Ciudadanos, “el partido nuevo”, cumple diez años plagados de sombras sobre sus orígenes

La formación de Rivera no promociona su cumpleaños, pero una editorial ha rememorado sus inicios y hace una “interesante” comparativa de los cambios en su ideario.

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Veintitrés minutos de alucinación

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters) Leer más:  Veintitrés minutos de alucinación - Blogs de Notebook  http://bit.ly/1xqgfK8

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters)
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Mientras, ayer, el presidente del Gobierno, entre las 13.30 y las 13.53 horas, describía la realidad socio-económica y política de la España actual, se me fueron las mientes a la tantas veces leída y meditada conferencia de José Ortega y Gasset sobre la “Vieja y nueva política”, pronunciada por el filósofo madrileño hace poco más de un siglo: en Madrid, el 23 de marzo de 1914, en el teatro de la Comedia. Y párrafos de aquel texto que han pasado por ser unos de los más brillantes y prospectivos de nuestro gran intelectual, son de una actualidad pasmosa porque Mariano Rajoy, al tiempo que desgranaba por enésima vez sus consignas propagandísticas, los hacía más vigentes, más inmediatos a nuestra propia realidad.

Decía Ortega en 1914 que “sobreviven dos España que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”. Ayer dio la impresión de ocurrir lo mismo: el presidente nos hablaba de su España, que era extraña a la otra España que le escuchaba. Mientras él describía un país de esperanzas y realizaciones, sus ciudadanos le relegan a la peor de las valoraciones y condenan a su partido a la debacle electoral.

Ocurría, de nuevo, como decía Ortega, lo que sucedía apenas tres lustros antes de que se desplomase el régimen de la Restauración: “Una misma palabra pronunciada por unos o por otros significan cosas distintas porque va, por decirlo así, transida de emociones antagónicas”. Como antagónicas son ahora las emociones y las palabras del presidente que nada tienen que ver con las emociones y el significado de las palabras de la gente. El habla del empleo creado, y la gente piensa en el que es necesario crear; el habla de magnitud económicas -sin bendecir la suerte del bajo precio del petróleo y la devaluación del euro- y la gente se pregunta por qué, si las cosas van tan bien, se incrementan las pensiones en un 0,5% y el salario mínimo interprofesional en otro 0,5%. La gente no entiende por qué, si lo que dice el presidente es cierto, esta es una España hastiada que ha regresado en su bienestar quince años atrás. Sigue leyendo

Las claves de la cacicada electoral que prepara el PP

Ana Botella, alcaldesa de Madrid (PP). The relaxing cup of café con leche in plaza Mayor de Madrid.

Ana Botella, alcaldesa de Madrid (PP). The relaxing cup of café con leche in plaza Mayor de Madrid.

¿Qué quiere el PP?

El jefe del Ejecutivo planea impulsar en el próximo periodo de sesiones una reforma de la ley electoral para la elección directa de los alcaldes, es decir, para que gobierne en los ayuntamientos el candidato del partido más votado.

Rajoy incluye esta iniciativa dentro de su paquete de medidas para la regeneración democrática, aunque todavía no se ha presentado de forma oficial ni este cambio ni su letra pequeña.

¿Qué supondría este cambio?

En las pasadas elecciones municipales, en 2011, el PP consiguió acceder a 34 alcaldías de las 50 capitales de provincia. Si se aplicara una reforma que primara al más votado, esta cifra podría aumentarse hasta incluso los 40 consistorios.

¿Por qué ahora?

Los populares preparan esta medida a nueve meses de las próximas elecciones municipales -que deberían celebrase en mayo de 2015-. En los anteriores comicios locales, el PP logró su mayor cuota de poder territorial en la actual etapa democrática en un momento en caída libre del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en plena crisis económica.

Las perspectivas electorales de los populares son totalmente distintas ahora. Tres años en el poder han desgastado al partido, como se pudo comprobar en las pasadas elecciones europeas, cuando perdieron casi 19 puntos respecto a las generales de 2011. Sigue leyendo

La verdad del voto en blanco y el voto nulo

votoEsta noche empieza oficialmente la campaña electoral por las elecciones al Parlamento Europeo. Ya llevan varios dias machacándonos con sus estrategias electorales, contándonos sus cuentos chinos según les convenga a unos u otros. La ciudadanía está harta y considera que PP y PSOE vienen a ser lo mismo y que ninguno de ellos va a luchar por los intereses de los ciudadanos sino por los de ellos, unos apoyando al gran capital y a la Iglesia, la católica of course, y los otros no se sabe muy bien por quien además de por ellos mismos., de ahí que se haya generalizado el uso deltérmino  PPPSOE para identificar a estos dos partidos por no decir pandilla de amiguetes.

“El miércoles pasado las dos Sorayas escenificaron un violento enfrentamiento -a cuento de los sobres en B-. Sin embargo, al día siguiente ambas votaron en contra de una propuesta de UPyD sobre la corrupción”, relata la diputada Lozano, en apoyo a sus tesis de la coalición PP-PSOE cuando les interesa.

“El día que PP y PSOE acordaron la reforma de la Constitución, sellaron un pacto para mantenerse en el poder que sigue vigente. En Asturias han pactado los presupuestos y en Vigo también”. Lo afirma Irene Lozano, diputada de UPyD, un partido parlamentario que podría desempeñar un papel clave en el declive del bipartidismo.

No es que yo abogue por el voto a UPyD ya que no me gusta este partido aunque he de reconocer que suelen llamar a las cosas por su nombre. Sigue leyendo

Abajo el nacionalismo lingüístico

Modelo blavero (españolista)-

Modelo blavero (españolista)-

Sólo hay un nacionalismo más insidioso y brutalista —a veces violento— que el catalán: el español. De entrada, secuestra el nombre de las cosas. Y antes que nada, del idioma. Ocurrió en Aragón, con la nueva ley de lenguas que omite la palabra “catalán”, el idioma utilizado en la Franja, para sustituirlo por el circunloquio “lengua aragonesa propia del área oriental”, el lapao.

Sucede con las actuales andanadas de la Generalitat Valenciana a la Acadèmia Valenciana de la Llengua, por definir el valenciano como lo que es. A saber, una “lengua románica hablada” allí; y en otros lugares, como Cataluña y Andorra, “donde recibe el nombre de catalán”.

La cuestión nominalista no es baladí. “El nombre que se da a una lengua estándar suele derivar de una operación de planificación”, describe el catedrático madrileño Juan Carlos Moreno, de la Universidad Autónoma de Madrid, en su estupendo y recomendable libro, El nacionalismo lingüístico, una ideología destructiva (Península, 2008). Moreno nos recuerda que al toscano o florentino se le llama italiano para afianzarlo como lengua común, “que se pretende implantar de modo generalizado, impositivo y omnicomprensivo“, ese paralelismo con castellano y español.

Con el catalán en Valencia y Aragón la secuencia es clavada, pero inversa: al despojarle de su nombre, se le desnaturaliza y relega a residuo particular, opcional y nada-comprensivo. En las Islas Baleares, la marea verde del pasado otoño denunció espectacularmente otro modo de jibarización del catalán, la rebaja de su uso escolar, concomitante con la de la ley Wert. Bajo estos tristes eventos palpitan, implícitas, “tres ideas clave del nacionalismo lingüístico” repertoriadas por el profesor madrileño: el pretendido “carácter intrínsecamente superior de la lengua nacional”, su función de instrumento “unificador” y la suposición de que “una vez desaparecido el Imperio, se puede mantener la lengua como inductora de un imperio espiritual”.

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Barómetro del CIS: Cocinando las encuestas

Un 10,8% de los votantes tiene claro que hoy por hoy votaría al PP mientras que un 11,8% se decantaría por el PSOE. Sin embargo, con la ‘cocina’ efectuada por el Centro de Investigaciones Sociológicas, populares y socialistas obtendrían un 32,1% y un 26,6% de los sufragios respectivamente. Un 24,2% asegura que no irá a votar.

cis-intencion-votoLos dos grandes partidos PP y PSOE siguen perdiendo apoyo ciudadano a pasos agigantados, aunque posiblemente en las elecciones generales lo recuperarán. Así lo deja claro el Barómetro del CIS publicado este miércoles, que señala que el PSOE tiene un 11,8% de voto directo (gente que asegura de forma espontánea que les votará) mientras que el PP queda por debajo, con un 10,8%.

Después de la famosa ‘cocina’ que realiza el centro demoscópico, los resultados que se dan dicen que el PP obtendría un 32,1% de los votos si hoy se celebraran elecciones generales, lo que supone doce puntos menos que en los comicios de 2011, y una caída de dos puntos respecto a octubre, mientras que el PSOE sigue sin remontar con un 26,6% de los sufragios, su nivel más bajo desde 2011.

IU se mantiene estable con el 11,3 por ciento de los votos, mientras que UPyD sube dos puntos, del 7,7 al 9,2 por ciento, exactamente el mismo porcentaje que pierde el PP.

En la encuesta, realizada entre el 3 y el 15 de enero, el PSOE reduce su distancia con el PP en dos puntos, aunque no por un aumento del apoyo ciudadano sino por la caída del PP, que ha obtenido, al igual que los socialistas, sus peores resultados en la encuesta desde las pasadas elecciones generales. Sigue leyendo

La prosperidad de Valencia se cae a pedazos lastrada por años de despilfarro y corrupción

El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra (EFE)

El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra (EFE)

La prosperidad de la Comunidad Valenciana, a la que su vecina Cataluña miraba de reojo hasta hace bien poco con una mezcla de envidia y recelo, resultó ser un espejismo. Tras casi dos décadas ininterrumpidas de gobiernos del PP, los valencianos pagan hoy los platos rotos de los excesos -y fueron muchos- de la era Camps. Despojada para siempre de las joyas de su sistema financiero -Bancaja y la CAM-, sin tejido industrial, carcomida por un índice de desempleo que supera el 28% y asfixiada por una deuda de casi 30.000 millones de euros, la región acaba de perder también un referente emocional y lingüístico: Canal Nou. Y con él buena parte de su autoestima colectiva.

Cuando Eduardo Zaplana apeó de la Generalitat al socialista Joan Lerma, en 1995, la televisión autonómica contaba con una plantilla que apenas llegaba a los 650 trabajadores. Ahora, con casi 1.700 empleados -no pocos de ellos familiares, amigos y enchufados del PP-, una deuda acumulada que roza los 1.400 millones de euros, una credibilidad engullida por la obscena manipulación de los gestores -léase comisarios políticos- nombrados por el partido y unos índices de audiencia raquíticos, Canal Nou se había transformado en un tumor que Alberto Fabra se ha visto empujado a extirpar de raíz, en parte por la torpeza con la que él mismo manejó el ERE que los jueces han acabado tumbando.

El actual presidente de la Generalitat llamó a Madrid para intentar a la desesperada que Cristóbal Montoro le diera un dinero extra con el que salvar in extremis la cadena. Pero el ministro de Hacienda se aferró a la ortodoxia del déficit y le dio con la puerta en las narices. Mariano Rajoy, que ni siquiera se le puso al teléfono, sigue apostando por Fabra no por convicción, sino porque no tiene recambio. Es un president débil y sin autoridad, incapaz de gobernar su propio partido -el líder del PP valenciano, Alfonso Rus, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, le ningunean en cuanto tienen ocasión- y que, para combatir su soledad y falta de apoyos, se ha rodeado de un reducido equipo de fieles -con el vicepresidente José Ciscar a la cabeza- muy cuestionado internamente.

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La izquierda consolida su mayoría en la Comunidad Valenciana

intención  de voto ValenciaLos partidos de izquierda con representación parlamentaria, si las elecciones se celebrasen hoy, consolidarían en las Cortes Valencianas la mayoría que hace un año les otorgó un sondeo elaborado por Metroscopia para EL PAÍS. Un año después, una nueva encuesta confeccionada con motivo de la festividad del 9 d’Octubre, Día de la Comunidad Valenciana, revela que si las votaciones tuviesen lugar hoy el PP quedaría muy lejos de la mayoría absoluta que ostenta ahora y no podría formar gobierno ni con el apoyo de Unión Progreso y Democracia (UPyD), que entraría en la Cámara con grupo parlamentario propio.

El vuelco electoral ya se evidenció en el estudio realizado por Metroscopia en octubre de 2012 y un año después se consolida en el estado de opinión de los valencianos.

El sondeo estima que el PP obtendría ahora 41 escaños, uno menos que en el estudio de hace un año y muy lejos de los 55 que ostenta en la actualidad y los 50 que otorgan la mayoría absoluta en las Cortes. Con un porcentaje de voto del 33,9% —muy similar al estimado por Metroscopia para el PP en el conjunto de España (34,1%)—, los populares valencianos caen tres décimas en intención de voto respecto al sondeo de hace un año y 15,4 puntos sobre el resultado electoral de 2011.

Una parte importante de los votos que pierde el PP de Alberto Fabra los recoge UPyD, el partido de Rosa Díez, y otra parte opta por recalar en la abstención. Aunque estas no son las únicas pérdidas que sufren los populares valencianos, porque parte del segmento de votantes que arrebataron en anteriores convocatorias electorales al PSPV-PSOE los abandona para decantarse por Esquerra Unida.

Los socialistas de Ximo Puig mejoran posiciones. Respecto al sondeo de hace un año, suben casi cuatro puntos en porcentaje de voto (23,6%) y recuperan dos escaños. Sin embargo, los 27 diputados asignados están todavía lejos de los 33 y del 28% de voto logrado en los comicios autonómicos de 2011 y de la intención de voto del 29% que tiene ahora el PSOE en el conjunto de España. Sigue leyendo

PP y PSOE pactan una revisión política del accidente del Alvia de guante blanco

Alfredo Pérez Rubalcaba (2d), Elena Valenciano (c), Alberto Núñez Feijóo (d), Ana Pastor (2i) y Pachi Vázquez (i). (Efe

Alfredo Pérez Rubalcaba (2d), Elena Valenciano (c), Alberto Núñez Feijóo (d), Ana Pastor (2i) y Pachi Vázquez (i). (Efe

El enfrentamiento político entre los dos grandes partidos se ha mantenido por ahora al margen del accidente de tren de Santiago. Y seguirá siendo así en los próximos días. El Gobierno y el principal partido de la oposición han acordado no convertir la tragedia del Alvia en nuevo motivo de confrontación política. PP y PSOE creen que la sociedad no entendería un intercambio de acusaciones sobre su presunta responsabilidad en el siniestro y presienten que un cruce de argumentos acabaría perjudicando en realidad a ambas formaciones por la historia reciente de la línea de alta velocidad Ourense-A Coruña, el tramo en el que se produjo el fatídico descarrilamiento.

Según ha podido saber El Confidencial, la ministra de Fomento, Ana Pastor, ha hablado por teléfono en los últimos días con su antecesor en el cargo, José Blanco, y también con la secretaria de Organización del PSOE, Elena Valenciano, para cambiar impresiones sobre el accidente. Blanco, que asistió al funeral en la Catedral del Apóstol aunque se mantuvo en un segundo plano, expresó a Pastor su solidaridad con la tragedia y se ofreció a colaborar en lo que pueda necesitar. En cuanto al contenido de la conversación entre la ministra de Fomento y Valenciano, ambas se comprometieron a cooperar para que la desgracia no entre en el terreno de la contienda partidista.

Ese es el clima que se respirará esta semana en la comparecencia de la ministra de Fomento en la Comisión del Congreso del mismo nombre. Pastor quiere explicar la actuación de su departamento y responder las dudas de la oposición. Estará acompañada por Julio González Pomar y Gonzalo Ferre, presidentes de Renfe y Adif, respectivamente. Pero, al menos en lo que respecta a la relación Gobierno-PSOE, se espera que la cita discurra en un ambiente de normalidad, sin críticas exacerbadas al adversario, según las fuentes consultadas. Sigue leyendo

Los siete pecados capitales del PSPV

El mayor mérito del PSPV en los últimos veinte años ha sido convertir el lermismo en un souvenir valenciano. Hoy, casi dos décadas después de la derrota electoral de 1995, tras cuatro candidatos a la Generalitat (más el que viene), cinco secretarios generales y varias gestoras, el puño y la rosa aspira a gobernar con la táctica del don Tancredo. Como le pasó a Rajoy con Zapatero, al que el tsunami de la crisis se lo llevó por delante mientras el PP engatusó a los desesperados electores. Hoy, Ximo Puig, con los peores resultados de la historia como horizonte previsible, podría llegar a ser presidente de la Generalitat.

Ximo Puig

Ximo Puig

Nunca un partido en un momento tan bajo pudo llegar tan alto. El PSPV, llamado a liderar este hipotético tripartito, es el principal lastre de ese acuerdo a tres. La pata que cojea con sus siete pecados capitales.

  1. Soberbia. Ni en los mayores fracasos electorales recientes ha existido una cura de humildad en Blanquerías. El envanecimiento es el problema. La corte de estómagos agradecidos que rodea a los secretarios generales les hace creer lo que no son: líderes. La amabilidad de Pla y Alarte fue siempre más próxima antes y después de su mandato. Los socialistas de cargo orgánico y nómina pública nunca aceptarán que hoy hay más parados en la Comunitat, 720.000 valencianos, que votos obtuvieron en las últimas autonómicas. Los 687.141 sufragios de Alarte son el récord negativo a batir. La paradoja es que Puig puede ser presidente de la Generalitat con un respaldo todavía más anoréxico en las urnas.
  2. Ira. El PSPV se desangra por la femoral. No hay torniquete que valga para taponar una fuga de militantes que preocupa a un partido que sólo propone soluciones tomboleras para sumar afiliados. Las agrupaciones, la esencia en una formación como la socialista, soportan la ira de presuntos líderes como Joan Calabuig que se pasea por las sedes al grito de amenazas y expedientes a todos aquellos que no acaten el pensamiento único. O estás con la familia o estás en contra. Remar todos a la vez es una utopía. El navajeo político es tarjeta de visita. Sigue leyendo
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