La lapidación

Ayer volvió a ser noticia de portada este vandálico acto que consiste en matar a alguien a pedradas. Ocurrió en Somalia, uno de los países más pobres y atrasados del mundo, la castigada fue una supuesta adúltera. Alá la tenga en su gloria.

Veamos lo que he encontrado sobre la lapidación.

Saben, los periodistas cuentan cantidad de cosas a propósito de lo que sea. Tomen por caso la lapidación. Un día, Henri Fesquet me pidió que escribiera para «Le Monde» un artículo sobre las lapidaciones de mujeres adulteras en Irán. Consulté todas las autoridades competentes y todas estuvieron de acuerdo en afirmar que la lapidación no era en absoluto islámica.

Ya es difícil, por no decir imposible, probar que el adulterio ha tenido lugar. Perdonen si escandalizo sus castos oídos pero el Sheij de Al Azhar que es un hombre como se debe ser, muy encopetado, me recordó un día que, para constatar un adulterio, hacía falta cuatro testigos a condición que no fuesen ni parientes ni amigos del marido.

Tomemos un caso típico: un marido parte de viaje diciendo a su mujer que no volverá en algunos días. El vuelve la misma noche y se encuentra con su mujer en brazos de un señor. ¿Qué puede hacer? Puede pegarle una paliza al amante, pero eso es todo. Si se quiere divorciar pretextando adulterio, deberá aportar cuatro testigos, y testigos que realmente hayan visto el acto. «Es necesario que no pase un hilo entre los dos cuerpos», me precisó el Sheij de Al Azhar. Ya ven que no es fácil.

Admitamos no obstante que sea así, el castigo nunca fue la lapidación. Hay un versículo del Corán: «Incluso si han cometido un adulterio, si se arrepienten, perdonadlos«. Si lapidan a una mujer adúltera, se privan de la posibilidad de perdonarla y por ello ya no se sigue el hilo del Corán. Terminé mi articulo para «Le Monde» contando esta historia: El Profeta recibió un día en Medina a una mujer que estaba atormentada por los remordimientos y que le dijo: «Oh Profeta, he cometido adulterio» ella lo repitió tres veces y él terminó por decirle: «Vete ahora». Puse este texto en paralelo al de Jesús donde dice a propósito de la mujer adultera: «Aquel de vosotros que no haya pecado que tire la primera piedra».

Tomado del capítulo VIII del libro de entrevistas de la página web de la asociación cultural Insha Al-lâh de Barcelona y tomado desde Web Islam.

Pero la lapidación es algo más, no es un castigo islámico como nos dan a entender. En el capítulo 8 del Evangelio según San Juan ya nos describen la lapidación de una doncella salvada por Jesús ( recordad aquello de “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”, fueron las palabras de Jesús).

Pero no solo eso, San Esteban fue sentenciado a la lapidación por blasfemo (Acts 6:8-14 Acts 7:58-60), de cuya lapidación dió fe Rembrandt en el cuadro adjunto.

Pero hay más y más antiguo, Palamedes, de la mitología griega, hijo de Nauplio, era uno de los héroes de la ingeniosidad proverbial.

Cuando Odiseo intentó zafarse de la obligación de acudir a la guerra de Troya fingiéndose loco, Palamedes descubrió el engaño. En venganza, Odiseo falsificó una carta con el supuesto de que el rey de Troya, Príamo, había propuesto a Palamedes traicionar a los griegos a cambio de oro. Odiseo escondió el oro en la tienda de Palamedes y éste fue lapidado hasta la muerte por el ejército griego. Nauplio vengó la muerte de su hijo haciendo perderse a la flota griega mediante señales falsas a la vuelta de Troya.

De Palamedes se decía que había inventado el ajedrez y el juego de los dados. Higino, en sus Fábulas le atribuye la invención de parte del alfabeto griego.

Filóstrato le atribuye el invento de los faros, de la balanza, del disco y de la guardia con centinelas. Probablemente los inventos atribuidos a Palamedes tuvieran su origen en Creta.

Resumiendo, que esto de la lapidación viene de lejos, de muy lejos pero hay voces interesadas en atribuirles a los árabes y musulmanes en general, esta bárbara costumbre.

Asha: adolescente, violada y lapidada

6 respuestas

  1. […] permitáis que nuestra pesadilla se haga realidad. ¡Protestad por la lapidación de nuestra madre! Hoy hacemos un ruego a las personas del mundo entero. Hace ya cinco años que […]

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  2. […] este interesante estudio, el autor demuestra que la práctica de la lapidación en algunas sociedades carece de fundamento jurídico en el Islam, y que se trata, pues, de una […]

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  3. EL QUE LA HACE, LA PAGA

    Es paradójico que habiendo copiado los musulmanes la lapidación de los judíos, no lo hicieran en las mismas condiciones de equidad que éstos; más paradójico aún si tenemos en cuenta que El Corán es más inclinado a la benignidad que la Biblia en el Antiguo Testamento.

    El primer mártir cristiano, San Esteban, murió lapidado. Saulo de Tarso, el futuro San Pablo, dedicado entonces todavía a la persecución de los cristianos, participó pasivamente en la lapidación, observando la escena mientras guardaba la ropa de los apedreadores. La lapidación era una pena habitual en la época, arraigada desde la antigüedad en la tradición judía. En la Biblia, las referencias a las lapidaciones son numerosas:

    “Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos (…) le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios.”
    Deuteronomio, 13:6-10“Si una muchacha virgen está prometida a un hombre y otro hombre la encuentra en la ciudad y yace con ella, sacaréis a los dos a la puerta de aquella ciudad y los lapidaréis con piedras, de suerte que mueran.”
    Deuteronomio, 22:23-24

    Cuando Jesús de Nazaret, ante el caso de una mujer adúltera a la que la multitud quiere apedrear, dice que “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, se refiere a una costumbre asociada a las condenas a lapidación: los acusadores, si se dictaba la sentencia, debían iniciar la lapidación, con lo que si posteriormente se descubría la inocencia del condenado, los acusadores podían ser acusados entonces, además de perjurio, de asesinato.

    En el Corán, a diferencia de la Biblia, no se mencionan las lapidaciones. Pero fue aplicada ya por el segundo califa del Islam, Umar ibn al-Jattab, quedando incorporada a la jurisprudencia musulmana posterior. Al existir esta contradicción entre la jurisprudencia y el Corán, su aplicación a lo largo de los siglos ha sido moderada. En la actualidad, defienden su uso juristas de Arabia Saudí, Irán y Nigeria.

    En todas las épocas en las que se aplica la lapidación existe un hilo conductor: las víctimas preferentemente son mujeres acusadas de adulterio. Es sin duda la pena de muerte más sexista y más ligada a un tipo de delito específico, ya que los casos en las que se aplica o aplicó como pena por otros delitos son mucho menores.

    Fuente: Amnistíacatalunya

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  4. Los fundamentalistas adoptan ante el tema de la homosexualidad una postura intransigente: «La Biblia lo prohíbe». No les importa las acusaciones de literalismo o de que la Biblia verdaderamente se refería a algo muy distinto de lo que hoy clasificamos como homosexualidad. Para ellos, más claro, imposible: la ley divina, transmitida mediante la Biblia, es diáfana.

    El problema de este planteamiento es que la Biblia contiene numerosas leyes, recomendaciones y máximas sexuales que hoy en día se desoyen hasta por los fundamentalistas más empedernidos. Esta enorme e imperdonable contradicción es, a todas luces, a causa de la ignorancia o de la hipocresía. Veamos:
    1. La ley del antiguo testamento prohíbe el coito durante los siete días de la menstruación (Lev. 18:19; 15:19-24). El que vulnere esta regla debe ser extirpado o «eliminadas de su pueblo».

    2. El castigo del adúltero es lapidación (Deut. 22:22), pero lo que define el adulterio es el estado civil de la mujer. Un hombre casado que tiene coito con una mujer soltera no es un adúltero. Un hombre no podía pecar de adulterio contra su propia mujer, si no contra otro hombre, al utilizar sexualmente a su mujer. Si se descubre que una novia no llega virgen al altar, será lapidada, aunque la virginidad masculina no se menciona.

    3. La desnudez, la característica del paraíso, era considerada en el judaísmo como censurable (2 Sam. 6:20; 10:4; Isa. 20:2-4; 47:3). Cuando uno de los hijos de Noé vio a su padre desnudo, fue maldecido (Gen. 9:20-27). Aunque quizá las playas nudistas sean demasiado, ¿es pecado ver a otra persona desnuda? Lo es para la Biblia.

    4. La poligamia y el concubinato se practicaban comúnmente en el Antiguo Testamento. Ninguna es condenada en el Nuevo Testamento (con la cuestionable excepción de 1 Tim. 3:2, 12 y Tito 1:6). La enseñanza de Jesús sobre la unión marital en Marcos 10:6-8 no es una excepción tampoco, pues cita a Gén. 2:24 como autoridad, y este texto nunca se entendió en Israel como excluyente de la poligamia. Los textos judíos reflejan que la poligamia fue practicada por los judíos por muchos siglos después del Nuevo Testamento.

    5. Una manera de la poligamia era el matrimonio levirato. Cuando un hombre casado en Israel se moría sin haber engendrado hijos, su viuda tenía que tener coito con cada uno de sus cuñados hasta que pariera un hijo. Jesús menciona esta costumbre sin crítica (Marcos 12:18-27 par.). Actualmente, ning&úacute;n cristiano sigue esta ley bíblica.

    6. En ninguna parte del Antiguo Testamento se prohíbe explícitamente las relaciones sexuales consensuales entre adultos solteros heterosexuales, siempre y cuando el valor de la mujer (el precio de la novia) no sea comprometido. O sea, que deje de ser virgen. Hay estrofas en el Cantar de los Cantares que alaban las relaciones entre dos personas solteras, aunque los comentaristas han conspirado para encubrir el hecho con muchísima interpretación alegórica.

    7. El que tocaba el semen y la sangre menstrual era considerado impuro (Lev. 15:16-24). El coito hace a alguien impuro hasta el anochecer, la menstruación hacía a la mujer impura durante siete días. Actualmente los cristianos consideran que estos temas, aunque son particulares y no muy recomendables para comentar, no son impuros.

    8. La normativa social que rige el adulterio, incesto, violación y prostitución es determinada principalmente en el Antiguo Testamento por consideraciones de los derechos de propiedad «femenina» de los hombres. La prostitución se consideraba muy natural y una salvaguarda de la virginidad de las solteras y del derecho de propiedad de los hombres (Gen. 38:12-19; Jos. 2:1-7). Un nombre no pecaba si se acostaba con una prostituta, aunque la prostituta sí. San Pablo tuvo que apelar a la razón para atacar a la prostitución (1 Cor. 6:12-20); no puede clasificar a los habitués del puterío como adúlteros.

    9. La ley mosaica permite el divorcio (Deut. 24:1-4); Jesús lo prohíbe categóricamente (Macos 10:1-12; Mat. 19:9 suaviza la prohibición). Aún así, muchos cristianos se divorcian y siguen siendo acogidos en las iglesias.

    10. El Antiguo Testamento consideraba el celibato como anormal y 1 Tim. 4:1-3 tilda de herejía al celibato voluntario. Algunos estudiantes de ética cristiana exigen que los homosexuales, sin embargo, se acojan al celibato, pues la intención de Dios es que nos procreemos. Pero eso no explica por qué Jesús y San Pablo, los dos pilares teológicos del Nuevo Testamento, nunca se casaron.

    11. En muchas otras formas hemos desarrollado normas diferentes a aquellas que expone la Biblia. «Si dos hombres riñen uno con otro, y acercándose la mujer del uno para librar a su marido de manos del que lo hiere, extiende su mano y lo agarra por las partes genitales, le cortarás entonces la mano; no la perdonarás.» (Deut. 25:11f.)

    12. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento consideraban a la esclavitud como normal y nunca se condena. Parte de esta aprobación resultó en el uso de las esclavas, concubinas y cautivas como desahogos sexuales de sus propietarios, algo que Lev. 19:20f., 2 Sam. 5:13 y Num. 31:18 permiten.

    Esto demuestra que la mentalidad moderna ha cambiado. Por una parte, estamos de acuerdo con la Biblia al prohibir esto:

    * Incesto
    * Violación
    * Adulterio
    * Bestialismo

    Pero no estamos de acuerdo con la Biblia en la mayoría de su moralidad sexual. La Biblia condena lo siguiente, que por lo general se acepta en sociedades religiosas.

    * Coito durante la menstruación
    * Celibato
    * Endogamia
    * Desnudez (en ciertos casos)
    * Masturbación (Protestantes)
    * Anticonceptivos (Protestantes)

    La Biblia consideraba el semen y la sangre menstrual como impura. Ahora no se considera igual.

    También, la Biblia permitía conductas que actualmente se condenan:

    * Prostitución
    * Poligamia
    * Matrimonio levirato
    * Sexo con esclavas
    * Concubinato
    * Consideración de las mujeres como propiedad
    * Matrimonio precoz (para la niña a los 11-13 años)
    * Y aunque el Antiguo Testamento aceptaba el divorcio, Jesús lo prohíbe.

    ¿Por qué entonces se recurre a la infalibilidad de las escrituras en el tema de la homosexualidad cuando a la vez se discrepa, tranquilamente, con la Biblia en la mayoría de asuntos sexuales?.
    http://www.emiliopolis.net

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  5. LAPIDACIÓN
    Es un cultismo tras el que se parapeta una de las peores formas de incultura y barbarie: el apedreamiento de un condenado por toda la población. En latín a la piedra se la llama lapis (lápidis, lápidem, lápides). Nuestra lengua guarda memoria de esta palabra en la lápida, que se llama así por ser una piedra; y en el lápiz, que no es más que una piedra de carbón con envoltura de madera para no mancharse la mano. La lapidación es una pena como otras muchas que se imponen a los reos. Pero ésta tiene una particularidad de la que carecen las demás penas: tal como en las otras el pueblo no participa en la ejecución, sino que ésta corre a cargo de la ley y sus representantes, en ésta todo el pueblo está obligado a participar. Se obliga a todos y a cada uno no sólo a condenar el delito y al delincuente, sino también a ejecutar la condena. Es difícil inventar un castigo que tenga mayor poder disuasorio.
    Por lo que se refiere a nuestras coordenadas culturales, la lapidación es un elemento de castigo que articula la Biblia. Aparece por primera vez en el Éxodo 21. Si un toro embiste a una persona y la mata, ese toro morirá apedreado. Y si el dueño sabía que era peligroso, también él será condenado a muerte, porque es reo de homicidio. La segunda lapidación de la Biblia (Ex 24,14) va destinada al blasfemo: Haz salir a este blasfemo del campamento. Que todos los que le hayan oído blasfemar le pongan las manos sobre la cabeza. Y después toda la comunidad le hará morir apedreado. La tercera lapidación aparece ya en el Deuteronomio (13) y está destinada a los idólatras: Si tu propio hermano, tu hijo, tu hija o tu mujer o tu mayor amigo te propone a escondidas que des culto a otros dioses… le has de hacer morir. Sé tú el primero en tirarle piedras para matarlo, y que después lo haga todo el pueblo. Apedréalo hasta que muera… así todo el pueblo escarmentará. De nuevo en el 17, 5 se condena con la lapidación la apostasía.
    Por fin en el capítulo 22 se habla de la lapidación por adulterio: Si un hombre acusa falsamente a su mujer de haberse casado con él sin ser virgen, si los padres presentan la prueba de la virginidad (la sábana con las manchas de sangre del desfloramiento), el hombre será castigado con una paliza y con una multa de 100 siclos; pero si los padres de la mujer no encuentran las señales de la virginidad, que la lleven a la entrada de la casa de su padre, y los hombres de aquella ciudad la apedrearán hasta que muera, por haber cometido infamia contra Israel prostituyéndose en casa de su padre. Si se hallare un hombre yaciendo con una mujer casada, los dos han de morir igualmente. Si una chica virgen está prometida a un hombre y otro hombre la encuentra en la ciudad y yace con ella, que sean conducidos los dos a la puerta de aquella ciudad y que los apedreen hasta que mueran. La chica por no haber gritado pidiendo auxilio en la ciudad, y el hombre porque ha desflorado a la prometida de su prójimo. Así extirparás el mal de en medio de ti. Si el hombre encuentra a la chica prometida en el campo y violentándola yace con ella, en este caso sólo morirá el hombre, a la chica no le haréis nada… Si se produce la misma situación pero la chica no está prometida, el problema se resuelve con matrimonio o indemnización.
    http://www.elalmanaque.com

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