Ley de punto final

lanata-1560x690_c-672x372José María Mena
Jurista. Ex fiscal jefe de Cataluña

lamentable

Es un clamor social unánime que la justicia no es, precisamente, rápida, no es igual para todos, y en ocasiones, no es eficaz. Cuando se habla de la lentitud de la justicia nadie está pensando exclusivamente en la fase inicial del proceso penal, que es la investigación. Se piensa también en que el señalamiento de la fecha del juicio oral se pierde, desesperantemente, en el tiempo. Se piensa en que los recursos posteriores al juicio hacen interminable la fecha de la sentencia firme y definitiva, con el Tribunal Supremo y el Constitucional esgrimidos como instrumentos de lentificación, cuando no el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Se piensa en los indultos, que no son instrumentos de lentitud sino, directamente, de frenada definitiva de la justicia. Se piensa en la inoperancia práctica de la justicia para recuperar el dinero que los grandes defraudadores guardan en los numerosos paraísos fiscales que son parte del sistema internacional de impunidad de ese tipo de delincuentes gravemente antisociales.

Ante esta unánime demanda social el gobierno de Rajoy promovió una reforma legal que llegó al Boletín Oficial el 6 de Octubre. Lleva el pomposo título de Reforma para la agilización de la justicia penal. Esta ley, sin embargo, ha sido apodada por los fiscales, progresistas y conservadores, como “ley de punto final”.

¿Por qué es una ley de punto final?.

  1. Porque ahora habrá dos clases de procesos. Los sencillos y los complejos. Si es sencillo tendrá que concluirse la investigación en seis meses. Si es complejo en diez y ocho, con posibilidad de prórroga. Lo decide el juez a petición del fiscal. Todo el mundo sabe que los grandes casos de corrupción no se pueden investigar en plazos tan limitados porque no hay medios para superar, en ese plazo, las trabas y dificultades que plantean los investigados, las instituciones oficiales que les respaldan, las instituciones financieras españolas o internacionales que cobijan su botín, y la telaraña de complicidad que envuelve todo eso. Y si se acaban los plazos legales, o no se conceden las prórrogas, la investigación deberá cesar inexorablemente, no se podrán realizar nuevas pruebas por evidente que sea su necesidad, por seguro que sea su resultado. Y el asunto estará acabado. Por eso la llaman ley de punto final.

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La entrevista a Montoro

Cristóbal Montoro en la sala del Ministerio donde se realizó este encuentro. JOSÉ AYMÁ

Cristóbal Montoro en la sala del Ministerio donde se realizó este encuentro. JOSÉ AYMÁ

.- Al PP: ‘¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! Como si hubiera economía sin alma. Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse en la crisis’

.- Aznar: ‘Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al ‘business’ y da lecciones desde fuera. Esto es como el quirófano. No moleste, estamos operando’

.- Margallo: ‘Uno tiene que saber revisar sus ideas con el tiempo porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual’

.- Rato: ‘Si todo es verdad, hay que preguntarle: ¿cómo alguien de tu nivel de renta puede usar una ‘black’ para ahorrarse unos miles de euros?’

.- Su designación: ‘Rajoy me dijo: ‘Te propongo porque eres un señor de Jaén sin hipotecas”

.- El Ministerio: ‘Mi gestión se puede medir. A otros que los midan por sus palabras’

Esta es la entrevista que Jorge Bustos le ha hecho a Cristobal Montoro que tanto juego está dando y que publica el diario El Mundo.

El edificio del Ministerio de Hacienda no ha cambiado desde el siglo XVIII, y ya sorprende que nadie lo haya bombardeado aprovechando alguna de nuestras periódicas guerras civiles. Va a resultar que Hacienda, efectivamente, somos todos.

Frescos regionalistas, mesas de madera noble, arañas barrocas que posan destellos sobre los mostachos señoriales de predecesores de Montoro que nos contemplan al óleo desde las paredes. Un silencio atronador. El Ministerio de Hacienda es una biblioteca en junio. ¿Nos estarán espiando al otro lado de esa puerta disimulada en un rectángulo de muro como un trampantojo? «Yo me entero de todo», se le escapa a veces al inquilino de esta Casa. Vestimos nuestro cuerpo para engañar y confiamos el alma a los íntimos, pero nuestros bolsillos son de cristal para Montoro. «¿Economía con alma? ¡Pero qué tontería es esa! ¡Como si hubiera economía sin alma! Economía es el viaje de novios que se regalan hoy quienes no pudieron casarse durante la crisis, por ejemplo».

Cuando por fin nos abren la puerta del despacho -el verdadero puente de mando de la legislatura que agoniza-, constatamos que la figura de don Cristóbal no se corresponde con el ámbito aproximadamente suntuoso que la aloja cada mañana y hasta las nueve de la noche. En el vídeo del telediario parece más agresivo, y en el escaño, no poco amenazante. Pero el susurro con que nos invita a tomar asiento frente a él encierra más agotamiento que intimidación. «Los viernes baja el cansancio de toda la semana. Y el Consejo de Ministros tampoco ayuda…». Seguir leyendo

¿Dónde está la piel, Mariano?

Mariano cabizbajoCorría enero de 2015. La escena transcurría en torno a un cuenco de manzanas, una taza de leche y una jarra de agua. Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Javier Arenas y Esteban González Pons charlaban relajados sobre el pasado y el futuro de su Gobierno. Y la conversación -guionizada, of course– transcurría en estos términos:

-Mariano Rajoy: “Lo que da fuerza y lo que te da equilibrio es hacer aquello que crees que debe hacer”. (Mariano’s things)

– “Para recuperar el empleo hemos tenido que hacer muchas cosas. Algunas que no era grato hacerlas, que eran muy complicadas. Cosas distintas de las que habíamos hecho o dicho que íbamos a hacer” (two things more)

– “Entiendo perfectamente que haya mucha gente que se haya sentido molesta, que haya estado fastidiada y tienen toda la razón” (Thanks, president)

– “Nos hemos equivocado mil veces. Pero las líneas generales de lo que había que hacer en política económica, las hemos aplicado ¿no?” (True, true)

– “Deberíamos bajar más los impuestos” (When?)

– “Pues tendremos que esforzarnos, ¿no?” (Of course)

Interrumpe al presidente el entonces director de la campaña para las elecciones municipales, Carlos Floriano, para subrayar la falta de sensibilidad del Gobierno con los ciudadanos:

-“Nos ha faltado darle un poco de piel a cada cifra positiva”

-“¿No crees, María Dolores, que nos ha faltado un poco de piel, un poco de sensibilidad? Me refiero a cómo hemos contado las cosas”

-“Hay que hacer un esfuerzo por darle piel”. Seguir leyendo

El piso piloto se sienta en el banquillo

Vista general de Terra Mítica en Benidorm (Alicante), en 2009. / Kai Försterling (EFE)

Vista general de Terra Mítica en Benidorm (Alicante), en 2009. / Kai Försterling (EFE)

El piso piloto de la economía hipotecada al ladrillo, a la gestión irresponsable y al robo continuado de los recursos públicos está siendo desmontado a toda prisa, ahora que el sistema ha quebrado y se ha acabado el desfile de altos personajes que encontraron aquí cobijo, apoyos y fortuna y hoy tratan de borrar las huellas de sus visitas.

El viento perturbador de este Levante de los Naseiros y Zaplanas, Carlos Fabra, Jaume Matas, Francisco Camps y tantos otros que empujaba a la megalomanía, la desmesura y el despilfarro en grandes proyectos icónicos ha cesado de repente y es como si la sociedad hubiera recuperado de golpe la cordura y el olfato que permite reconocer el hedor de la podredumbre; como si todo el mundo se preguntara qué nos ha pasado, cómo hemos llegado hasta aquí. Flota en el ambiente una sensación de comunidad fallida porque Valencia es hoy una autonomía que sobrevive gracias a la financiación asistida del gota a gota de la Hacienda nacional y al Fondo de Liquidación Autonómica (FLA) que le permite hacer frente a los pagos inaplazables.

En un tiempo récord, la Comunidad Valenciana se ha quedado sin sistema financiero: ha perdido la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) y Bancaja y el mismo Banco de Valencia ha pasado a manos de CaixaBank. El Ejecutivo valenciano ha liquidado su manipulada radiotelevisión pública después de haberla reventado con 1.200 millones de déficit y 1.800 empleados; ha vendido Terra Mítica y el aeropuerto de Castellón; va a privatizar la explotación de sus grandes emblemas: la Ciudad de las Artes, la Ciudad de la Luz… Los niños valencianos nacen con una deuda individual de 100.000 euros y casi un tercio de esta población de 5,2 millones se encuentra en riesgo de marginación social. Pese al clima, al mito del Mediterráneo feliz y al carácter trabajador y emprendedor del valenciano, dicen las encuestas que esta es la comunidad con más gente desanimada e irritada.

No es evidente, sin embargo, que la convenida catarsis que sucede al derrumbe del modelo especulativo y corrupto vaya a deshacer las tramas de saqueo anudadas a lo largo de estos años, ni a asegurar la sostenibilidad de esta autonomía que acumula una deuda de 40.000 millones de euros. Y eso que el calendario electoral aparece pespunteado con una ristra de juicios: Gürtel, Emarsa, Terra Mítica… y un interminable carrusel de comparecencias llamadas a poner fin a dos décadas de impunidad. ¡Pasen y vean en primera fila el gran espectáculo de la corrupción valenciano-española: 150 antiguos altos cargos imputados, entre ellos, dos presidentes de la Generalitat, cuatro vicepresidentes, nueve consejeros autonómicos, dos presidentes del Parlamento valenciano, catorce diputados regionales, alcaldes de las tres capitales, presidentes de las diputaciones de Castellón y Alicante, la cúpula del Partido Popular valenciano y un robo continuado del erario público estimado en 12.500 millones de euros!. ¿Hay quién dé más?. Seguir leyendo

Rato: ¿punta del iceberg?

iceberg_kozepesEl ex vicepresidente español y antiguo director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, fue detenido por unas horas e interrogado ayer en Madrid por la policía fiscal, la cual cateó su vivienda, su despacho principal y otros locales de su propiedad. Las acciones policiales se realizaron en el marco de una investigación por delitos de fraude, lavado de dinero y ocultamiento de bienes, las cuales se suman a otras causas abiertas contra el ex funcionario por su papel en la quiebra de la empresa financiera Bankia –un conglomerado de cajas de ahorro para ricos que hubo de ser rescatado con más de 23 mil millones de euros– y por uso indebido de tarjetas de crédito propiedad de esa institución, las cuales fueron utilizadas por Rato y sus colaboradores para gastos personales y, para colmo, sin declarar al fisco las percepciones correspondientes.

Aunque el que llegó a ser el segundo hombre más poderoso en los gobiernos de José María Aznar (perteneciente al Partido Popular, PP, actualmente en el gobierno) es investigado desde hace unos años, su detención temporal y el cúmulo de imputaciones a las que tiene que hacer frente cimbraron el ambiente político español. La presidencia que encabeza Mariano Rajoy ha pretendido salir del paso al afirmar que el caso prueba que en el país la justicia se aplica para todos y que el estado de derecho está vigente. Sin embargo, diversos sectores ciudadanos y políticos se preguntan en qué medida las acciones judiciales contra Rato son una suerte de vendetta interna en las filas del PP, en tanto que otros las interpretan como una política de control de daños orientada a desviar la atención de otras circunstancias graves de corrupción en un régimen cuyo partido gobernante ha sido mantenido, por años, por una trama de operaciones financieras tan ilícitas como turbias, que ha salido lentamente a la luz mediante otra investigación judicial: el llamado caso Gürtel, protagonizado por el ex financista del PP Luis Bárcenas. Por si fuera poco, la propia familia del rey Felipe se encuentra involucrada, por las personas de su hermana, la infanta Cristina, y su cuñado, Iñaki Urdangarin, por las pesquisas en torno a manejos financieros oscuros y fraudulentos. Seguir leyendo

El desastre irremisible del PP

Rajoy y Montoro, apoyados el uno en el otro, cerca del precipicio.

Rajoy y Montoro, apoyados el uno en el otro, cerca del precipicio.

En las últimas horas se ha empezado a especular con la posibilidad de que haya sido el Gobierno, a través de la Agencia Tributaria, el que ha propiciado la detención de Rodrigo Rato. Para convertirlo en un chivo expiatorio que atraiga todo el escarnio popular, haciendo olvidar a los otros 704, o más, altos cargos del sistema, o del PP, que también han blanqueado dinero de origen sospechoso.

Pero la maniobra va a valer de poco. Eso si no se frustra en breve. Porque el asunto ya ha hecho un daño irremediable a las expectativas electorales del PP. En las municipales y autonómicas. Pero sobre todo en las generales, que todo indica que ya ha perdido sin remisión. Porque de aquí a entonces, el caso del blanqueo no puede sino agravarse. Y en ocho meses pueden aparecer unos cuantos más.

Si el Gobierno, aplicando la ley, hubiera actuado contra Rato hace tres años, cuando ya sabía todo lo que tenía que saber sobre sus enjuagues, la cosa habría podido funcionar mejor. Pero lo que hizo entonces Montoro fue pergeñar una amnistía fiscal para Rato y otros amigos. Y, además, ocultar los indicios, o pruebas fehacientes, de blanqueo que dicha práctica había sacado a la luz. Justo cuando el juez Ruz acusaba al exsuperministro de gravísimos delitos en su gestión de Bankia. En 2012 Rato ya se había caído con todo su paquete. Pero Rajoy no se atrevió a tocarle un pelo, aunque eso iba en contra de los intereses del partido. Seguramente porque tenía miedo a cómo éste podía reaccionar. Al igual que antes le había pasado con Bárcenas.

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¿Por qué nadie puede confiar en Rajoy?

El actual presidente del Gobierno ha llevado a España al borde del abismo político, económico y social, lo que será su fin, pero el daño que ha hecho durará generaciones.

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

Es un artículo de Roberto Centeno para El Confidencial.

Rajoy es un presidente, además del más inculto de Occidente (1), al que importan un pimiento los ciudadanos y la nación. No es un líder político, sino un mero jefe de aparato de poder estatal a quien solo le interesa conservar el mando, y cuyos pilares son el mantenimiento de una gigantesca red clientelar y el favor de los oligarcas. A Rajoy le cayó del cielo –no por mérito propio, sino por el desastre de su predecesor y la nefasta Ley d´Hont, que con solo un 5,2% más de votos le dio casi un 20% más de escaños– la mayor cuota de poder autonómico, local y estatal de la que jamás ha gozado un presidente de Gobierno desde la Transición. Todo estaba en su mano: la regeneración política y moral, la reducción drástica del despilfarro y la corrupción, la creación de empleo (el de verdad, no los empleos basura de 600 euros) o la recuperación de competencias como la educación y la sanidad, que nunca debieron perderse.

No solo no ha hecho lo debido cuando todo, absolutamente todo, estaba a su alcance, sino que ha hecho justo lo contrario. Durante los más de tres años de legislatura ha echado la culpa de su desastrosa gestión a la herencia de Zapatero y a lo que se encontraron al llegar, que “no sabían que existía”. De todas sus mentiras –Rajoy no ha dicho una sola verdad desde que tomó la primera comunión– esta es la mayor con una gran diferencia. En septiembre de 2011, en el programa de Carlos Cuesta La vuelta al mundo, coincidí con Cristóbal Montoro, que siempre me recuerda los tiempos en que le enseñaba Estructura Económica. Me hizo un análisis claro de la situación, y lo que es más importante, las medidas que iban a tomar para darle la vuelta –que eran las adecuadas–.

Sabían que el déficit era mucho mayor que el que decía Zapatero, y concretamente del 9,4%; que el gasto autonómico y local estaba fuera de control; que había que cerrar la mitad de las empresas públicas, algo que Rajoy prometió también falsamente durante la campaña; que de los 3 millones de empleados públicos solo 700.000 lo eran a través de unas oposiciones limpias y transparentes, etc etc. Lo sabían todo; no hubo, como falsamente afirmaron después, sorpresa alguna. Y Montoro sabía lo que había que hacer. Bajar los impuestos sería lo primero para incrementar la renta disponible de las familias y dinamizar el consumo. Acabar con el despilfarro y la corrupción sería lo segundo. “Enviaré a los hombres de negro –me dijo Montoro– a todas aquellas CC.AA. que no cumplan el déficit”. Seguir leyendo

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