La huerta de Malilla se extingue

Malilla 3«Yo he nacido en esta casa, igual que mi padre y mi abuelo». Pocas personas pueden decir eso en una gran ciudad agitada por los cambios a los que obliga la modernidad, aunque los escasos vecinos que subsisten en la huerta de Malilla están lejos de sentirse privilegiados. Todo lo contrario, su estado de ánimo es lo más parecido a la desesperación hartos de robos en los campos, saqueos de metales y puertas reventadas en los hurtos.

Hace un frío intenso, incómodo y silencioso en la huerta que se esparce entre la V-30, las vías del ferrocarril, la carrera de Malilla y la pista de Silla. Es un rectángulo enorme salpicado de alquerías ruinosas y campos en barbecho. Sólo fijando mucho la vista se advierten los cultivos y las pocas casas abiertas.

A primera hora de la mañana apenas hay actividad. Jaime (padre e hijo), Enrique y José son algunas de las personas que han citado a LAS PROVINCIAS para denunciar el saqueo que sufren. «Cada semana pasa algo y roban lo que pueden», indica uno de ellos, quien achaca todo lo que padecen a la falta de actuación del Ayuntamiento.

Malilla 9«Ahí están muy cómodos y no molestan a nadie salvo a nosotros». Con esto se refieren a una serie de alquerías desperdigadas ocupadas ilegalmente desde hace tiempo. Familias sin recursos, principalmente de etnia gitana y rumana, a las que responsabilizan de buena parte de los hurtos.

Esto último es el problema principal, consideran los afectados. Los metales que se llevan no rebasan los 400 euros en muchos de los casos, lo que impide aplicar una legislación más dura en caso de que la policía atrape a los ladrones. «A mí me robaron 197 metros de valla metálica», recuerda otro.

Este descampado que se ve a la derecha está justo enfrente de la Ciudad sanitaria La Fe.

Este descampado que se ve a la derecha está justo enfrente de la Ciudad sanitaria La Fe.

Robos absurdos como el que se lleva por delante todos los motores eléctricos que sirven para bombear agua. «Después tienen que pedirla cuando disponen de toda la que quieren», observan. Lo mismo sucede con los enganches ilegales a la red eléctrica. «Los hacen en unos minutos, sin problemas».

El patio que sirve de lugar de encuentro tiene una farola clavada a la fachada de la que cuelga un cable. «Se han llevado el hilo», señala el propietario de la casa, que lucha con la llave y el cerrojo, sin conseguir abrir la puerta. Todo indica que han intentado forzar el acceso. De la falta de alumbrado se quejan cada vez menos porque saben que es una batalla perdida.

Al fondo la Ciudad Sanitaria La Fe.

Al fondo la Ciudad Sanitaria La Fe.

«La Policía Local pasa con frecuencia», dicen aunque sirve de poco dado que los saqueos no menguan. El problema es que todos los solares de la huerta de Malilla forman parte de un plan urbanístico, denominado Fuente de San Luis, paralizado por la crisis cuando los terrenos empezaron a cambiar de manos.

Algunos propietarios vendieron y las empresas inmobiliarias y bancos se preocupan ahora poco de que haya ocupaciones ilegales. La solución pasa, comentan algunos de los presentes, porque se derriben todas esas construcciones para evitar el perjuicio de las ocupaciones ilegales. Los saqueos tienen el mismo propósito pero a un ritmo más lento. A unos metros de una de las casas afectadas por los robos, se levantan los restos de unos establos donde se guardaban toros y novillos.

«Se han llevado el metal empleando sierras y sopletes», apuntan. Los caminos forman vericuetos y muchos están cegados por grandes infraestructuras. A unos metros trabajan en la ampliación de la playa de vías de Fuente de San Luis. La barrera de hierro forma un costurón en los campos de cultivo sin marcha atrás.

Desde el mismo punto que la foto anterior pero mirando hacia el barrio de Malilla, entre La Fe y el barrio una suerte de huertas abandonadas y llenas de escombros y mierda, estamos dejados de la mano del ayuntamiento.

Desde el mismo punto que la foto anterior pero mirando hacia el barrio de Malilla, entre La Fe y el barrio una suerte de huertas abandonadas y llenas de escombros y mierda, estamos dejados de la mano del ayuntamiento.

El Ayuntamiento presentó hace años el plan urbanístico, protagonizado por un enorme centro comercial junto a la V-30. «A mí me gustaría vivir aquí porque es un sitio muy tranquilo», apunta uno de los propietarios que pasa a diario para trabajar la huerta y echar un vistazo a la casa y el almacén.

Eso, a día de hoy, es algo que ni se plantea por la inseguridad que padecen. Lo que piden los agricultores es un respiro hasta que llegue la ciudad con la construcción de nuevas calles y viviendas, algo improbable en los próximos años.

Paco Moreno en Las Provincias.

Las fotos son todas mías.

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