El desastre irremisible del PP

Rajoy y Montoro, apoyados el uno en el otro, cerca del precipicio.

Rajoy y Montoro, apoyados el uno en el otro, cerca del precipicio.

En las últimas horas se ha empezado a especular con la posibilidad de que haya sido el Gobierno, a través de la Agencia Tributaria, el que ha propiciado la detención de Rodrigo Rato. Para convertirlo en un chivo expiatorio que atraiga todo el escarnio popular, haciendo olvidar a los otros 704, o más, altos cargos del sistema, o del PP, que también han blanqueado dinero de origen sospechoso.

Pero la maniobra va a valer de poco. Eso si no se frustra en breve. Porque el asunto ya ha hecho un daño irremediable a las expectativas electorales del PP. En las municipales y autonómicas. Pero sobre todo en las generales, que todo indica que ya ha perdido sin remisión. Porque de aquí a entonces, el caso del blanqueo no puede sino agravarse. Y en ocho meses pueden aparecer unos cuantos más.

Si el Gobierno, aplicando la ley, hubiera actuado contra Rato hace tres años, cuando ya sabía todo lo que tenía que saber sobre sus enjuagues, la cosa habría podido funcionar mejor. Pero lo que hizo entonces Montoro fue pergeñar una amnistía fiscal para Rato y otros amigos. Y, además, ocultar los indicios, o pruebas fehacientes, de blanqueo que dicha práctica había sacado a la luz. Justo cuando el juez Ruz acusaba al exsuperministro de gravísimos delitos en su gestión de Bankia. En 2012 Rato ya se había caído con todo su paquete. Pero Rajoy no se atrevió a tocarle un pelo, aunque eso iba en contra de los intereses del partido. Seguramente porque tenía miedo a cómo éste podía reaccionar. Al igual que antes le había pasado con Bárcenas.

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¿Por qué nadie puede confiar en Rajoy?

El actual presidente del Gobierno ha llevado a España al borde del abismo político, económico y social, lo que será su fin, pero el daño que ha hecho durará generaciones.

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

Es un artículo de Roberto Centeno para El Confidencial.

Rajoy es un presidente, además del más inculto de Occidente (1), al que importan un pimiento los ciudadanos y la nación. No es un líder político, sino un mero jefe de aparato de poder estatal a quien solo le interesa conservar el mando, y cuyos pilares son el mantenimiento de una gigantesca red clientelar y el favor de los oligarcas. A Rajoy le cayó del cielo –no por mérito propio, sino por el desastre de su predecesor y la nefasta Ley d´Hont, que con solo un 5,2% más de votos le dio casi un 20% más de escaños– la mayor cuota de poder autonómico, local y estatal de la que jamás ha gozado un presidente de Gobierno desde la Transición. Todo estaba en su mano: la regeneración política y moral, la reducción drástica del despilfarro y la corrupción, la creación de empleo (el de verdad, no los empleos basura de 600 euros) o la recuperación de competencias como la educación y la sanidad, que nunca debieron perderse.

No solo no ha hecho lo debido cuando todo, absolutamente todo, estaba a su alcance, sino que ha hecho justo lo contrario. Durante los más de tres años de legislatura ha echado la culpa de su desastrosa gestión a la herencia de Zapatero y a lo que se encontraron al llegar, que “no sabían que existía”. De todas sus mentiras –Rajoy no ha dicho una sola verdad desde que tomó la primera comunión– esta es la mayor con una gran diferencia. En septiembre de 2011, en el programa de Carlos Cuesta La vuelta al mundo, coincidí con Cristóbal Montoro, que siempre me recuerda los tiempos en que le enseñaba Estructura Económica. Me hizo un análisis claro de la situación, y lo que es más importante, las medidas que iban a tomar para darle la vuelta –que eran las adecuadas–.

Sabían que el déficit era mucho mayor que el que decía Zapatero, y concretamente del 9,4%; que el gasto autonómico y local estaba fuera de control; que había que cerrar la mitad de las empresas públicas, algo que Rajoy prometió también falsamente durante la campaña; que de los 3 millones de empleados públicos solo 700.000 lo eran a través de unas oposiciones limpias y transparentes, etc etc. Lo sabían todo; no hubo, como falsamente afirmaron después, sorpresa alguna. Y Montoro sabía lo que había que hacer. Bajar los impuestos sería lo primero para incrementar la renta disponible de las familias y dinamizar el consumo. Acabar con el despilfarro y la corrupción sería lo segundo. “Enviaré a los hombres de negro –me dijo Montoro– a todas aquellas CC.AA. que no cumplan el déficit”. Seguir leyendo

Este es el audio que le valió a Aznar una querella esta misma mañana

AznarEnlace al audio que provocó la querella por parte de Podemos:

http://bcove.me/yk69rcds

Fuente: Insurgente

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Dios vuelve al BOE y el rezo a los pupitres

AulaRemedando la memoria que más le gusta al partido en el Gobierno, por oposición a la Memoria Histórica y a la de cuantos ciudadanos siguen enterrados sin seña como alimañas en las fosas y cunetas donde el franquismo y su caudillo (por la gracia de Dios) sepultó a sus víctimas, el último número del Boletín Oficial del Estado (BOE) dedica hasta 23 páginas al currículo de la asignatura de Religión en educación primaria y secundaria, con la mención a Dios en 168 ocasiones y a la de Jesús en 73.

El programa contiene frases como “la realidad en cuanto tal es signo de Dios, habla de Su existencia. La iniciativa creadora de Dios tiene una finalidad: establecer una relación de amistad con el hombre. Es decir, Dios ha creado al ser humano para que sea feliz en relación con Él”; “No obstante, el ser humano pretende apropiarse del don de Dios prescindiendo de Él. En esto consiste el pecado. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz“, etc.

El nuevo temario de Religión Católica incluye el aprendizaje de oraciones para aprobar la asignatura. Sorprende la desaparición de cualquier referencia a la historia de las religiones y, por tanto, a la existencia de otras confesiones, lo que no parece casar muy bien con el espíritu ecumenista que al menos aparentemente fomenta el Papa Francisco cada vez que se abraza con otro colega de distinto credo. Seguir leyendo

Veintitrés minutos de alucinación

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters) Leer más:  Veintitrés minutos de alucinación - Blogs de Notebook  http://bit.ly/1xqgfK8

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters)
Leer más: Veintitrés minutos de alucinación – Blogs de Notebook http://bit.ly/1xqgfK8

Mientras, ayer, el presidente del Gobierno, entre las 13.30 y las 13.53 horas, describía la realidad socio-económica y política de la España actual, se me fueron las mientes a la tantas veces leída y meditada conferencia de José Ortega y Gasset sobre la “Vieja y nueva política”, pronunciada por el filósofo madrileño hace poco más de un siglo: en Madrid, el 23 de marzo de 1914, en el teatro de la Comedia. Y párrafos de aquel texto que han pasado por ser unos de los más brillantes y prospectivos de nuestro gran intelectual, son de una actualidad pasmosa porque Mariano Rajoy, al tiempo que desgranaba por enésima vez sus consignas propagandísticas, los hacía más vigentes, más inmediatos a nuestra propia realidad.

Decía Ortega en 1914 que “sobreviven dos España que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”. Ayer dio la impresión de ocurrir lo mismo: el presidente nos hablaba de su España, que era extraña a la otra España que le escuchaba. Mientras él describía un país de esperanzas y realizaciones, sus ciudadanos le relegan a la peor de las valoraciones y condenan a su partido a la debacle electoral.

Ocurría, de nuevo, como decía Ortega, lo que sucedía apenas tres lustros antes de que se desplomase el régimen de la Restauración: “Una misma palabra pronunciada por unos o por otros significan cosas distintas porque va, por decirlo así, transida de emociones antagónicas”. Como antagónicas son ahora las emociones y las palabras del presidente que nada tienen que ver con las emociones y el significado de las palabras de la gente. El habla del empleo creado, y la gente piensa en el que es necesario crear; el habla de magnitud económicas -sin bendecir la suerte del bajo precio del petróleo y la devaluación del euro- y la gente se pregunta por qué, si las cosas van tan bien, se incrementan las pensiones en un 0,5% y el salario mínimo interprofesional en otro 0,5%. La gente no entiende por qué, si lo que dice el presidente es cierto, esta es una España hastiada que ha regresado en su bienestar quince años atrás. Seguir leyendo

Al ministro del Interior

Ministro InteriorSu salida de pata de banco, al pedir a quien critique sus expulsiones en caliente de inmigrantes que le dé su dirección y se los envía, ya ha sido con razón criticada. Debería dimitir, porque esa sandez de patio de colegio no es tolerable en un adulto, ni siquiera con el margen extra de tolerancia a la estupidez que es necesario conceder a los ministros. Es usted el responsable, no quien le critica. Hasta los novelistas, pese a nuestra merecida fama de fatuos y engreídos, nos sonrojaríamos si respondiéramos a una crítica diciendo: pues escribe tú la novela, a ver qué tal, ya que tanto criticas.

Puestos a responder como un crío, quizá habría quedado más airoso con el que me imagino que sería su plan B: a mí eso tú no me lo dices en la calle.

Para acabar de arreglarlo, afirma: “que me den esa dirección y que enviamos a esta gente, eso sí, con el compromiso de que les van a mantener y que les van a dar un puesto de trabajo adecuado a su dignidad y a sus competencias”.

Esto ya es de carcajada. ¿Acaso su Gobierno le da a los propios españoles “un puesto de trabajo adecuado a a su dignidad y a sus competencias? ¿Les garantiza acaso el derecho a la vivienda siquiera?

Mi pregunta es sencilla y lógica: ¿cuál es su dirección, por favor? ¿Y la de Fátima Báñez, ministra de Empleo, si la tiene a mano?

Lo pregunto porque, ya que ni usted ni su Gobierno consiguen resolver ciertos problemas, pues le vamos a hacer caso y les vamos a enviar a cierta gente a sus domicilios particulares.

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¡Dime qué temes y te diré quién eres!

Saber lo que da miedo, lo que produce pánico, ayuda a conocer el carácter de las personas.

Las encuestas sobre la intención de voto de la ciudadanía han dado mucho que hablar en la última semana. Y hablando se entiende la gente. Hasta el catastrofismo, las amenazas y las profecías de epidemia electoral sirven para iluminar la realidad. Las convulsiones que provoca el ascenso fulgurante de Podemos nos enseñan mucho sobre la situación de la Democracia y la Prensa tradicional en España. A la luz de las encuestas, se perfila también una idea de lo que se piensa de Europa entre los padres y las madres de la Patria.

1.- La Democracia. La quiebra del bipartidismo es presentada por políticos y periodistas como una amenaza populista contra el Gobierno responsable. Se trata de un peligro para la Democracia. Este miedo nos obliga a plantearnos de inmediato qué idea de Democracia sostienen las personas asustadas.

Por lo visto hay muchos políticos y comentaristas para los que una Democracia es una máscara perfecta, el disfraz de la desigualdad. El rigor democrático significa para ellos que 16 familias con apellido de élite acumulen en España el mismo dinero que 14 millones de pobres. La seriedad supone aceptar que un Gobierno conceda obras públicas por valor de 22 millones de euros para que en sus cajas B y C entren más de 4 millones de monedas negras. La madurez implica que un presidente calle o mienta por costumbre.

Más todavía. Según ellos entienden, la profesionalidad es negociar con los bancos leyes hipotecarias para el desahucio descarnado, injusto y sin amparo de las personas engañadas por una gran estafa inmobiliaria. La responsabilidad económica es pactar con las élites una liquidación vertiginosa de los derechos laborales. Es utilizar y favorecer el paro como argumento para deteriorar los salarios y los contratos laborales. Es llamarle demagogia a la verdad.

Esta es la idea de Democracia que defienden todas las voces aterrorizadas por un posible cambio. Su miedo los distingue de buena parte de la población que tiene otras preocupaciones. Está asustada por el desempleo, la pobreza, la corrupción política y las mentiras electorales. Seguir leyendo

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