelo de máquina del PP. Especialmente tres: la duración de los procesos judiciales, la longevidad de los liderazgos políticos y la alergia a la dimisión.

La máquina de la verdad del PP tiene ajustados sus plazos demasiado en corto para los tiempos españoles: la elección del fragmento de realidad se hace para ganar el telediario del día. Bien hecho, porque el 90% de la población se informa a través de la tele, y ahí se decide la batalla, pero… En EEUU no es imaginable una investigación judicial sobre un partido político que dure cinco años, referida a hechos acaecidos durante veinte años, y ¡con el mismo líder! Mariano Rajoy lleva dieciséis años en el mismo ámbito político: ministro, secretario general del PP, vicepresidente del Gobierno, candidato a Presidente del Gobierno, Presidente del PP, líder de la oposición y Presidente del Gobierno. Con los tiempos judiciales españoles, el nivel de corrupción español, veinte años de primer plano y una elección de frases para ganar el telediario del día, es imposible pasar la prueba de la hemeroteca.

Rajoy sobre Jaume Matas: “Yo quiero un Gobierno como el de Jaume Matas”. Rajoy sobre Carlos Fabra: “Es un ciudadano ejemplar”. Rajoy sobre Bárcenas: “Nadie podrá probar que no es inocente”. Rajoy, en la oposición, sobre su propio sueldo: “Cobro más o menos lo mismo que Zapatero”. (Cobraba el doble). Son demasiados años de primer plano político, demasiados años sometidos a investigación, y no siempre es posible adaptarse sin que sufra el decoro.

Por los tiempos judiciales, y también por la hecatombe económica que hemos vivido en España. “Zapatero le ha subido el IVA a este niño de aquí, ha subido el IVA de las chuches” (subió el IVA). “No abarataremos el despido” (lo abarató). “No voy a subir los impuestos” (los subió). “No tengo intención de salvar la banca con dinero público” (lo hizo). “No tengo intención de introducir el copago farmacéutico” (lo hizo). “Voy a recortar en todo menos en sanidad, pensiones y educación”. “Lo único que sé es que cuando gobierna el PSOE aumenta el paro y cuando gobierna el PP aumenta el empleo”. Podrían llenarse tres Huffington Post.

Todos los políticos sufren con la hemeroteca, la idea general de que “todos los políticos engañan” lo absorbe todo, la política es el arte de la simulación, ni los periodistas ni los medios tenemos mejor credibilidad, de acuerdo con todo, pero en años de escuchar diariamente decenas de declaraciones políticas no he conocido nada comparable a tal alegría de frases contrarias a la frase de la semana anterior, del mes anterior, del día anterior, del año anterior.

Como no creo posible que los políticos de un partido sean personalmente menos proclives a la sinceridad que los políticos del partido rival, cabe la hipótesis de un error de base: un modelo de máquina de la verdad que utiliza frases del día para ganar la guerra mediática del día, en un país y en unas condiciones que no son las más adecuadas, y que genera un relato fantasioso, distorsionado o falso.

En cierto modo, es inconcebible que Rajoy tenga críticas en su partido. Está lidiando una crisis que tiene en jaque al mundo desde hace seis años, con un paro descomunal, está haciendo todo lo contrario de lo que prometió (de lo cual hay registro audiovisual), tiene en la cárcel al tesorero y gerente que designó él, con el que compartió vecindad de despacho, comprometió su palabra pública y sus sms privados, la Comisión Europea sigue sugiriéndole reformas que contradicen sus promesas… y ni mucho menos sale descalabrado del debate sobre el estado de la Nación. El más feroz de sus críticos internos debería admitir: algún mérito tendrá Mariano.

También ha habido críticas internas hacia Dolores de Cospedal, pero con todo lo que se publicó en enero y febrero de 2013, ¿cuál era el fragmento de realidad favorable para ganar la discusión pública que debía elegir Cospedal? ¿Qué eufemismos, distintos a “indemnización en diferido en forma de simulación”, debería haber utilizado? No tenía escapatoria… Salvo que hubiera dimisiones. Para salvar las instituciones, para que funcione el sistema, tienen que cambiar las personas: alguien se responsabiliza del desaguisado, nos evitamos exigir a todo el partido que asuma colectivamente el bochorno y nos evitamos un año declarando ante mil micrófonos que el cielo no es azul, sino verde en diferido.

¿Mentir es un verbo muy drástico? Digamos máquina de la verdad. El mismo viejo entrañable manual de tantos años. No cambiará porque la oposición en bloque denuncie las mentiras de Rajoy, ni porque las frases de Cospedal nutran espacios de humor, ni porque el PP pierda las elecciones. Ya las perdió en 2004 por abusar de la máquina de la verdad, y no cambió el manual. Cambiará si aparece un nuevo liderazgo que considere que hay una manera mejor de defender al PP y las ideas de centro derecha en España.

Antonio Martínez

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