¿Por qué a Estados Unidos y Europa les cuesta tanto criticar a Israel?

En varias ciudades del mundo ha habido protestas a favor y en contra de la operación israelí. Reuters.

En varias ciudades del mundo ha habido protestas a favor y en contra de la operación israelí. Reuters.

Mientras en distintas ciudades del mundo ha habido protestas contra Israel por sus ataques militares en la Franja de Gaza, en Estados Unidos, Europa y Asia, muchos gobiernos han sido reacios a cuestionar la estrategia militar israelí.

Desde que hace ya tres semanas comenzaron los ataques aéreos en Gaza, más de 1.300 palestinos han muerto, el 75% víctimas civiles, según datos de la Organización de Naciones Unidas. Las víctimas israelíes ascienden a 55, casi todos militares.

Pero este miércoles, ante el bombardeo de una escuela de la ONU en el campo de refugiados de Jabaliy en Gaza, que causó la muerte a 15 personas, la organización internacional y Estados Unidos, tuvieron duras críticas para con los israelíes. Aunque en el caso estadounidense, el lamento por la acción no llegó a responsabilizar expresamente al lado de Israel.

En días pasados Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos, mientras pedían un cese el fuego, han rechazado la pérdida de vidas, aunque en sus muy cuidados comunicados dejan claro que reconocen el derecho de Israel a “defenderse”.

Cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU votó el pasado miércoles abrir una investigación para determinar si Israel ha cometido crímenes de guerra en Gaza, el resultado fue de 29 a 1, el voto de Estados Unidos. Pero los países europeos presentes tampoco votaron a favor. Francia, Alemania y Reino Unido, entre otros, se abstuvieron. Sigue leyendo

La «solución» para Gaza

La ola de violencia impune contra la población de Gaza exacerba los apetitos de las diferentes facciones israelíes. El vicepresidente del parlamento israelí y rival de Netanyahu en el seno del Likud, Moshe Feiglin, propone expulsar de una vez a toda la población de Gaza (1,5 millones de personas), territorio que el «Estado judío» anexaría de inmediato. Según Ahmed Abul Gheit, ex ministro egipcio de Exteriores, Estados Unidos organizó en 2011 la caída de Hosni Mubarak precisamente porque este último se oponía a la solicitud de Washington de desplazar la población de Gaza para el Sinaí.

Moshe Feiglin, vicepresidente del parlamento israelí y miembro del Likud.

Moshe Feiglin, vicepresidente del parlamento israelí y miembro del Likud.

A la sombra del secretario de Estado John Kerry, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, altamente agradecido ante el «compromiso dinámico» del jefe de la diplomacia estadounidense, está buscando en Jerusalén la manera de «poner fin a la crisis de Gaza». Pero Ban Ki-moon parece ignorar que existe alguien que ya encontró esa solución. El vicepresidente del parlamento de Israel, Moshe Feiglin, ha presentado, en efecto, un plan para «una solución en Gaza» [1].

Ese plan se compone de 7 fases:

1) El ultimátum, impuesto a la «población enemiga» a la que se intima a abandonar las áreas donde se encuentran los combatientes del Hamas «trasladándose al Sinaí, no lejos de Gaza».

2) El ataque, desencadenado por las fuerzas armadas de Israel «en toda Gaza con el máximo de fuerza (y no con una parte minúscula de esa fuerza)» contra todos los objetivos militares y la infraestructura «sin consideración alguna por los escudos humanos y daños al medio ambiente».

3) El asedio, simultáneo con el ataque, para que «nada pueda entrar en Gaza ni salir de Gaza».

4) La defensa, para «golpear con plena fuerza y sin consideración por los escudos humanos» cualquier lugar de donde haya partido un ataque contra Israel o contra sus fuerzas armadas.

5) La conquista, emprendida por las fuerzas armadas israelíes, que «acabarán con todos los enemigos armados en Gaza» y «tratarán conforme al derecho internacional a la población enemiga que no haya cometido fechorías y que se haya separado de los terroristas armados, [población] que será autorizada a abandonar Gaza».

7) La soberanía, sobre Gaza, «que se convertirá para siempre en parte de Israel y será poblada por judíos», contribuyendo así a «aliviar la crisis de alojamiento en Israel». A los habitantes árabes, quienes «según los sondeos en su mayoría quieren abandonar Gaza», se les ofrecerá «una generosa ayuda para la emigración internacional», ayuda que sin embargo se concederá solamente a «aquellos que no estén implicados en actividades antiisraelíes». Los árabes que opten por quedarse en Gaza recibirán un permiso de estancia en Israel y, después de cierto número de años, «los que acepten la dominación, las reglas y el modo de vida del Estado judío en su propia tierra» podrán convertirse en ciudadanos israelíes.

Ese plan no sale de la mente de un simple fanático sino del cerebro de un político que está obteniendo un creciente consenso en Israel. Moshe Feiglin es el jefe de Manhigut Yehudit (en español, «Liderazgo judío»), la facción más grande en el seno del Comité Central del Likud, o sea el partido en el poder. En 2012, durante la elección de la dirección del Likud, Moshe Feiglin hizo campaña en contra de Benyamin Netanyahu y obtuvo un 23% de los votos. Su ascenso ha sido continuo desde aquel momento, tanto que en julio de 2014 agregó a su cargo de vicepresidente del parlamento israelí el de miembro de la influyente Comisión de Relaciones Exteriores y de Defensa.

Si se analiza el plan que Feiglin está promoviendo activamente, tanto en Israel como en el extranjero (principalmente en Estados Unidos y Canadá), puede comprobarse que la actual operación contra la franja de Gaza incluye casi íntegramente las 4 primeras de las 7 fases previstas.

Visto desde esa perspectiva se percibe además que el verdadero objetivo de la retirada de los colonos israelíes de la región de Gaza –en 2005– no era otro que dejar el campo libre a las fuerzas armadas de Israel para la posterior realización de la operación «Plomo fundido» –en 2008/2009.

También se percibe que la actual operación «Margen protector» no es una simple respuesta a una acción anterior sino que, al igual que las operaciones anteriores, forma parte de un plan preciso, respaldado al menos por una parte consistente del Likud y tendiente a ocupar de manera permanente la franja de Gaza y a colonizarla expulsando de allí la población palestina. Y Feiglin seguramente ya tiene listo también el plan para «una solución en Cisjordania».

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