¿Dónde está la piel, Mariano?

Mariano cabizbajoCorría enero de 2015. La escena transcurría en torno a un cuenco de manzanas, una taza de leche y una jarra de agua. Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Javier Arenas y Esteban González Pons charlaban relajados sobre el pasado y el futuro de su Gobierno. Y la conversación -guionizada, of course– transcurría en estos términos:

-Mariano Rajoy: “Lo que da fuerza y lo que te da equilibrio es hacer aquello que crees que debe hacer”. (Mariano’s things)

– “Para recuperar el empleo hemos tenido que hacer muchas cosas. Algunas que no era grato hacerlas, que eran muy complicadas. Cosas distintas de las que habíamos hecho o dicho que íbamos a hacer” (two things more)

– “Entiendo perfectamente que haya mucha gente que se haya sentido molesta, que haya estado fastidiada y tienen toda la razón” (Thanks, president)

– “Nos hemos equivocado mil veces. Pero las líneas generales de lo que había que hacer en política económica, las hemos aplicado ¿no?” (True, true)

– “Deberíamos bajar más los impuestos” (When?)

– “Pues tendremos que esforzarnos, ¿no?” (Of course)

Interrumpe al presidente el entonces director de la campaña para las elecciones municipales, Carlos Floriano, para subrayar la falta de sensibilidad del Gobierno con los ciudadanos:

-“Nos ha faltado darle un poco de piel a cada cifra positiva”

-“¿No crees, María Dolores, que nos ha faltado un poco de piel, un poco de sensibilidad? Me refiero a cómo hemos contado las cosas”

-“Hay que hacer un esfuerzo por darle piel”. Sigue leyendo

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Tsipras y Rajoy: dos apóstoles de la mentira

Merkel, Tsipras y Rajoy durante las recientes conversaciones del eurogrupo. Se ve el aislamiento de Rajoy ante su nulo dominio del inglés.

Merkel, Tsipras y Rajoy durante las recientes conversaciones del eurogrupo. Se ve el aislamiento de Rajoy ante su nulo dominio del inglés.

Este es un trabajo de Roberto Centeno en el Disparate económico de El Confidencial. Me he permitido la libertad de invertir el trabajo colocando en primer lugar donde habla de las infumables políticas de Rajoy para colocar en segundo lugar el tema de Grecia.

Rajoy: su austeridad es el colmo del cinismo

Rajoy, por su parte, es el presidente de Gobierno más inculto de Occidente, que solo lee el Marca y ni se molesta en leer documentos esenciales como la última propuesta griega porque es un “coñazo”, como presidir el desfile el día de las Fuerzas Armadas –¿imaginan al presidente francés diciendo que es un coñazo presidir el desfile de mañana 14 de julio? El pueblo francés le echaría a patadas–. Rajoy se limita a escuchar los resúmenes que le cuentan, por lo que no es extraño que sin leer nada su gran comentario haya sido que “le suena bien la música”, que es lo que le ha referido De Guindos –que está loco por obtener el voto griego para su gran poltrona que ya nos lleva costados 70.000 millones de euros en el rescate de las irresponsables cajas alemanas– para concluir con su chorrada habitual pidiendo a Tsipras valentía para “poner en marcha las reformas que necesita la economía griega para crecer y crear empleo, como ha hecho él en España”.

Las reformas de las que presume Rajoy constituyen el colmo del cinismo. Decir que sin su política de austeridad habríamos seguido el camino de Grecia es un engaño masivo a toda la nación. Empecemos por las subidas de impuestos. 36.000 millones de euros anuales a día de hoy después de subir o inventar 85 nuevas figuras tributarias en el conjunto de AAPP, y todos sin excepción recayendo sobre familias y pymes, que sufren ya la mayor presión tributaria individual de toda la OCDE. Nada más llegar al poder, su primera medida fue subir impuestos “porque no hay otro remedio”, dijo con toda su cara. De un presupuesto de gasto de 450.000 millones de euros, de los que 100.000 millones son puro despilfarro, no había según este inútil un solo lugar ni una sola partida de gasto de donde recortar 10.000 millones, que fue la primera subida, cuando solo en duplicidades entre AAPP se tiran 32.000 millones de euros anuales. Si se hubieran eliminado las duplicidades, no habría sido innecesario subir ningún impuesto. Sigue leyendo

¿Por qué nadie puede confiar en Rajoy?

El actual presidente del Gobierno ha llevado a España al borde del abismo político, económico y social, lo que será su fin, pero el daño que ha hecho durará generaciones.

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

El ministro de Hacienda recibe el aplauso del Presidente del Gobierno (EFE)-

Es un artículo de Roberto Centeno para El Confidencial.

Rajoy es un presidente, además del más inculto de Occidente (1), al que importan un pimiento los ciudadanos y la nación. No es un líder político, sino un mero jefe de aparato de poder estatal a quien solo le interesa conservar el mando, y cuyos pilares son el mantenimiento de una gigantesca red clientelar y el favor de los oligarcas. A Rajoy le cayó del cielo –no por mérito propio, sino por el desastre de su predecesor y la nefasta Ley d´Hont, que con solo un 5,2% más de votos le dio casi un 20% más de escaños– la mayor cuota de poder autonómico, local y estatal de la que jamás ha gozado un presidente de Gobierno desde la Transición. Todo estaba en su mano: la regeneración política y moral, la reducción drástica del despilfarro y la corrupción, la creación de empleo (el de verdad, no los empleos basura de 600 euros) o la recuperación de competencias como la educación y la sanidad, que nunca debieron perderse.

No solo no ha hecho lo debido cuando todo, absolutamente todo, estaba a su alcance, sino que ha hecho justo lo contrario. Durante los más de tres años de legislatura ha echado la culpa de su desastrosa gestión a la herencia de Zapatero y a lo que se encontraron al llegar, que “no sabían que existía”. De todas sus mentiras –Rajoy no ha dicho una sola verdad desde que tomó la primera comunión– esta es la mayor con una gran diferencia. En septiembre de 2011, en el programa de Carlos Cuesta La vuelta al mundo, coincidí con Cristóbal Montoro, que siempre me recuerda los tiempos en que le enseñaba Estructura Económica. Me hizo un análisis claro de la situación, y lo que es más importante, las medidas que iban a tomar para darle la vuelta –que eran las adecuadas–.

Sabían que el déficit era mucho mayor que el que decía Zapatero, y concretamente del 9,4%; que el gasto autonómico y local estaba fuera de control; que había que cerrar la mitad de las empresas públicas, algo que Rajoy prometió también falsamente durante la campaña; que de los 3 millones de empleados públicos solo 700.000 lo eran a través de unas oposiciones limpias y transparentes, etc etc. Lo sabían todo; no hubo, como falsamente afirmaron después, sorpresa alguna. Y Montoro sabía lo que había que hacer. Bajar los impuestos sería lo primero para incrementar la renta disponible de las familias y dinamizar el consumo. Acabar con el despilfarro y la corrupción sería lo segundo. “Enviaré a los hombres de negro –me dijo Montoro– a todas aquellas CC.AA. que no cumplan el déficit”. Sigue leyendo

Veintitrés minutos de alucinación

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters) Leer más:  Veintitrés minutos de alucinación - Blogs de Notebook  http://bit.ly/1xqgfK8

Mariano Rajoy en la rueda de prensa de este viernes. (Reuters)
Leer más: Veintitrés minutos de alucinación – Blogs de Notebook http://bit.ly/1xqgfK8

Mientras, ayer, el presidente del Gobierno, entre las 13.30 y las 13.53 horas, describía la realidad socio-económica y política de la España actual, se me fueron las mientes a la tantas veces leída y meditada conferencia de José Ortega y Gasset sobre la “Vieja y nueva política”, pronunciada por el filósofo madrileño hace poco más de un siglo: en Madrid, el 23 de marzo de 1914, en el teatro de la Comedia. Y párrafos de aquel texto que han pasado por ser unos de los más brillantes y prospectivos de nuestro gran intelectual, son de una actualidad pasmosa porque Mariano Rajoy, al tiempo que desgranaba por enésima vez sus consignas propagandísticas, los hacía más vigentes, más inmediatos a nuestra propia realidad.

Decía Ortega en 1914 que “sobreviven dos España que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”. Ayer dio la impresión de ocurrir lo mismo: el presidente nos hablaba de su España, que era extraña a la otra España que le escuchaba. Mientras él describía un país de esperanzas y realizaciones, sus ciudadanos le relegan a la peor de las valoraciones y condenan a su partido a la debacle electoral.

Ocurría, de nuevo, como decía Ortega, lo que sucedía apenas tres lustros antes de que se desplomase el régimen de la Restauración: “Una misma palabra pronunciada por unos o por otros significan cosas distintas porque va, por decirlo así, transida de emociones antagónicas”. Como antagónicas son ahora las emociones y las palabras del presidente que nada tienen que ver con las emociones y el significado de las palabras de la gente. El habla del empleo creado, y la gente piensa en el que es necesario crear; el habla de magnitud económicas -sin bendecir la suerte del bajo precio del petróleo y la devaluación del euro- y la gente se pregunta por qué, si las cosas van tan bien, se incrementan las pensiones en un 0,5% y el salario mínimo interprofesional en otro 0,5%. La gente no entiende por qué, si lo que dice el presidente es cierto, esta es una España hastiada que ha regresado en su bienestar quince años atrás. Sigue leyendo

Carta de despedida a Rajoy de una científica española

Estimado Sr. Presidente,

HIDDEN_264_18520_FOTO_No_al_recorte_en_I+DAprovechando el periodo estival, y para minimizar los costes de mi próximo traslado trasatlántico, estoy haciendo limpieza de mi oficina en el CSIC y me gustaría devolverle algunos documentos que ya no voy a necesitar.

Adjunto le devuelvo el certificado oficial de haber superado positivamente la evaluación del Programa I3, el Programa de Incentivación de la Incorporación e Intensificación de la Actividad Investigadora. Agradezco el detalle del Ministerio de Economía y Competitividad pero, en el contexto actual de la investigación en España, no entiendo los conceptos “incentivación”, “incorporación” e “intensificación” (tampoco el de “actividad investigadora”, más allá de la basal). Gracias de todos modos por comunicarme que soy “apta” para investigar; del feedback de la comunidad científica uno no se puede fiar.

Así mismo le devuelvo la homologación española del título de doctor que obtuve en EEUU y la docena de documentos necesarios para su trámite. Todos los documentos vienen con la apostilla de la Haya y las consiguientes firmas del Gobernador del Estado, traducciones oficiales y copias compulsadas con las firmas del Cónsul español en Nueva York. Se incluyen las descripciones detalladas de todas las asignaturas cursadas, que resultaron de mucho interés tanto para el Gobernador como para el Cónsul. Afortunadamente España lidera la cruzada de las homologaciones. Fuera de nuestras fronteras cualquier título original vale, un verdadero escándalo. Sigue leyendo

Rajoy y la purga de la vieja guardia

José María Aznar (d), Javier Arenas (i) y Mariano Rajoy. (Efe)

José María Aznar (d), Javier Arenas (i) y Mariano Rajoy. (Efe)

Portada del diario ABC del pasado lunes: “Rajoy renovará el PP en otoño” y a continuación un breve texto que explica el titular: “El presidente y Cospedal preparan cambios en la estructura del partido que podrían afectar a destacados nombres de la vieja guardia”. Primera página del diario El País del martes: “Líderes del PP plantean cambios profundos tras el caso Bárcenas”. Ambas informaciones constituían el preámbulo de las declaraciones testificales de Álvarez-Cascos, Arenas y Cospedal ante el juez Ruz, cuyos resultados eran perfectamente previsibles (Los tres testigos que no son de cargo ni de descargo) al punto de que el trío quedó como Cagancho en Almagro en la corrida del 26 de agosto de 1927, modismo ahora según el cual una o varias personas quedan al borde del ridículo por su mal hacer.

Hacen falta muchos bemoles para afirmar en sede judicial que los tesoreros son los únicos y exclusivos responsables de sus actos profesionales. Casi tantos como los de Rajoy, que sostuvo en el Congreso el pasado primero de agosto que cuando llegó a la presidencia del Gobierno, Bárcenas no estaba en el PP. Cierto que no era militante, pero cobraba una sustanciosa nómina hasta enero de este mismo año acordada con él y Javier Arenas según la actual secretaria general de la organización. No mintió formalmente el presidente, pero sí lo hizo materialmente porque en modo alguno se interrumpió la relación con el extesorero. Sigue leyendo

El peor Gobierno de la historia

Mariano Rajoy, dirigiéndose a su comparecencia en Marivent tras su despacho con el rey, el pasado 9 de agosto. EFE

Mariano Rajoy, dirigiéndose a su comparecencia en Marivent tras su despacho con el rey, el pasado 9 de agosto. EFE

Casi desde el primer día de la etapa socialista 2004-2011, se puso de moda decir, en cualquier lugar y de cualquier manera, que José Luis Rodríguez Zapatero era el peor presidente de la historia de la democracia. Se hizo un lugar común, que el interlocutor, ya fuera un taxista, una cuñada o un colega del trabajo, te soltaba a bocajarro, dando por supuesto tu asentimiento.

Recuerdo una ocasión en la que, por motivos laborales, hube de comer con un típico representante de la clase alta madrileña, un abogado, empresario y expolítico, en un restaurante caro del barrio de Salamanca en Madrid. No conocía a la persona hasta ese momento, pero a los pocos minutos de estar sentados en la mesa, me soltó que Zapatero no sólo era el peor gobernante de la democracia, sino probablemente el peor desde Fernando VII. Le respondí educadamente que a mí me parecía todo lo contrario, que era el primer presidente que se atrevía a abordar con valentía asuntos como el terrorismo de ETA, la memoria histórica, la cuestión catalana y los nuevos derechos civiles y sociales. Me miró como si fuera un marciano o un demonio y la política no volvió a salir en toda la comida. Sigue leyendo

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