Cuando los Aliados necesitaron lanzar una campaña de desprestigio contra Hitler

The Daily Mirror publicó un cartel con Hitler de “Se busca, vivo o muerto” (British Library)

La asociación Fight For Free también publicó su cartel de “Se busca” contra Hitler (New York Historical Societ …

Desde que en 1925 Adolf Hitler asumiese el control absoluto del NSDAP (partido nazi), su carisma, liderazgo y prestigio tomarían una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en uno de los personajes más famosos y admirados no solo de Alemania sino del planeta.

Una década después estaba gobernando el país, había montado uno de los Juegos Olímpicos de más éxito, era nombrado hombre del año en 1938 por la Revista Time e incluso fue candidato a ganar el Premio Nobel de la Paz.

Incomprensiblemente, este hombre que tenía un mensaje político extremista y aterrador, era seguido por millones de personas que creían ciegamente en su atroz discurso, a pesar de haber sido capaz de llevar a su propia nación al inicio de una nueva guerra mundial.

A pesar del genocidio y limpieza étnica, religiosa o por condición sexual a la que fue sometida tantísimas personas, otros muchos seguían creyendo en él fielmente.

Evidentemente, la inmensa mayoría de esos seguidores lo eran a través del miedo que sentían y, sobre todo, por la persecución a la que era sometido desde la peligrosísima Gestapo todo aquel que no compartiese el ideario nacionalsocialista. Pero, incomprensiblemente, lo que no se entendía era cómo tantísimas personas que se encontraban a miles de kilómetros de Alemania, y eran testigos desde la lejanía de la barbarie que ordenaba realizar Hitler, podían profesar admiración por la ideología nazi y su líder. Sigue leyendo

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Hallan las placas que usaban los nazis para tatuar a reos

Vista de las placas. / Afp

Vista de las placas. / Afp

Un donante anónimo regaló al museo del campo de exterminio de Auschwitz -Birkenau cinco piezas originales de placas metálicas con agujas que usaron los nazis para tatuar a sus prisioneros, anunció el jueves el portavoz del museo, Bartosz Bartyzel. “Obtuvimos las placas hace unas semanas y confirmamos su autenticidad”, explicó.

En cada placa hay un número formado por agujas, un cero, dos tres y dos seis o nueve, para formar números que servían para identificar a los prisioneros, precisó. Primero, se tatuó a los detenidos en el pecho, luego en el antebrazo izquierdo. El campo de Auschwitz fue el único que usó este tipo de identificación, indicó Bartyzel.

Estas placas serán conservadas en los archivos del museo, antes de ser presentadas al público durante una exposición prevista en los próximos años, dijo el vocero. Se trata de objetos extremadamente raros. Hasta ahora, el Museo militar de San Petersburgo, en Rusia, tenía un único ejemplar, según el museo de Auschwitz . De 1940 a 1945, un millón de judíos europeos murieron en Auschwitz -Birkenau, así como 70.000 a 75.000 polacos no judíos, 21.000 gitanos, 15.000 prisioneros de guerra soviéticos y 10.000 a 15.000 prisioneros más de diversas procedencias, según datos del museo.

Las Provincias

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Muere el soldado japonés que luchó 30 años después de la rendición

Hiroo Onoda, izquierda, con su uniforme del Ejército Imperial, el 10 de marzo de 1974, tras su rendición, en la isla filipina de Lubang. / JIJI PRESS (AFP)

Hiroo Onoda, izquierda, con su uniforme del Ejército Imperial, el 10 de marzo de 1974, tras su rendición, en la isla filipina de Lubang. / JIJI PRESS (AFP)

El exteniente japonés Hiroo Onoda, que vivió escondido en las selva de Filipinas durante tres décadas sin saber que la II Guerra Mundial había terminado, falleció este jueves en Tokio a los 91 años, informó hoy la cadena pública NHK.

Onoda, que llevaba hospitalizado desde principios de mes, sorprendió a Japón con su inesperada aparición en 1974, cuando finalmente decidió abandonar su misión en la jungla y volver a su país.

El exteniente del Ejército Imperial nipón fue enviado en 1944 como oficial de inteligencia a la isla filipina de Lubang, donde permaneció escondido los 29 años posteriores sin saber que el conflicto bélico había terminado y que Japón se había rendido.

Onada llegó a los 22 años a esa isla de Filipinas con la misión de introducirse en las líneas enemigas, llevar a cabo operaciones de vigilancia y sobrevivir de manera independiente hasta que recibiera nuevas órdenes, lo que hizo exactamente durante tres décadas.

Tras la rendición de Japón en 1945, el soldado siguió sirviendo a su país en la jungla, convencido de la guerra se seguía luchando. Sigue leyendo

El jefe de la Gestapo está enterrado en un cementerio judío

El jefe de la Gestapo, Heinrich Müller.

El jefe de la Gestapo, Heinrich Müller.

El jefe de la Policía Secreta del régimen nazi, la Gestapo, podría estar enterrado en el cementerio judío del centro de Berlín desde 1945. Heinrich Müller fue un reputado represor, torturador y verdugo de opositores y adversarios políticos de Adolf Hitler, pero sobre todo uno de los principales organizadores del asesinato sistemático de 6 millones de judíos en la Europa ocupada por Alemania durante la II Guerra Mundial. Según dice haber comprobado el director del Centro Conmemorativo de la Resistencia Alemana, Johannes Tuchel, su cadáver fue enterrado en 1945 en una fosa común del antiguo cementerio judío del centro de Berlín, desmantelado dos años antes por la propia Gestapo. Si las pesquisas se confirman de Tuchel, que dice haber encontrado documentos fehacientes, el burócrata policial y asesino de masas Heinrich Müller está enterrado en el espacio que dejaron las lápidas originales y los despojos de judíos como el filósofo de la Ilustración Moses Mendelsohn, desbaratados bajo sus órdenes en 1943.

Ya en 1945 conocían los aliados la declaración de “un civil llamado Walter Lüders”, que dijo haberlo enterrado personalmente en el antiguo cementerio judío de la Calle Grande de Hamburgo. Quedaba entonces en el sector soviético de Berlín. Una exhumación en 1963 reveló que Heinrich Müller, conocido como Gestapo-Müller para diferenciarlo de otro general de la SS con el mismo nombre, no estaba enterrado en un cementerio de Berlín-Neukölln, en Berlín Occidental. El semanario Der Spiegel escribió entonces que “de la falsa tumba ha escapado un demonio: el jefe de la Gestapo podría haber sobrevivido a la guerra”. Cundía la sospecha de que Müller, a quien ya en vida se atribuían contactos secretos con el espionaje soviético, se había pasado al servicio de Stalin en el caos del final de la contienda. Los aliados occidentales lanzaron una gran operación de busca y captura. El nombre Heinrich ha caído un poco en desuso, pero hace 70 años, su combinación con el apellido Müller era enormemente común en los países de habla alemana. La busca del jefe de la Gestapo fue la de una aguja en un costurero. Sigue leyendo

La Batalla de Stalingrado

Soldados rusos desfilan en la colina de Mamáyev Kurgán el pasado sábado. (Reuters)

Soldados rusos desfilan en la colina de Mamáyev Kurgán el pasado sábado. (Reuters)

En estos días se celebra el 70 aniversario del fin de esta batalla que significó el principio del fin  del ejército nazi de Hitler en el frente oriental. Duró 200 días la batalla y significó la muerte de casi dos millones de personas, un millón de ellos civiles. Este es el relato de los hechos tal como aparecen en la Wikipedia, probablemente el lugar en el que más información he encontrado. Merece la pena leerlo para tratar de no volver a caer en el mismo error.

El pasado sábado (2 de febrero), los habitantes de la ciudad rusa de Volgogrado efectuaron un viaje al pasado que a pocos ha dejado indiferentes, al recuperar el nombre que esta tuvo durante 36 años, Stalingrado. El motivo, la conmemoración de los 70 años de la finalización de una de las batallas más legendarias de la Segunda Guerra Mundial, y que según la mayor parte de los historiadores, fue la que cambió las tornas en el Frente Oriental, permitiendo que poco más de dos años más tarde, el Ejército Ruso entrase en Berlín.

La Batalla de Stalingrado fue un enfrentamiento bélico entre las fuerzas alemanas y los ejércitos soviéticos por el control de la ciudad de Stalingrado, actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Con bajas estimadas de tres a cuatro millones de personas, entre soldados de ambos bandos y civiles, la Batalla de Stalingrado es considerada como la más sangrienta en la historia de la humanidad y el principio del fin del nazismo en Europa. Los alemanes la llamaron «Rattenkrieg», «guerra de ratas». Sigue leyendo

“Me salvó de los nazis un niño de siete años. Se llamaba Juanito”

Uno, hijo de republicanos, huía de Franco; el otro, hijo de judíos, se escondía de Hitler. Y un matrimonio belga los convirtió en hermanos en 1942.

Juan Manrubia Sánchez, Juanito, tenía siete años, y Zenon Fajertag, dos. “La única condición que los Materne pusieron para esconderme en su casa de Bruselas fue que Juanito, que ya llevaba unos años con ellos, estuviera de acuerdo. Así que mi madre y yo esperamos tres horas a que volviera del colegio. Cuando llegó, le preguntaron: ‘¿Quieres tener un hermanito?’ Y él dijo: ‘¡Sí!’ Así fue como me salvó la vida. No sé qué habría sido de mí si no me hubiera quedado con aquella familia. Sí sé que los niños que capturaron los nazis terminaron muy mal, fueron enviados al Campo de Malines, a Auswichtz…”, cuenta hoy Zenon, de 71 años, que luego cambiaría su nombre por el de Zalman Shiffer.

Su madre, Sara, intentó pagar a los Materne por acoger a su hijo. No hubo manera. “Le dijeron que no lo hacían por dinero, sino porque era su deber. Al final, después de mucho discutir, acordaron que mi madre les llevaría cada día un huevo del mercado negro como pago”. Sigue leyendo

El ángel de Budapest

El español que quiso salvar a los judios. Unos días atrás, sin excesivos

El diplomático aragonés Ángel Sanz Briz. Levante-EMV

alardes, la primera cadena de televisión emitió un extenso trabajo sobre un tema que siempre despertó curiosidad: la suerte de miles de judíos húngaros, perseguidos y exterminados por el régimen nazi.
Un horror parecido vivieron otras regiones de Europa, pero en aquel punto parece haberse polarizado la atención general del gran público.

Eugenio Suárez
Valencia- Levante-emv

Para los interesados en la época queda el irracional mapa político que colocaba países, poblaciones, etnias y seres humanos entregados al capricho de un destino geográfico en el que no tuvieron capacidad de elección.
Los hebreos formaron núcleos en la mayoría de las capitales centroeuropeas y no por rehusar la integración, sino porque, aferrados a sus costumbres, encontraron tolerancia suficiente para vivir, trabajar y multiplicarse. Quizás Hungría, tierra pisoteada por varios pueblos invasores, ofrecía mejores condiciones y en ellas procuraron instalar el signo de la modernidad: la industria y sus derivados. Con la tenacidad de la raza, muchos prosperaron, se hicieron ricos, se mezclaron con una aristocracia exquisita y caduca, con el arrabal del imperio austrohúngaro que tenía a Budapest como la joya del Continente.
La prepotencia hitleriana, la impunidad con que se adjudicaron los Sudetes, luego el pasillo de Dantzig, más tarde Polonia, llevaron el sistema político a aquellas tierras cristianas, de mayoría católica. Subió al poder un almirante sin barcos, un monárquico sin rey, Horthy, que intentó gobernar con tiento, pero sabiendo que las riendas las manejaba Berlín. Emitieron leyes antisemitas, apenas observadas, pero eran el huevo de la serpiente. Sigue leyendo

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