La entrevista a Montoro

Cristóbal Montoro en la sala del Ministerio donde se realizó este encuentro. JOSÉ AYMÁ

Cristóbal Montoro en la sala del Ministerio donde se realizó este encuentro. JOSÉ AYMÁ

.- Al PP: ‘¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! Como si hubiera economía sin alma. Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse en la crisis’

.- Aznar: ‘Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al ‘business’ y da lecciones desde fuera. Esto es como el quirófano. No moleste, estamos operando’

.- Margallo: ‘Uno tiene que saber revisar sus ideas con el tiempo porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual’

.- Rato: ‘Si todo es verdad, hay que preguntarle: ¿cómo alguien de tu nivel de renta puede usar una ‘black’ para ahorrarse unos miles de euros?’

.- Su designación: ‘Rajoy me dijo: ‘Te propongo porque eres un señor de Jaén sin hipotecas”

.- El Ministerio: ‘Mi gestión se puede medir. A otros que los midan por sus palabras’

Esta es la entrevista que Jorge Bustos le ha hecho a Cristobal Montoro que tanto juego está dando y que publica el diario El Mundo.

El edificio del Ministerio de Hacienda no ha cambiado desde el siglo XVIII, y ya sorprende que nadie lo haya bombardeado aprovechando alguna de nuestras periódicas guerras civiles. Va a resultar que Hacienda, efectivamente, somos todos.

Frescos regionalistas, mesas de madera noble, arañas barrocas que posan destellos sobre los mostachos señoriales de predecesores de Montoro que nos contemplan al óleo desde las paredes. Un silencio atronador. El Ministerio de Hacienda es una biblioteca en junio. ¿Nos estarán espiando al otro lado de esa puerta disimulada en un rectángulo de muro como un trampantojo? «Yo me entero de todo», se le escapa a veces al inquilino de esta Casa. Vestimos nuestro cuerpo para engañar y confiamos el alma a los íntimos, pero nuestros bolsillos son de cristal para Montoro. «¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! ¡Como si hubiera economía sin alma! Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse durante la crisis, por ejemplo».

Cuando por fin nos abren la puerta del despacho -el verdadero puente de mando de la legislatura que agoniza-, constatamos que la figura de don Cristóbal no se corresponde con el ámbito aproximadamente suntuoso que la aloja cada mañana y hasta las nueve de la noche. En el vídeo del telediario parece más agresivo, y en el escaño, no poco amenazante. Pero el susurro con que nos invita a tomar asiento frente a él encierra más agotamiento que intimidación. «Los viernes baja el cansancio de toda la semana. Y el Consejo de Ministros tampoco ayuda…».

A Montoro hay que dejarle hablar, nos han advertido. Uno no pertenece tampoco a la escuela de la interrupción, así que me dispongo a escuchar al hombre más odiado del Gobierno, más criticado por sus compañeros de partido, más despreciado por los adversarios ideológicos, más atacado y al tiempo más requerido por la prensa, más presionado por Bruselas y por el Ibex 35. Credenciales que se me antojan fascinantes, porque siempre he padecido debilidad por los supervillanos. «A mí no me ha puesto el Ibex. Ahora alguno de allí hasta me da las gracias en privado. Les tuve que pedir una contribución, pero ahora están ganando todos más que cuando llegué, menos alguno. Yo soy un ministro de derechas raro, porque el Ibex no me quiere. Claro, este Gobierno ha gravado las indemnizaciones millonarias para grandes directivos, que con Zapatero estaban libres de impuestos. A mí me ha puesto la gente: mi escaño en Sevilla logró el récord de voto popular en 2011. Y un señor de Pontevedra al que le desaconsejaron -me he enterado hace poco- mi nombre me propuso este puesto. Cuando le pregunté por qué, me respondió: ‘Porque eres un señor de Jaén que no tiene hipotecas’».

Montoro habla reivindicándose y señala el grueso dossier que desgrana las cifras de la recuperación. «Ahora me toca vender mis datos». Montoro habla de sus datos como una abuela de su nieta casadera. Se le dibuja una sonrisa de orgullo. «Esto está ahí. Podrá pasar lo que sea en diciembre, pero mi gestión se puede medir. A otros que los midan por sus palabras. A veces me veo en un vídeo y percibo en mi forma de sonreír ese halo que parece arrogancia. ¡Pero sólo es seguridad! ¡Es que yo sabía que esta política era la correcta!».

Dolido

Se reivindica porque está dolido. Lee todos los periódicos, puede citar editoriales o noticias que tiene clavadas en el alma. Y no es dolor sino franco enojo lo que le producen las lecciones de periodistas de medios tan importantes como endeudados. Montoro cree que los medios reflejan el catastrofismo que su propia industria atraviesa. Y le cabrean los dardos de opinadores poco puntuales con el Fisco. Esta exigencia de pureza contable, que a veces se le ha desbordado en advertencia intimidatoria, es lo que más odioso le hace a los tertulianos. Pero a don Cristóbal no le importa caer mal. No quiere ganar concursos de simpatía, «como esos de Ciudadanos». Montoro hace vieja política, si entendemos este sintagma tan exitoso como la obsesión del hecho y el desprecio del relato. Montoro es el amo de la vieja política, de hecho, sólo precedido por cierto señor de Pontevedra.

«Yo me paso aquí todo el día, haciendo números. En la cocina, mientras otros salen y hablan. Pero es que esta Casa es el corazón del Estado. Es el trabajo para el que valgo; no valgo para seducir, pero este trabajo tan impersonal es el más trascendental. Me acusan -¡incluso mis compañeros!- de que no conozco lo que pasa en la calle: ¡pero cómo se puede decir eso! ¡Si hay alguien que conoce lo que pasa en la calle soy yo! Igual que el médico que descifra un electrocardiograma sabe más de la salud del paciente que el enfermero que le echa una ojeada al color de la piel. Yo sé que el pago fraccionado de sociedades a proveedores ha subido un 16%, y que la recaudación por IVA de las pymes ha crecido un 11%; eso no es macro, eso es que la gente está facturando más, está ingresando más, está viviendo mejor. Que no me hablen de la diferencia entre macro y micro: la economía es una».

Don Cristóbal va perdiendo la aprensión hacia el periodista que tiene enfrente y se va soltando. Dice que sabe lo que es la política. Que no es un tecnócrata: a él lo llama Aznar para hacer oposición al felipismo. Ha dado mítines por pueblos de toda España, y en ellos -lo jura, no sin jactancia- no paran de pedirle fotos. A él, al vampiro. Que se supone que no se refleja en los selfies.

Hay un momento de esta cita en que a don Cristóbal se le abrillantan los ojos. Un fenómeno casi paranormal, pero puedo atestiguarlo. Se le humedecen las pupilas rememorando una escena de hace dos veranos, en lo peor de la tormenta, cuando tiene que ir al hospital y una señora se le acerca y le dice: «No se canse». Y al ministro de Hacienda, el personaje transilvano de tantas viñetas, le tremola la voz al preguntar: «¿Es que voy a fallarle yo a esa señora?». Resulta tan descabellado que Cristóbal Montoro piense a menudo en esa señora que puede que sea verdad.

En su propio gremio no piensa con tanta empatía. «Lo malo no es la crítica del adversario, que estimula tu campo, sino la de los tuyos, que confunde al personal. Hay compañeros míos que se avergüenzan de lo que hemos hecho. Lo explican sin convicción porque en el fondo se avergüenzan de ser del PP. Pero yo creo que España necesita otro Gobierno del PP. Sin ninguna duda». Por su boca van saliendo nombres de populares. Las broncas con la cartera de Lassalle por el IVA cultural no son un secreto, pero Montoro aduce la letra pequeña: que Europa le presionaba para subir también el IVA de la cocacola y las palomitas, pero este lo dejó al 10%. Que casi todo el teatro -como para compensar el gravamen del 20%- está subvencionado. Que si bajó la asistencia fue por la crisis, y que ahora ya se van completando aforos. Que en la reforma fiscal incluyó desgravaciones para rodajes, razón de que venga aquí el equipo de Juego de Tronos. Recuerda que ha mantenido bajas otras tasas que también son Cultura, como el sector del libro o el arte. Y no revela qué famoso exponente de la misma izquierda divina que le atribuye un plan preconcebido de destrozo cultural para crear ciudadanos acríticos (y aquí se ríe con esa risa incontrolable, al borde del hipo, estridente como la uña sobre la pizarra, tan poco telegénica) acude a ferias de arte muy importantes a comprar en negro. «¿No habíamos quedado en que la redistribución de la riqueza, bandera ideológica de la izquierda, se canaliza mediante los impuestos?». Lo curioso es que el ministro se declara fan incurable de Ana Belén, Serrat y Sabina. Y hasta de La niña de tus ojos, del no español Trueba.

Aznar, Guindos, Rato…

Le pregunto por Aznar, Luis de Guindos, Rato. «Yo estoy en política por Aznar. Pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Si quieres ayudar, entra al quirófano. Si no, no molestes: estamos operando. Luis ha hecho su trabajo. Él fue un fichaje… Yo no ambiciono nada más, estoy muy orgulloso de lo que hemos hecho. En cuanto a Rodrigo -chasquea la lengua, ladea la cabeza, baja la vista y al fin la vuelve a alzar-, yo distingo su actuación como dirigente económico, porque estuve allí y fue la correcta, de lo que se está publicando. Si esto es verdad, sólo podría preguntarle: ¿pero no estábamos todos jugando a lo mismo? ¿No se trataba del país? ¿Y cómo alguien de tu renta puede usar una black para ahorrarse unos miles de euros?».

Eso va por los suyos. Para los otros tiene mucho más. Reconoce que se solivianta en el Congreso frente a los diputados socialistas. «Ahora algunos como Solbes o Sebastián dicen que lo vieron venir, que avisaron de la burbuja pero no les hicieron caso. Oiga, pues haberse ido, por dignidad. Pero es que la burbuja no la inflaron los de las promociones de pisos. O no sólo. La burbuja de verdad era financiera, y la inflaron empresas del Ibex con operaciones societarias de gran calibre, metiendo al ICO por medio, y Sebastián estaba entonces en un puesto de responsabilidad. ¡Dios me libre de tener que escribir un día unas memorias para justificarme!». Como a buen viejo político, a Montoro no le parece que C’s represente una amenaza. Cree que a la hora de la verdad la gente votará con su dossier en la cabeza, es decir, con el bolsillo. Le parece el de Rivera «un partido de aluvión» cuyos gurús económicos, Luis Garicano y Francisco de la Torre, no lograron los cargos que deseaban en la Administración Rajoy. «Que yo no digo que no los merecieran», apostilla, malévolo.

¿Y Cataluña? «El independentismo es en gran parte producto de la frustración económica. No es que no queramos a Cataluña: es que la necesitamos. Sabíamos que sin Cataluña no podríamos salir de esta. La política exige jerarquizar. Ya hablaremos de mejorar el modelo de financiación cuando haya dinero que repartir». ¿Y la propuesta fiscal de Margallo de cederles el 50% del IRPF? «Margallo es un hombre muy inteligente, pero los demás no somos del todo estúpidos. Él lleva diciendo eso desde 1994, pero uno tiene que saber revisar sus ideas con el tiempo porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual».

Dos horas y media después, don Cristóbal está mucho más animado que al principio. Él seguiría hablando, explicando lo que ha hecho por su país. «Hemos hecho lo que teníamos que hacer, ¿verdad?», le preguntó Rajoy en un día malo. «Sí, presidente». Le insinúo que no basta con que se comunique con su jefe. Pero él se debate entre una fe residual, retórica, en el papel de los medios en democracia y un irreversible desengaño. «En política hay que aprender a vivir sin ir corriendo a contar todo lo que uno hace». El problema es que lo contarán otros por ti.

Nos despedimos. Le pregunto qué hará este puente. «Desde la hernia discal camino mucho por el monte. Da igual la estación. Incluso cuando llueve. Cuando llueve más, si cabe. Caminar bajo la lluvia me encanta».

No hace falta que nos lo jure.

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  1. […] La entrevista a Montoro 14/10/2015.- Al PP: ‘¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! Como si hubiera economía sin alma. Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse en la crisis’ .- Aznar: ‘Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al ‘business’ y […] jonkepa […]

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